julio 27, 2005

Lo malo no son las preguntas de Yamid, sino las respuestas de las FARC

Bienvenidos al pasado: Lo que César Gaviria y Horacio Serpa le quieren copiar a Pastrana
Colombia, 19 de julio de 2005

Por Rubiño




Uno finalmente es optimista –informado, pero optimista- y entiende las ilusiones que en Colombia suscita la posibilidad de arribar a acuerdos de paz con las FARC y el ELN, sobre todo tras el paso que están dando las AUC.

Sin embargo, se olvida que mientras las AUC abandonan las armas para legitimar y fortalecer la democracia y el Estado imperfecto con el que contamos, las FARC y el ELN trabajan incansablemente en pro de su propio Estado en gestación, a la par que conspiran con sus aliados en las sombras para destruir ese mismo Estado que no han logrado someter, al que las guerrillas comunistas ven como un instrumento de opresión de las clases ricas y poderosas para someter a las clases medias y trabajadores. Así lo veía el gran Lenin en 1917. ¿Por qué no puede verlo ‘Cano’ igual si eso fue hace poco menos de 90 años, en todo caso menos de un siglo atrás? ¿Acaso el mundo cambió mucho desde entonces?

Si las AUC, con su sometimiento a la Ley de Justicia y Paz, abandonan definitivamente el menor atisbo de negociación política que vaya más allá de su reinserción a la sociedad, estarán sacrificando su propia libertad –y buena parte de sus años más lúcidos y productivos- para que el Estado colombiano afronte con mayor legitimidad el presente y el futuro. ¿Cómo esperar la misma actitud legitimadora del Estado por parte de las guerrillas comunistas que se han juramentado en humillarlo, debilitarlo y finalmente suplantarlo por su propio Estado?

Si las AUC siguen adelante hasta el final con sus compromisos firmados en Santa Fe de Ralito hace dos años, el 15 de julio de 2003, como parecen preanunciarlo discursos como el del 14 de julio pasado, del comandante Diego Vecino, en la desmovilización del Bloque Montes de María, quiere decir que las AUC desmovilizadas están evaluando seriamente la posibilidad de asumir progresiva y democráticamente resortes de importancia en el direccionamiento y administración del Estado. De otra manera no se entendería su apuesta desarmada por el fortalecimiento del Estado y la mayor legitimidad de la Democracia, en el mismo momento en que la reelección pende de un hilo y la misma Ley de Justicia y Paz está lejos de proveer por sí misma toda la seguridad jurídica que amerita un grupo armado ilegal que abandona las hostilidades y los escenarios de la guerra, cuando los fusiles del enemigo siguen apuntando sobre sus cabezas, y la seguridad del Estado está que llega, pero aún no ha llegado en la medida de las necesidades y las angustias de la gente.

Las AUC pueden pasar a la Historia de Colombia del siglo XXI como la fuerza integradora de la Nación, como el motor del renacimiento de las regiones, como los líderes de la nueva política donde gobernabilidad, seguridad, economía, cultura y bienestar social van de la mano, sin armas pero con muchos votos, sin fusiles pero con mucha salud y educación, sin violencia pero con mucha participación popular, sin demagogia pero con fina sensibilidad por las angustias de los que menos tienen. Y todo esto no lo asegura pero sí lo permite la civilidad, el regreso a la legalidad, el abandono de las armas. Santa Fe de Ralito no se entiende por las nulas garantías jurídicas que ofrece el Gobierno nacional, sino por las puertas que le abre a las AUC para conducir la política del Estado revistiendo de legalidad la legitimidad que las AUC están convencidas de poseer.

Para que esto se haga realidad, las AUC deben diferenciarse, sin dar lugar a ninguna duda, de cualquier paramilitarismo de derecha existente o por crearse. De los paramilitarismos de izquierda también habrá que hacer el necesario deslinde porque no falta quien visualiza que la próxima etapa del conflicto post-AUC estará marcada por la aparición de una nueva generación de autodefensas al modo de una nueva guerrilla renovadora del estilo del M-19, recostada ideológicamente sobre el ala derecha del chavismo, y financiada por las narcoeconomías de los banqueros de la guerra que busquen su propio camino a la negociación política, tras un pasaje imprescindible por los infiernos de la guerra.

