julio 22, 2005

El mejor presidente no siempre es el mejor candidato - La polarización que se viene entre Igualdad y Libertad

Colombia, 7 de junio de 2005


Por Rubiño




Si el Gobierno nacional hubiese tenido más cintura política y las AUC más experiencia en negociaciones y más pericia en el tratamiento de los medios de comunicación….

Si el Gobierno nacional no se hubiese saltado la etapa de las concentraciones y las AUC hubiesen logrado la financiación estatal del cese de hostilidades...

Si el Gobierno nacional hubiese tenido éxito en su guerra contra las FARC y el ELN y no se hubiese atravesado la reelección…

Si los amigos de las autodefensas se hubiesen comportado como amigos de Colombia y no solo de sus propios intereses políticos…

Si las clases políticas no estuviesen más empeñadas en desacreditar al Gobierno que en construir la paz y la reconciliación…

Si las AUC no siguieran siendo necesarias para el equilibrio militar del conflicto...

Otro gallo cantaría pero no es así y bueno es reconocerlo y actuar en consecuencia...


Tras el episodio vivido con el comandante Adolfo Paz, el Gobierno nacional ha quemado las naves y ha puesto el desenlace de la Mesa de Ralito en manos del Congreso. No debió haber sido así, pero así fue y contra la realidad no hay quien pueda. Según lo que tengan a bien los congresistas el proceso con las AUC llegará a buen puerto, o solo llegarán algunas de sus naves, o llegaran bastantes naves pero no todos sus comandantes. Ya no resultará posible, ni habrá tiempo político, para recomponer la confianza lastimada de las AUC. Si el Gobierno no ha querido bajarse de la nube y acordar sensatamente en la Mesa, con quienes a las malas aprendieron lo que es en el terreno la guerra irregular, el diseño conjunto de la política de seguridad frente al terrorismo y las guerrillas, menos querrán las AUC después del maltrato dado a don Adolfo poner en riesgo –a un año de las presidenciales de 2006- lo que consideran las llaves maestras para acabar con las guerrillas desde el Estado y la legalidad. Tal know how estratégico se lo reservarán las AUC para su propio diálogo político con el pueblo colombiano y lo compartirán solamente con quienes, sin mesianismos ni soberbias, valoren ese enorme patrimonio nacional contrainsurgente y lo utilicen sabiamente con legítimas aspiraciones de arrebatarle el Poder a las clases dinásticas fortaleciendo el Estado y reinstitucionalizando el País en las vastas zonas de influencia AUC. Por razones que solo el Gobierno nacional está en condiciones de exponerle a Colombia su Alto Comisionado de Paz se ha negado a capitalizar en favor de la lucha antisubversiva todo lo que las AUC han aprendido tras los largos años de su lucha contraguerrillera. Lo que hace fuertes a las AUC en amplias zonas de Colombia no es el conocimiento de las rutas del narcotráfico como aseveran maliciosamente la Prensa capitalina y los dueños del poder político. Lo que las hace fuertes y aplaudidas en sus corazones por miles de colombianos –mal que les pese a las guerrillas y a los monopolistas del poder político- es la lucha de años de las AUC contra las guerrillas, en las peores condiciones de marginamiento político y de difamación en la Prensa; es la incondicionalidad de las AUC al servicio de la libertad, los bienes y la honra de millones de colombianos que hubiesen sido presa fácil de las FARC y del ELN si las Autodefensas no tomaban sobre sus hombros la defensa de sus vidas y de sus economías. A la hora de reconocer la valentía en el combate la gente no se fija en quién pone el dinero, ni dónde se origina, sino en quién le pone el cuerpo a las balas del enemigo.

