agosto 16, 2005

No hay regla que no tenga su excepción: orientar el '35 % y algo más', exige pulso y tacto

Mientras tanto, los timoneles del Polo de la Libertad gozan de buenos vientos y buena mar
Colombia, 16 de agosto de 2005

Así la veo yo
Por Rubiño

La UC es algo más que la letra ‘a’ que se le cayó a las AUC. Es la letra ‘a’ de arma que se abandona y ‘a’ de autodefensa que se recluye modesta, silenciosa y reflexiva en los libros de Historia.

Unir Colombia es un sueño grande, tal vez imposible, de esos sueños sin límites que a las AUC las desvelan y le quitan cualquier otro sueño. Por eso entraron en la guerra para acabar con la guerra, y por eso hoy le dicen adiós a las armas para acabar con la pobreza y la muerte entre hermanos. Y no se trata de Unir Colombia porque sí, o porque no. Se trata de Unir Colombia para que no haya más violencia, ni pobreza, y podamos caber todos en ella con plena libertad.

Nadie puede negar que el próximo fallo de la Corte Constitucional sobre la reelección reviste trascendental importancia, pero, aun así, las aguas de la política colombiana no alterarán su curso, con reelección o sin reelección. Así parecen anunciarlo los titulares y los comentarios que, en el tablero político, en los análisis de los especialistas y en los resultados de las encuestas, auguran que el poder seguirá en manos del Polo de la Libertad, con previsibles matices de más o menos ‘personalismo uribista’ según cada caso, pero en definitiva sin rupturas mayores sino más bien proveyendo continuidad respecto a lo que está sucediendo durante el período presidencial de Álvaro Uribe

Las piezas que discretamente pretendieron mover los anti Bush desde EEUU –apostando en Colombia sobre la figura de César Gaviria y su recién estrenado y sobreactuado antiuribismo- salieron por la culata y le dieron de paso y sin habérselo propuesto –en sus análisis presuntuosos sobre lo políticamente correcto- un impensado jaque mate a las posibilidades en el corto plazo del post-serpismo de los Pardo, Rivera y compañía. Advertido a tiempo sobre la ‘manguala imperio-neoliberal’ en curso, el viejo zorro de Serpa volvió a quedarse con lo poco que queda del Partido Liberal, y para ello se empeñó en sacar primero por la borda a Peñalosa y su ‘neo-uribismo’ y se dispone ahora a volver meramente decorativa la presencia del ex presidente reconvertido en ‘ni chicha ni limoná’. En pocas palabras, hoy los gringos pro Bush y anti Bush coinciden –con más del 70 % de los colombianos- en que el Partido Liberal se quedó sin cartas aún antes de comenzar el póker. Porque ya se sabe -en EEUU y en Colombia también- que Serpa no es una carta sino un ‘encarte’, y empieza a serlo para el oficialismo liberal también.

Con reelección o sin reelección las próximas elecciones –parlamentarias y presidenciales- estarán marcadas, entonces, por una característica singular y novedosa: de un lado el Polo de la Libertad, del otro, el Polo Democrático. Si acaso exista una mínima tercería, será la que ocupe el oficialismo liberal, con Serpa o sin Serpa. Y digo con Serpa, o sin Serpa, porque cuesta creer que un político de su trayectoria vaya a presentarse a una contienda electoral donde el único incentivo para él sea competir por el segundo o tercer puesto.

Mientras Peñalosa, Vargas Lleras y Mockus comienzan a hablar más duro y a trepar en las encuestas –cada uno a su manera integra el Polo de la Libertad- no se advierte ni en Navarro, ni en Serpa, ni en Carlos Gaviria algo más que declaraciones sin peso ni norte, algo así cómo ¡qué jartera esto de competir por competir, sin más estímulo que la lucha por el segundo o el tercer puesto!

Tal como están las cosas del centro hacia la izquierda todo se reducirá en estos terrenos a ganar espacios en el Senado y la Cámara que les permitan liderar la oposición al próximo gobierno del Polo de la Libertad, a partir del 7 de agosto de 2006, sea presidente finalmente Uribe, o Peñalosa, o Vargas Lleras o Mockus.

Estos escenarios ‘continuistas’ permitirán que el desembarco de lo que fueron las AUC en la política legal pueda darse sin apresuramientos riesgosos y sin interferencias traumáticas con la agenda de las clases políticas tradicionales, liberales y conservadoras, incluso independientes, suficientemente alteradas y concentradas en los efectos devastadores –para sus anteriores comodidades- del huracán Uribe.

