octubre 18, 2005

El ‘Plan Patriota’ es apenas un ‘Plan Suicida’ si no va acompañado de una ofensiva diplomática a gran escala del Gobierno colombiano

El narcotráfico mundial es la única causa objetiva del conflicto armado

Colombia, 18 de octubre de 2005


Así la veo yo


Por RUBIÑO


Si de decir la verdad se trata digamos primero la más grande de todas: el narcotráfico mundial es, aquí y ahora, la única causa objetiva del conflicto armado colombiano. No le demos más vuelta al asunto ni busquemos otras causas objetivas propias del siglo 19 o del 20. El tercer milenio ya llegó y promete ser largo para perderlo en bobadas.

Si de justicia se trata comencemos por abolir todas aquellas leyes que convierten en delito aquello que bien podría no ser considerado tal –caso del narcotráfico- con fundamentos científicos y múltiples ventajas sociales y económicas debidamente expuestas, sustentadas y cuantificadas ante las Naciones Unidas.

Si de reparación se trata tengamos a bien considerar que entre los estratos 1 al 3 sólo hay víctimas, y que entre los estratos 4, 5 y 6 nadie está exento de alguna culpa y algún impuesto de paz tendrá que pagar si quiere disfrutar su estrato y no padecerlo por algún tipo de inseguridad. No olvidar, además, que el Estado desertor de sus responsabilidades es el gran victimario. El único además que está en condiciones de suscitar y recibir apoyo estatal internacional para pagar sus enormes ‘deudas internas’ con la población colombiana, particularmente con el estrato 1, 2 y 3, en las áreas rurales y urbanas.

Dicho lo anterior aquí va el acertijo para el Gobierno y las AUC en estos tiempos de la enésima crisis: “Dime dónde tienes puesto tu corazón y te diré dónde están tus verdaderos intereses”.

El Gobierno ha advertido a las AUC –con retórica sibilina más propia del oráculo de Delfos que de una ‘negociación de paz’- que solo si hay seriedad habrá credibilidad y solo con credibilidad habrá seguridad jurídica. Algo así como decir: ‘ni sí, ni no a la extradición de los ex comandantes –y las otras ‘vainas’- sino todo lo contrario’. Que tal vez sí o tal vez no. Al fin de cuentas ni los EEUU ni Europa apoyan el Proceso como apoyaron el Caguán. Y Gina Parody tampoco. En esto de la famosa declaración se le fueron las luces al Gobierno. Precisamente cuando más falta hace la luz y la claridad.

Las AUC bien podrían decir –con sabiduría campesina y naturalidad criolla- que si los acuerdos entre las partes no son claros y explícitos –y ante testigos por encima del bien y del mal, a la altura del Papa, del rey Juan Carlos de España, o de Bill Clinton, por ejemplo- nunca habrá credibilidad política nacional –y mucho menos internacional- por la sencilla razón de que no existirán elementos objetivos que medir sobre los cuales los ilustres testigos puedan dar fe del cumplimiento de lo acordado.

Se equivocó feo el embajador de EEUU cuando ‘decretó’ antes de tiempo –hace 90 días- el final de Santa Fe de Ralito. Pero también se equivocaron quienes permanecían sentados en la Mesa –Gobierno y AUC- al intentar llevar a la práctica aquella recomendación. Es hora de que no solo se facilite a ‘Adolfo Paz’ volver a la Mesa sino que la Mesa vuelva a funcionar. Entre otras cosas, para ‘descongelar’ las desmovilizaciones pero también para comenzar a preparar los Acuerdos Finales de Paz todavía sin escribirse, los mismos que deberán ser firmados con todas las de la ley, si quieren merecer la aprobación nacional e internacional y el consiguiente seguimiento y evaluación. Porque la Ley de Justicia y Paz podrá caerse en la Corte Constitucional, o en el mismo Congreso ser remendada hasta convertirse en su opuesto, pero los Acuerdos Finales de Ralito han de ser Palabra Sagrada entre las partes, ante Dios, Colombia y el mundo.

De la crisis no se puede salir con ganadores y perdedores entre las partes. La ganadora debe ser la Mesa de Negociación, la metodología adelantada en Ralito por tantos meses y abandonada durante prácticamente todo el 2005, vaya a saber Dios por cuáles razones. Lo malo no son nunca las ‘filtraciones’ ni los ‘golpes sobre la mesa’. Lo realmente malo es que no haya nada que filtrar porque ni siquiera hay ‘mesa’ ni comensales, ni invitados. Quienes pensaron que habría boda en secreto y fuga clandestina de los novios se equivocaron. Habrá boda formal, habrá ceremonia, habrá compromisos y habrá testigos. Ojalá también haya amor, porque si solo hay política, no pasará de un ‘matrimonio de conveniencia’, de esos que pueden servir para obtener la visa, pero nunca una alianza de mutuo respeto. Al menos yo quisiera esperar esto, porque de otro modo solo cabe esperar lo peor.