Muy bueno que Álvaro Uribe haya accedido a la presidencia de Colombia con el mandato popular, democrático y plebiscitario, de acabar con las guerrillas, subido Uribe en la ola que contribuyeron a gestar las FARC y Pastrana con la farsa del Caguán, pero también las AUC demostrando que sí era posible frenar a las guerrillas si existía voluntad de hacerlo. Se olvida este Gobierno que también las AUC –cuando Uribe estaba muy lejos de ser visto como posible presidente- combatieron durante años a las guerrillas pero no lo hicieron teniendo a su favor todo el poder del Estado y el apoyo de los EEUU, lo hicieron desde las precarias condiciones de la ilegalidad y la persecución estatal, desde la soledad y la incomprensión de la Prensa siempre dispuesta a entender y darle principio de justificación a las razones de la guerrillas pero sorda, ciega y muda para entender las razones de millares de colombianos abandonados a su destino por el Estado y expoliados de su libertad y de sus bienes por las guerrillas. Ahora resulta que todo el poder del Estado no alcanza ni para poner a disposición de la justicia a uno solo de los integrantes de la cúpula del ELN, ni hablemos ya de las FARC tras casi tres años ya de pretender someterlas, donde solo Simón Trinidad y fuera de Colombia cayó en poder de las autoridades. Si toda la maquinaria del Estado no ha podido contra las guerrillas, esto explica por sí solo porqué las Autodefensas gozan de prestigio en sus zonas de influencia, y porqué en esas zonas se teme por su desmovilización sin garantías por parte del Estado. La actitud del Estado colombiano sigue siendo frente a la inseguridad y el terror que generan las guerrillas la misma actitud de quien está dispuesto a sacrificar una respuesta de hecho que opera en la realidad imperfecta (pero perfectible) en aras de un modelo perfecto que solo opera en el abstracto del mundo teórico. En su terquedad por defender el monopolio de la fuerza en poder del Estado –sin consideraciones de tiempo y de contexto- parece que el Estado colombiano prefiere el costo humano y social de la inseguridad y la ley del más fuerte en las zonas que protegieron las Autodefensas antes que pagar el costo político de supervisar a las AUC sobre los mismos espacios un tiempo mínimo necesario para producir la desmovilización ordenada de las fuerzas de autodefensa. Queda la impresión de que el Gobierno está más preocupado por mostrar el trofeo de caza de las Autodefensas desmovilizadas que territorios que quedan al garete en manos de la delincuencia política o de cualquier otra. Me quedo en esto con la posición de las AUC que privilegian hasta el final de su existencia armada la vida de tantos hijos colombianos –y la no fragmentación del cuerpo de la patria- y deciden que sea el Estado quien se encargue de todos, evitando que en el futuro pueda decir la historia que las Autodefensas privilegiaron la permanencia de su poder por encima de la seguridad de las poblaciones.

Sin embargo, las AUC saben que ni este Gobierno ni el próximo podrán acabar con las guerrillas, mucho menos con las amenazas terroristas, si persisten las autoridades en desatender los reclamos populares por inversión social, empleo y educación, y al mismo tiempo no diseñan y ponen en funcionamiento mecanismos participativos de prevención social ante los desastres que produce el conflicto en la población civil, en las economías regionales y en la infraestructura de energía, comunicación y transporte. Las AUC durante muchos años antepusieron lo urgente ante lo importante. Por eso enfrentaron el desangre que producía la guerrilla y no pudieron dedicarse a actuar remediando las debilidades del Estado. A partir de la experiencia tenebrosa del Caguán cuando Colombia estuvo a centímetros de ponerse en manos de las FARC por la cobardía del Estado en la defensa de los colombianos, las AUC llegaron a la conclusión de que había llegado el momento de asumir el reto de lo importante dejando lo urgente en manos del Estado. La coyuntura era única y tal vez no se vuelva a presentar en Colombia, en décadas, algo similar. El desastre de Pastrana le abrió las puertas al huracán Uribe. Ante tal cambio de clima nacional y en la Casa de Nariño las FARC no podían sino reaccionar como lo hicieron. Replegándose, dándole la posibilidad al Estado colombiano de tomar la iniciativa, al menos durante los tres o cuatro años que durara el huracán. En qué acabará la iniciativa estatal impulsada por Uribe nadie lo sabe pero muchos lo prevén. Tras el huracán Uribe volverán las oscuras golondrinas sus nidos a colgar y será el tiempo en que las FARC y el ELN envalentonados vuelvan por todo lo cedido, por todo lo prestado a las fuerzas del Estado. Volverán entonces a oírse las voces –nunca acalladas del todo- de quienes pregonen devolverles el estatus político a las guerrillas abriendo negociaciones, reformando la Constitución y ofreciéndoles curules hasta sin voto popular en el Congreso. Y será bueno que esto suceda, si así se acaba la guerra en Colombia, pero para que esto sea lo mejor será necesario que previamente el Estado se haya fortalecido lo suficiente para que negociar con las FARC no signifique rendirse ante ellas.

Las AUC decidieron en 2002 comenzar su marcha hacia la legalidad precisamente para encontrarse otra vez con las guerrillas, pero esta vez estando las Autodefensas y sus amigos leales representando al pueblo colombiano en la política, en los cargos de elección popular, como hicieron antes el M-19 y el EPL, entre otros. Y en eso están las AUC hoy, habiendo producido con menos de la tercera parte de sus fuerzas la mayor desmovilización de la historia del conflicto armado interno colombiano. Ya están prontas las AUC a desmovilizar las dos terceras partes restantes antes de fin de año ahora que está claro que el Gobierno nacional impone en la Mesa el rédito político de la desmovilización total de las AUC antes que el beneficio a largo plazo de haber contribuido eficazmente a la mejor seguridad de los colombianos en todo el territorio nacional. Seguramente hubiera sido distinta la cosa si Álvaro Uribe no fuera hoy el presidente-candidato, y hubiera escogido el papel más relevante de ser el presidente que le devolvió la paz y la seguridad a los colombianos.

