julio 27, 2005

Se desmovilizaron los Navarro y los Petro del M-19 y la guerrilla siguió creciendo

Las AUC dicen adiós a las armas pero nadie puede asegurar que no sean reemplazadas
Colombia, 28 de junio de 2005

Por Rubiño



Las AUC son una ‘marca registrada’ en Colombia y en el mundo. Las autodefensas, en cambio, son un genérico. Todas las AUC son autodefensas, pero no todas las autodefensas son AUC. Las FARC y el ELN también son ‘marcas registradas’, como lo fueron en su momento el EPL y el M-19. Las guerrillas, en cambio, son un genérico, donde también caben delincuentes de todo tipo. Es necesario que se tenga esto en cuenta por parte de quienes pretenden hacer a las AUC responsables de todo lo que sucedió y de todo lo que sucederá en Colombia por la existencia de grupos de autodefensa. La cosa se complica aún más si se insiste en seguir abusando del término ‘paramilitar’ para aplicárselo a las AUC y a otros grupos de autodefensa. Porque ‘paramilitares’ y ‘autodefensas’ constituyen genéricos diferentes, y no deben confundirse como sinónimos. El principio de distinción debería ser mejor tenido en cuenta, y respetado, por tanto analista y político que posa de serio, pero cuya seriedad en estas materias está muy distante de la precisión, y de la objetividad.

Las AUC no lograron en la Mesa de Ralito que sus preocupaciones por la seguridad en las zonas de su influencia fuera tenida en cuenta por el Gobierno nacional. Eso no significa que el Gobierno no tenga preocupaciones por esas zonas, sino que no las ha querido compartir con las AUC. Esta ausencia de compromisos o pactos firmados, en materia de seguridad de las zonas de influencia AUC, pone a cubierto a las AUC, y sobre todo cubre a sus máximos líderes, de toda sospecha de conocimiento por lo que estén pensando o vayan a hacer en el futuro quienes prevén que los espacios dejados a la buena de Dios por los comandantes de las AUC han de ser ocupados militarmente. En esto seguramente estarán las fuerzas legales del Estado pero también las FARC y el ELN así como quienes pretendan ocupar un eventual espacio contraguerrillero desde la ilegalidad. Tal vez sea esto último lo que estimule al Gobierno nacional a promover la eliminación de beneficios futuros para los delitos políticos post Acuerdos de Ralito. Si desaparece el delito político la intranquilidad en el terreno jurídico será total –y sin distingos- para las guerrillas y las autodefensas que prosigan con las hostilidades.

Es en este contexto agobiante del conflicto armado que prosigue –en Puerto Asís, Putumayo, hubo algo más que amenazas terroristas, al igual que en el Norte de Santander, por parte de las FARC- donde las AUC entregan sus armas y se desmovilizan y el Gobierno nacional se ve en la necesidad de cubrir más y más kilómetros de una extensión geográfica que jamás había cubierto antes, cuando precisamente se inicia una campaña presidencial inédita donde el Presidente es candidato y donde además tiene sobre sus espaldas la tremenda responsabilidad de no defraudar a los colombianos en materia de seguridad. Menciono esto para que se tome conciencia del tremendo salto cualitativo que en términos de legitimidad del Estado acaban de dar las AUC al manifestar que siguen adelante con el Proceso de Paz y las desmovilizaciones. Las FARC y el ELN esperaban lo contrario, y quienes abogaron hasta el último momento por endurecer las penas y hacer más difícil la decisión de las AUC también lo esperaban porque no creen en la suficiencia de las fuerzas del Estado unos, porque lo prefieren ilegitimado otros. Sus razones tendrán.

Las AUC–desmovilizadas no levantarán nunca el vuelo en la política del siglo XXI a menos que hagan un culto de su credibilidad y lo hagan desde el primer día de su actuación política legal. No es creíble que solamente se golpeen el pecho diciendo que no volverán al monte, a menos que añadan que volverán a los frentes de batalla solo como soldados de la Patria si la Patria los convoca dentro de la Ley.

Las AUC–desmovilizadas no podrán, en sus correrías políticas, sino ser financiadas por los carriles del ordenamiento legal del mismo modo que el Partido Liberal, o el Conservador, o el PDI, apelando a los argumentos y la convicción de su causa nacional y sus razones patrióticas, pero nunca con base en la presión armada o sicológica.

