julio 27, 2005

Uribe y la izquierda democrática pueden cambiarle la cara a Colombia

¿Querrán compartir el presidente-reelecto y la izquierda democrática las llaves de la paz?

Colombia, 21 de junio de 2005
Por Rubiño



Muy bueno para airear la democracia que Navarro visite Valencia, en Córdoba, y también Puerto Rico, en Caquetá. ¿Por qué no pensar que un día no muy lejano Álvaro Uribe comparta con Navarro y sus compañeros de la izquierda democrática las llaves que abran el proceso de paz con FARC y ELN?

Son contundentes –y a mi modo de ver premonitorios- los resultados de la encuesta, que el domingo dieron a conocer El Tiempo y RCN, sobre la reelección. No tomarlos en cuenta, o subestimarlos, suena a grosería política. Es cierto que falta un año, y que no se conoce aún el candidato liberal, y que permanece incierta la suerte que correrá la reelección en la Corte Constitucional, pero hoy la cuestión es sumamente clara: hay Uribe presidente hasta el 2010. Y esto es lo que cuenta. Lo demás es pura hipótesis: ¿Magnicidio?, ¿’Corte-icidio’? De acuerdo, a todo Plan A le cabe un Plan B, pero A es A, y B es B. Aquí nos concentraremos en un posible Plan A.

Ha causado sorpresa y conmoción positiva el apoyo del embajador Wood al proceso de paz con las AUC. Por primera vez este funcionario del Departamento de Estado se expresa con elocuencia –y contundencia- a favor del rumbo que han tomado las negociaciones y los acuerdos surgidos en Ralito. Que la aprobación de Wood haya sido pronunciada en los EEUU, en momentos cruciales del tratamiento final del Proyecto de Justicia y Paz en el Congreso de la República, tampoco es algo para desdeñar. Igualmente las declaraciones del senador demócrata Bob Graham y su visita a Colombia haciendo pública su decisión de ambientar en Washington el Proceso de Paz con las Autodefensas –especialmente en el Congreso de los EEUU- adquieren una enorme importancia en la recta final de las negociaciones entre Gobierno nacional y AUC.

Si la intranquilidad mayor que subsiste en los comandantes de las AUC –y en las FARC y el ELN a futuro- reside en la seguridad jurídica de los procesos de paz en Colombia, de cara a la extradición a los EEUU por cargos de narcotráfico, ese enorme escollo ha comenzado a removerse. No está disuelto, por supuesto, pero las declaraciones de tan representativos voceros de la política de los EEUU, son algo más que retórica y anécdotas, son verdaderos hechos políticos de trascendencia. Recordemos aquí las declaraciones recientes de Vicente Castaño a Semana: “Los americanos nunca incumplen”.

Si por voluntad popular permanece Uribe hasta el 2010 en la Presidencia, si los EEUU están dispuestos a dar en el seno su propio aparato de Justicia el decisivo paso político, en materia de suspensión de pedidos de extradición, con motivo de procesos de paz, que ya dio Uribe en Colombia, esto significa que los Acuerdos Finales en curso del Proceso de Paz entre el Gobierno nacional y las AUC han conseguido acumular en su haber activos actualizados al presente que estaban muy lejos de contabilizarse a favor en los últimos meses de 2004, cuando aún no se habían producido las desmovilizaciones correspondientes al Acto de Fe de las AUC las cuales fueron encabezadas en noviembre por su máximo negociador de entonces Salvatore Mancuso. Si aquella vez fue lícito preguntarse sobre el riesgo incalculable de un verdadero salto al vacío, hoy el análisis permite inferir –pasado más de un semestre- que en realidad se trató de un muy riesgoso salto sobre el vacío, que parece estar encontrando apenas hoy eco favorable y tierra firme del otro lado del abismo atravesado.

Dentro de este contexto nacional e internacional –EEUU no es Europa pero que la influye, la influye- no resulta ingenuidad pensar que el Proyecto de Justicia y Paz saldrá en estos días reforzado –y ligeramente retocado- en su paso por el Congreso, apoyado incluso por varios de quienes se mostraron en su momento reacios a su contenido y oportunidad. Resulta aventurado predecir amplios consensos –parecidos a la unanimidad- en estas semanas de despegue prematuro de las campañas políticas, con un sesgo antiuribista disparado, del centro hacia la izquierda, por la necesidad del Polo y del Oficialismo Liberal de ganar espacios de oposición que le permitan competir por el segundo puesto en la primera vuelta de 2006. ¿Acaso habrá segunda vuelta? Hoy esa hipótesis parece lejana.

Sin embargo, alrededor del proyecto de Justicia y Paz serán suficientemente amplias las mayorías que avalen el marco legal imprescindible para encaminar negociaciones de desmovilización y paz con las organizaciones armadas al margen de la ley. La Historia reconocerá un día con generosidad y comprensión –que la crónica periodística de hoy no recoge- que fueron las AUC quienes desde el sector ilegal dieron el primer valiente paso hacia la paz en tiempos de nuevos estándares internacionales y de Corte Penal Internacional. Paso que tendrán que apresurarse en dar también las FARC y el ELN si no quieren acabar ellos sus días en la selva, en cárceles colombianas, o juzgados por tribunales internacionales.