Por eso cuando alguien asegura por allí que Uribe cuenta con los votos de las autodefensas en sus sitios de influencia yo me pregunto por qué ha de ser así inevitablemente, si ningún gobierno combatió a las AUC con la tenacidad del de Uribe, ni ningún Gobierno colombiano encarceló, dio de baja y estigmatizó con mayor vehemencia el derecho del pueblo colombiano a la legítima defensa personal y colectiva ante la ausencia de la defensa estatal.

Mal harían las AUC en dar sus primeros pasos en política cediéndole su aval al Partido Comunista Colombiano, o al PDI. Esto está claro para muchos, lo que no está tan claro es que igualmente mal procederían las AUC si predican a favor de otros cuatro años de Uribe en la presidencia de Colombia. Y no es que Uribe sea un mal candidato, ni que Uribe no le haya cumplido a Colombia, ni mucho menos que Uribe no esté comprometido con el bien de Colombia. Todo lo anterior es cierto y las virtudes de Uribe son encomiables. Pero lo que no es políticamente correcto ni se corresponde con la realidad es que se insista en ver a Uribe como un Mesías, o como alguien de quien depende el futuro de Colombia. No, Colombia depende de sí misma, de la actitud y las decisiones que tomen millones de ciudadanos comprometidos con la democracia, la solución pacífica de los conflictos, el crecimiento de la economía, y la acción decidida y sin demoras burocráticas para paliar los males de los que no tienen absolutamente nada –ni siquiera el temor de ser secuestrados o asesinados. El problema de Colombia lo engordan las FARC y el ELN –y también lo hicieron las AUC- pero ni las FARC, ni el ELN, ni las AUC explican la totalidad del drama colombiano. Los enemigos de la paz son los alzados en armas, pero los enemigos de Colombia son la corrupción, el subdesarrollo, la falta de educación, la pobreza, la falta de empleo y todo tipo de violencia física o estructural. Quien solo se enfrente a los actores del conflicto armado no está cumpliendo ni el 50 % de lo que el pueblo colombiano tiene derecho a exigirle a sus gobernantes.

Así como a la izquierda del tablero político se consolida el Polo Democrático Independiente (PDI), del centro a la derecha las Autodefensas, puestas a actuar políticamente, tienen un vasto campo de acción donde lejos de sentirse solas pueden sentir el calor popular de centenares de miles de colombianos que le cuestionan a las AUC sus métodos en la guerra y sus fuentes ilícitas de financiación, pero que abandonados éstos, valoran infinitamente su arrojo de haberse plantado frente a las FARC y el ELN y haberlas hecho retroceder, habiendo sido durante años el único escollo militar y social serio que encontraron las guerrillas en sus ambiciones de poder. Muy distinta hubiese sido la historia de Colombia sin las Autodefensas, y esto es un capital social y político que está lejos de haberse desgastado. Donde las guerrillas hacían y deshacían sí que existe memoria histórica de lo sucedido tras la llegada de las Autodefensas y ese capital político es una realidad colombiana, aunque haya no pocos uribistas que -cegados por el poder- hoy lo quieran negar o minimizar.

Las Autodefensas habrán de sentirse en su hábitat natural, cómodas ideológicamente, en el seno del Polo de la Libertad –que a diferencia del Polo Democrático no necesita constituirse en Partido- cuya misión constitutiva esencial es la de reivindicar el derecho histórico del pueblo colombiano a conservar viva la memoria de la libertad. Porque es válido que la izquierda plantee por las buenas sus caminos hacia la igualdad –sobre todo si esos caminos conducen a igualar hacia arriba y no a igualar hacia abajo. Pero también es igualmente válido que desde la otra orilla de la política se sostengan bien en alto las banderas de la libertad –sobre todo si no se trata de la libertad de morirse de hambre sino de la libertad de pensar, hacer y crear y distribuir sin egoísmos ni demagogias riqueza material y espiritual.