El Proceso de Paz ha dejado a las AUC lecciones importantes y con ellas una buena cantidad de tareas para desarrollar en los próximos meses y años. A pesar de tantos ataques y calumnias que se han volcado sobre las AUC sus ex integrantes no tienen porqué no sentir orgullo por su pasado al haber impedido que las guerrillas le hicieran más daño del que desgraciadamente le hicieron a millones de colombianos. Ni las FARC ni el ELN podrán recuperar políticamente el terreno perdido y cuando lo hagan se encontrarán conque el Pueblo colombiano generó en el campo de la política su propio antídoto ante la soberbia de los que se creyeron iluminados redentores y mesías de la Revolución.
Las AUC se sienten satisfechas de la estratégica decisión tomada de abandonar las armas y producir su transformación de guerreros en políticos. A partir del momento de su intervención legítima en las discusiones de la democracia no existirá para las ex AUC mejor orientador ni brújula que la consulta popular de las bases sociales, ni mejor indicador de su influencia política que el voto libre de los ciudadanos.

Las AUC han dejado trascender que mantendrán en alto las banderas de la negociación política como camino para resolver el conflicto armado y las amenazas que plantea el uso del terrorismo como herramienta de presión política.

No me consta -ni se los aconsejo-, que las AUC vayan a ocupar el espacio de la extrema derecha en la política colombiana. Ni la izquierda ni la derecha tienen el monopolio del cambio social y el ejercicio de la autoridad. Ni la izquierda ni la derecha son dueñas de la sensibilidad social, el buen uso de los recursos públicos, el sentido del orden y el respeto por la libre iniciativa privada. No se puede ser izquierdista todo el tiempo ni sobre todas las materias, tampoco la derecha es un andarivel para ser transitado todo el tiempo, ni siempre es el mejor para formularse todas las preguntas y dar todas las respuestas. Los lentes sirven para ver la realidad pero quienes realmente leen y miran son los ojos y el cerebro. Bueno es no ser descerebrado, mejor todavía ser individuos centrados y formar parte de organizaciones equilibradas, sin desbalanceos por derecha ni por izquierda. Si de extremismos se trata, mejor actuar desde el extremo-centro que desde cualquier otro. Y si se trata de atraer desde un polo qué mejor polo que el Polo de la Libertad.

La seguridad democrática debe encarnar en la población, no puede convertirse en un eslogan vacío de contenido ni en un resorte exclusivo del Gobierno de turno. Las AUC- desmovilizadas tienen mucho que aportar en la construcción de tejido social apto y eficaz para la prevención del delito. La seguridad ciudadana cuenta con la seguridad del Estado pero se vuelve insuperable y vinculante cuando es la gente de carne y hueso quien se apropia de sus mecanismos y le da vida y eficacia en estrecha comunicación con la seguridad democrática que es responsabilidad de las autoridades.

No hay mayor disuasivo de la subversión y la guerrilla que la legitimidad del Estado. El Estado no es otra cosa que el cuerpo político de la sociedad. Quien se enfrenta con el Estado se enfrenta con la sociedad. Las FARC y el ELN dicen combatir el Estado pero quienes las han combatido como las AUC donde más les ha dolido –en sus finanzas y en su retaguardia social- saben que el verdadero enemigo de las guerrillas es el Pueblo colombiano que no se ha querido someter a sus chantajes y bravuconadas.

Si la legitimidad del Estado es un importante valor que preservar de la prédica disgregadora de la subversión, las AUC–desmovilizadas harán bien en asumir que defender la legitimidad del Estado con medios legítimos y legales es a partir de hoy tarea tan noble y prioritaria como lo fue hasta ayer defender a los ciudadanos de los ataques guerrilleros.

Son las regiones de Colombia las que sufren las consecuencias más duras del conflicto armado. Son estas regiones las que no pueden sustraerse del conflicto ni cubrir su integridad con la metáfora de las ‘amenazas terroristas’, cuando lo que viven es precisamente lo contrario a las amenazas: es la persistencia de los hechos hostiles no como amenazas sino como realidades cotidianas. Aquí el Estado no podrá jamás legitimarse si previamente no hace presencia, si previamente no pone en movimiento el circuito virtuoso de la riqueza: inversión, empleo, mercados, ingresos, consumo, ahorro, inversión… Y para todo esto es necesario que exista seguridad, pero ya no la sola seguridad contra las amenazas, sino la seguridad proporcional al conflicto existente.

