junio 29, 2005

Colombia 2010 no está tan lejos - Los ‘filósofos’, los ‘políticos’, los ‘candidatos’ y los ‘estadistas’

Colombia, 14 de marzo de 2005

Por Rubiño

El Acuerdo de Santa Fe de Ralito para la Paz de Colombia establece el 31 de diciembre de 2005 como fecha límite para la desmovilización total de las AUC. No suena extraño predecir que el adiós a las armas de las AUC se anticipe para noviembre, o incluso octubre, si la ley marco de Justicia y Paz –o como finalmente se llame- se aprueba en el Congreso antes de junio.

Algunos de los comandantes históricos más visibles de las AUC –‘Adolfo Paz’, ‘Ernesto Báez’, ‘Jorge 40’, entre otros- y el ya desmovilizado Salvatore Mancuso, se han referido públicamente, al derecho que les cabe como ciudadanos de convertirse en actores políticos una vez haya finalizado el proceso de negociación en Ralito. No solamente eso. También han insistido en que el proceso que se adelanta en Ralito tiene como uno de sus propósitos principales permitir a las AUC –una vez desarmadas- dar el salto de lo militar hacia lo político, produciendo la transformación de las AUC de organización político-militar, a organización político-social.

Las AUC han reivindicado para sí, desde sus inicios como Confederación de Organizaciones Armadas de Autodefensa, la condición de actores políticos del conflicto armado colombiano –de ‘tercer actor’ se calificaron años atrás- como derivación directa de su concepción ideológica anticomunista y de su praxis militar antisubversiva y han sostenido –incluso en el Congreso de la República- que ha sido su intervención en la lucha armada la que ha evitado que Colombia se hubiese convertido en otra Cuba, o en la Nicaragua de los sandinistas, por obra de la embestida revolucionaria guerrillera de las Farc y del Eln ante la debilidad de carácter e indecisión política del Estado colombiano de combatirlas, tal como sucedió –según las AUC- hasta el advenimiento de Álvaro Uribe como presidente.

Los líderes de las AUC han evitado cuidadosamente mostrarse políticamente como actores políticos de extrema derecha, e incluso han dicho más de una vez que no se ven a sí mismos como sustentadores de políticas de derecha, sino más bien de centro, o -si se quiere precisar más- de centro-derecha, de centro-derecha reformista en lo económico-social y demócratas participativos en cuestiones políticas, no propiamente liberales ni conservadores, claramente alejados de las ideologías marxistas y de cualquier izquierdismo radical, y muy receptivos a las tesis de la Doctrina Social de la Iglesia.

Las AUC se perciben a sí mismas como defensores de la propiedad privada con sentido social y de la libre empresa como expresión irrenunciable de las personas, así como sostienen su convicción ética acerca de la necesidad de asegurar igualdad de oportunidades para todos. También propician la libre iniciativa en el campo económico, político y social, y la presencia del Estado en todo el territorio como guardián de la seguridad y custodio de los derechos de los sectores más postergados. Reivindican además la cuestión regional y sus dosis de autonomía necesarias en un país que las AUC califican de agobiado por los abusos del centralismo bogotano. ¿Quién puede temerle a este cuerpo doctrinario y a esta orientación de las ideas básicas de las AUC que puede resumirse así: Colombia Un País de Ciudadanos Libres y Solidarios, un País de Propietarios, un País de Trabajo y Sin Hambre, un País de Regiones?

Hay quienes insisten en ver en las negociaciones entre el Gobierno nacional y los ‘paras’ un hecho meramente jurídico, donde se negocia solamente la construcción de un marco legal para la salida de las AUC del escenario de la guerra que no derive en cárcel para los comandantes ‘paras’. Si bien es cierto que no existe antecedente en el mundo, y mucho menos en Colombia, donde un grupo armado, a través de una negociación de contenido político abandone las armas para sacrificar su libertad y encerrarse en una cárcel, tampoco puede desdeñarse que el pasaje de lo militar ilegal a lo político legal es inviable y fuera de toda razonabilidad si no se garantiza a los desmovilizados –sean guerrilleros o autodefensas- sus derechos civiles y políticos plenos desde el mismo instante en que entregan las armas y firman la Paz. Para cualquier organización armada con direccionamiento político, del signo que sea, la participación en la guerra puede desaparecer por un acuerdo político, pero la lucha de las convicciones y las ideas continúa, sin armas, tras el mismo ideal en el marco civilista de la democracia y la Constitución.