Las dos tensiones estratégicas de la democracia colombiana pujan por la igualdad y por la libertad. En los ambientes políticos se ha recibido con beneplácito el advenimiento del Polo Democrático, como elemento de izquierda, de cambio social hacia la igualdad. De la misma manera Colombia está en mora de abrir los caminos que permitan el advenimiento del Polo de la Libertad, como elemento de derecha, de cambio social hacia la libertad. Libertad e igualdad no solo tienen que abrirse camino y coexistir sino que tienen que darse la mano y competir en sana lid, no en los montes a punta de fusil y machete, sino en el seno de la democracia a punta de idea y argumentos. Alguien dijo alguna vez que la paz no es la meta, la paz es el camino. También es muy bueno que los partidarios de la igualdad vean a la libertad no como un enemigo sino como el gran camino hacia niveles de igualdad crecientes. Del mismo modo que será muy bueno que los partidarios de la libertad no se resignen a pensar que la desigualdad es el precio inevitable de la libertad, sino que más bien niveles crecientes de igualdad garantizarán ejercicios crecientes de libertad. Es decir, habrá que conciliar entre ambos polos cuál es el mejor modo para que Colombia no tenga que sacrificar la igualdad para hacer posible algún tipo de libertad, ni sacrificar la libertad para que sea posible algún tipo de igualdad. El gran desafío es precisamente este: dotar a Colombia de un equilibrio socialmente armónico entre igualdad y libertad, sin sacrificar lo uno para hacer posible lo otro.

Ni la igualdad ni la libertad, valores excelsos, y auténticos derechos humanos, merecen imponerse como consecuencia de una guerra. Poco cambia si vencen unos o vencen otros. La derrota de unos será finalmente la derrota también de los otros. El único modo de zanjar este dilema es en la democracia, a través del diálogo y el consenso, no a través de la imposición. Por eso uno entiende a los partidarios de la negociación política honesta, y comprende el legítimo clamor de los familiares de los secuestrados cuando exigen que no se le pongan condiciones a los diálogos sino que sentarse y dialogar es el camino, el único camino, y cuanto más se demore peor para todos, porque seguirá habiendo víctimas de lado y lado.

A casi tres lustros de diferencia las AUC se aprestan a iniciar desde la otra cara de la luna la misma marcha que en su momento iniciaron el M-19 y el EPL. Creo que ha llegado el momento de que unos y otros depongan los enconos y le den una segunda oportunidad a la paz, esta vez por derecha, no por izquierda, pero tras el mismo sano propósito de silenciar las armas. Y que no solo silencien los fusiles sino que también se oigan las voces del corazón reconciliado con el corazón del hermano. Si se produce este encuentro sanador entre ex M19, ex EPL y ex AUC, ahora que ya va a haber muy pronto más comandantes AUC desmovilizados que sin desmovilizar, Colombia estará mandándoles señales al mundo de que pronto no necesitará de ningún Mesías para resolver sus problemas sino que serán los propios colombianos quienes encuentren el camino de salida de su trágico laberinto de medio siglo de desencuentros.

Es desde este contexto donde encuentro que hoy el mejor presidente para Colombia desde la óptica de las AUC es sin dudas Álvaro Uribe, pero que, tras los acuerdos finales de paz –si Dios quiere antes de finalizar este año- el mejor presidente de Colombia para refrendar los acuerdos e iniciar el camino hacia el diálogo, la negociación y los acuerdos con las FARC y el ELN bien puede ser otro diferente a Álvaro Uribe. Y no digo la antítesis de Uribe, ni más faltaba, siendo como es Álvaro Uribe una pieza fundamental del Polo de la Libertad. Digo simplemente, alguien distinto a Uribe, sin lazos con las clases dinásticas, ni con ningún tipo de violencia. Alguien que pueda ser durante cuatro años –o durante ocho- un buen administrador, un lúcido estadista, un visionario, un gran pedagogo de la convivencia pacífica, creíble internacionalmente, ante todo un innovador, un creativo, un hombre con Academia pero también con suficiente calle, un hombre amable, querido y respetable, que sepa manejarse ante los medios y sea intérprete del sentir popular.

En mi modesto entender un sólo político reúne hoy en Colombia todos esos requisitos: Antanas Mockus.

Por eso cuando me dicen que Álvaro Uribe es el candidato de los ‘paras’ les digo que eso pudo haber sido en 2002 cuando las AUC querían un presidente que fuera bueno para Colombia y que además estuviese dispuesto a negociar políticamente con las AUC. Pero hoy las AUC ya se sienten actores políticos, le están reconocidos a Uribe porque no defraudó las expectativas de los colombianos y asumió con convicciones democráticas la negociación con las AUC. Todo eso se le reconoce a Uribe y se lo reconocerá la Historia. Pero de cara al 2006 las necesidades de Colombia y de las AUC son distintas –nadie se baña dos veces en el mismo río.

Por eso pienso, en esta tarde de principios de junio –no sé que pensarán a estas horas Uribe, Mockus, ni las AUC- que las AUC hacen bien en seguir sentadas en Ralito, que Álvaro Uribe es un buen presidente, y que Antanas Mockus es el mejor candidato.

Así la veo yo.

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