junio 30, 2005

Los unos y los otros - La reelección, la negociación y el capital político de las AUC

Colombia, 29 de marzo de 2005


Por Rubiño



Aprendimos en las clases de geometría que las paralelas se unen en el infinito. La observación cotidiana de la política nos muestra en cambio que las ‘paralelas’ se cruzan y entrecruzan –sin terminar de unirse- infinitas veces.

¿Hay algún colombiano que dude siquiera un momento acerca de que todos los políticos –en Colombia y en Cafarnaún- aspiran a su reelección? No. Y tampoco hay ningún pecado en ello. Si los presidentes, los gobernadores, los alcaldes, los congresistas y los concejales escogieron la carrera política es porque sienten que tienen una misión que llevar a cabo desde el ejercicio del poder. Cuantos más plazos les dispensen las leyes y los ciudadanos tanto mejor. No se conocen sino excepcionales casos de renunciamientos voluntarios a ejercer los cargos electivos. Los límites insalvables están en el ordenamiento legal y en la voluntad popular expresada en los votos. Así de simple.

En otro orden de ideas: ¿Hay algún colombiano que dude siquiera un momento acerca de que ningún comandante del Secretariado de las FARC, ni del Comando Central del ELN aceptará mansamente pasar un solo día de cárcel tras la firma de eventuales Acuerdos de Paz? No. Y tampoco nos tenemos que escandalizar por ello. Así ha sido en Colombia y en el mundo toda la vida, no por años sino por siglos, desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer. La propia libertad no se negocia ni es materia de canje. Puede arriesgarse la vida y la libertad permaneciendo en el monte mientras se pelea. Pero sentarse en una mesa de negociación por propia voluntad para voluntariamente irse sin más a la cárcel ni que estuvieran locos los Comandantes. A menos que detrás de ello hubiese un cálculo político. Y calcular en política no es ilegal ni necesariamente mal visto.

¿Qué sucede en Colombia? Los políticos no ‘uribistas’ se oponen a la reelección de Uribe. También se oponen las FARC y el ELN, quienes no se oponen, obviamente, a la reelección de Chávez, ni al poder vitalicio de Fidel Castro. En las filas de las AUC sus intenciones últimas no son tan fáciles de descifrar, ni en materia de la reelección de Uribe ni en materia de la reelección de Chávez. Lo que sí es muy fácil de constatar es que la gran mayoría de quienes auspician amnistías e indultos para los máximos líderes de las FARC y del ELN se oponen a que el mismo tratamiento se les dé a los comandantes de las AUC.

Vayamos por partes. En el caso de la reelección de Uribe lo que pretenden los políticos no ‘uribistas’ cuando se rasgan las vestiduras contra la reelección no es realmente para que no haya reelección sino solamente para que no la haya a favor de Uribe en el 2006. Cuando apoyan su cabeza sobre la almohada sueñan conque al hacer tanta oposición con el asunto –y sobre todo al convertirla en una cuestión moral- incrementan hasta las nubes el costo político de Uribe de promover la reelección. Algunos creen que incrementan tanto el costo político que deberá pagar Uribe por la reelección que finalmente no será reelegido. Sueñan los opositores de Uribe conque finalmente la ciudadanía le cobrará a Uribe en las urnas el precio político de su candidatura a la reelección no votando por él.

Es esto finalmente lo que esperan los políticos que no quieren la reelección de Uribe. Que Uribe pague un precio político altísimo –tan alto que ni siquiera sea Uribe el beneficiado- y que finalmente sean ellos mismos, los opositores de Uribe –y no Uribe- sin ningún costo, los beneficiados por la reelección. Así Uribe pagará la factura por la reelección inmediata pero los ocho años en el Palacio de Nariño los disfrutarán sus opositores, tan ‘reeleccionistas de sí mismos’ como Uribe.

¿Se imaginan entonces a Uribe y a los ‘uribistas’, con Benedetti a la cabeza, pagando por ventanilla como propia la factura de una campaña presidencial a la medida de las ambiciones de Serpa, o Rivera, o Navarro, o Petro con el eslogan 2006-2014? En definitiva, ya lo dice el proverbio: “uno nunca sabe para quién trabaja”.

