septiembre 13, 2005

El pragmatismo de las AUC: ¿de la Confederación Utópica a la Atomización Concertada?

El desafío de unir en tiempos de política lo que no pudo unirse ni en tiempos de guerra



Colombia, 13 de septiembre de 2005


Así la veo yo


Por RUBIÑO




¿Será que las AUC desmovilizadas darán finalmente origen a un nuevo movimiento político unificado? ¿O es más realista visualizar que los distintos líderes de las AUC decidan finalmente iniciar caminos independientes, cada quien por su lado? Si por los hechos conocidos públicamente nos orientamos, los ex comandantes están más cerca de la atomización concertada que de la confederación organizada. ¿Será que todos los caminos conducen a Roma? ¿Y será finalmente en Roma, y no en los puntos de partida, donde se producirá la reunión? ¿Cuál será la Roma de las AUC? ¿El Congreso? ¿Las Gobernaciones? ¿Las Asambleas? ¿Las Alcaldías? ¿Los Concejos? ¿Los Ministerios? ¿Las Secretarías? ¿La Presidencia? ‘Piano, piano, si va lontano’, dicen los italianos, que algo saben de Roma y de política…

No se conoce de la existencia de una Mesa Directiva post-negociación que ejerza la conducción de las AUC en su tránsito a la vida política. No se tienen indicios de su conformación así como nada se sabe del nombre del movimiento político que surgiría como producto de la inminente reincorporación plena a la vida civil. Los ex comandantes han hecho un culto de su dedicación a la fase final de las desmovilizaciones todavía en trance de ser concretadas, así como se han ocupado entusiastamente, y a tiempo completo, de la puesta en marcha de proyectos productivos que sirvan de horizonte económico para los ex combatientes. Los medios periodísticos han encontrado en estos días que van apareciendo ex comandantes como candidatos al Congreso –no más de tres hasta hoy- los cuales estarían amparados por la ley 782 y no sujetos a la ley de Justicia y Paz. Sin embargo, esto último no da luces sobre la futura organización política de las AUC desmovilizadas. Por el contrario, el hecho de aparecer los ex candidatos en listas que compiten entre sí, más bien manifiesta síntomas de dispersión que de unidad. Como si las AUC estuvieran hoy más cerca de su atomización local y regional que de una eventual confederación nacional. Dispersión inevitable que puede ser fruto de la digestión lenta, producto de los ‘sapos’ que hubo que tragar en la negociación con el Gobierno, pero que bien puede ser también el resultado de una estrategia muy bien montada. Los estrategas de la guerra irregular saben que no se pueden ofrecer blancos al enemigo, y que –en este sentido- lo grande es enemigo de lo bueno; y que los mejores resultados son aquellos que producen la sorpresa y la invisibilidad. Sobre todo, cuando el enemigo no sabe descifrar la estrategia y confunde la aparente falta de lógica con debilidad, y la invisibilidad con inexistencia.

Unir bajo un solo movimiento político a los antiguos confederados de las AUC sigue siendo una meta compartida pero que no parece estar cerca de concretarse. Lo cual no ha de ser visto como imposibilidad, sino más bien como un dato de la realidad que podrá modificarse cuando hayan madurado las condiciones y se hayan perfilado de mejor modo los nuevos derroteros. La confederación pudo ser un buen camino para enfrentar la guerra que no necesariamente halle su réplica ‘partidista’ en tiempos de paz y democracia. Contra el anacronismo de las guerrillas comunistas fue más sencillo hallar puntos de unión; frente a los desafíos de la política innovadora y necesariamente creativa es más natural que surjan visiones diferentes, producto de imaginaciones libres imposibles –e inconvenientes- de sujetar en mandos al estilo militar.

