julio 06, 2005

No morder el anzuelo ni dejarse seducir por la red - Los pescadores en río revuelto vienen por las AUC

Colombia, 12 de abril de 2005


Por Rubiño



Que nadie se equivoque: las AUC no buscan el reconocimiento político a través de una ley; saben que su proyecto político está legitimado socialmente y que lo único que se requiere es que lo valide el pueblo colombiano, más temprano que tarde, en las urnas. Las AUC saben que no son sediciosos y les produce asco ese calificativo. Consideran un sacrilegio que eso se instituya a través de una ley. Si algo en la ley de Justicia y Paz debe ser hundido es ese esperpento. Ser autodefensa ilegal en Colombia es un delito político per se cuya existencia podrá o no ser validada por la ley positiva pero que las AUC aspiran sea validada donde debe ser: en la memoria y el corazón de los colombianos y en el seno de la democracia. Eso puede comenzar con el Referéndum que proponen, pero no necesariamente. También una Constituyente es un ámbito probable, así como la inscripción por parte de sus simpatizantes de una, o varias nuevas agrupaciones políticas, con proscripción de candidaturas o sin proscripciones. Si es con proscripciones será una agrupación que luchará democráticamente para eliminarlas. No se concibe ya en el mundo la exclusión social, tampoco la paz de Colombia puede avanzar sembrando proscripciones políticas a diestro y siniestro.

El País político no esperó jamás que las AUC iniciaran una negociación política. Está muy claro que no se lo van a perdonar a Carlos Castaño ni a Salvatore Mancuso mientras vivan. Buena parte del País político confiaba en las autodefensas para defender en el monte lo que ellos no querían defender desde el Estado. Son los mismos que no quieren quedar ahora en el peor de los mundos posibles para ellos: indefensos ante las guerrillas y sintiendo la competencia política de las autodefensas en sus feudos políticos. Lo que está por verse es si ante la presión popular y la terca realidad de los hechos de paz terminan a regañadientes legalizando lo que es legítimo en el corazón de todos aquellos que le dijeron no a las guerrillas, no a la corrupción y no al abandono de las regiones del País a la ley del más fuerte, mas no al imperio de la ley. Si de reinstitucionalizar el País se trata allí están las AUC en Ralito desde hace largos meses (dos años ya van desde la declaración del cese de hostilidades) aguardando que el Estado sea franco con ellas y les diga en blanco sobre negro si la Seguridad Democrática funciona o no en los hechos, porque en el papel funciona y además seduce, y atrae.

Las FARC y el ELN no van a permitir así como así, que sean las AUC quienes fijen el piso de su negociación futura. Las FARC y el ELN necesitan impunidad total para las AUC para cobrarle eso al Estado colombiano y para enviar a los comandantes de las AUC a la Corte Penal Internacional, y tal vez a Uribe, más adelante, piensan ellos. Alguien tendrá que saber leer entre líneas por qué Navarro primero, y ahora también Angelino, salen a ‘recordarle’ a las AUC que tras una negociación de paz no puede existir cárcel. Ingenuos no son y saben que las FARC y el ELN no desdeñarán ‘esa pequeña ayuda de sus amigos’. Primero Petro y Córdoba piden lo imposible, para que seguidamente aparezcan los Navarro y los Angelinos pidiendo lo que sí es posible. Claro que no es fácil, porque para lograr esto primero deben lograr que las AUC amenacen con levantarse de la Mesa y regresar al monte, y después conseguir que el Gobierno hunda el proyecto de Justicia y Paz, y aparezca Uribe decretando indultos y amnistías. No creo que las AUC hayan mordido el anzuelo aunque lo hayan olfateado. Pero aunque las AUC mordieran el anzuelo seguramente no tragarían entero. O no todos lo tragarían. Por otra parte, descuento que Uribe en esta materia ya no tiene reversa ni con las AUC, ni con las FARC ni con el ELN. Lo que no significa que algunos mal llamados uribistas lo intenten en las Plenarias del Congreso. Esos uribistas que debajo de sus oportunistas colores oficiales uribistas, cuando festejan un gol, dejan asomar su camiseta con el rostro de Gaviria, o los editoriales de El Tiempo.