Volvamos ahora a lo de la cárcel y la cero impunidad, porque allí nos volvemos a encontrar con los Serpa, los Rivera, los Navarro y los Petro, entre otros. Si los estándares internacionales en esta materia han cambiado ha sido para todos, guerrilleros y autodefensas. Y si no han cambiado para las FARC y el ELN tampoco han cambiado para las AUC. No más retórica por favor. Los unos y los otros permanecen en la guerra por razones políticas, razones opuestas obviamente –de otro modo no estarían peleando- pero todos tienen un modelo de Estado y de País en mente, y están dispuestos a morir y a matar por ello. Que unos hagan oposición armada y que otros hagan contra-oposición armada no cambia el fondo político. Que unos crean más en las fuerzas de la historia, en Marx y en la Revolución, y los otros más en sí mismos, en los mecanismos evolutivos, reformistas y constitucionales de cambio social y también en Dios, esto es otro asunto. Este distinto norte para Colombia es tan cierto que lo han manifestado enfrentándose a muerte desde hace décadas. Unos alegan y se auto-justifican diciendo que lo hacen por falta de justicia social, otros responden que se ven obligados a hacerlo por ausencia y debilidad del Estado. Ambos han coincidido hasta ahora en que, si no es a bala, de otra manera –echando discurso- es imposible.

Cuando dos enemigos pelean en la guerra desean ante todo preservar la propia vida y si es posible acabar con la vida, o con la libertad, del enemigo. Por eso tanto FARC y ELN, como AUC, apenas toman respiro, coinciden en algo: en pedirle al Estado que dé de baja o meta en la cárcel al propio enemigo. Y si no lo piden directamente lo piden a través de sus emisarios, allegados, simpatizantes, o incautos que no faltan en la legalidad sean políticos, empresarios, congresistas, religiosos o columnistas.

Sin embargo, en estas cosas de la impunidad o de la falta de impunidad suele haber quienes resultan más papistas que el Papa. Más de un comandante de las FARC y del ELN debe estar más que preocupado por la vía libre despejada que a fuerza de ONG, burócratas internacionales y ‘mamertos’ varios está teniendo en Colombia lo de los ‘estándares internacionales’, la cero impunidad, la reparación hasta el último marrano, la devolución de hamacas y hasta de los tintos, la verdad auto-incriminatoria, los cuatro o los ocho, los cinco o los diez años de cárcel, y, como si lo anterior fuera poco, la prohibición de hacer política por un período similar, o acaso de por vida.

Más de un comandante guerrillero debe estar pensando que si se les exige eso a las AUC no habrá milagro que los salve a ellos de padecer el mismo vía crucis ‘cuando las papas quemen’ y mejor sea un Proceso de Paz en mano que un Pasaje al Infierno volando por los aires. Porque si el ‘paraco’ ‘fascista’ de Uribe les impone eso tan duro a sus ‘socios y amigos’ de las AUC ¿cómo harán ante tamaño antecedente ‘perverso’ eventuales presidentes ‘socios del silencio y amigables componedores con las guerrillas’ para evitar hacerles transitar el mismo camino hacia el Calvario a los comandantes de las FARC y del ELN?

Quien primero ha reaccionado ante este desenlace no deseado es Antonio Navarro Wolf quien –inteligente como es- seguramente ha tomado conciencia de hasta adónde está llevando la ‘ingenuidad’ maniquea de los Petro, los Córdoba, los Gómez Méndez y compañía, que también ha echado raíces en cierto ‘uribismo urbano’ tipo Pardo o Parody amante de las modas, sobre todo si vienen de París o de Nueva York. ¡No! dice Navarro, la cero impunidad y todo lo demás es porque las AUC no están cumpliendo el cese de hostilidades, porque la OEA no verifica debidamente, porque el Gobierno nacional no ha sabido ganar para el Proceso de Paz con las AUC la necesaria credibilidad nacional e internacional. Lo que Navarro le está diciendo a las FARC y al ELN –pero le calla al país- es que con él, o con sus amigos, -incluso con los expresidentes- ni las FARC ni el ELN tienen nada que temer si deciden comenzar un Proceso de Paz. Lo de los estándares internacionales es simplemente un sapo que Uribe está obligado a tragarse por tener ‘rabo de paja’ y ser en el fondo un ‘paraco’ más. Montañero y provinciano. Que para colmo de males no hace distingos entre guerrilleros y terroristas. Y que ¡háyase visto insolencia! reduce el conflicto político armado a meras amenazas terroristas.

