julio 14, 2005

EEUU ‘mueve’ el banco: Sale Gaviria, entra Insulza - ¿Sale Serpa, entra Gaviria? Uribe sigue, por ahora.

Colombia, 17 de mayo de 2005


Por Rubiño


Con esto de la Copa Libertadores, los cuadrangulares finales del fútbol colombiano y las transmisiones en directo desde el Congreso de la República de las peripecias del Proyecto de Justicia y Paz ustedes sabrán entender en su contexto las metáforas utilizadas para titular esta columna

Para reforzar lo anterior les comento que esta columna 11 bien podría haberse titulado ‘De cómo la OEA, el Partido Liberal y el Alto Comisionado van por goles a Ralito y de por qué las AUC requieren hoy más que nunca de una impecable Autodefensa’.

Las olas de la ‘nueva izquierda latinoamericana’ acaban de desembarcar en las orillas del poder político en Colombia. Lo hacen con la bendición de Washington. Y el obvio malhumor de Fidel y de Chávez, quienes prefieren el mar de leva y las tempestades a la suave crecida y la espuma danzarina que viene con la marea. Esta novedad cambia el clima de la política colombiana creando conmoción en los columnistas y analistas y agudos gestos de confusión en las filas uribistas. A través de José Miguel Insulza, como secretario general de la OEA y a través de César Gaviria dispuesto a liderar el Partido Liberal llega la izquierda a las goteras del poder. Ambos hechos tendrán impacto inmediato sobre la marcha de las negociaciones de Ralito y en el salto a la política al que aspiran las AUC.

La presencia de un socialista moderado -pero socialista al fin- en la conducción de la OEA no podrá dejar de tener consecuencias en el rol verificador del cese de hostilidades que adelanta la Misión que encabeza Sergio Caramagna en Colombia. Las presiones de la izquierda local e internacional para incidir sobre el rumbo de las negociaciones de paz y el cumplimiento del cese de hostilidades se incrementarán indudablemente. En este caso algo va de Gaviria a Insulza, así como no pasa EEUU de votar por Derbez a votar por Insulza sin haber reconocido algunas realidades y estar dispuesto a pagar algunos precios.

El regreso de Gaviria con aspiraciones de convertirse en el líder del Partido Liberal y eventual candidato presidencial en 2006 lo convierten en uno de los árbitros-actores de la política colombiana y como mínimo en gran elector. A nadie escapa que Gaviria no se identifica con Serpa, tampoco con Samper, y que mucho menos Gaviria representa la izquierda liberal, la que tiende a superponerse con el Polo Democrático. De igual modo a nadie escapa que algo va de Gaviria a Uribe, y que aún aceptando que ambos arrancan desde el centro uno enrumba para la izquierda, y el otro para la derecha. Si hablo de Gaviria como gran elector (y posible gran candidato) es porque lo veo fatalmente contrapuesto a Uribe como gran candidato que es Uribe (y gran elector si toca serlo, Corte Constitucional mediante). En este juego que recién comienza quien está destinado a jugar en las grandes ligas es Peñalosa. Pero ya esto es anticiparse mucho. Amanecerá y veremos.

Volvamos a Ralito. Mi tesis es que no puede haber perfeccionamiento del cese de hostilidades de las AUC sin concentración de las Autodefensas. Puede optarse por acabar con las AUC en la Mesa de Ralito y pensar ligeramente que desmovilización es sinónimo de cese de hostilidades. Pero tampoco puede haber cese de hostilidades sostenible si quienes se desmovilizan hoy regresan mañana al monte con otra camiseta y jugando para otro equipo de la guerra. En el estado actual, de comandantes por aquí y tropas regadas por allá, resulta tan imposible hacer cumplir las órdenes desde Ralito como verificar el cumplimiento del cese por parte de la OEA. Ante esto Insulza ha manifestado toda su voluntad de apoyar el Proceso de Paz, pero precisamente por eso, porque lo apoya, no puede sino tomarse unos pocos días de reflexión para arribar a la siguiente conclusión: o se concentran y entierran sus armas o se desmovilizan y entregan sus armas pero así como van las cosas el nombre de la OEA no puede quedar comprometido más allá del 31 de diciembre de este año. ¿Qué suena a ultimátum? Lo extraño es que no lo hubiera tratándose de la OEA, tratándose de Washington.