La cuestión de la ‘seguridad jurídica’, en cambio, no tiene remedio sino en el campo de la fe. En sí mismos y en Dios, quienes creen en Dios. La misma fe que tuvo en su momento Salvatore Mancuso –sin la cual jamás se habría desmovilizado. La enorme fe que tuvieron Vicente Castaño, y el mismo ‘Adolfo Paz’ y los demás comandantes de las AUC ya desmovilizados. La ‘seguridad jurídica’ no existe. Ni el mago que la saque de la galera. Quien la busque más allá de unas mínimas garantías legales solo encontrará el desierto y las tormentas de arena. La tan mentada ley de Justicia y Paz puede ser vuelta añicos en poco más de un par de sesiones de la Corte Constitucional, incluso en menos. Por eso nadie tiene que sorprenderse si las AUC están dispuestas a desmovilizarse pero no a inmovilizarse. Entregan sus armas pero no sus genitales, ni su inteligencia.

Es bueno que el Estado Mayor Negociador de las AUC se convenza a sí mismo que así como tuvo el valor de enfrentar a las guerrillas cuando el Estado desertor tenía abandonados a los colombianos, hoy es el día de confiar en sí mismos otra vez –esta vez para la paz- y de dedicar todas sus horas a ganarse el corazón de los colombianos y colombianas. En el corazón de millones de compatriotas reside la única seguridad que vale la pena, no la seguridad jurídica que son papeles que trae y lleva el viento –o los Gobiernos de turno, que no es lo mismo pero es igual- sino la seguridad de los sentimientos nobles y las manos amigas.

Si alguien osara en el futuro traicionar los acuerdos de paz tendría que vérselas con esos corazones y sentimientos y esas manos amigas. No hay mejor política que la que echa raíces en el Pueblo, ni mayor garantía que haberse ganado el corazón de la gente. Y esto hasta el último suspiro de vida.

El proceso de paz con las AUC no puede volver hacia atrás –y en este sentido es irreversible. Pero el proceso de paz con las AUC sí puede romperse –y en este sentido no es irrompible. La diferencia es sutil y significa que la Historia no tiene reversa; sin embargo, el futuro está en continua gestación y es pura creación, pura posibilidad. Ningún determinismo histórico asegura el triunfo de las guerrillas; pero también es cierto que ningún gobierno ha hecho durante suficiente tiempo, lo suficiente por derrotarlas. Y si se lo ha propuesto no lo ha puesto en práctica. No suena descabellado pensar que cuatro años más de ‘Uribe presidente’ tampoco alcancen la meta de acabar con las guerrillas. Si más de tres años de ‘seguridad democrática’ no han servido para acabar ‘con lo que queda del ELN’ nadie puede asegurar –en su sano juicio- que cuatro años más acabarán con las FARC. A menos que alguien tenga el dato irrefutable –la gran primicia- de que los EEUU y Europa utilizarán sus multinacionales para producir y comercializar cocaína, ‘desmovilizando’ el gran negocio que las leyes han creado con su puritanismo no exento de vanas y desmedidas ambiciones.

En el gran negocio del narcotráfico mundial reside la única ‘causa objetiva’ del conflicto armado colombiano. El conflicto armado colombiano es apenas un ‘daño colateral’ que padecen los colombianos. Si queremos ser ‘serios’ no nos digamos más mentiras. Y solo si no decimos más mentiras seremos finalmente ‘creíbles’. No sé si por decir la verdad y ser creíbles tendremos ‘seguridad jurídica’ pero al menos la inseguridad no será tan mentirosa y cobarde. Con razón –y porque era conciente de las dificultades humanas- Jesucristo aseguraba que ‘la verdad nos hará libres’. Seguramente intuía en su divina sapiencia que los seres humanos anhelamos la libertad pero no siempre estamos dispuestos a pagar el precio que tal libertad supone.