Hasta Ralito llegaron las AUC tras un largo peregrinaje. Se sentían autodefensas, pero eran estigmatizados por unos como ‘paramilitares’ y por otros como ‘narcos’. Pocos querían reconocerles el derecho que tenían los civiles de armarse en legítima defensa colectiva cuando frente al azote de las guerrillas brillaba por su ausencia la protección del Estado. Sonaba romántico acolitar la rebeldía de las guerrillas, pero no era políticamente correcto aprobar que los civiles evitaran dejarse secuestrar, extorsionar y asesinar. Hasta que llegó el día en que las AUC hicieron un balance y comprendieron que por un lado los esperaba la Corte Penal Internacional y por el otro una cárcel de por vida en los EEUU. Y que quienes los ‘apoyaban’ soterradamente en Colombia (desde Presidentes hasta altos funcionarios y ministros) jamás argumentarían en su favor. Estaban empeñados los líderes de las AUC en abandonar las armas y encontrar un Gobierno receptivo y una sociedad abierta con los cuales dialogar y encontrar los caminos de retorno a la vida civil. Eso vieron en la televisión todos los días durante más de tres años en el Caguán y suponían que lo de ellos debía ser igual o mejor porque ellos no se habían alzado en armas para imponer dictaduras, sino para defender la vida y las economías de las regiones que el Estado había abandonado o que ni siquiera sabía de su existencia. Habían oído hablar de que existían los ‘estándares internacionales’ y eran conscientes que quitarle veinte mil hombres a la guerra no resolvería todos los problemas, pero era un buen comienzo para legitimar al Estado, legitimarse a sí mismos, inyectarle savia nueva a la democracia y devolverle a la sociedad un poco de su paz perdida. ¿Por qué no habría de ser valorada –nacional e internacionalmente- su voluntad de paz?

Habían llegado a la guerra desde distintas vertientes y geografías, los unía más el enemigo común que un modelo compartido de País. Ahora iniciaban una nueva etapa en sus vidas donde la vida en familia se les hiciera cotidiana y el fusil del enemigo estuviera distante. Habían invertido en los tiempos de la guerra años que ya no volverían pero que podrían ser compensados con un retorno celebrado por la comunidad y años por venir donde cualquier futuro sería mejor que el del combate.

No coqueteaban con el cálculo político de acumular poder en la Mesa y chantajear después con curules asegurados en el Congreso sino que las ambiciones eran más que modestas: cambiar las armas por el ‘paz y salvo’ que los retornara al sitio donde querían estar. Depositarían su confianza en la Seguridad Democrática y no tendrían más que apelar a las armas para defenderse de las guerrillas. Algunos soñaban con hacer política y participar democráticamente con el apoyo del voto popular.


No contaban con la astucia de sus enemigos ni con las cartas que se traía entre manos el Gobierno. No habían tomado cuenta que su desmovilización le quitaría a las guerrillas un argumento de auto justificación sin el cual su prédica internacional se derrumbaría. Las FARC y el ELN necesitan el ‘paramilitarismo’ del Estado casi tanto como los fusiles para combatir. No contaban tampoco con los recursos dialécticos del Gobierno según el cual no hay conflicto armado y nada que negociar con los terroristas. Tampoco imaginaron que quienes siguen dispuestos a perdonarles todo a las guerrillas para las autodefensas sólo estuvieran pensando en cárcel, ruina económica, descalificación moral y proscripción política.

Comprendieron finalmente las AUC que habían estado acostumbradas a pensar en pequeña dimensión acerca de su rol y que la guerra los había llevado a jugar en el terreno reservado a los grandes. Comprendieron también que el azar de la historia los había llevado de actores de reparto a protagonistas. Se descubrieron a sí mismos sentadas en la gran mesa de la Paz donde habían sido invitados todos los actores armados ilegales con excepción de los ‘narcos’ (los EEUU sabrán por qué esa omisión se mantiene todavía). Por la audacia intelectual y el instinto político de sus líderes históricos a las AUC les correspondió llegar de primeros y permanecer solos durante largos meses que debieron parecerles una eternidad. Eternidad que se prolonga hasta este día en el que las AUC desdichadas con el destino que les tocó se amenazan a sí mismas con regresar y suicidarse en el monte.