Sobre esto último me permito una reflexión. Desmovilizar más de quince mil hombres desde junio hasta diciembre significa el fin de las hostilidades de las AUC. De acuerdo. Por sustracción de materia. Pero también significará arrojar al caldero donde se cuecen las amenazas terroristas a miles de combatientes avezados que ya no lo serían de las AUC, señor Insulza, señora Condoolezza, pero lo serían de algo peor: engrosarían las filas de la anarquía en ciernes producto de la combinación del conflicto armado en curso con el post-conflicto en gestación, todo mezclado. No estaríamos pasando de las AUC al monopolio de la fuerza en manos del Estado y a la seguridad democrática, sino de las AUC al cartel de la seguridad y de allí quedaríamos alojados en la inseguridad democrática. Estaríamos pasando de la situación imperfecta pero perfeccionable de hoy a la situación imperfecta pero inmanejable de mañana. Por eso recomiendo que la OEA, y los países amigos de Colombia –EEUU y España muy especialmente- no dejen pasar por alto la opción de la concentración total, la reinserción paso a paso y –paralelamente- el desmonte del ‘paramilitarismo’. Que una cosa son las AUC y otra los residuos de ‘paramilitarismo’ crecidos ‘a la sombra y a las espaldas’ de las Autodefensas, las grandes ‘paganinis’ de esta historia tan tozuda y enredada.

Y lo uno tiene que ver con lo otro porque así como Gaviria le cedió su mando a Insulza también le endosó el problema. Pero la cosa no queda allí: Gaviria regresó a Colombia con la bendición de Washington para ‘meterse’ precisamente en el problema. Y el gran problema que plantea la negociación de las AUC es que la clase política –particularmente la Liberal- ve con muy malos ojos la competencia que le plantean las AUC en el territorio político –particularmente en el territorio regional. Los gamonales del ‘trapo rojo’ pregonan el desmonte del ‘paramilitarismo’ porque es un eslogan que cae muy bien a sus izquierdas huérfanas de liderazgos serios y en tren de seducirse mutuamente con el Polo, y prestas a montarse en el TOCONUR. Pero no ignoran los grandes barones de la política liberal que desmontar el paramilitarismo no deja de ser una lucha estéril contra un fantasma inexistente, un espejismo, un eslogan efectista, mucho menos rentable políticamente en tiempos de guerra de las FARC y el ELN contra la sociedad entera, que plantear la lucha contra la pobreza, contra la corrupción, contra el terrorismo, banderas todas estas que tiene en sus manos lo que yo llamo el otro Polo, el Polo de la Libertad, uno de cuyos líderes naturales es el actual presidente y candidato, Álvaro Uribe.

En los últimos días a don Álvaro le han llovido dos milagros del cielo, dos milagros grandes por los cuales puede estar agradecido con Dios: el primero, que César Gaviria se haya presentado de regreso de la OEA dispuesto a dar la pelea dentro del Liberalismo para que el Liberalismo encarne y lidere el giro a la izquierda ‘a la colombiana’: un giro que excluye a los Fidel y los Chávez, así como a los ‘ultras’ ‘farquianos’ y ‘elenos’. Si algo necesita Uribe para asegurar su gobernabilidad en los próximos cinco años -si es reelegido- es un Liberalismo del tipo que puede alumbrar si lo dirige César Gaviria, un gran movimiento de masas de estirpe auténticamente liberal y colombiano, socialdemócrata sí, neocomunista no, ‘prochavista’ tampoco. Por esas cosas de la política electoral puede imaginarse un Gaviria coqueteando con Chávez, pero nunca enamorado. Y eso Washington lo sabe y lo aprecia favorablemente.

El otro milagro lo constituye para el Presidente que Germán Vargas Lleras y su Cambio Radical se distingan nítidamente de Uribe y se mantengan aliados pero independientes por el andarivel derecho, sin romper pero también sin mimetizarse.

A partir de los dos milagros Uribe puede sentirse más cómodo acercándose más al centro del escenario por donde anida la preocupación social sin los tics habituales de la izquierda proclives al discurso retórico y demagógico, y en definitiva tan irrealizable como inflacionario, centro por donde también pasa la preocupación por la seguridad y la economía sin los tics habituales de la derecha proclives al neoliberalismo y el militarismo.

Algunos dirán que exagero al hablar de milagros. Me apresuro en darles la razón pero a cambio los invito a compartir conmigo que se trata de dos hechos terrenales y humanos de consecuencias políticas indisimulables. Nada mejor le podía haber sucedido a Uribe que ver crecer a su izquierda una fuerza política razonable y representativa de masas con la cual proponerse acuerdos sensatos en beneficio del País y llevarlos a la práctica conjuntamente, en materia de reformas económicas, políticas y en los temas siempre candentes y urgentes de la guerra y la paz. Muy auspicioso además que sea un político de la estirpe y las condiciones de Vargas Lleras quien vaya ocupando un espacio político descuidado por años tras el interminable ocaso Conservador. También con esta derecha moderna y pragmática, hecha de convicciones y ética a toda prueba puede Uribe alcanzar acuerdos –dentro del Polo de la Libertad- que hagan menos traumática la superación del conflicto armado y las amenazas terroristas, y más eficaz e inmediata la reinstitucionalización del Estado en las regiones, y la propia instalación y vigencia de la seguridad democrática en las áreas urbanas y rurales.