Llegados a este punto, hay que decir que las izquierdas colombianas están en mora de afirmar sin dar lugar a suspicacias su voluntad de construir seriamente la paz con las guerrillas, y plantearle descarnadamente a la ultraizquierda de las FARC y del ELN lo que les espera en materia judicial –aquí o en el exterior- si no inician su propio proceso de desmovilización a la cola del proceso que en diciembre –muy posiblemente- hayan concluido las AUC. El tratamiento de legitimidad que el presidente Uribe inició por la derecha del espectro del conflicto armado interno con las AUC, deberán acometerlo a la mayor brevedad quienes desde la izquierda democrática son los mejores interlocutores que en estos temas pueden tener los comandantes guerrilleros. ¿Pero cómo hacerlo si la izquierda democrática está lejos todavía de alcanzar el poder presidencial y no se vislumbra ello, al menos, para antes de 2010?

El drama para la izquierda democrática es que está lejos aún de acceder a la Presidencia de Colombia y si quiere hacer algo eficaz por la paz de Colombia desde el oficialismo gubernamental puede que ese tiempo demore en llegar. Según las encuestas, por lo menos cinco años más habrán de transitar en la oposición. ¿Querrán transitar todo este espacio –eterno en tiempos de guerra- siendo conceptuados como los ‘para-guerrilleros’, que muy probablemente no son, o será que se animan a transitarlo como artífices de la paz del Estado con la guerrilla, conduciendo ellos mismos las negociaciones con las FARC y el ELN –integrados como funcionarios de paz a la Oficina del Alto Comisionado para la Paz del Presidente Uribe, o a la instancia del organigrama gubernamental que en definitiva disponga el Ejecutivo.

No creo que el presidente Uribe quiera pasar a la historia como el presidente que no quiso hacer la paz con las guerrillas, sino derrotarlas militarmente. Tampoco creo que la izquierda democrática colombiana deje pasar tan brillante posibilidad de hacer algo grande por Colombia, persuadiendo a la ultraizquierda –con argumentos de izquierda- sobre las bondades de abandonar la lucha armada y sumarse desarmados a la lucha democrática, lucha que no puede tener otro norte que el bienestar y el progreso de millones de colombianos, especialmente los que poco o nada tienen.

Le va a ser muy duro a la izquierda democrática a partir de 2006, en un contexto de efectiva desparamilitarización AUC del País y de persistencia terrorista de las guerrillas, diferenciar con claridad las fronteras de ruptura que separan el campo de la izquierda democrática y la ultraizquierda guerrillera. Le va a ser muy difícil –pero le tocará hacerlo si quiere ganar confianza en la sociedad- diferenciarse públicamente de argumentos –e incluso eslóganes- similares a los propios agitados por las guerrillas desde posiciones de ultraizquierda. No le alcanzará con decir que las metas son similares pero que los métodos son distintos, porque eso sonará a discurso prefabricado para el engaño. Y esta confusión no solo dañará a los dirigentes de la izquierda democrática en su relación horizontal con el centro y la derecha, sino que –lo más grave- minará profundamente, de forma vertical, la credibilidad de los dirigentes de izquierda democrática con sus propios cuadros medios y sus bases que sinceramente creen en la posibilidad de construir una alternativa democrática, no guerrillera ni terrorista, desde posiciones de izquierda Las cosas que tiene la vida: quienes hoy abusan de la calificación de ‘paraco’ para Uribe, recibirán como un bumerán similares acusaciones –de signo contrario- calificando a Navarro, a Petro, incluso a Garzón, de ‘paraguerrillero’, de estar propiciando la combinación de todos los medios de lucha contra el Estado colombiano. El único modo que a mi modo de ver tiene la izquierda democrática de diferenciarse nítidamente de las guerrillas de ultraizquierda –y con esto ganarse la confianza de los colombianos- es participando de un proceso de paz en representación del Estado colombiano. Pero ese no será un cheque en blanco que la ciudadanía le vaya a extender a la izquierda democrática sin garantías de ninguna clase. Esa garantía, única y paradójicamente, podrá dársela el presidente Uribe si es reelecto en 2006.

Estoy seguro que si el Polo Democrático, Alternativa Democrática e incluso el liberalismo de izquierda se le miden al desafío de la Paz saldrán ganando mucho en un período de cuatro años, desde 2006 hasta 2010, en el cual se juega su asentamiento definitivo en las grandes ligas de la política nacional. Quiero pensar que Uribe recibiría con beneplácito la posibilidad de abrir un espacio de negociación con las FARC y el ELN dejándole ‘riendas sueltas’ a la izquierda democrática –en representación del Estado- para que avance en la dirección de la paz. Sé que esto no es posible ni siquiera soñarlo antes del veredicto de las urnas presidenciales en la primera vuelta de 2006. ¿O será que sí? Por el momento contentémonos con visualizar un modo de hacer más cercana la Paz. Es una forma de acercar la Paz tan esquiva con esta bendita tierra. Y comenzar a trabajar en esa dirección.