Ahora resulta que Colombia nunca corrió el riesgo de pertenecer al bloque Comunista, ni de sufrir en carne propia las políticas de Fidel, ni pudo haber corrido la mala suerte de diluirse bajo la influencia de Venezuela padeciendo los delirios de un Chávez cualquiera. Ahora resulta que haberle puesto el cuerpo a las balas guerrilleras no valió a la hora de contabilizar que no hubo en Colombia ni dictaduras de izquierda ni de derecha. Ahora resulta que evitar el triunfo militar y político de las guerrillas comunistas no solo no merece reconocimiento sino que ha de pagarse con la cárcel, con la condición de parias y con la calumnia de los enemigos. Sin embargo las Autodefensas estuvieron allí y la historia de Colombia tendrá que contar con ellas, porque nos gusten o no hicieron historia, e incluso nos están devolviendo la esperanza de un final feliz tras tanto pesar y tantas muertes, algunos responsabilidad de sus tropas, pero la inmensa mayoría no.

Todo lo anterior no puede resultarle indiferente a las AUC, ni puede dejar de provocarles dolor a sus líderes. En la hora de la soledad y el vía crucis, en la hora que parece haberse decretado el olvido de Dios, una ráfaga de dudas, una nube de ensimismamiento puede hacerles pensar que todo está perdido, y que perdidos por perdidos más les vale regresar al monte e inmolarse en un sacrificio inútil pero al menos heroico, sin salida en términos políticos pero abriendo trocha en el amor propio herido y las ilusiones mutiladas, rumbo a una identidad que los reconcilie consigo mismos y con sus pesares.

Es en esta hora crucial donde Colombia debe producir el milagro del relámpago de luz que ilumine las mentes y alivie los corazones de los comandantes de las AUC. Para que llegue hasta Santa Fe de Ralito una bocanada de aire fresco, la buena nueva de un perdón y un abrazo reconciliador. No se trata de evitar las penas alternativas, ni de ponerle trabas a la justicia restaurativa, ni de cerrarle el paso a una justicia transicional.

Todos esos conceptos suenan bonito y realmente tienen una carga simbólica de enorme trascendencia y gran validez. Pero los hombres somos de carne y hueso y también necesitamos de vez en cuando una palmada en el hombro, un abrazo fraterno, y por qué no uno que otro beso sin que ronde el fantasma de Judas, sino con la calidez y el afecto del beso de un hermano para otro hermano.

Habrá quienes en esta hora crucial insistan en su análisis político, en sus razonamientos estratégicos y en su desafortunado hábito de deshumanizar, abstraer y alimentar su mundo hecho de ficciones e imágenes virtuales.

Sin embargo, la hora exige grandeza de parte y parte, humildad de parte y parte, conversión del corazón hacia el corazón del hermano.

Haber llegado de primeros a la Mesa de la Paz no puede significar para las AUC ser tratados como de quinta categoría, porque el invitado principal todavía no llegó. No son ciertamente las AUC las culpables de que las Farc no se sienten a la Mesa, ni de que el Eln siga merodeando las negociaciones sin tener el coraje de comenzarlas de una vez.