Flaco favor le hacía en cambio a Uribe alcanzar la utopía del Partido Único Uribista y la meta fantasiosa de reducir el Partido Liberal a una Oficina de Quejas y Reclamos regenteada por Piedad y Gómez Méndez. En la vida uno de los castigos más grandes suele ser aquel de que los sueños se le cumplan a uno. El milagro en cambio consiste en aceptar la vida como viene porque siempre que viene la vida viene con regalos buenos. Que nos cueste bajarnos del caballo de los sueños y los convirtamos en obsesiones, eso es harina de otro costal. Bien haría el Presidente en cambiar el sueño de su reelección por el sueño de ser el arquitecto del nuevo parque de la gobernabilidad de Colombia. O si prefiere seguir soñando con la reelección que también le haga un lugar destacado en sus sueños a la construcción de la gobernabilidad, que ya algunos prefieren llamar gubernamentabilidad, que viene a ser lo mismo pero más difícil de pronunciar. Parque donde quepan todos los colores y todos los sonidos, donde desde los extremos hasta el centro, y desde el centro hasta todos los rincones democráticos, sean de derecha o de izquierda crezcan y se fortalezcan propósitos tales como: Paz, Justicia, Seguridad, Empleo, Bienestar, Libertad, Inclusión, Solidaridad, Inversión, Crecimiento, Desarrollo, etc., etc. Y no es que reelección y gobernabilidad se excluyan en teoría, lo que sucede es que en la práctica –lo estamos viendo y padeciendo- sí compiten fuertemente, y en esa competencia feroz y desbordada se excluyen, pervirtiendo el diálogo en un diálogo de sordos, sin más mímica que los golpes bajos.

Volvamos otra vez a Ralito mientras Uribe estudia el nuevo panorama con Gaviria a su inmediata izquierda y Vargas Lleras a su inmediata derecha.

A Ralito llegarán primero las urgencias de Insulza que los efectos Gaviria y Vargas Lleras. Y será como es habitual, -y afortunadamente para la continuidad y calidad de los diálogos-, vía la pedagogía del Alto Comisionado de Paz que llegarán esas urgencias y esos efectos.

No es difícil predecir que la presión de la OEA derivará, a través de Luis Carlos Restrepo, en la exigencia por cumplir lo firmado en el Acuerdo para la Paz de Colombia de Santa Fe de Ralito que menciona la fecha del 31 de diciembre de 2005 como fecha límite para la desmovilización del ciento por ciento de las AUC. Así se estaría satisfaciendo la presión internacional por el cese de hostilidades, diría el Gobierno nacional.

El efecto Gaviria llegará a Ralito más lentamente –en todo caso tras el Congreso del Partido Liberal- y una de las formas anticipadas que puede adoptar esa llegada es la de que el Proyecto de Ley de Justicia y Paz se hunda en el Congreso de la República, o se apruebe pero por unos márgenes mínimos que estén muy lejos de evidenciar un acuerdo político de alcance nacional. Sin este consenso la seguridad jurídica de los comandantes de las AUC pendería de un hilo, no por unos meses o años, sino por toda la vida.

El efecto Vargas Lleras llegará aún más lentamente a Ralito y solo cuando se conozca el veredicto de la Corte Constitucional. Una cosa es Vargas Lleras en relación con Uribe candidato-inmediato y otra bastante diferente es el mismo Vargas Lleras frente a un Uribe candidato-diferido para el 2010, apartado cuatro años de una nueva candidatura.

Ante este panorama las AUC tendrán que tomar muy pronto decisiones de gran importancia sobre materias centrales. Aquí lo esencial será primero formularse las preguntas correctas –aunque no sean políticamente correctas- y solo después de seleccionadas las preguntas procurar las mejores respuestas públicas – esas sí, no pueden dejar de ser las políticamente correctas.

A continuación inicio el juego de las preguntas que exigen respuestas complejas planteando los siguiente cinco interrogantes de obligatorio estudio:


¿Desmovilizaciones o concentraciones? En ambos casos del ciento por ciento y antes del 31 de diciembre de este año. Un buen principio aquí sería aquel que recomienda no pecar de maniqueísmo y desmovilizarse donde sea posible y concentrarse donde sea necesario.