Frente a estos escenarios que se abren, por la inminente total desmovilización de las AUC y el desmonte de su aparato militar y las estructuras ilegales que lo han sostenido, las FARC y el ELN se dirigen a un reacomodamiento inevitable en su discurso público y su praxis real: por un lado, buscarán reencaucharse políticamente de cara a las próximas elecciones abriendo la posibilidad de integrar un Frente Popular con quienes estén dispuestos a creer en la mansedumbre del ‘alacrán’, y por otro, procurarán dar signos incontrastables de que su repliegue estratégico llegó a su fin y ahora viene el contraataque, preferentemente en las zonas que están abandonando las AUC. ¿Y estas tácticas, dentro de qué estrategia? Aquella dispuesta para que la Comunidad internacional y especialmente los EEUU abran los ojos con el riesgo que corren si subestiman a las FARC y sobreestiman a Uribe; para que no les queden dudas de que lo que aquí hay es un conflicto armado de gran magnitud, en vías de confluir con amenazas terroristas del más alto poder destructivo, que pueden escapar incluso al control del Secretariado actual. Y sobre todo, SOBRE TODO, para que el Partido Liberal, en cabeza de Gaviria, pero en manos de Serpa, dé el gran golpe electoral, con una oferta de paz donde las FARC aparezcan un poco más serias y humanas que con Pastrana, y Gaviria y Serpa un poco menos arrodillados e ingenuos que Pastrana.

Pero tiempo al tiempo, que también el pan se puede quemar en la puerta del horno. Con más razón, en la puerta del infierno.

El presidente Uribe se apresta a poner su firma al pie de la Ley de Justicia y Paz y las AUC han anunciado su disposición a concentrarse y desmovilizarse ni bien el Gobierno nacional disponga la logística correspondiente. El embajador Wood ha manifestado que, existiendo el marco legal, la zona de ubicación de Santa Fe de Ralito ya no tiene sentido ni razón de ser.

Partidarios, escépticos y detractores de la Ley de Justicia y Paz declaran que será en la aplicación de la Ley donde se verá su virtud o su falencia. A eso pues habrá que remitirse.

La política colombiana le cede en estos meses al poder judicial el protagonismo y el escenario: será la Corte Constitucional quien diga antes de diciembre si Uribe sí, o si Uribe no, y será también la Corte Constitucional, quien declare más adelante, si la ley de Justicia y Paz sí, o la ley de Justicia y Paz no. Por supuesto, serán la Fiscalía y los tribunales quienes apliquen la ley de Justicia y Paz mientras esté vigente, al tiempo que se determina en la Corte si resulta exequible o inexequible.

Colombia es un país de leyes, y eso está muy bien. Pero Colombia también es un país de leguleyos y leguleyismos, y eso no está tan bien. Porque entonces, la justicia se politiza, y los legisladores se vuelven jueces.

Cuando el honorable representante Gustavo Petro hace de su curul una parafiscalía, y del cuarto poder de la Prensa una vitrina multiplicadora de su animadversión hacia las AUC: ¿lo hace en calidad de legislador, de ex guerrillero o de político en campaña electoral? ¿Como distinguir si lo que pretende es sanar el País de sus males, o combatir en las AUC a su enemigo histórico, o atacar al Gobierno al que se opone? Es probable que quiera un poco de cada cosa, y que cada cual interprete a su manera.

Lo que uno se pregunta es que si Gustavo Petro quiere sanar los males del País ¿por qué tanto encono con el remedio –las AUC- y tanta condescendencia con la enfermedad –las guerrillas comunistas-? ¿O será que la rebeldía de las guerrillas, que ha sido su propia rebeldía en el M-19, es un remedio para Petro, y las AUC y el Estado colombiano –cada cual en lo suyo- son la verdadera enfermedad?