Las AUC pueden haber cometido todos los errores del mundo, pero sus errores no fueron, ni cualitativa ni cuantitativamente mayores, ni a los del Estado colombiano anfitrión de la Mesa, ni a los de las FARC y ELN ausentes de la Mesa. No es entonces justo que el País político y mediático reciba al primer invitado que llegó a la Mesa de la Paz con una serie continua de irrespetos y calumnias, cuentas de cobro y falta de reconocimiento absoluto. Si esto viene sucediendo con las AUC desde el mismo inicio de sus acercamientos a la Mesa de la Paz todos los colombianos debemos sentirnos culpables de ello, porque no es de este modo que se recibe a quien toma su lugar en la Mesa donde todos debieran hace rato haber llegado, comenzando por el Congreso de la República, que recién ahora, a marcha forzada intenta dotar a la Construcción de Paz de unas reglas de juego de las cuales debió haberse provisto al País desde hace bastantes años. Ni el conflicto armado, ni las amenazas terroristas empezaron hace cinco, ni hace diez, ni hace veinte años, sino mucho antes. Ahora nos quieren hacer creer que se está haciéndoles un regalo a las AUC recibiéndolas en la Mesa cuando son las AUC las que le han hecho un reconocimiento grande a Colombia llegando hasta Ralito para hacer la Paz. No nos olvidemos que ni llegan derrotadas, ni llegan cuando las FARC y el ELN han dejado de combatir, ni cuando éstas han liberado a sus miles de secuestrados ni devuelto el dinero millonario en dólares recibido por el rescate. ¿Habrá reparación a los secuestrados algún día?

Es necesario hoy que Colombia se haga esta reflexión sobre el reconocimiento que todos los seres humanos necesitamos recibir, sobre todo en las horas críticas, porque en estos últimos dos años hemos tenido ocasión de escuchar de boca de los comandantes de las AUC, y también en sus comunicados públicos, manos tendidas a sus enemigos de las FARC y del ELN, y también hacia el Estado colombiano, responsable primero y último de un conflicto armado que va ya para medio siglo de existencia sin haberle encontrado hasta hoy ni remedio ni terapia ni mucho menos final.

Pobrecitas las AUC tan confundidas en su fugaz abatimiento y tan asediadas por un País político que no sabe a dónde va más allá de sus propios intereses.

Sin embargo, hay que ser optimistas, porque Dios suele velar por todos sus hijos y no dejará solas a las AUC en su búsqueda de abrir caminos de paz.

Sigue siendo en Ralito la hora de la paciencia y la humildad, y también de la perseverancia en el norte de la Paz que se han trazado las AUC y que les permite estar donde están, y de donde no debieran moverse, porque en definitiva solamente a sus enemigos las beneficia su regreso al monte. A Colombia no, de ninguna manera, y a las AUC tampoco las beneficia en nada abandonar la Mesa de la Paz. Ellos lo saben. Y obrarán en consecuencia, no por un día, o dos, ni por dos años ni tres, sino siempre a partir de esta crisis, que no es terminal, sino transformadora. No se pasa indemnes, sin nerviosismos, ni angustias existenciales, de lo militar al desarme y de allí a lo esencialmente político. Esto no es transformismo, es una auténtica revolución interior. Y eso cuesta, cuesta horrores, porque uno ya no es el que fue pero todavía no es lo que quiere ser y será.

Muchos siguen creyendo frívolamente que lo de Ralito son ‘pataletas de niño caprichoso’ consentido y malcriado por el Estado, otros, con aire de sepultureros y desde la acera de enfrente alertan sobre signos evidentes de un cáncer que ha hecho metástasis. ¿Por qué no diagnosticar, en cambio, que son dolores de parto y que los partos, también suelen ser dolorosos? Pero finalmente nos reconfortan tras el llanto y es la Vida quien triunfa cuando la sabemos apreciar y reconocer como distinta de la muerte.

Las AUC en el monte seguirán siendo eternamente parte del problema y quienes finalmente pagarán todos los platos rotos, también los de las guerrillas y los gobiernos.

En la Mesa de la Paz las AUC han cambiado la Historia, han comenzado a ser parte de la solución del problema y eso será de por vida su más grande motivo de orgullo y un capital político de dimensiones gigantescas que nadie jamás les podrá arrebatar. Puede que no todos en las AUC lo estén apreciando de esta manera –y por eso las angustias y las dudas. Sus enemigos en cambio, y sus rivales políticos ya lo comprendieron y han comenzado a actuar en consecuencia para “regresarlos al monte” y alejarlos del “reconocimiento político” del Pueblo colombiano. Por esos los anzuelos con carnadas de perdón y olvido.

Ante esto precaución AUC: ni morder el anzuelo ni mucho menos tragarle entero a los eternos pescadores en río revuelto.

Así la veo yo.

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