Es en las áreas urbanas, preferentemente, donde el conflicto armado que afecta a las regiones se ve solo por televisión, y lo que se padece todos los días son las amenazas terroristas, con las que las guerrillas pretenden romper el cerco al que están sometidas por las fuerzas del Estado, y la acción sediciosa de las Autodefensas, que aún no han iniciado su proceso de paz por falta de garantías reales y convincentes de parte del Estado.

Esto hay que decirlo con todas las letras para que nadie se llame a engaño. Que las AUC hayan abandonado las armas –o estén en vías de completar este proceso en Ralito- no significa que dejen de existir autodefensas en Colombia. Así como la desmovilización del EPL y del M-19 no significó el fin de las guerrillas, la desmovilización de las AUC no significará –por sí misma- el fin de las autodefensas. No confundamos los sustantivos con los nombres propios. Ni le sigamos exigiendo a las AUC lo que las AUC no están –ni estuvieron nunca- en condiciones de garantizar. Las Autodefensas armadas en Colombia no nacieron ni acabarán con el fin de las AUC. Del mismo modo que las guerrillas en Colombia ni nacieron ni acabaron con el fin del EPL, o del M-19.

A los respetables Petro, doña Piedad, Navarro, Serpa y Gómez Méndez que insisten en exigir el fin del ‘paramilitarismo’ hay que replicarles que, primero, no limiten tales exigencias al ‘paramilitarismo’ de las autodefensas, sino que lo extiendan con el mismo énfasis y continuidad al ‘paramilitarismo’ de las guerrillas, y a todo tipo de ‘paramilitarismo’, porque los ‘narcos’ también tienen lo suyo, tal vez pensando ahora en heredar los espacios de lucha antisubversiva que están dejando libres las AUC. Y segundo, que hagan las debidas precisiones a la Opinión pública en cuanto a que Petro y Navarro, por ejemplo, obtuvieron perdón y olvido, amnistías e indultos, por su desmovilización como integrantes del M-19, y nada se les exigió –ni se les hizo responsables- sobre lo que estuvieran decididos a hacer otros guerrilleros, por ejemplo los de las FARC y el ELN. ¿O será que aquellos pretenden con el pretexto de ‘desmontar el paramilitarismo’ y lo que ellos califican de ‘estructuras mafiosas’ que quienes hoy firman acuerdos de paz como Castaño, Mancuso, Báez, Adolfo Paz, entre otros, como líderes de las AUC sean hechos responsables mañana de lo que otras autodefensas hagan en el futuro? Ni hablar si se pretende que las AUC – desmovilizadas sean responsables de lo que vayan a hacer en el futuro quienes proviniendo de las economías ilícitas del narcotráfico pretendan asumir un rol contraguerrillero.

Las AUC, es bueno tenerlo presente, no se organizaron para administrarle a los colombianos el cielo de la democracia ni quitarle del horizonte las nubes cargadas de tormenta del narcotráfico. Se organizaron las AUC para alejar a Colombia del infierno que prometían las guerrillas. El objetivo fue importante, pero no fue todo lo que legítimamente aspiraban los colombianos. A las AUC no se las puede juzgar políticamente por lo que no hicieron en materia de lucha antinarcóticos, o por su falta de pericia y experiencia para administrar territorios de los cuales el Estado se había ido -¿repliegue estratégico?, o donde nunca había llegado. Nunca prometieron las AUC traerles el cielo de la democracia a los colombianos, solo se juramentaron para alejar de los colombianos el infierno de las guerrillas.

Las AUC deben sentir legítimo orgullo, no sólo por lo esencial de su desempeño en el conflicto armado (ningún humano se siente orgulloso de sus errores) sino también por haberse animado a dar el trascendental paso de la guerra hacia la paz, en un contexto político nacional e internacional tan desfavorable a sus acciones. No hablemos aquí de la izquierda nacional e internacional, no hablemos de los opositores recalcitrantes de Uribe. Veamos solamente la actitud cerrada de un paradigma del uribismo, como Gina Parody, por no hablar de tantos uribistas que jugaron permanentemente a las escondidas en el Congreso durante el tratamiento de la Ley de Justicia y Paz.

