julio 18, 2005

Las AUC no pueden callar si Colombia quiere que el mundo pueda comprender

Se trata de incentivar políticamente el desmonte negociado de todos los ‘paramilitarismos’
Colombia, 23 de mayo de 2005

Por Rubiño



Bienvenidos a Colombia los debates políticos que exceden el marco de la coyuntura y de las candidaturas. Sean los debates que discurren acerca de la existencia o no del conflicto armado interno colombiano, y sobre la conveniencia o no de mantener o modificar la tipificación y alcances del delito político en el estado actual de evolución del sistema democrático nacional. Muy oportuno que se polemice también acerca de la correspondencia con la realidad de utilizar las categorías conceptuales de izquierda y de derecha para interpretar la realidad política. Aquí les propongo a las AUC que, además de participar activamente de aquellos debates, se preparen para promover un gran debate nacional e internacional acerca del contenido real del tan manoseado término de ‘paramilitarismo’, lo que permitirá acciones más eficaces que lleven a su identificación y desmonte, objetivo en el cual las Autodefensas tienen muchas claridades que aportar para bien de la sociedad y para bien del conocimiento público de su propio proyecto y actividad política en ciernes.

Si las AUC quieren disfrutar, además del estatus político legal, también del activo político de reconocimiento social que solo les puede reconocer la ciudadanía, bien podrían estar pensando en estos días sobre la conveniencia de producir una declaración pública que no dejase lugar a dudas al respecto del ‘paramilitarismo’ tras su desmovilización, y que manifestase entre otras cosas, algo así como lo que menciono a continuación:

“Las AUC condenamos enérgicamente el ‘paramilitarismo’, venga de donde venga, y advertimos sobre el uso malintencionado del término ‘paramilitar’ por parte de quienes ven la realidad del conflicto colombiano con un solo ojo –el de sus intereses políticos e ideológicos. El tema del ‘paramilitarismo’ es estratégico, ni el Estado colombiano, ni la sociedad pueden seguir auspiciando de ninguna manera que con el argumento de promover cambios políticos, ni de dificultarlos o impedirlos, ni de defender los propios intereses legítimos o no, se les tenga reservado algún tipo de consideración especial en el marco legal que modere sus penas y castigos hacia los paramilitares de izquierda, derecha o sencillamente paramilitares a secas, ni evite sus condenas con amnistías e indultos al estilo de los que tantas veces se han impuesto en Colombia sin obtener con ello sino la perpetuación del conflicto armado interno y el incremento de las amenazas terroristas para la población civil como consecuencia directa de la degradación del mismo…”.

La cosa no debiera quedar en eso. Podría retomarse el Acuerdo de los Pozos suscripto entre el Gobierno nacional, presidido por Andrés Pastrana, y las FARC el 9 de febrero de 2001, y adecuando la letra del mismo a las circunstancias presentes donde dice “El Gobierno y las FARC-EP coinciden en la importancia de avanzar en las discusiones sobre los mecanismos para acabar el paramilitarismo y disminuir la intensidad del conflicto. Para tal efecto, la Mesa de Diálogo y Negociación creará una comisión con personalidades nacionales que les formulen recomendaciones en estas dos direcciones”. Hoy podría reemplazarse aquello con un texto que dijese: “El Gobierno y las AUC coinciden en la importancia de avanzar en las discusiones sobre los mecanismos para acabar el paramilitarismo y disminuir la existencia de amenazas terroristas sobre todos los colombianos y colombianas, en particular sobre la población civil. Para tal efecto, la Mesa de Santa Fe de Ralito creará una comisión con personalidades nacionales y extranjeras y representantes de la Iglesia que les formulen recomendaciones en estas dos direcciones”.

Por supuesto que lo anterior no significa que se le esté cerrando la posibilidad de negociación política a las guerrillas y a los ‘narcos’ que cada vez tenderán a acercarse y parecerse más, sea para complementarse, sea para combatirse unos con otros. Significa que a todos los actores del conflicto sean guerrillas, sean autodefensas, sean ‘narcos’, sean paramilitares de izquierda, de derecha o sin ideología precisa, se les otorga el mismo plazo, el mismo tiempo, para entrar en el régimen cívico, legal y político colombiano, en el seno de la democracia, no a través del sometimiento a la justicia sino a través de una negociación política cuya iniciación no puede seguir demorándose hasta el infinito, ni puede convertirse simplemente en un borrón y cuenta nueva, sin aportes a la Verdad, la Reparación y la Justicia, como debe ser, como no puede ser de otra manera si Colombia aspira llegar alguna vez a vivir, sin conflicto armado interno, sin amenazas terroristas y sin impunidad de ninguna clase para unos y para otros, es decir sin estratificación de los delitos ni de los delincuentes como le oí decir alguna vez al comandante Diego Vecino de las AUC, uno de sus integrantes con mayor perfil político, poco conocido públicamente, de convicciones democráticas profundas, y verbo elocuente y persuasivo.