Iniciamos este análisis citando algunos hechos: encuestas sobre reelección de Uribe, apoyo de EEUU a los procesos de paz, aprobación inminente del Proyecto de Justicia y Paz, desmovilización de las AUC antes de finalizar 2005. Avanzamos en el escrito proponiendo para la izquierda democrática una tarea de grandes dimensiones y alcances insospechados en términos de una Nueva Colombia en Paz que podría adelantarse en llave con el presidente Uribe a partir de su re-posesión en agosto de 2006. Un buen inicio para estudiar y aclimatar entre bastidores esta estrategia es precisamente ahora –cuando el Proyecto de Justicia y Paz requiere el máximo consenso que sea posible obtener-. La izquierda democrática está en estos días desalentada –aunque, obviamente, no lo haga público- por el sostenimiento infatigable de Uribe en las encuestas; desalentada también porque sabe que la lucha por el segundo puesto con el Partido Liberal será dura, desgastante, costosa y de resultado altamente incierto. Hacerla partícipe de una política de Estado trascendental como la de paz con las guerrillas, y saber que por sus manos pueden pasar la negociación con las FARC y el ELN, podría ser un elemento contundente a la hora de enfocar su campaña. Aquí los ases los tiene el Gobierno; podría mostrar discretamente alguna de sus cartas y de sus intenciones acerca de cómo jugarlas llegado el momento.

Sobre estos puntos bien podrían las AUC enfatizar en la Mesa de Ralito durante los meses que aún le quedan al Proceso. ¿Qué mejor garantía de seguridad jurídica y política que la que le puede brindar la izquierda democrática colombiana al proceso de paz con los enemigos históricos de la ultraizquierda? ¿Qué mejor mensaje de confianza para las FARC y el ELN, en vista de un proceso de paz serio y constructivo, del Gobierno nacional para con ellos que las AUC desmovilizadas, promoviendo políticamente en sus zonas de influencia que sean la izquierda democrática colombiana y el presidente reelecto Álvaro Uribe quienes encabecen esas negociaciones finales de paz con las guerrillas? Esta ambientación al proceso de paz con las FARC y el ELN sería el primer gran trabajo político de las AUC, ya desarmadas y reinsertadas. No lo harían solamente con sus bases sociales de apoyo sino también con todos los amigos que las Autodefensas se supieron ganar en estos años de lucha militar contraguerrillera. Y al hacerlo no lo estarían haciendo solamente por la posibilidad de seguir construyendo paz –esta vez con las FARC y el ELN- sino también conscientes de que expandir la paz en Colombia fortalece el propio proceso de reinserción de las AUC, que será más provechoso y seguro si se da en un contexto de progresiva pacificación y no de incremento de las hostilidades.

No sé qué pensará de todo esto el Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo, pero lo sé antes que nada un hombre de paz, que podrá renunciar un día a los honores de su cargo, pero nunca renunciará a la lucha honesta y democrática por lo que él cree que es bueno para Colombia. Lo demostró con las AUC y lo seguirá demostrando donde le toque.

¿Qué pueden pensar de esto las AUC? Muy probablemente, que aquello que va en la dirección de sumar apoyos a los procesos de paz con las guerrillas les conviene para su propio proceso de reinserción y post-conflicto, mucho más si se acumulan garantías nacionales e internacionales que vuelven invulnerables los acuerdos firmados. Segundo, las AUC han demostrado en todos estos meses, de arduas negociaciones, que en vez de estar buscando una salida autista para su problema, están dispuestos a buscar con Colombia entera –incluidas las guerrillas y la izquierda democrática- salidas equilibradas y altruistas que le pongan punto final a la guerra que azota al País. Lo que equivale en palabras del actual Gobierno, a ponerle punto final a las ‘amenazas terroristas’.

¿Qué pueden pensar de esto las FARC y el ELN? No quiero entrar por ahora en este terreno. Pero la primera respuesta a este interrogante es que no podrán permanecer ajenos ni indiferentes. Y de su respuesta Colombia sacará conclusiones importantes, tal vez definitivas.

¿Qué pensaría de esto la izquierda democrática, lograría unificarse detrás de este criterio, y construir con el presidente reelecto Uribe un esquema consensuado de negociación donde la iniciativa la tendría la izquierda del mismo modo que un ministro tiene la confianza que le da su Presidente? También en este caso la respuesta de la izquierda y su desempeño en la misión harán que Colombia saque conclusiones importantes sobre sus reales capacidades de administrar un asunto tan delicado para el Estado y la democracia.

Si lo que Uribe está a punto de lograr hoy con las AUC, lo logra mañana –a través de la izquierda democrática- con las FARC y el ELN el ‘botín de la paz’ se le escurrirá para siempre a los ‘populistas’ de turno de ayer, liberales o conservadores, y será un logro de Colombia, no de ningún partido.

Y de eso se trata en Ralito y se tratará con las FARC y con el ELN: no de condenar con revanchismo el pasado, mucho menos de perpetuarlo, sino de absolver sin manchas el futuro.

Así la veo yo.

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