octubre 26, 2005

La guerra amenaza ser larga
y sin DIH somos ‘hutus’ contra ‘tutsis’

A la paz de Colombia le hacen falta ‘tercerías de lujo’

Colombia, 26 de octubre de 2005



Así la veo yo (33)


Por RUBIÑO



El Gobierno ha logrado su objetivo de instituir la reelección inmediata. Habrá que ver en las urnas si será Uribe quien protagonice el estreno o, si por esas ironías de la vida, habrá hecho el gasto para que otros disfruten la fiesta. Por allí se los ve a Peñalosa y a Mockus con muchas ganas de bailar.


Está claro que Uribe llegará a la hora de los comicios sin haber ganado ninguna guerra. Eso estaba en los cálculos de casi todos. También está, más o menos claro, que las AUC habrán completado para esa fecha su proceso de reincorporación a la vida civil, si no al 100 por ciento, al menos en un porcentaje considerablemente alto. Esto muy pocos lo veían posible al comienzo de su mandato. Podemos apostar sin temor a equivocarnos que el ELN le dirá que no a Uribe por ‘elenésima’ vez y que ‘Raúl Reyes’ le dará en abril una entrevista más a Yamid anunciando que si Uribe gana las elecciones las FARC ven prácticamente imposible el canje humanitario, y que, en cambio, si César Gaviria los visita tal vez la historia de Pastrana pueda repetirse. Manifestará también ‘Reyes’ que Horacio Serpa puede ganarse su lugar en la historia y que esta vez no lo recibirán a tiros como la última vez.


Ante esta ‘película de horror’ que se avecina –previsible y aburrida- los bloques AUC que aún no se han desmovilizado podrían proponerse ante Uribe como ‘voluntarios’ de guerra dispuestos a ponerse a las órdenes del Estado con la finalidad de que la guerra que se viene no afecte la capacidad productiva y la infraestructura básica de energía, comunicaciones y transporte. Unos diez mil hombres y mujeres pagarían así sus penas alternativas y le darían a la justicia transicional una cuota de realismo y practicidad que no sería sino bien recibida por la mayoría de los colombianos respetuosos del Estado y las instituciones democráticas. Ante un ofrecimiento así no faltarían las caricaturas en El Tiempo y Semana jugando humorísticamente con que las AUC se convirtieron en las AUV. Seguramente, pero es hora de que los colombianos resolvamos nuestros problemas yendo a los contenidos y menos a las formas. Siempre dentro de la legalidad, eso sí.


Hay quienes insisten en ver en el proceso de paz con las AUC un proceso de impunidad, lavado de activos y ‘paramilitarización’ del País. Las ‘supercalificadas’ voces críticas estaban en la misma posición al inicio de los diálogos hace tres años y allí siguen ahora en las vísperas del exitoso final del proceso. Nada ha cambiado en quienes parten de sus ‘medias verdades’, en quienes privilegian su visión sesgada. Allí están firmes en sus búnkers y en sus ‘máquinas de manipular’ los dueños del cuarto poder, los dirigentes del oficialismo liberal, los ‘Petro’ y las ‘Piedad’ de turno, los ‘Molano’, los ‘Pinzón’ y los escribas de ANNCOL, abiertos las 24 horas para ‘vender’ sus recetas de ‘solución política negociada’, y sus elixires de larga vida para la ‘eterna juventud de las guerrillas’. Lo bueno de que se repitan en sus argumentos es que cada vez resulta más sencillo advertir dónde está el dedo en la llaga y dónde está la manipulación. Porque esto también es cierto: ‘no hay herejía que no tenga su parte de verdad’, de lo contrario se desacreditarían demasiado rápido, nadie les ‘pararía bolas’ y perderían su efecto anestesiante.


Veamos lo de la impunidad. Es apenas obvio que lo que la Justicia no pruebe ni condene quedará ‘impune’. No son los periodistas, ni los políticos quienes juzgan y condenan, sino los Jueces. Esto es parte esencial del Estado social de derecho. Lo contrario sería la dictadura de los medios de comunicación, o la dictadura del oficialismo, o de la clase política, cuando no la de los enemigos militares, personales o sociales.