Escribía el filósofo Filón, de Alejandría, que “las palabras crean las cosas”. En el caso del ‘paramilitarismo’, el término paramilitar se transformó en un arma más del arsenal subversivo de las FARC y del ELN que, en virtud de su artería tendiente a desestabilizar las instituciones constitucionalmente vigentes, sólo ha servido para herir y estigmatizar a las Autodefensas y al propio Estado colombiano y sus gobiernos y fuerzas militares creando el ‘monstruo’, la ‘bestia’, esa ‘cosa’ terrorífica, que se pretende levantar como discurso de auto justificación del propio terrorismo, de la propia bestialidad, de la propia monstruosidad por parte de las guerrillas.

Insistir en los albores del siglo XXI en que las AUC son una organización paramilitar por su supuesto paralelismo con las fuerzas de seguridad del Estado en el accionar contraguerrillero, y más aún que su tal supuesto paralelismo llega incluso a que las AUC sean estigmatizadas como el brazo militar del Estado colombiano para responder de manera irregular la guerra irregular desatada por las guerrillas en Colombia -hace más de cuarenta años- no solo es una falsedad política sino que constituye además una deliberada manipulación del lenguaje con propósitos de llevar agua para el propio molino donde beben ciertas izquierdas dentro y fuera de país, dentro y fuera del sistema democrático constitucional.

Se sorprende el editorialista de El Tiempo, cuando cita textualmente en el Editorial del martes 17 de mayo: “Aunque la aplastante mayoría de los colombianos continúa rechazándolos, es sintomático que, por primera vez en años, los extremos del espectro recojan una opinión favorable de 5 por ciento en el caso de las FARC y un insólito 12 por ciento, en el de las AUC.” Por lo que tiene que ver con la opinión favorable para las AUC recomiendo ver la realidad con los propios ojos y no con los ojos de quienes se empeñan en ver sus propios intereses por encima de la realidad. Dice la canción: “las cosas se cuentan solas, solo hay que saber mirar”. En ta 12 por ciento, no existe solamente un potencial no inferior a un millón de votos, sino algo más: el fruto de reconocimiento social –pre político si se quiere- que comienzan a recoger las AUC por su actitud y acciones valientes de ayer en defensa de los colombianos ‘cuando las papas quemaban’, y su actitud y su acción, igual o más valiente de hoy, a favor de la paz cuando -por primera vez en su historia- aparece en Colombia un Gobierno como el de Uribe, dispuesto a defender como nunca había sucedido antes a los colombianos de las amenazas terroristas.

La construcción de un cuerpo de pensamiento político autónomo, por parte de las AUC, tiene lugar en un período apasionante de la Historia de Colombia y de sus países hermanos de América Latina, caracterizado por una sucesión incesante de nuevos interrogantes para los cuales las viejas y gastadas respuestas no tienen siquiera un mínimo valor residual en medio de tempestades que agitan de un lado para el otro el tablero de la democracia colombiana y regional. La reelección de Uribe y el debate sobre las garantías a la oposición no son las causas sino los síntomas del mar de fondo que subyace a la polarización política a la que asistimos. Tampoco son ajenos a la terquedad terrorista de las FARC y del ELN, ni a los chismes y dardos venenosos y engreídos de Petro y de Serpa, los efectos no tan colaterales de tener un vecino con las ínfulas, los delirios mesiánicos y el poder económico de Chávez.

En Colombia, las viejas clases políticas dinásticas y también las que asomaron hace unos años como independientes o como componentes de la nueva izquierda ven resquebrajarse, entre sus contradicciones y sus quebrantos, los instrumentos de poder y de anti-poder con los cuales transitaron la segunda mitad del siglo XX sea como oficialistas sea como opositores, incluso como ‘oposición armada’, y, en su afán por sobrevivir, arrastran tras de sí los vestigios conformistas, reformistas y seudo-revolucionarios que, tras décadas de ignominias y corruptelas, crímenes y desolación, están descendiendo del escenario de la política para hundirse en los estertores de su propia tragedia, abandonados a su suerte y desgracia por parte de quienes asisten impávidos a la sepultura de tamaño cambalache, convencido ahora el Pueblo de Colombia de que esta página de nuestra Historia, que se negaba a desaparecer, va comenzando a quedar definitivamente atrás. El viento que arrastra, pule y limpia a nuevo se denomina genéricamente ‘uribismo’ pero de él también forman parte iniciativas autónomas al ‘uribismo’, especies localizadas de ‘uribismo sin Uribe’, incluso ‘pre-uribistas’, tales como las que dieron origen, forma y orientación a las Autodefensas Unidas de Colombia.

El desarrollo de los acontecimientos políticos colombianos va adquiriendo un matiz diferente al habitual con el reconocimiento del estatus político de las Autodefensas. Mientras no existen más dudas -en cuanto al reconocimiento político de las AUC- que las de quienes están interesados en sembrarlas, en realidad no existen muchas pistas acerca de las intenciones políticas de las AUC. Algunos se refieren a las AUC como ‘paramilitares’, pero no consiste en ello la identificación política de las AUC, ni pudiera serlo por lo que veremos a continuación. Para el caso, también las FARC y el ELN son organizaciones ‘paramilitares’. Otros se refieren a las AUC como organización de extrema derecha, o de ultra derecha pero tampoco aciertan.