Dicho esto, ¿cuál es el camino más promisorio para las AUC en el momento de estrenar sus virtudes de animal político por los intrincados territorios de la política colombiana?

O planteado en términos más realistas y ‘aterrizados’:

¿Cabe pensar que los escenarios ‘minados’ de la reelección presidencial o de la elección del sucesor de Uribe, Corte Constitucional mediante primero y voto ciudadano después, y de las ya inminentes campañas por las elecciones nacionales a la Cámara y al Senado, en 2006, sean los más propicios para el desembarco en las grandes ligas de la política colombiana por parte de los ‘primíparos’ de la Promoción 2005 que constituyen la ‘legión AUC’? Tengamos en cuenta al momento de responder que a las ‘fatigas del metal de guerra’ se suma para las AUC el desgaste humano comprensible por los agotadores ‘mares de leva’ de las negociaciones, las desmovilizaciones y las inevitables futuras instancias judiciales.

Me refiero en mi interrogante no al ejercicio de la política por parte de las AUC –el derecho a la política es para ejercerlo, ¿si no es así, para qué?- sino más bien a qué tipo de política desarrollar –y en qué escenarios, y con qué protagonistas- en el corto y mediano plazo.

Me pregunto lo anterior porque a todos nos consta la existencia, y no siempre la afinidad, entre la ‘política de los filósofos’, y la más terrenal ‘política de los políticos’, así como seductora y mediática suele ser la ‘política de los candidatos’, y no menos deseable –aunque menos común- resulta la grandeza en la conducción política y amplia mirada de la ‘política de los estadistas’.

Mis amigos en las Autodefensas –sobre todo los más impacientes- puede que no lean con demasiada complacencia lo que voy a escribir, pero créanme que intento seguir aquello de Napoleón a su ayudante: ‘vísteme despacio que estoy apurado’. En materia política el primer paso es tan importante como el último, pero mientras el último paso es una consecuencia de los anteriores, el primero significa una revolución, un cambio trascendente en el propio interior. Es el primer paso el que define en su intención –manifiesta o no- la meta final que alcanzaremos al concluir el camino. Por eso el primer paso tiene que ser dado con precisión, con determinación, con audacia pero sobre todo con humildad y con paciencia.

Si los comandantes de las AUC y también sus simpatizantes, y quienes aspiran a acompañarlos como aliados y compañeros de ruta de su praxis política en la arena de las instituciones democráticas quieren llegar lejos y también quieren llegar alto en el corazón y la estima de los colombianos, les sugiero que asistan a las próximas contiendas electorales de 2006 en calidad de observadores, de analistas y también de críticos, mas no de actores. Que haya más bien concentración en el trabajo interno de articular los principios rectores y establecer el cuerpo doctrinario en vez de hacer proselitismo a favor de éste o de aquél, o en contra de éste o de aquél, y mucho menos que se vaya a hacer tal cosa en beneficio o en nombre de las AUC.

La sociedad está exigiendo no solo entrega de armas, sino además, y fundamentalmente, ‘desmonte del paramilitarismo’. No deben entonces ser las AUC quienes alienten suspicacias, o sean vistos como indiferentes ante el sentir público. Lo cual no significa desentenderse de los procesos electorales en curso, sino elevarse por encima de ellos –y a pesar de ellos- y ofrecer a Colombia el pensamiento suprapartidista de las AUC, los lineamientos generales de su orientación política, para que los electores reciban el mensaje de las AUC no como una demanda de votos sino como una oferta generosa de visión política para que quienes tomen decisiones lo hagan conociendo –en lo posible- la opinión de las AUC sobre las diferentes coyunturas.

Invito a las AUC a no aparecer en su debut en el juego de la política como voraces y hambrientos de poder, sino más bien como ansiosos por servir ejemplarmente a los colombianos y por estudiar acuciosamente los problemas que los aquejan. Preocupados por escuchar, ver e indagar, y no por echar discurso, exhibirse y salir a la caza de votos. Es cierto que es preferible echar lengua que echar bala. Pero que sea echar lengua en su medida y armoniosamente con la legítima ambición de servir y no de ser servidos.

