septiembre 05, 2005

Discurso pronunciado por Vicente Castaño el día de su desmovilización - Yopal, Casanare, 3 de septiembre de 2005

En razón de la importancia que posee el texto hecho público por Vicente Castaño para la mejor comprensión del presente y futuro del proceso de paz, silencio por esta vez mi propia palabra para dar lugar a lo que considero una pieza de inocultable valor político y humano. Cedo entonces, con muchísimo gusto, al amigo y ex comandante Vicente Castaño, el espacio de Así la veo yo, y volveré con las columnas de Rubiño a partir de la próxima semana.



SALUDO


Ministro del Interior y Justicia, Señor Sabas Pretel de la Vega
Doctor Luis Carlos Restrepo, Alto Comisionado para la Paz
Doctor Sergio Caramagna, Jefe misión de apoyo de la OEA
Doctor Juan David Ángel, Director nacional de reincorporación
Señor Gobernador del Casanare, Elí Cala
Alcalde de Yopal, Nelson Mariño
Autoridades Civiles, Militares y Eclesiásticas
Señores Medios de comunicación
A todos mis amigos de las Autodefensas
A mi madre que tanto la hemos hecho sufrir


Colombianos

Después de observar desde una prudente distancia, por más de una década, a mis hermanos enfrascados en una lucha interminable y en una actitud servil que solo era útil para unas instituciones indolentes, negligentes y auspiciadoras de nuestra tragedia nacional, y después de soportar además, silenciosamente, la desaparición de los seres queridos, fui llamado por clamor familiar para tomar las riendas de unas Autodefensas que tenían que ser reconstruidas.

Al comienzo no tomé las filas de las armas sino que busqué un liderazgo social y productivo en la región del norte de Urabá y parte del Sinú.

Posteriormente, tras un intento fallido de mi hermano Carlos, de buscar un acuerdo de no agresión con la guerrilla, utilizando la mediación de la Iglesia y la de varios personajes de la vida publica y tras las constantes agresiones guerrilleras, más el llamado incesante de miles de compatriotas desprotegidos, tomé la decisión inquebrantable, acompañado de mi hermano Carlos en la dirección política, de llevar las Autodefensas hasta el último rincón de la patria con el convencimiento de lograr uno de estos dos objetivos: hacerle entender a la guerrilla que su forma de lucha era una utopía, o hacerle entender al Estado, que nos defendía o nos defendíamos al precio que fuera necesario.

Ahora, que hemos ocupado casi todo el territorio nacional con Autodefensas, logrando así el segundo objetivo, tomé el camino de la desmovilización.

Quiero invitar a todos a seguir ese mismo sendero del desarme, continuando la lucha por nuestro país desde un ámbito legal. Los invito a tomar la otra bandera, como lo hemos venido haciendo en los últimos diez años: la de un compromiso social y de desarrollo productivo, que nos permita desterrar la miseria hasta en la más apartada región de nuestra geografía, esta vez, apoyándonos en las instituciones.

Quiero anotar también que el proyecto de Justicia y paz, no fue construido para la paz, si sólo se pensaba en el desarme. Esto refleja, claramente, que muchos de nuestros dirigentes mostraron una gran debilidad para tomar las grandes decisiones que transformen el país. Esperamos que, en el futuro, sea el pueblo mediante una consulta popular el que decida qué es lo que nos merecemos.

La paz no es el resultado de un decreto sino el fruto de un proceso en donde lo importante es el cambio interior. De este cambio es toda la comunidad internacional la que debe tomar conciencia, para que la paz no sea simplemente un sueño sino una realidad.

En nombre de todos los compañeros, les pido un sincero perdón a todas las personas que han sido víctimas de este conflicto. Invito al país, lo mismo que a la comunidad internacional, a no dejar pasar este acontecimiento sin interrogarnos cuál fue el aprendizaje en este doloroso proceso. También a preguntarnos por una economía que no busque solamente acumular, retener y poseer, sino a descubrir su verdadera dimensión social.

Roguemos al Todopoderoso que nos ilumine a todas las víctimas para que logremos una gran reconciliación y que nos guíe a reconstruir juntos el país que todos anhelamos: una Colombia sin hambre en donde sea realidad la frase de Gandhi: "hay para la necesidad de todos pero no para la avaricia de pocos."

Muchas Gracias.


Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ también pueden ser consultados en
www.salvatoremancuso.com

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