En algún momento del proceso histórico colombiano lo intuitivo y elemental de la resistencia civil ante el embate de las guerrillas paramilitares de izquierda se transformó, a partir de diferentes vertientes originales no estatales, en una organización confluyente y confederada de tipo militar. Sucedió, que ante el crecimiento del poder de las guerrillas -multiplicado por su participación lucrativa en el narcotráfico y los secuestros extorsivos- los civiles de la resistencia antiguerrillera estimaron necesario –y prudente- dotarse de una organización paramilitar ideológicamente civilista y constitucionalista, pero pragmáticamente fuera del sistema legal, ‘ultra sistema’, y organizada de manera paramilitar –no de derecha ni de izquierda, simplemente paramilitar. Pero no paramilitar porque obedeciera órdenes del aparato militar estatal –al estilo de las dictaduras chilena o argentina-, sino paramilitar porque se organizó de manera simétrica y contrapuesta –al modo de un espejo- en oposición a las guerrillas que también habían constituido previamente sus organizaciones paramilitares de izquierda, por cierto estructuradas ‘al estilo de las organizaciones militares’. Es la perversidad de algunas izquierdas la que instaló el término paramilitar en la opinión pública como si realmente existiera un paralelismo entre paramilitarismo y fuerzas militares del Estado. En realidad lo del prefijo ‘para’ en la palabra paramilitarismo no significa paralelo, sino ‘al estilo de’. Una organización es paramilitar porque está diseñada y conducida ‘al estilo de’ las militares oficiales, sin pertenecer a esas fuerzas militares oficiales. Y como tales, las organizaciones paramilitares bien pueden ser de izquierda o de derecha. Tan paramilitares entonces las FARC y el ELN como las AUC. Pongamos algún ejemplo. Cuando las FARC y el ELN cruzan la frontera con Venezuela y se instalan del otro lado, bien puede decirse que son paramilitares de izquierda amigos del Gobierno que dirige Chávez. Cuando regresan a Colombia siguen siendo paramilitares de izquierda, solo que en este caso combaten al Gobierno que dirige Uribe. ¿Con las AUC qué sucede? Cuando ingresan a Venezuela para perseguir a las guerrillas son paramilitares de derecha –si se lo quiere simplificadamente ver así- neutrales frente a Chávez, combatiendo a paramilitares de izquierda amigos de Chávez. Cuando regresan las AUC a Colombia siguen siendo paramilitares que ni atacan ni defienden a Uribe, sino que atacan a los paramilitares enemigos del Estado colombiano donde gobierna Uribe. Esto para que quede claro que si se trata de desmontar paramilitarismo en Colombia y de eso se trata en Ralito y debiera tratarse en el Congreso de la República, se trata de desmontar todo paramilitarismo sea de derecha (AUC) como de izquierda (FARC y ELN) así como tampoco puede seguir demorándose el desmonte del paramilitarismo de los banqueros de la guerra, paramilitarismo en el que también incurre tradicionalmente el narcotráfico cuando organiza sus ejércitos rurales y urbanos ‘al estilo de los militares’ para defenderse de todos los otros actores del conflicto armado interno que conviven en Colombia.

Así que si se trata de desmontar el paramilitarismo ha de tratarse de todo paramilitarismo y no solo el que se ha generado como desprendimiento o extensión de las AUC, el cual ni es el único ni el más poderoso ni el más antiguo, y en definitiva el único que podrá ser desmontado en su totalidad cuando las AUC estén reincorporadas a la vida civil plena –con todos sus derechos y obligaciones inherentes- incluido el derecho a participar en política en las mismas condiciones que los demás actores legales de la política democrática nacional.

No son estas las claridades que hace Petro, quien ni predica ni practica el ‘desmonte del ‘paramilitarismo de izquierda’ en los intersticios del poder y la economía nacional y regional -mientras prefiere predicar y practicar su animadversión al Estado desde dentro de sus instituciones, instituciones donde parece no querer compartir un espacio con las AUC una vez estas hayan abandonado sus armas como hizo él, como integrante del M-19, alguna vez. Le sigue produciendo algunos dividendos mediáticos atacar el flanco civil de quienes no comulgan y se resisten a ser dominados por la subversión de izquierda. Cumple así –tal vez sin proponérselo- un rol de amplificador de la propaganda de ultraizquierda dirigida a minar el sistema democrático cuando más bien debiera esperarse que cumpla el rol de representante del sistema democrático para disuadir el discurso armado de las FARC y del ELN, e invitarlos a deponer sus armas y sumarse a la civilidad. Si el centro izquierda, la izquierda y la extrema izquierda colombianas no cumplen un papel importante de disuasión de las prácticas de ultraizquierda, ésta se verá alentada por sus críticas difamatorias de las instituciones y sus miembros, y pensará en sus delirios quijotescos –por sus malas lecturas de Lenin, Guevara y Mao principalmente, ya que Marx y Engels, seguramente, les resultan inaccesibles- que los Petro, los Navarro y los Garzón son aliados de su causa, cabeceras de playa de su proyecto revolucionario. Mientras Colombia no pueda contar con el ancho campo desde el centro hacia la izquierda para iniciar una negociación política con las FARC y el ELN, se seguirá alimentando la errónea concepción de que la izquierda practica la combinación de todos los métodos de lucha, y mientras esto sea visto así por el pueblo colombiano ni la izquierda democrática llegará al poder, ni la ultraizquierda abandonará su guerra revolucionaria. Unos, porque el peso de sus supuestas connivencia y tolerancia con la ultraizquierda les quitará apoyo popular, y los otros, porque seguirán pensando que, contando con aliados ya establecidos en el seno de la democracia, con un poco más de presión militar estarán a un paso del poder, o de una negociación política a la cual lleguen para imponer sus condiciones.