Elaborar la plataforma doctrinaria, seleccionar y formar los cuadros de dirigentes y de predicadores, organizar los métodos de trabajo y sentar las bases del movimiento político de alcance nacional al que aspiran los máximos líderes de las AUC exige un trabajo de ingenieros y de arquitectos, y también de orfebres, una voluntad de hierro y una amplitud de criterio y de visión descomunal, y eso no puede realizarse en pocos meses sino en algunos años, no puede ser obra del voluntarismo, por más bienintencionado que sea, sino fruto de la inteligencia creativa y múltiple, en materias tan sensibles como que se aplican sobre el tejido social, tejido social que todos sabemos está malherido por la guerra interminable, por la miseria lacerante y por la no disimulada desesperanza y escepticismo de muchos.

Si como hemos oído alguna vez, la política es el arte de hacer posible aquello que resulta necesario, que no caigan las AUC en la falacia de considerar que la política es el arte de llegar al poder y perpetuarse en él. Lo que resulta necesario a Colombia es resolver sus múltiples, complejos y graves problemas. Son esos problemas los que las AUC deben identificar y plantearle al País cómo y en cuánto tiempo resolverlos.

De lo contrario –actuando precipitadamente- las AUC aparecerán queriendo resolver sus propios problemas como desmovilizados de la guerra utilizando como escalera la política –y como escalones a los votantes- para llegar al poder y resolver sus problemas no los de las comunidades. Suena duro, pero precisamente porque suena duro, es que hay que desvirtuar esto con hechos, con hechos incontrovertibles, que calen hondo en el Pueblo colombiano y lo invite a creer en las AUC no ya como efectiva maquinaria de guerra contra las guerrillas marxistas, sino como pacíficos e inteligentes creadores de armonía social y prosperidad.

La meta política de las AUC bien puede ser bautizada Colombia 2010, lo cual no significa que deban cruzarse de brazos y dejar que pase el tiempo.

Por el contrario, Colombia 2010 significa comenzar hoy mismo la actividad política en su transición a la plena legalidad –porque mañana puede ser tarde- celebrando con el Gobierno nacional durante 2005 –ojalá bastante antes del 31 de diciembre- el Acuerdo Final de Paz de Santa Fe de Ralito que constituya el primer paso hacia la Paz Total y la Reconciliación de los colombianos. ¿Qué acción política más eficaz puede nacer de las Autodefensas Unidas de Colombia que construir la Paz y tender la mano a la Reconciliación con los que han sido enemigos en la guerra?

¿Qué hecho político más grande pueden ofrecer al mundo entero las AUC que liderar el desarrollo de la reinserción masiva más grande y exitosa de la historia de Colombia, adelantando los proyectos productivos más eficaces que Proceso de Paz haya alcanzado en país alguno para beneficio de los desmovilizados, de los desplazados y de los habitantes de las zonas afectadas por conflictos armados?

¿Qué hecho político más destacado pueden ofrecer las AUC al perfeccionamiento y mayor inclusión de la actividad política, y a la misma gobernabilidad de Colombia, que establecer los cimientos de una cultura política transicional para aquellos que proviniendo de los campos de batalla como actores al margen de la ley quieran incursionar en las arenas democráticas de la política, estructurando su propio Cuerpo Doctrinario, la Plataforma Política y la Organización del Movimiento Político y su Cuadro de dirigentes y simpatizantes, a lo largo y a lo ancho del País.

No deben descartar – al asomarse sin prejuicios a mirar más allá de la coyuntura electoral presente, en el interior de la conducción política de las AUC- la dialéctica más conveniente y los ingredientes de la receta más apropiada –en el espacio y en el tiempo- que combine en su justa medida la visión estratégica de los políticos ‘Filósofos’, con el sagaz desempeño de los políticos ‘Políticos’. Sólo así será posible y beneficioso para Colombia y para las AUC, que se prepare convenientemente el terreno ‘abriendo trocha’ al pragmatismo y carisma de los futuros políticos ‘Candidatos’, que hagan posible en un arco de pocos años –cuando las brevas hayan madurado- el advenimiento de los políticos ‘Estadistas’ que honren desde el ejercicio del poder de las diferentes instancias del Estado la culminación exitosa del tránsito histórico de las AUC desde la guerra hacia la paz.

Colombia 2006 está demasiado cerca, ya la tenemos encima.

Colombia 2010 no está tan lejos, y será una Colombia mejor con las AUC participando plena y activamente de la política nacional, se llamen las AUC como se llamen, se agrupen como se agrupen, pero siempre con el norte de Dignidad y Libertad.

Lo que une de por vida a un Pueblo con sus líderes auténticos, no es el nombre ni las características formales de sus organizaciones, ni el color de sus banderas, sino la unidad de sus propósitos, el talante de sus dirigentes y la firmeza de sus convicciones.
Así la veo yo

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