¿El Gobierno ha creado las condiciones para el cumplimiento de la totalidad de los Acuerdos? El compromiso firmado de desmovilizar existe pero también existe de parte del Gobierno el compromiso firmado de crear las condiciones para la reincorporación de los desmovilizados a la vida civil con plenos derechos. ¿Ha construido el Gobierno esas condiciones o solo lo ha hecho de manera parcial?


¿Mostrarse unidos políticamente y trabajar de manera independiente, al modo de la actual Confederación? ¿O más bien no temerle a las diferencias de criterio y mostrarse independientes políticamente, al mismo tiempo que se construye la instancia superior de la Alianza donde quepan las diferencias y se respeten las realidades locales y regionales de cada zona? Aquí también cabe el no incurrir en dogmatismos y trabajar codo con codo en fortalecer lo propio sin debilitar la Alianza.


¿Apoyar a quién o a quiénes? Ante el nuevo y tan nutrido escenario político nacional donde de derecha a izquierda se perfilan los liderazgos de Vargas Lleras, Visbal, Uribe, Holguín, Sanín, Mockus, Peñalosa, Gaviria, Serpa, Navarro y Garzón -no teniendo candidato propio las AUC, ni existiendo acuerdos ni con unos ni con otros- lo dable esperar de parte de las AUC es que alienten en sus simpatizantes la libre escogencia a título personal –no de las AUC- para adherir individualmente a las candidaturas presidenciales y al Senado y la Cámara que consideren las más apropiadas para Colombia.


¿Y en cuanto a pronunciamientos públicos sobre la posición política de las AUC de cara a las próximas elecciones presidenciales y al Congreso? Creo que lo más prudente –y lo políticamente correcto- es aguardar hasta el momento en el cual las AUC se hayan definitivamente desmovilizado para que sea sin armas -y ya dentro de la legalidad- que los Partidos amigos y las Alianzas que surjan a partir del abandono de las armas manifiesten sus voluntades y preferencias políticas, sea por la participación directa, sea por el apoyo a terceros. Hacerlo antes –todavía armados- sería impropio de verdaderos demócratas convencidos del trascendental paso que se está dando. Unos, los apoyados, sentirían tal apoyo como un inmenso peso sobre sus espaldas –cuando no una soga atada al cuello- y otros, los no apoyados, verían en esa falta de apoyo una ‘oposición armada –cuando no una amenaza de muerte. Así son las cosas, nos gusten o no, las compartamos o no.


No importa que las FARC y el ELN alienten el TODOS-CONTRA- URIBE, el TODOS-CONTRA-PEÑALOSA o el TODOS-CONTRA-GAVIRIA. Ya sabemos que ellas se orientan por el principio de ‘cuánto peor esté Colombia mejor para las FARC y el ELN’. Además, ya sabemos que ellos no confían en otros candidatos que no sean ellos mismos –y a la hora de la verdad, quizás tampoco tengan las guerrillas otro apoyo social que ellos mismos.

Con las AUC las cosas son distintas. Las AUC están lejos de encarnar el ‘paramilitarismo’ que tan repetida y superficialmente se les endilga. Hoy por hoy las AUC son parte determinante y autónomo de un fenómeno sociológico de ‘parasocietalismo’ con consecuencias políticas que ya no se pueden desconocer, sino todo lo contrario, urge reconocer –ahora que las tenemos esperando en Ralito- dentro del ordenamiento jurídico y político, reuniendo así la legitimidad con la legalidad, para que se verifique aquello de que ‘dentro de la ley todo, fuera de la ley nada’.

Que las AUC, entonces, reconfortadas por el reconocimiento político de su presencia en la vida nacional, alienten en sus primeros pasos públicos sobre el escenario político, que sus simpatizantes y desmovilizados se encaminen por el buen criterio y sensatez personales. Eso ya marcaría una gran diferencia con las guerrillas y en política un buen principio es el de marcar diferencias con los adversarios. No se entra al campo de juego sin preparación física y mental, y sin el debido calentamiento previo. No se salta en un solo movimiento de la tribuna al campo de juego. ¡Calma Autodefensas, que el campeonato es largo, y ya llegará el momento de jugar!

Y que sean siempre los ciudadanos quienes pongan y quiten, premien o castiguen, con su voto. Finalmente, lo que sea bueno para Colombia también será bueno para las AUC.


Así la veo yo.

1 comentario:

  1. un hombre idealista de ideas nacionalistasoctubre 18, 2006 8:50 p.m.

    ustedes los de las farc deben acabar con todos los ifueputas neoliberales que tienen al pais sumido en la peor pobresa del mundo y maten al presidente de usa y a la escoria de uribe

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