¿Pero quién le pone el cascabel al gato y le hace entender a Petro y compañía que en vez de dirigir sus cañones únicamente hacia la derecha bien haría la izquierda en lanzar sus dardos hacia la ultraizquierda mostrándole a la ciudadanía que está tan empeñada en desmontar el paramilitarismo de derecha como el paramilitarismo de izquierda? Y dispuesta a hacerlo por las buenas, no a través de la calumnia, o guerra verbal, ni por la guerra física, sino a través de la negociación política, con unos y con otros. Porque de no hacerlo siempre existirá la sospecha que se ataca a unos –los de derecha- para allanarles el camino a los otros –los de izquierda. Y así no se hacen las cosas, al menos no en una democracia que aspira a perfeccionarse y volverse todos los días más incluyente hacia la izquierda y también hacia la derecha. ¿O no es así señor Petro?

No debemos ser tan simplistas como quiere la propaganda guerrillera y considerar que porque una organización de civiles adquiere forma paramilitar eso quiere decir fatalmente que su accionar deba ser manejado por los altos mandos del Estado y la Política gubernamental, ni que deba ser visto como un accionar paralelo –en el sentido de cómplice- con el de las fuerzas estatales de seguridad. De hecho, tanto las FARC como el ELN son organizaciones de civiles con carácter ‘paramilitar’ pese a que la Prensa y la clase política no los ‘descalifica’ como tales –y por eso precisamente cabe abrir el debate- como lo que realmente son: organizaciones paramilitares de ultra izquierda.

Lo que hace que una organización de civiles sea ‘paramilitar’ tiene que ver con la estructura jerárquica vertical que posee, y con su modo de tomar decisiones y, por supuesto, con el componente armado que contienen, sus procedimientos y sus tácticas. No son los aliados, ni los enemigos de esa organización –factores externos- los que determinan si ésta es o no, una organización paramilitar.

Pongamos el caso que por esas cosas de la vida Álvaro Uribe es proscripto en el 2006, no se le permite ser reelegido y que por cualquier circunstancia propia del caos político sobreviviente asume la presidencia de Colombia la antítesis de Uribe –el que ustedes se les ocurra-, y en consecuencia, se convierte en Comandante Supremo de las Fuerzas Militares un presidente que en connivencia con Chávez y Fidel Castro se alía con las FARC y el ELN y decide que Colombia se constituirá en una República Bolivariana y Socialista, y que los Acuerdos de Paz de Santa Fe de Ralito se desconocen por haber sido un pacto de “yo con yo” según declaraciones del flamante ministro del Interior que no podemos descartar sea para ese entonces el mismo Gustavo Petro. Caben pocas dudas de que en tamañas circunstancias –hipotéticas en tren de hacer pedagogía, claro está- las AUC llamarían a la subversión contra el nuevo régimen y volverían a tomar las armas montando nuevamente su ‘paramilitarismo’ recién desmontado, esta vez enfrentadas al Estado que surgiera de tamaño adefesio. Ya nadie dudaría de la razón de ser política de las AUC. En ese caso las AUC serían calificadas de ‘rebeldes’ por buena parte de la prensa internacional, aunque en Colombia el ministro del Interior de esa época Gustavo Petro insistiría en denominarlas ‘contrarrevolucionarias’, ‘uribistas’, ‘fascistas’ y ‘proyankis’.

Volveremos sobre lo anterior en una próxima columna para ahondar sobre qué significado tiene asumir posiciones políticas de derecha o de izquierda, en aras de no extendernos aquí más de lo aconsejable. Los elementos de juicio apenas comienzan a ser presentados. Nos queda hacia adelante un prolongado y ascendente camino de interpretaciones y análisis, donde habrá que profundizar sobre un término que está llamado a constituirse en un gran aliado en esta identificación de caracteres políticos. Ese término es el de autodefensa y es definido de la siguiente manera en la edición 2001 del Diccionario de la Real Academia Española donde aparece por primera vez –nunca antes había aparecido-: autodefensa: (calco del inglés selfdefense. Defensa propia, individual o colectiva).

Si elevamos la mirada y nos situamos sobre una altura mayor podremos observar cómo las diferentes aguas van arrastrando, en sus respectivos cursos centrales, materiales que se depositan sobre las orillas de derecha e izquierda asentando un vasto territorio, que identificamos como Colombia, donde los vasos comunicantes entre los sucesos militares y políticos aceleran sus latidos, recreando el paisaje sin un sólo instante de pausa.