Lo que no dice Navarro ni admite Petro, ni creo que comprenda del todo doña Piedad –Gómez Méndez sí comprende pero calla- es que le han fallado los cálculos a las FARC y al ELN, y a tanto izquierdista radical amante de las simplificaciones cuando son a favor, al no poder conseguir que gane espacio la mentira aquella de que el Proceso del Gobierno con las AUC es un proceso de ‘yo con yo’. Si de algo muy importante ha servido, para la claridad en la comprensión del conflicto armado colombiano, lo que lleva de vigencia la Mesa de Ralito es para demostrar hasta el hartazgo que el Estado colombiano es una cosa y que las AUC son otra cosa bien distinta.

Si las AUC son una cosa y el Estado colombiano es otra, si entre las FARC, el ELN y las AUC las diferencias son de Norte pero hay más similitudes que diferencias en su opción político-militar por fuera de la ley y en su disputarle al Estado el monopolio en el uso de la fuerza, entonces, si esto ha sido demostrado que es así, la ley ha de aplicarse a los unos y los otros, por parte del Estado de la misma manera. Esta batalla por su propia identidad y carácter, la primera de carácter exclusivamente político que le ha tocado dar a las AUC, la han ganado, y la han ganado de buena ley, y pueden felicitarse por ello sus comandantes, los de hoy y también los que impulsaron las negociaciones de paz y que hoy ya no están en la Mesa. Hoy las AUC están en el mismo plano que las FARC y el ELN y el Congreso se dispone a sancionarlo así. Esto no era así en los tiempos no tan lejanos de Gaviria, de Samper y de Pastrana. El avance ha sido enorme y favorable desde el punto de vista del posicionamiento autónomo de las AUC frente al Estado colombiano, y de cara a los colombianos y al mundo. Es precisamente este notable avance el que abre las puertas para lo que sigue y hace posible la evolución política de las Autodefensas desarmadas y dentro de la legalidad como alternativa democrática.

Volvamos entonces al comienzo de esta columna. Los opositores de Uribe no están en contra de la reelección por objeción de conciencia o porque la reelección violente el espíritu de la Constitución. Ni tampoco están en contra de la impunidad en los Procesos de Paz. Están sí en contra de la reelección de Uribe y en contra de la impunidad para las AUC. Los opositores de Uribe están a favor de la reelección de sí mismos y de la impunidad para las FARC y el ELN. Más claro no canta un gallo ni un Rivera ni un Petro.

Lo que sí quieren los opositores de Uribe es que Uribe no solo pague la cuenta de la reelección para todos ellos, sino que pretenden a partir de la desazón en sus filas antiuribistas acerca del rumbo que ha tomado el Proceso con las AUC - desazón de la que participan también las FARC y del ELN y que está implícita en los más recientes planteos de Navarro Wolf en Revista Cambio y en el Congreso- que también compre y pague el presidente Uribe de los bolsillos de su personal capital político, anticipadamente, junto con la impunidad presente de las AUC la impunidad a futuro para las FARC y para el ELN.

Esto último ni Uribe está dispuesto a hacerlo –ni su psiquiatra en la Mesa se lo acolitaría- ni sería tampoco ‘políticamente correcto’ desde el punto de vista de las AUC pretenderlo, mucho menos querer imponerlo, porque tendría a futuro el costo no altísimo, sino letal, de minar sin remedio la seguridad jurídica de sus máximos líderes en el plano nacional e internacional.

Digámonos la verdad: el mundo sí cambió, y cambió bastante, y para bien, después del 11 de septiembre de 2001, después de la puesta en marcha de la Corte Penal Internacional, en la era de Bush y de Bin Laden, y tras la prédica creciente y sostenida en el tiempo sobre Derechos Humanos, DIH y protección de la población civil. Tanto cambió el mundo que hasta las FARC, el ELN y la izquierda colombiana, liberal o del Polo, ha comenzado a tomar nota de ello. Se había demorado mucho y ha sido el Proceso de Paz con las AUC lo que les está abriendo los ojos. Navarro ha sido el primero pero no será el último en despertar. El ELN reflota en estos días que si es mejor dialogar en Cuba o en México con el Gobierno nacional, dudas que mantiene desde hace décadas pero que hoy vuelven y juegan. ¿Casualmente? Las FARC le mandan cartas a Lula, a Chávez, a Rodríguez Zapatero, a las Naciones Unidas, para salir de su soledad política ¿Casualmente? ¿O será que sienten pasos de animal grande cuyo epicentro abarca el Congreso de la República, la Presidencia de Colombia y la misma Mesa de Ralito tan diferente a la del Caguán? ¿Será que las FARC y el ELN llegan tarde pero finalmente vienen en camino para tomar el último vagón del último tren de la historia que seguirá su viaje con ellas o sin ellas?