Lo anterior no significa que el destino inevitable de las AUC desmovilizadas sea la atomización política bajo el influjo carismático de sus diferentes líderes en las diferentes regiones, ni mucho menos que ese destino sea el más conveniente. Significa solamente que de lo ‘viejo’ no puede nacer lo ‘nuevo’. Significa que lo ‘nuevo’ -para surgir y desarrollarse- requiere devolver las cartas del juego al mazo, mezclar y dar de nuevo. Pero no dar de nuevo lo mismo que antes sino que se trata de dar cartas nuevas a jugadores nuevos sumados a los de siempre. El destino de las AUC, si quiere marcar hitos importantes en el panorama político colombiano, no puede reducirse a seguir jugando el mismo juego con las mismas caras y ropajes nuevos. Ni tampoco limitarse a la defensa y justificación de lo hecho, adaptando los términos utilizados en el pasado a la desmovilización producida.

Las aguas de las AUC han de encontrar su futuro más promisorio en la confluencia con otros ríos que, por distintos cauces, hoy han llegado a visiones compartidas del futuro colectivo. El tiempo del aislamiento inducido por la guerra y la ilegalidad ha de ceder su espacio al tiempo de la vinculación y la sinergia con todos aquellos que están dispuestos a soñar los mismos sueños aunque provengan de historias, anhelos –y hasta pesadillas- bien distintas.

La transformación de las AUC se está dando primero y fundamentalmente en el interior de cada uno de sus integrantes. Este proceso es esencialmente íntimo e intransferible. Llegará el momento de socializar las experiencias humanas vividas en este tránsito de la guerra hacia la paz, desde el monte a la familia, desde la aventura diaria militar a la menos variada cotidianidad civil.

Esta transformación humana interior, acompañando un proceso de reincorporación exitoso a la vida civil, hará posible que el renacer a la vida nueva con dimensión política alcance su plenitud en el mediano y largo plazo. En el corto plazo solo cabe esperar que el diálogo en el interior de las AUC no se suspenda aunque tampoco puede esperarse que ese diálogo produzca más frutos públicos que los mínimos recomendables para que quienes, simpatizando con la Causa de las autodefensas, puedan recibir guiños y señales que no los hagan quedar totalmente fuera de sintonía, como sucede hoy.

Las próximas elecciones son importantes –como lo son todas las oportunidades que se tienen para elegir y ser elegidos democráticamente- pero sobre ellas las cartas ya están echadas y es poco lo que pueden influir las AUC desmovilizadas. El corto plazo –con el que coinciden los próximos seis meses- encuentra a Colombia caminando por donde es. Si así no fuera las AUC no estarían cumpliendo los acuerdos de Ralito, que, finalmente, son acuerdos que comprometen a ambas partes. Si el Gobierno ha cumplido, las AUC no pueden incumplir. Y si el Gobierno ha cumplido, no existen razones, de tamaña magnitud, que obliguen a las AUC desmovilizadas a pronunciarse políticamente. Aquí no se trata de cambiar el rumbo nacional, lo cual exigiría que las AUC se manifestasen de inmediato. Aquí se trata más bien de enfatizar sobre matices y sobre prioridades, lo cual exige de las AUC menos declaraciones públicas de carácter político, que trabajo paciente en su propio interior, dirigido a presentar sus frutos al País cuando ya Colombia tenga claro cuál es el Congreso que ha escogido y el Presidente que conducirá el Gobierno a partir del 7 de agosto de 2006. Las AUC conocen de sobra la geografía nacional, y las necesidades de cada zona del País, pero el mapa político que surja de las próximas elecciones –sobre todo las del Congreso- no lo conoce nadie. Y es sobre ese mapa validado democráticamente en las urnas donde la nueva realidad política de las AUC desmovilizadas comenzará a dar sus primeros pasos en la legalidad. Anticiparse a ello es un desgaste innecesario y caro. Atenerse a los resultados será una inversión necesaria y rentable en términos de organización política que nace para transformar el País no para terminar de hundirlo.

Hay dos escenarios posteriores a esa fecha que las AUC desmovilizadas deben comenzar a tener en cuenta con mayor acuciosidad –porque para entonces ya estarán íntegramente en la legalidad política.