Pero esto no se queda aquí: Colombia forma parte de un mundo que continuamente se sigue transformando en la medida en que los demás países y bloques regionales y continentales, prosiguen su evolución política y económica.

Lo anterior significa que así como los colombianos debemos incorporar el mundo y sus novedades en nuestras políticas, también el resto del mundo está invitado a tener en cuenta lo que sucede en Colombia y hacerlo de manera nueva. Sin embargo, el ‘uribismo’ y sus fuerzas sociales y políticas de apoyo distan aún de constituir un frente suficientemente aceitado como para dar la batalla en el frente diplomático. La inexistencia de ese frente consolidado, de ese Polo de la Libertad, en la política colombiana, dificulta pero no exime de la propia responsabilidad por lo que las AUC deben realizar en esta materia y para lo cual no pueden contar, por mil razones, con el apoyo de Uribe ni del ‘uribismo’ con el cual sienten afinidad y sintonía casi siempre en lo general, aunque pocas veces coincidan en lo particular.

El quid de la cuestión no es intentar lo imposible de ‘verticalizar’ todo lo que huela a ‘uribismo’ debajo del mando de Uribe, sino de reunir en un movimiento horizontal, en un frente, en una confederación, en un Polo de la Libertad, aquello que sí es posible reunir del centro a la derecha: a) el ‘uribismo’ de Uribe, b) el ‘uribismo’ de los aliados de Uribe y c) el ‘uribismo’ sin Uribe, incluyendo los pre-uribistas, incluidas aquí las AUC. La única exigencia para pertenecer al movimiento debiera ser hacer fe y práctica de respeto a la ley, de ruptura de cualquier vínculo o lealtad ‘ultrista’: ‘ultra sistema’, ‘ultra derecha’ o ‘ultra izquierda’, es decir de vencer todo asomo de tentación por perpetuar cualquier tipo de ‘paramilitarismo’, sea de nueva generación o no.

Esto quiere decir que, cuando se analiza la conveniencia, incluso la necesidad de conformar la ‘diplomacia AUC’ en el contexto de la construcción de su lenguaje político internacional, las AUC deben incorporar necesariamente un modo de abordar el mundo y sus circunstancias, situándose en el tiempo y en el espacio de tal manera que la comprensión de los hechos internacionales tenga en cuenta tanto la historia de la Humanidad como la geografía donde se suceden los hechos. Las AUC deberán comenzar a exhibir pública e internacionalmente lo que son y lo que no son, en un trabajo de delimitación y asunción de responsabilidades que tenga en cuenta el contexto internacional tal como es y no como uno desearía que fuera, si lo que se quiere es que asome de parte y parte la verdad verdadera y no la verdad de los eslóganes y la guerra psicológica con su fuente inagotable de deformaciones y manipulación.

En muy apretada síntesis podemos comenzar diciendo, respecto de las tendencias en curso dentro del ámbito internacional -en el cual las AUC deben entrar a dar batalla ideológica y política- lo siguiente:

1. Hace ya más de quince años que EE UU no tiene enfrente un rival que le haga mella ni en lo económico, ni en lo político, ni en lo militar. Su rival de más de cuarenta años, la URSS, borró su nombre del mapa y renunció a seguir la pelea en las condiciones en que la estaba dando. La Guerra Fría ya no existe, lo cual no significa que el mundo se haya enfriado políticamente, sino más bien se insinúa lo contrario, un ‘calentamiento’ de nuevo tipo.

2. La administración del presidente Bush, orienta sus pasos sobre el centro-derecha, a diferencia del ex presidente Clinton quien desde una posición de centro-centro sentía más comodidad cuando miraba hacia la izquierda que cuando lo hacía hacia la derecha.

3. La Unión Europea se orienta, en la mayoría de sus países, hacia posiciones que van desde el centro hacia el centro-izquierda. El centro-derecha pesa muy poco, hoy por hoy, en Europa.

4. Lo expresado en 2 y 3 hace inevitables los choques entre la visión Bush y la visión Unión Europea, sobre todo en materias de política internacional frente al resto del mundo. Entre estas visiones diferentes se incluyen las políticas de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico cuyos coletazos llegan hasta Colombia.

5. El caso colombiano es visto entonces, según 4, desde visiones diferentes, con un agravante que está dado por la inercia de la política Clinton (distinta a la de Bush) en partes subsistentes de la diplomacia estadounidense que no se adecuaron al nuevo rol de EE UU que encarna su actual Presidente especialmente tras los hechos del 11 de septiembre de 2001, y sus repercusiones en Afganistán e Iraq principalmente.

6. Bush quiere acelerar los tiempos de la integración económica de Las Américas (la del Norte, la Central, la Insular y la del Sur). Lo apoyan en esta cruzada Canadá y México. Se le acercaron bastante Chile y Colombia. Por razones diferentes Venezuela y Brasil se oponen a la perspectiva general de Bush. Venezuela desde la óptica de Chávez heredero de Fidel Castro, Brasil desde la visión propia de Brasil como potencia autónoma en América Latina.