Sin embargo -lo hemos dicho antes-, 2006 debiera ser para las ex AUC más un año de renacimiento bajo otras formas que un año de competencia electoral. Más un año de recrear la unidad en lo interno y abrirse a la novedad de las alianzas programáticas con las fuerzas afines, que un año de proselitismo y votos. Pasar de lo militar a lo político no es pintar sobre pintado, cambiando un color por otro. La transformación es un cambio que implica crecimiento, una enorme labor de reconversión donde poder escuchar sin urgencias los propios latidos y los latidos de Colombia y de su Pueblo. Más que repetir un discurso se trata de barajar y dar de nuevo. De una tierra a la otra se puede pasar caminando o en carro; lo que no se puede evitar es el transcurso del tiempo, el tiempo en el cual se siembran las semillas nuevas y se prepara la tierra. Y son bienvenidos el agua y el sol, los días de verano y de invierno, con sus ciclos inevitables y saludables. Las AUC, que supieron tener paciencia para sentarse a negociar en las condiciones nacionales e internacionales más adversas, deberán demostrar que entre sus virtudes también está la paciencia para poner a caminar sin riesgos el cuerpo nuevo, el cuerpo renacido que no esquivó las balas para venir a estrellarse ahora contra los vicios de la vieja política. Porque de eso se trata, no sólo de caras nuevas, sino también de formas nuevas de hacer política. Lo peor que les puede suceder a las ex AUC en su tránsito hacia la vida civil es ponerle caras nuevas a las políticas viejas. Las ex AUC serán portadoras de renovación y cambio en la política o no serán nada.

Alguien definió alguna vez la creatividad como ver aquello que todos ven y hacerse la pregunta que nadie se ha hecho.

Una pregunta clave que cabe hacerse y hacerle al País es acerca del porqué si las AUC están abandonando las armas y recreándose bajo otras condiciones legales y civiles produciendo un giro de 180 grados en su actuación, no hacen algo equivalente o superior los empresarios del campo y la ciudad, los bancos y los financistas, los partidos y los medios de comunicación, las Universidades y los Departamentos, las Alcaldías y las Iglesias, los ‘narcos’ y los guerrilleros, la Comunidad internacional y las ONG, el Senado y la Cámara, las multinacionales y los cacaos, los economistas y los gremios, los sindicatos y las Fuerza Militares, etc, etc. Les tocará a las ex AUC recorrer los campos y las ciudades, las oficinas y las fábricas, los talleres y los consultorios, los campamentos guerrilleros y los fortines ‘narcos’, las aulas y las embajadas, Colombia y el mundo, para contar su historia y su conversión, desactivando prevenciones, ambientando propuestas y generando entusiasmo y aportes solidarios para que Colombia cambie en la dirección correcta y se transforme en pos de sus objetivos más nobles e incluyentes, de alcance más profundo y transformador de sus estructuras e instituciones, allí donde éstas se han convertido en talanqueras para la paz y el desarrollo.

Colombia es la que es –y también la que no es- por la suma y multiplicación, resta y división, que producen en su cuerpo social las acciones y omisiones de tantas personas e instituciones, públicas y privadas, nacionales y extranjeras, grandes y pequeñas, pobres o ricas. Si lo de hoy no nos satisface en términos de pobreza y violencia, todos debemos analizar qué tanto estamos haciendo para reproducir esto que no nos gusta, o que nos gusta a veces pero no nos conviene, o nos conviene a unos pocos y daña a muchos más.

Las ex AUC no pueden sino continuar alimentando la oferta social que vienen desarrollando, incrementando día a día la calidad y legalidad de sus servicios hasta estar ciento por ciento sin armas y dentro de la ley. Esto no podrá alcanzarse si paralelamente con los hechos positivos en términos de comunidad no se van produciendo los actos necesarios en términos de preparación de líderes comunitarios y organización interna de los cuadros políticos. La oferta social que las AUC están produciendo –en los distintos territorios y de manera inconexa todavía- confluirá en su momento con la demanda política de la sociedad, que es la única que está en condiciones de jalonar y legitimar el salto de lo social a lo político. Si el trabajo social se hace del modo que las necesidades populares requieren la demanda política comenzará a hacerse sentir con fuerza allí donde el trabajo esté más adelantado, en la segunda mitad de 2006 –dentro de solo doce meses- y será una realidad nacional ya en 2010. Por eso la puesta en marcha de la Escuela de Liderazgo Político y Comunitario debiera ser una de las primeras prioridades de las AUC desmovilizadas, juntamente con la organización de su estructura de dirección política y la definición de su ideario y programa político de cara a Colombia y al mundo.

La primera tarea inexorable tiene que ver con promover la reinserción exitosa de miles de ex combatientes a la vida civil. Esto significará que ellos y sus familias, ellos y sus vecinos, ellos y sus barrios comenzarán a sentir que la desmovilización es solo el comienzo de una vida más plena para todos. Que no se trata solamente de entregar las armas, sino de entregarse de cuerpo y alma a la construcción de tejido social y economías productivas, en un contexto cultural y educativo diferente. Este salto cualitativo no podrá sino generar su correlato político y la consiguiente demanda de nuevos políticos para una política diferente.