Las elecciones de 2010 serán trascendentales y puede que para esa fecha Álvaro Uribe no sea ni presidente ni candidato. Seguramente será un ex presidente con una enorme influencia política. Para el 2010 no falta un siglo, ni cincuenta años, ni diez. Solo cuatro años y poco más de un trimestre nos separan de 2010. Menos de 5 años y hay tanto por hacer si se trata de hacer las cosas bien.

Además, no hay que descartar la posibilidad de que los nuevos escenarios políticos y de paz propicien después de 2006 una nueva Asamblea Constituyente.

Será en ocasión de esa Constituyente y de las elecciones posteriores a las presidenciales de 2006 donde las AUC desmovilizadas comenzarán a demostrar en los hechos que su pasaje de las armas a la política está acompañado por suficiente respaldo social y capacidad de liderazgo.

Mientras tanto, mientras se construyen los escenarios y los mecanismos para llegar allá, es bueno para la democracia colombiana que los amigos del proceso de paz con las AUC prosigan sus carreras políticas sin recibir vetos ni estigmatizaciones, así como igualmente es auspicioso que quienes se hayan desmovilizado y estén a paz y salvo con la justicia emprendan el camino de la vida política –incluso a partir de 2006- si sienten que ya están preparados, que esa es su vocación y que el momento les ha llegado. El sentido de la oportunidad es clave en la vida del político y de las organizaciones políticas.

En el primer caso -el de los políticos amigos del proceso de paz- la sociedad sabrá premiar su valiente labor de defensores de la paz; en el otro caso –el de los ex comandantes- también sabrá valorar sus hechos de paz y su abandono de las armas. Si esto ha demostrado ser útil en el caso de los ‘emes’, no se ve porqué no pueda serlo en el caso de los ‘paras’, o de los ‘elenos’. Y si no menciono aquí el caso de los ‘farianos’ es porque el Partido Comunista hace ya bastante que participa de la política legal en Colombia y que no niega su alianza estratégica con aquellos: su vieja historia de la combinación de todas las formas de lucha.

Nadie puede negarle representatividad ciudadana, ni olfato político y sensibilidad popular, a Moreno De Caro y Zulema Jattin. Si ellos les abren sus toldas a ‘Ernesto Báez’ y Jairo ‘Andrés’ Angarita sus razones tendrán, así como un político de raza como Mario Uribe es poco probable que se equivoque si le apuesta al futuro político de Eleonora Pineda y Rocío Arias.

Y si ‘Francisco Galán’ reúne los requisitos legales no sería extraño que el Polo Democrático lo incorpore a sus filas, o que incluso, el binomio Serpa-Gaviria intente sumarlo a sus listas del liberalismo oficialista. Finalmente, las voluntades que se le quitan a la guerra bienvenidas han de ser en las filas de la democracia y la política.

Lo anterior –lo de los ex comandantes- no significa que las AUC desmovilizadas estén en campaña política, o que vayan a presentar programas y candidatos propios en las elecciones de 2006. El tránsito a la vida civil y al ejercicio de los derechos políticos de las AUC desmovilizadas está en vías de construcción, mientras la misma ley de Justicia y Paz no ha iniciado todavía su reglamentación y aplicación. Esto produce una proscripción de hecho para los líderes históricos y emblemáticos de las AUC quienes deberán esperar aún algún número de años para inscribir sus nombres a la consulta popular. Al menos, mientras rija el actual ordenamiento legal.

Sin embargo, los espacios políticos que no se ocupan, siempre existe el riesgo de que los ocupen los adversarios. Por lo tanto, aquellas personas que han transitado por las filas de las AUC y que hoy tienen la libertad de escoger entre ser candidatos o no, no tienen otra limitación para hacerlo que su propia voluntad y su capacidad de generar consensos por parte de integrantes de la clase política que los quieran apoyar en sus legítimas aspiraciones. Esto no significa que las AUC desmovilizadas vayan a participar de las próximas elecciones. Esto debe quedarle claro a propios y extraños y no estaría de más que fueran las propias AUC quienes hicieran claridad al respecto.