El M-19 se desmovilizó hace más de quince años pero algunos de sus ex integrantes se debaten aun hoy en el dilema: ¿Fortalecer el Estado o destruir el Estado? ¿Tomar distancia de la combinación de todas las formas de lucha o activar esa combinación hasta lograr la victoria final sobre el Estado? Si uno hace seguimiento de las apariciones públicas del honorable representante Gustavo Petro durante todo el Proceso de Paz entre el Gobierno nacional y las AUC podrá concluir –sin posibilidad de equivocarse- que el honorable representante se complace más en deslegitimar el Estado y su derecho a proveer seguridad y defensa, que lo poco que le atrae la idea de fortalecer el Estado, y que le cuesta menos argumentar a favor de la supuesta rebeldía romántica de las guerrillas comunistas que argumentar a favor de las razones que tiene el Estado para impulsar la seguridad democrática en todas las regiones de Colombia.

El presidente Uribe contestó en España a las inquietudes de Amnesty Internacional y le recomendó al delegado Beltrán, presente en la reunión, que fuera preparando su respuesta para las FARC y el ELN cuando sus comandantes hicieran público que no aceptan ni un solo día de cárcel por sus delitos atroces y de lesa humanidad.

Sin embargo, Uribe no ‘contaba con la astucia’ de los Petro, ni de los Beltrán, ni de todos aquellos que han tomado partido no por Colombia, sino por uno de los bandos enfrentados, y no precisamente por el Estado del cual usan y abusan.

Tras la poca fortuna de Amnesty con Uribe en España, el columnista Alfredo Molano Bravo, que más sabe por viejo que por zorro, ni lerdo ni perezoso se fue al Monte de los Años Sesenta, en El Espectador, y desde allí le bajó línea a los Petro y a los Amnesty, y de paso a los ‘Reyes’ y a los ‘García, que a veces lucen despistados, para que no se les olvide el libreto de las guerrillas comunistas y su club de fans:

“Tanto el Presidente como su Comisionado de Paz han presentado la ley como general y válida también para la insurgencia. No faltaría más. Sería demasiado cínica una ley con carácter particular. Pero en el fondo lo es, por una sencilla razón: las guerrillas no buscan la reinserción legal sino la reforma del sistema económico y político. La ley podría ser mucho más generosa y laxa con la subversión y el Gobierno encontrará la misma respuesta que las Farc le dieron a Pastrana: primero las reformas.” (El Espectador, 17 de julio de 2005)

Hábilmente Molano invierte los términos: no son las FARC y el ELN las que buscan su reinserción, sino que –bajo las condiciones de las FARC y el ELN- serán 45 millones de colombianos quienes deberán insertarse y el Estado someterse, en el nuevo orden de las guerrillas comunistas. ¿Ambicioso el hombre, no es cierto? Y bastante iluso, además. ¿Será que las FARC y el ELN tragan entero semejante pendejada?

Ya estamos advertidos entonces: ni a los Molano, ni a los Petro, ni a los Amnesty International, ni a los Vivanco, ni a los Frühling, les importan un pito los estándares internacionales, ni los principios de verdad, justicia y reparación, mucho menos por supuesto las condenas previstas en la Ley de Justicia y Paz. Todo eso vale huevo frente a la reforma del sistema económico y político que quieren imponer a sangre y fuego las FARC y el ELN. Y que el M-19 también quiso imponer con secuestros y asesinatos pero no lo dejaron.

Así es la cosa con las guerrillas comunistas y con su club de fans camuflados de civil, los mismos que se creyeron un día dueños de todas las respuestas, sin imaginar en su soberbia armada que la Historia se encargaría de cambiarles todas las preguntas. Con razón se dice que los fusiles sirven para muchas cosas, menos para sentarse encima de sus puntas.

Ahí están los ‘faruchos’, desencantados con el Polo de la izquierda ‘light’, queriendo ver si enredan al Partido Liberal.

Como dice un buen amigo: Lo malo no son las preguntas de Yamid, sino las respuestas de las FARC.


Así la veo yo.

1 comentario:

  1. Saludos y felicito este post pues en el Perú tengo la impresión que tenemos olvidados a las FARC pero oh! no se nos escapa de la entreceja a los "fachos" Uribe y sus paramilitares.
    Patinajes como los de Amnistía Internacional son convenientemente maquillados (si no ignorados) por nuestra prensa. Y es que pareciera que nos quieren vender el cuento a la Chamberlain de que Colombia es tan lejana que no podemos saber nada de ella, que imaginar lo que sucede no cambiará la realidad.
    Asi se comprende como una organizacion criminal puede causar tantas simpatías. Será que por sus coloridas páginas web los conoceréis?

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