7. El expansionismo de Chávez no sólo cuenta en Colombia por su poder militar y sus alianzas estratégicas con las FARC y el ELN, sino también por los ‘petrodólares’ irrigando la campaña opositora de izquierda en Colombia pretendiendo sumarla a su geopolítica en el área sudamericana, donde son claves para Chávez los países de Bolivia, Ecuador, Perú y Colombia. No es casual que asistamos en la inminente campaña electoral con puntas de lanza de esta acción chavista con influencia sobre el PDI y el Liberalismo de izquierda. Observemos con detenimiento las declaraciones al respecto de Horacio Serpa y Gustavo Petro.

8. Frente a 6 y 7, Colombia tiene dos posibilidades:

o se suma al esfuerzo de Bush, de México, Canadá y Chile, y gana con ello la posibilidad de convertirse en un aliado preferencial y confiable beneficiándose entonces de la participación en un mercado gigantesco que aliviaría nuestros problemas de falta de inversión y desempleo,

o se encolumna detrás de Brasil y Venezuela, perdiendo aquella oferta de buena vecindad con EE UU y colocándose en la incómoda posición de acompañar aliados imprevisibles como Chávez o con pretensiones hegemónicas como Lula.


9. EE UU intenta conformar un bloque homogéneo desde Alaska hasta Tierra del Fuego, simétricamente con la posición europea de construir la Gran Europa.

10. En Asia, permanece el poder económico fantástico de Japón, pero asoma China como el primero, entre una serie de países, que quisiera conformar un polo opositor a la primacía de los EE UU. Rusia, con su cabeza en Europa y el resto de su cuerpo en Asia, se debate entre la autonomía y la incorporación, a largo plazo, a la Unión Europea. El Medio Oriente sigue oscilando entre las tensiones del conflicto israelí-palestino, la presión de los países petroleros, los fundamentalismos islámicos, y las incógnitas siempre abiertas de Irán, Irak y Turquía. La India prosigue su camino ascendente en lo económico cargando siempre con el peso de una distribución del ingreso notoriamente desigual.

11. En África todo está por hacerse; sigue siendo un Continente de "reserva", a la buena de Dios y olvidado por el resto del mundo.


Ya llegará el momento en que analicemos con más detalle en estas ‘columnas de Rubiño’ el marco mundial donde se desarrolla la vida de la Humanidad en función de las alianzas más convenientes y los peligros más evidentes para, sucesivamente, habituarnos a pensar con "mirada periférica" y aún con los ojos en la nuca, a lo largo y a lo ancho de la Tierra y sus hoy más de seis mil trescientos millones de habitantes.


Para entrever la trama de la política nacional distingamos la existencia de alas extremas en los límites del sistema democrático, denominadas "extrema-izquierda" y "extrema-derecha". El hecho de que podamos identificar extremos nos permite ubicar un centro-centro, así como puntos intermedios, uno sobre el arco de la izquierda y otro sobre el arco de la derecha, que acordamos llamar "centro-izquierda" y "centro-derecha". Permítasenos adicionar entre el "centro-izquierda" y la "extrema-izquierda" un segmento que llamaremos "izquierda" y entre el "centro-derecha" y la "extrema-derecha" un segmento que llamaremos "derecha".

Agreguemos, por fuera del tablero constitucional, una "ultraizquierda" real, que Colombia conoce y padece y, también, una "ultraderecha" que ya hemos dicho no son, en principio, las AUC, sino que son aquellas fuerzas que, al menos en los papeles -porque no nos consta su existencia-, luchan políticamente por sustituir el tablero constitucional vigente, por otro. Es decir, que la "ultraderecha" se conformaría con aquellos subversivos de otro signo contrario al de la izquierda que por razones ideológicas de derecha presentan batalla al Estado constitucional por fuera de la Ley. Para que no queden dudas: lo ‘ultra’ es lo que está ‘más allá de’ (en este caso por fuera del marco de la Constitución y la Ley), mientras que lo extremo, es precisamente el extremo del bloque de la Constitución, extremo que aún pertenece a lo legal, a lo constitucional. Lo extremo está ‘dentro de’, lo ultra está ‘fuera de’.

Si resumimos lo que venimos diciendo podemos identificar los siguientes puntos de referencia, dando algunos ejemplos de izquierda a derecha:


1. Ultra-izquierda (FARC, ELN)
2. Extrema-izquierda (Partido Comunista Colombiano, Carlos Lozano)
3. Izquierda (Alternativa Democrática, Carlos Gaviria)
4. Centro-izquierda (Polo Democrático Independiente, Liberalismo de izquierda, Antonio Navarro, Angelino Garzón, Lucho Garzón, Ernesto Samper, Horacio Serpa, Piedad Córdoba)
5. Centro-centro (Partido Liberal, César Gaviria, Antanas Mockus, Rodrigo Rivera)
6. Centro-derecha (Partido Conservador, Andrés Pastrana, Noemí Sanín, Enrique Peñalosa, Carlos Holguín Sardi, Álvaro Uribe)
7. Derecha (por ejemplo: Jorge Visbal Martelo, Germán Vargas Lleras)
8. Extrema-derecha (por ejemplo: Harold Bedoya, en su momento)
9. Ultra-derecha (‘paramilitarismo’ no AUC)

Cuando mencionamos la idea frentista y movimientista del Polo de la Libertad, como opción posible a estudiar por las AUC, lo hacemos dentro de un marco de análisis como el actual al que hemos ido llegando por aproximaciones sucesivas y que nos permite ya puntualizar algunos aspectos.