Si lo anterior queda cada día que pasa más blanco sobre negro, y las AUC están decididas a hacer Política con mayúsculas debieran meditar seriamente sobre algunas cuestiones:

Acaso pagar penas alternativas entre cuatro y ocho años mientras se adelantan a la par procesos exitosos de reincorporación a la civilidad acompañados por proyectos productivos con los desmovilizados, los desplazados y la población de las zonas ¿no es una forma digna –y para nada cosa de locos ni de vencidos- de acumular capital social y político y demostrar sin lugar a dudas que el Perdón que piden las AUC a los colombianos sí tiene contrapartida en el arrepentimiento, el sacrificio y el desprendimiento personal?

Acaso aceptar –por propia iniciativa- que el ingreso a la política con candidatos propios se postergue dos años a partir de la desmovilización al ciento por ciento de las AUC, sin renunciar por ello al trabajo de construcción del Partido, su doctrina, plataforma y estructuras, a partir del día después de la desmovilización total ¿no es una forma pragmática –y para nada ingenua- de conciliar el pedido de la sociedad por la ‘desparamilitarización’ de la política con la acumulación de suficiente capital político a ser utilizado también con candidaturas propias a partir del 1 de enero de 2008, con vista a las elecciones presidencial y de senadores y representantes en 2010?

Acaso renunciar a lo inmediato por lo mediato sin sacrificar los principios ni los ideales mientras se demuestra con hechos incontrovertibles que la opción de las AUC por la Paz y la Política desarmada es definitiva y total ¿no es una propuesta aterrizada –no alocada ni de extraterrestres- en lo nacional y creíble internacionalmente que fortalece la seguridad jurídica de la negociación presente y obliga a las FARC y al ELN a reconsiderar sus tesis maximalistas del todo o nada?

Descender del monte e ingresar a la arena política con un gesto de tamaña grandeza, sin haber sido derrotados en la guerra ni humillados en una mesa de negociación, valdría en el corazón de los colombianos a favor de las Autodefensas más que cien victorias militares y que un millón de discursos veintejulieros.

¿Acaso existe mejor capital político y ‘blindaje’ a futuro para las AUC que el adherido al corazón de los colombianos y colombianas agradecidos por la grandeza de los comandantes de las AUC en la hora de cambiar la guerra por la paz, estimulados por su humildad al reconocer los errores y pedir perdón por las culpas, y llenos de reconocimiento por el altruismo volcado en el trabajo político de las AUC construyendo Paz y Bienestar sin prisa pero sin pausa, con actitud de servir y no de ser servidos?

¿Acaso existe mejor capital político para las AUC que el de estar abriendo el Camino de la Paz y la Reconciliación en Colombia?

¿Era esto imaginable para los más optimistas en el momento de la fundación de las AUC en 1997? ¿Se visualizaba esto como tan cercano al momento de haberse declarado el cese de hostilidades unilateral a partir del 1 de diciembre de 2002?

No vaya a ser que por querer lo imposible las AUC desestimen lo posible. No vaya a ser que por querer lo perfecto las AUC se nieguen a sí mismas y le nieguen a Colombia lo que es bueno, lo que es necesario, lo que es ‘políticamente correcto’ y éticamente admirable.

No todos los precios que se pagan son pérdidas, ni todos los ingresos son ganancias. Hay precios que se pagan que terminan siendo inmejorables inversiones, e ingresos que sólo producen a la larga más dolores de cabeza que los que venían a remediar. De esto saben los administradores y los economistas, pero también han aprendido los políticos colombianos –y las AUC aspiran a serlo- que hacen política en este mundo cambiante y tan lleno de riesgos y de oportunidades.

Así la veo yo.

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