Así las cosas, 2006 ha de ser para las AUC desmovilizadas militarmente –y en trance de movilización social y política- un año de fuerte trabajo organizacional a su interior y de presencia social renovada en lo exterior, dejando en manos de los amigos de la paz de Colombia los espacios políticos de resorte electivo. Estos amigos de la paz de Colombia son muchos y sabrán honrar sus puestos bien habidos con el esfuerzo sano y constante en pro de los grandes objetivos nacionales, dentro de los cuales sobresalen los que más interesan en esta coyuntura particular a las ex AUC: a) las desmovilizaciones exitosas de autodefensas y guerrillas, incluyendo en esto –obviamente- la seguridad jurídica de los desmovilizados firmantes de acuerdos de paz, b) la seguridad estatal institucional en las zonas de conflicto que abandonan las AUC y en todo el territorio nacional, y c) la inversión social y la creación de fuentes de trabajo suficientes, para la reactivación económica y el pleno empleo en las regiones que fueron de influencia militar AUC.

Dentro del Polo de la Libertad, y a mediano plazo, habrá un lugar natural para las AUC desmovilizadas, con el nombre, o los nombres que ellas quieran darse. Es dable esperar que el carácter confederado se mantenga, aunque también es previsible que la unidad que no afloró en la guerra –y tampoco en la negociación- se fortalezca en la etapa de estructuración de la nueva fuerza a la política nacional, independientemente de que en el terreno departamental y regional se respeten las propias características y sus acentos respectivos y respetables. Sobre esto no caben dogmas sino efectividades conducentes. En pocas palabras, no importa de qué color sea el gato, sino que cace ratones. De todas maneras, quienes conocen desde dentro y desde siempre a las AUC sabrán comprender que la Unidad –aunque nunca haya sido una realidad al ciento por ciento- siempre será un propósito común que a ninguno de sus integrantes ha de resultarle indiferente ni ajeno.

Eso sí, realizar el sueño que Colombia sea un País donde quepamos todos, sin violencia, sin pobreza y con plena libertad seguirá constituyendo el ideal que mantenga firme el lazo de los confederados que lo fueron de las AUC.

Así lo han prometido a viva voz sus máximos líderes, desde Salvatore Mancuso y Ramón Isaza hasta Vicente Castaño, pasando por ‘Adolfo Paz’, ‘Jorge 40’, ‘Cuco Vanoy’ y ‘Diego Vecino’. Por ‘Ernesto Báez’, ‘Javier Montañez’ y ‘Julián Bolívar’. Por ‘Andrés’ y ‘Hernán Hernández’. Por ‘Águila’ y ‘Julián Bolívar’. Por ‘Botalón’, Gabriel Galindo y ‘Pablo Arauca’. A ellos y otros más de sus compañeros comandantes, quienes prometieron abandonar las armas y lo hicieron -o lo están haciendo- yo les creo. E invito a los todavía incrédulos a creerles y darles la segunda oportunidad en la vida que están pidiendo con sus manifestaciones de paz y sus pedidos de perdón. No podemos dejar de ser consecuentes con el Evangelio cuando dice que ‘habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión’ (Lucas 15, 7). Y donde hay alegría hay perdón y confianza en el futuro de los hombres, vengan de donde vengan.

A pesar a la impaciencia de algunos, si de pronósticos se trata, me inclino a pensar que el 2006 electoral será todavía, para las AUC desmovilizadas, el tiempo de sus amigos, los amigos de la auténtica Paz de Colombia. El tiempo de los candidatos del propio semillero tendrá que esperar los momentos que la naturaleza disponga porque las AUC no pueden eximirse de danzar el ritmo sabio y eterno de la vida, con sus momentos de siembra y de cosecha, que siempre son sucesivos, nunca simultáneos. Porque ya se dijo que la victoria militar no da derechos políticos per se en la democracia. Lo sembrado militarmente no sirve, no es válido, para cosechar democráticamente. Sólo el trabajo social, desarmado, habilita, mediando la demanda popular la acción política de quienes sienten que tienen algo que aportar a la democracia de Colombia. Y esto es válido para las guerrillas y también para las autodefensas.

Sin embargo, y sin temor de contradecirme, manifiesto también que cada regla tiene siempre sus excepciones y es humano y comprensible que las tenga. Conducir a buen puerto el 35 % y algo más de los votos nacionales, en geografías y climas tan diversos y con temperamentos tan dispares, no puede concretarse sin dar muestras de flexibilidad y acoger incluso alguna que otra irreverencia. Aquí también cabe –en el caso de las AUC desmovilizadas- aquello de que la excepción confirma la regla. Y que la conducción de la estrategia política es un arte todo hecho de liderazgo y ejecución, donde la práctica –casi siempre- precede a la teoría. Digo esto por si en alguna lista, o detrás de alguna pre candidatura aparece el nombre de tal o cual ex comandante, con o sin el consenso de la conducción política de las AUC desmovilizadas. La excepción, en este caso, no hará más que confirmar la regla. Finalmente, el arte de la conducción política no consiste tanto en aplicar las reglas –que es lo más común y sencillo, y para eso están las reglas- sino en saber administrar –y digerir- las excepciones que resulten inevitables. Mal que les pese a los muchos dogmáticos que en este mundo han sido -clericales o marxistas, que vienen a ser lo mismo pero al revés. Y no por culpa de Marx, ni de Dios mucho menos.

Algo va de las AUC a la UC. Mucho más y más grande que una letra más o una letra menos.



Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie “Así la veo yo’’ pueden ser consultados en www.salvatoremancuso.com

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