Puede que en la vida de los comandantes que han liderado este proceso desde la orilla de las AUC el paso que están dando no tenga la dimensión que adquiere desde una perspectiva nacional, e incluso internacional. El discreto paso dado en Ralito por las AUC resulta un gigantesco paso para la legitimidad del Estado colombiano en el mundo. Y es esto último lo que no le perdonarán nunca a las AUC sus enemigos políticos, que también son, en su abrumadora mayoría, los enemigos del Estado colombiano. No se explicaría de otro modo tamaña animadversión frente a las AUC, ni tanta hipocresía frente a sus hechos de guerra como si los comandantes de las AUC fueran los equivalentes de Pinochet y de Videla, o incluso de Hitler, si nos dejáramos llevar por la paranoia de Petro o la de los faruchos y elenos.

Les toca a las AUC ir dejando pasar el agua bajo el puente hasta que se vayan agotando los ataques políticos de sus adversarios –reconciliables unos, irreconciliables otros- y recomponer sus energías con vistas a la reinserción social exitosa de sus integrantes y el desarrollo –siempre exigente- de los trámites judiciales que prevé la ley de Justicia y Paz ya conciliada por Cámara y Senado, y elevada a la firma del presidente Uribe. No estaría demás tampoco un tratamiento estomacal riguroso vistos los numerosos sapos que la negociación les obligó a tragar. Malo por los sapos, pero bueno por Colombia, que no se haya perdido la paciencia y que las AUC hayan seguido fieles a su Norte.

Lo importante, lo histórico ya se logró: las AUC fuera de la guerra, el Estado colombiano re-legitimado, el marco legal disponible para iniciar con las FARC y el ELN un proceso de desmovilización cuando sus comandantes lo acepten. Puede que no lo acepten nunca pero ese es ya un problema exclusivamente de las guerrillas. La ciudadanía puede contar a partir de aquí con el marco legal que provee Justicia y Paz, con las AUC dentro del ordenamiento legal, y con el Estado más allá de toda sospecha de connivencia con las AUC, ahora que las AUC ya entraron en la recta final de su desmovilización.

El primer semestre de 2006 –ya completada la desmovilización- será el momento de comenzar a apreciar los primeros logros y avances en la construcción de la organización política que le dé continuidad a las AUC en el curso histórico de Colombia. Aquí las alternativas son múltiples y no hay porqué apresurarse. La metamorfosis de las AUC requiere su periodo de duelo y también de génesis. Hay mucho que considerar, mucho que evaluar, antes de dar pasos en público.

Sin embargo, hay al menos cinco temas de la Agenda política de las AUC- desmovilizadas que no pueden ser tabúes a la hora de sentarse a dialogar sobre análisis de coyuntura, tácticas de corto plazo y planes estratégicos a mediano y largo plazo: 1) la Reinstitucionalización del Estado en las regiones, 2) los futuros Procesos de paz , 3) la posición frente a Otras organizaciones de Autodefensas que sigan participando del conflicto armado, 4) el Rol del Narcotráfico en el conflicto armado y las posibles soluciones, 5) ¿Partido nacional?, ¿Confederación de partidos locales y regionales?, ¿Adhesión o Ingreso a partidos y movimientos existentes?

Las AUC –aunque no sea políticamente correcto que lo manifiesten abiertamente- seguramente valoran positivamente en su fuero íntimo la labor desempeñada por el Alto Comisionado para la Paz así como reconocen que fue el coraje político del presidente Uribe quien hizo posible que el proceso no saltara por los aires en algunas de sus recurrentes y graves crisis atravesadas. El compromiso con la paz de Colombia por parte de Luis Carlos Restrepo y Álvaro Uribe están hoy por fuera de cualquier discusión y de las muchas discrepancias con las AUC que afloraron en Ralito en sus tiempos de crisis.