La noción de Movimiento se opone a la de Partido, en el sentido de que Movimiento es un concepto de mayor amplitud que permite albergar líneas internas ubicadas de izquierda a derecha sin encasillamientos rígidos. La idea rectora es que el Movimiento ha de ser Nacional es decir respetuoso de los distintos modos de abordar la realidad nacional y mundial que se originan dentro de Colombia donde el común denominador ha de ser el sentimiento Patrio de arraigo a una Región y un País, el respeto a sus tradiciones y vocaciones culturales y productivas, y un sentido de pertenencia que ponga a Colombia por encima de las ideologías y por encima de los Partidos. En esta concepción de Movimiento, como la misma palabra sugiere, todo fluye, todo se está creando y recreando permanentemente sin riesgo de dogmatismos ni de posicionamientos estáticos. Son los valores mencionados antes los únicos que permanecen siempre pero, más allá de ellos, son las circunstancias nacionales e internacionales las que van marcando las pautas de la adecuación a la evolución.

Lo que estamos diciendo se adapta perfectamente a la universalización en curso que vincula cada vez, con mayor amplitud y profundidad, a los distintos países, sus economías, sus conocimientos y sus políticas sociales, ambientales, etc.

Cuando insisto en la necesidad de que las Autodefensas no sean encasilladas sin más con el mote de "ultraderechistas", "extremistas de derecha" o "paramilitares" lo hago porque estoy convencido de que las AUC –el eslabón necesario pero no suficiente-, si se lo proponen y lo llevan a la práctica, pueden constituir el germen y la puesta en marcha del Polo de la Libertad que tendrá una importancia decisiva no sólo en la superación del conflicto militar que plantean la subversión armada de ultra-izquierda y la contraguerrilla armada sino también en la inserción de Colombia y sus regiones hoy desamparadas en el mundo globalizado de alcance universal, con una identidad nacional y un perfil social, económico y espiritual que honrará su nombre en el concierto de las Naciones. Es dentro de este razonamiento que el Proceso de Paz de Ralito encuentra su plena justificación y necesidad histórica. No se trata – como lo presentan sus detractores- de buscarle una salida a las AUC, sino que se trata de buscarle una salida al conflicto armado interno colombiano. No se trata del final de la guerra, pero sí se trata de comenzar a establecer un hito fundamental para el comienzo del final de la guerra.

Las AUC constituyen junto con la destacada acción personal liderada por el actual presidente y candidato Álvaro Uribe la única fuerza política que en Colombia está revolucionando las mentes invitándolas a pensar en grande por el bien de nuestra Nación. Quienes le dediquen alguna hora de su tiempo a leer sin prejuicios los editoriales y los documentos producidos por las AUC en los últimos 7 años, con la firma de Carlos Castaño y de Salvatore Mancuso, más conocidos, pero también con los aportes públicos por escrito, menos conocidos pero de igual trascendencia, de Ernesto Báez y Adolfo Paz, a partir del Acuerdo del Paramillo en julio de 1998, podrá darme la razón en cuanto al tremendo esfuerzo que ha producido esta organización al margen de la ley para abrir caminos de Paz para todos los actores del conflicto –incluidas las guerrillas y los narcotraficantes- y fortalecer la democracia, reinstitucionalizar la presencia del Estado y producir su propia transformación de lo militar a lo político. La crisis de los partidos tradicionales y su dramática carencia de visión histórica están condenando a Colombia, no sólo a convivir hasta el hartazgo con la corrupción y con la violencia, sino que están debilitando a nuestra población y a nuestra economía transformando al país en una república sin viabilidad ni gobernabilidad a mediano y largo plazo, atentando contra la necesaria continuidad, productividad, representatividad, inclusión y competitividad que exigen los tiempos modernos. Alguien dirá que con Uribe el país está avanzando en gobernabilidad, pero a eso replico que con todo su mérito lo de Uribe no es suficiente, porque siendo como es Uribe la excepción en la política colombiana y no la regla, la gobernabilidad sobre la cual se avanza hoy es más producto de su liderazgo personal que del consenso necesario de las fuerzas políticas que deben asegurar la democracia. Entre estas fuerzas políticas que busquen el consenso y los acuerdos nacionales deben contarse las AUC y no debajo de la sombrilla de Uribe que ni está en condiciones ni quiere en su fuero íntimo AUC uribistas, sino AUC democráticas, desarmadas, ‘desparamilitarizadas’ y aliadas sí se quiere de su visión de País pero nunca confundidas ni subsumidas, sea por comodidad, sea por oportunismo coyuntural debajo de su 70 % de favorabilidad nacional.