Uno entiende el sentimiento que mueve a algunos ex comandantes a no desestimar la invitación que desde importantes ámbitos de la política se les hace para que a título personal –y no de las AUC- se sumen a la lid electoral. Esto es lícito y también es bienvenido. Sin embargo, las AUC desmovilizadas no harían bien en facilitar, por omisión, confusiones en la opinión pública transmitiendo la sensación de que tales candidaturas son producto de un movimiento político propio que ya habría comenzado a actuar aun antes de contar con su personería jurídica y sus autoridades legalmente constituidas.

No se trata, entonces, de desautorizar candidaturas personales, mucho menos cuando se trata de ex comandantes que como ‘Ernesto Báez’, en el nivel nacional, y ‘Andrés’ y ‘Giovany’, en el ámbito regional, han dado sobradas muestras de su capacidad de liderazgo, voluntad de paz y compromiso social. No son los únicos, pero ellos tienen un camino adelantado y no vislumbran acechanzas jurídicas por resolver.

Es importante para la legitimidad del proceso de paz y del propio Estado, que Colombia y el mundo vean en ellos, no el producto del ‘poder en las sombras’ de un partido todavía inexistente, sino la mano tendida que los actores legales de la política le hacen a los hasta ayer armados ilegales, para que se sumen a la construcción democrática del porvenir colectivo desde el escenario del Congreso. Escenario desde el cual habrá que seguir haciendo todos los esfuerzos y los sacrificios para que sea cada día más incluyente, y no solo con relación a quienes hayan abandonado las armas de izquierda y de derecha. A su recinto también deben llegar todas aquellas regiones y clases sociales que solo existen en el mapa y las estadísticas de marginación y pobreza. Regiones enteras y comunidades amplísimas a las cuales todavía no les ha llegado el tiempo de la participación y el bienestar. Millones de colombianos con miedo y con hambre, pero todavía sin voz ni partidos que les den cabida ni los representen a cabalidad.

Las AUC desmovilizadas bien harían en iniciar el tránsito cívico al ejercicio de la política con un horizonte que privilegie el 2010 por sobre el 2006, y que tenga más que ver con los problemas del País que con su propio proceso de reinserción.

No sería correcto políticamente, ni justo socialmente, que la participación política de los ex comandantes de las AUC fuera percibida como una forma de resolver los propios problemas por encima de los problemas de las comunidades.

Sabemos que esto no es así, ni es esto lo que está en la mente de los ex comandantes. Por eso no está de más –sino que suena conveniente- que sea desde el máximo nivel de la dirigencia de las AUC desmovilizadas que haya algún pronunciamiento en este sentido.

Abrirse camino en los vericuetos de la política está muy bien para las personas y también para las organizaciones que abandonan las armas. Pero mientras las personas solo responden por sí mismas, las organizaciones responden por un colectivo, por unos programas, por unas metas. Sobre esto último están demoradas las AUC en hacer claridades. Y es sobre estas claridades demoradas donde anidan las infamias y sobrevuelan los enemigos de la paz.

Las cosas no solo hay que hacerlas bien, sino que además así deben parecer.

Reconforta el adagio popular cuando dice que todos los caminos conducen a Roma.

Pero ¿de cuál Roma estamos hablando aquí?

Porque si sobre su propio destino no hay claridad, a las AUC les puede pasar lo del velero que se perdió en el mar. Al que no sabe dónde va, ningún viento le viene bien.

O las organizaciones vencen al tiempo, o el tiempo acaba con las organizaciones.

La confianza trae cosas buenas pero el exceso de confianza termina trayendo cosas malas.


Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ también pueden ser consultados en
www.salvatoremancuso.com

1 comentario:

  1. Hermano, me encantó su página. de verdad que siempre las propuestas así deben ser bienvenidas.
    Yo intenté hacer algo desde mi país. Pero en eso estoy, intentando. Los procesos son distintos y las intenciones de los actores otras.
    Pero aquí estamos.

    Con mucho aprecio desde Venezuela

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