En virtud del Proceso de Paz las AUC de hoy están en el mismo plano en que el M-19 se puso a partir de la firma de los Acuerdos de Paz de su época. No significa que hoy estén igualados en el juego político porque existe a favor de los ex M-19 un periodo de más de quince años con haberes y pasivos resultantes. Sin embargo, así como cabe esperar de los desmovilizados de ayer un mayor compromiso con los desmovilizados de hoy y de mañana, también corresponderá a los desmovilizados de las AUC trabajar arduamente por facilitar la reinserción exitosa de los guerrilleros que aún permanecen en el monte.

Las AUC han dado un significativo paso para hacer compatibles sus sueños de País con los anhelos propios de los ciudadanos colombianos. No lo han dado en las circunstancias felices del final del conflicto armado –como hubiese sido su deseo- pero se apartan definitivamente de las armas cuando las armas del Estado comienzan a obrar resultados favorables en términos de seguridad y confianza popular.

Ya son las AUC una organización que trasciende las limitadas fronteras de la defensa armada para incursionar sin prisas ni ambiciones desmedidas en las esferas políticas. La inserción social alcanzada durante su participación en el conflicto armado constituye el acumulado más consistente de capital inicial para su afianzamiento posterior en los diversos sectores sociales, incluyendo entre estos a la juventud, la juventud trabajadora del campo y la ciudad, y también la juventud universitaria.

Se equivocaron aquellos que le apostaron a la ‘ingobernabilidad’ de las negociaciones de paz como un modo de chantajear al presidente Uribe en su campaña reeleccionista. También se equivocaron los que en sesudos análisis periodísticos pontificaron sobre el proselitismo armado de las AUC durante la campaña de 2006 a favor de Uribe. Quienes le apostaron a que las AUC iban a chantajear –al modo de las FARC en El Caguán-, o apoyar con las armas a Uribe, ahora comenzarán a decir que hay un acuerdo inconfesable de cúpula entre Uribe, Restrepo, Castaño y Mancuso para que las AUC desmovilizadas se conviertan en los propulsores de una gran inyección de capitalismo emprendedor en el campo colombiano. Así son los eternos deslegitimadores del Estado colombiano: ¡Palo porque sí, palo porque no, palos siempre!

Las AUC tienen suficiente ascendiente y simpatía popular en las bases sociales como para que su futuro en la política dependa de poderes malhabidos o de presiones inconfesables. Las AUC representan un sentimiento popular en favor de la libertad que no nació ni morirá con Uribe: en tal sentido las AUC son pre-uribistas y serán también en su momento post-uribistas. Lo que no pueden ser las AUC es uribistas, ni gaviristas, ni serpistas, porque cualquier ‘ismo’ en el fondo separa, confunde, reduce, sectariza.

Más bien, las AUC deben observar las acciones del Gobierno con un sentido crítico, constructivo pero crítico.

Las AUC deberán dotarse de un nombre que las identifique en el campo democrático. O de varios nombres que respondan a las realidades de cada geografía pero que estén siempre prontos a sumar nunca a restar.

También tendrán que definir un modo de organización, siendo que solo la organización vence al tiempo y le da continuidad a las sucesivas generaciones en la búsqueda de concreción de sus ideales.

El post conflicto para las AUC está a punto de comenzar pero el conflicto sigue siendo una realidad que padecen todos los colombianos incluidos también los desmovilizados de las AUC.

Así como las FARC y el ELN no siguieron los pasos del EPL y del M 19 –entre otros-, seguramente habrá organizaciones de Autodefensas que no sigan los pasos de las AUC. Así como unos dicen seguir luchando hasta que haya Justicia para el Pueblo, otros responden diciendo que seguirán luchando mientras no haya Seguridad para el Pueblo.

Mientras el Estado colombiano no pueda disuadir –o derrotar a los armados de uno y otro bando ilegal- y mientras el negocio internacional del narcotráfico siga financiando a unos y a otros combatientes, la tarea de la ciudadanía colombiana, sus gobernantes y sus instituciones democráticas será enorme y compleja, extenuante y permanente.

Bienvenidas las AUC al seno de la democracia y la legalidad. No les pidamos todo porque no están en condiciones de ofrecernos todo, pero abrámosles todas las puertas para que su esfuerzo en la guerra no haya sido inútil, y para que su esfuerzo en la paz no resulte estéril.

Así la veo yo.

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