Cuando leemos en la Prensa cómo se desmerece el sacrificio de tantos colombianos que están ofreciendo sus vidas desde las filas de las AUC; cuando se las insulta y se las descalifica sin intentar siquiera un análisis objetivo y serio del porqué de su crecimiento y desarrollo; cuando se adjetiva su actuación con lugares comunes y con golpes bajos, se pretende pasar por alto el aprecio creciente que comienzan a ganar las AUC en la población. No son pocos quienes miran más allá de esas críticas frívolas y perversas y comienzan a razonar encontrando las verdaderas motivaciones de ese "pacto retórico" que condena con tanta fruición a las Autodefensas.

Al llegar a este punto la cuestión comienza a clarificarse y se perfilan con más nitidez las razones de aquellas persecuciones periodísticas y políticas.

Las AUC son percibidas por los dueños del poder político de Colombia, por sus clases políticas dinásticas y clientelistas y, por supuesto, por la subversión armada, como el principio del fin de su hegemonía de décadas. Las AUC están padeciendo el ataque indiscriminado y falaz de todos los voceros de aquellos intereses perversos que se lucraron indebida e impunemente con el esfuerzo de empresarios y trabajadores honestos, con la sangre de las Fuerza Militares y Policiales y, en general, con la mansedumbre esperanzada de millones y millones de hombres y mujeres de bien, a quienes se les ha impedido vivir en paz y bienestar a fuerza de devorar con egoísmo y voracidad la riqueza material y espiritual que nos pertenece a todos los colombianos. No sobra tampoco decir aquí que no son pocos los ‘uribistas’ que sienten a las Autodefensas como una piedra en el zapato, y que con tal de distinguirse de ellas se comportan al modo de Pedro y sus anunciadas tres negaciones de Jesús antes de que cantara el gallo en Jerusalén, o peor todavía se suman al coro de los enemigos del mismo presidente con tal de hacer fe farisaica de su propia falta de convicciones y de lo que hay que poner sobre la mesa cuando la salud de Colombia lo exige.

Si las AUC se limitaran a la guerra y fueran ciegas para la política, las clases políticas dinásticas y clientelistas se estarían frotando las manos de satisfacción porque ello les permitiría seguir negociando en mejores condiciones con los ultraizquierdistas que finalmente no combaten sus privilegios, sino los intereses más preciados de la Nación colombiana y de su gente. Hace rato ya que los ataques brutales y de lesa humanidad de las FARC y el ELN van dirigidos principalmente a la población civil y la infraestructura productiva y de comunicaciones, y no al Estado como declaman, con el propósito de chantajear a la ciudadanía y obligarla a elegir gobernantes, representantes y senadores dispuestos a pactar con las guerrillas y someterse a su voluntad.

No podemos identificar a los políticos de profesión con las clases políticas dinásticas y clientelistas porque cometeríamos una simplificación improcedente e injusta. Por eso la necesidad de ir perfeccionando el modelo operativo de análisis de la realidad política con la finalidad de ir delineando el mapa de quienes pueden y quieren ser aliados y el de quienes prefieren y escogen considerarse adversarios. Cualquier política, y la de las AUC no puede ser la excepción, ha de construir criterios válidos y suficientes para tejer con acierto la red de alianzas nacionales e internacionales que les permitirán derrotar –o al menos neutralizar- a sus contrincantes y alcanzar los objetivos que para cada momento o período se establezcan. El papel resiste cualquier estrategia pero la realidad tiene sus limitaciones. No todo se puede hacer ni todo lo que se puede hacer se lo puede hacer al mismo tiempo.

Quienes acusan sin fundamento a las AUC de ser lo que no son, o inducen a la población a que piense de las AUC lo que las AUC no son ni quieren ser, no lo hacen por ignorancia; lo hacen deliberadamente con el objetivo de descapitalizarlas políticamente, vaciarlas ideológicamente, con el propósito de aislarlas nacional e internacionalmente para que la política de acercamientos y de alianzas de las AUC aborte antes de nacer. A tales efectos que las AUC sean percibidas en el mundo como paramilitares de ultra derecha –y no como autodefensas paramilitares de contraguerrilla- y las guerrillas como rebeldes de izquierda –no como paramilitares de ultra izquierda constituye una deformación burda de los hechos que les otorga ventajas hasta hoy insalvables a las guerrillas colombianas en el mundo.

Los desafíos que plantean los tiempos de crecimiento son de distinta entidad que los problemas que trae consigo la declinación; sin embargo, ambas circunstancias son igualmente exigentes.

El camino hacia abajo es más resignado y menos extenuante; en cambio, el camino hacia arriba consume toda la inmensa energía que le dan los sueños y compromete todo el espíritu y todos los sentidos.

En todo caso será bueno que las AUC tengan presente, antes de iniciar el ascenso desde las orillas planas de la política hasta su cumbre aquello que aprenden quienes buscan escalar las cimas más altas del mundo:

"El rival a vencer no está en la montaña, está en uno mismo".

Así la veo yo.

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