Es discutible hoy –y no resiste ciencia alguna- que sean la miseria y la exclusión política de las mayorías la ‘causa objetiva’ de la que han nacido y perduran las guerrillas. Tiende a prevalecer en estos tiempos el argumento contrario: son las guerrillas, con su extremismo militarista y su desborde terrorista, quienes impiden la paz donde florezca la economía y sea posible la ampliación de la democracia. Lo que sí es cierto es que la ‘causa subjetiva’ de quienes deciden irse al monte y desatar la guerra reside en la voluntad de los líderes guerrilleros. Voluntad libre que escoge un modo de vida y un riesgo de muerte donde prima lo propio sobre lo ajeno, los individuos sobre la sociedad. Se pueden remediar, someter a la crítica y quitarle sustento a las ‘causas objetivas’ pero las ‘causas subjetivas’ permanecen incólumes ya que radican en la libertad del ser humano. Por esto mismo el argumento del Gobierno pretendiendo que el ‘acuerdo humanitario’ se someta al compromiso de los guerrilleros liberados de no ‘volver al monte’ es contradictorio y falto de ética republicana. Es como si las FARC pusieran la condición de que Íngrid Betancur no haga política en contra de las guerrillas y que ninguno de los secuestrados firme jamás una declaración contra el secuestro, ni mucho menos se vaya a convertir en informante, ‘autodefensa’ o ‘soldado campesino’.

Lo que hagan los guerrilleros con su libertad –mientras estén libres, o hayan sido liberados- es su responsabilidad y su riesgo. Así funcionan las democracias, en un marco de incertidumbre, es cierto, pero privilegiando siempre la libertad. Y aplicando los castigos de las leyes cuando se cometen delitos.

Traigo a colación el asunto de la libertad y su correlato de responsabilidad personal y social porque suelen menospreciar los analistas políticos del conflicto la cuestión de las ‘causas subjetivas’. Son precisamente las ‘causas subjetivas’ –a diferencia de las ‘causas objetivas’- las que por estar encarnadas en los individuos son más reacias a ser abandonadas. De alguna manera se han incorporado al ser y despojarse de ellas es como partir, ‘morir un poco’.

Si la única razón objetiva del conflicto armado colombiano es el negocio del narcotráfico, y su ‘legalización’ posibilidad abierta solamente a EEUU y las grandes potencias occidentales ¿tiene sentido que Colombia se desangre inútilmente? y se descapitalice económicamente destinándole tantos recursos a la guerra sin al menos, iniciar paralelamente, una ofensiva diplomática gigantesca –la más grande de la historia nacional- para que el narcotráfico sea declarado un negocio legal (alternativa 1) y, mientras eso se decide, instrumenta y aplica –sean los recursos internacionales de EEUU, las potencias occidentales y Naciones Unidas- quienes se hacen cargo del costo de esa guerra en Colombia (alternativa 2).

Porque cuidado, quienes viven obsesionados por la ‘paramilitarización’ del país no ven, o no quieren ver, que mientras exista el narcotráfico ilegal enquistado en Colombia no sólo existirán las FARC, ELN & Co., sino también las debilidades y corruptelas del Estado y la Justicia colombianos sin las cuales ni el narcotráfico ni las guerrillas podrían existir.

El asunto es así: Mientras haya negocio ilegal de narcotráfico en EEUU y Europa, habrá guerrillas dizque ‘revolucionarias’ en Colombia, y un pueblo entero puesto en condiciones de ‘delinquir’ o ‘hacer como que no ve’ –¿o emigrar? En estas condiciones nunca habrá suficiente Estado social de derecho para cubrir íntegra e integralmente el territorio nacional.

Es en este caos donde germinan las ‘causas objetivas y subjetivas’ de las autodefensas.

Que nadie se sorprenda entonces de las nuevas generaciones ‘paras’ que ya vienen asomando. Mucho menos quienes no quieren –ni dejan- poner de pie al Estado colombiano, preocupados como están por sus curules, o por ganar ante los ojos de Amnesty International o de Wall Street, lo mismo da.

El día en que Colombia se vea a sí misma con ojos colombianos ese día será otro día, y la Independencia habrá tenido sentido finalmente para sí y para el mundo.
Con Colombia se podrá siempre contar, pero ya no para ‘jugar’ con ella y, mucho menos, ahogarla en sangre.

Seamos serios, ni más faltaba, pero también seamos claros.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ pueden ser consultados en www.salvatoremancuso.com

1 comentario:

  1. Viva la Impunidad: desde cuando es un proceso de paz donde no se les puede preguntar a los verdugos quièn los mandó matar?. Porque los jefes de los verdugos son los militares y políticos que ahora los absuelven... y a tapar todo con tierrita y a gritar vivas a Uribe. La ley es para los pobres, la impunidad para los hampones asesinos como Uribe (y su padre) y los sabas y demás empresarios de la importación que se van a llenar los bolsillos con el TLC. ¡POBRE COLOMBIA!

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