Para contrarrestar esto las AUC podrían manifestar sus verdades de a puño ante el mismo Benedicto XVI en el Vaticano, para que solamente sean conocidas dentro de cien años, o cuando se acabe el conflicto armado, lo que suceda primero. Nadie en sus cabales puede imaginar que un actor del conflicto cuente toda su verdad al mundo cuando la guerra prosigue y lo que uno vaya a decir se convierta ipso facto en argumento para los adversarios políticos, arma para los enemigos guerrilleros y condena a muerte para los suyos. Aquí el criterio sería: Ante Dios no nos podemos mentir, ni callar la verdad, ni decir la verdad a medias. Pero ante los hombres… la verdad sólo hay que decirla en el lugar preciso, cuando sea estrictamente necesario y conveniente para el bien común.


¿De qué lavado de activos estamos hablando en el caso de las AUC? Aquí cabe lo dicho más arriba. Ahora bien, si algún ciudadano, o la gran prensa, o los mismos guerrilleros no creen en la Justicia colombiana pues que dirijan sus críticas –y su aporte de soluciones- a dónde deben dirigirlas. Resulta cuanto menos curioso que en estas materias coincidan, en contra del proceso de paz con las AUC, los dueños del poder mediático con los viudos del poder liberal oficialista y estos a su vez con los ventrílocuos de las FARC y del ELN. ¿De dónde nace tan arraigada animadversión con relación a las Autodefensas? ¿Será que denigrar a las Autodefensas vende en el mundo del periodismo y la publicidad? ¿Será que atacarlas verbal y públicamente produce réditos grandes en el mundo falaz de ‘lo políticamente correcto’?


Para enfrentar esta situación las AUC podrían producir una declaración de bienes ante la DIAN, no a título personal de cada ex comandante, sino a título de la ‘persona jurídica AUC’, organización no gubernamental de hecho. Sobre estos bienes cabría el pago de impuestos si no los ha habido, y también, cabría la entrega de una parte de los bienes e impuestos inherentes para el fondo de reparación colectiva. Aquí el criterio sería declarar que ‘nadie expropió para sí mismo’ pero que la ‘persona jurídica AUC’ sí produjo expropiaciones de hecho no para fomentar ninguna contrarreforma agraria –que jamás estuvo en sus intenciones ni en sus posibilidades- sino para permitir una acumulación de bienes que hiciesen sostenible el desarrollo de sus actividades como actor del conflicto. Conflicto que como todos aprecian hoy va a ser de largo e incierto final. De otra manera no estuviesen saltando al campo de batalla nuevas generaciones de autodefensas. Hecho lamentable –lo de acumular bienes para la guerra- en el que incurren a diario las FARC y el ELN ¿o acaso los territorios que ocupan, o de los que se lucran las guerrillas, lo ha sido por concesión del Gobierno o de la comunidad? Aquí el criterio sería admitir lo admisible para que las AUC no padezcan de por vida las calumnias de sus enemigos ni las insidias de sus adversarios. Y sobre todo para que el concepto de reparación adquiera visibilidad en el cuerpo social y marque un antecedente importante que deban respetar las FARC y el ELN más adelante.


Sobre aquello de la supuesta ‘paramilitarización del país’ tan del gusto de los nostálgicos del ayer, como el ‘desmemoriado’ dueto César y Horacio, también coinciden los mismos con las mismas. Uno ya no sabe quién le copia a quién y dónde radican los intereses que les hacen confluir en las mismas monsergas y difamaciones, que luego amplifican internacionalmente HRW y Amnesty Internacional. Aunque cada vez menos los europeos y los norteamericanos le comen cuento a la dualidad local del establecimiento-contraestablecimiento colombiano. Como si lo que Uribe no ha logrado avanzar en su proceso de persuasión con estos ‘grupos de de-presión internos’, sí lo esté comenzando a lograr, aún tibiamente, con la Comunidad internacional que finalmente se está inclinando por ver con sus propios ojos. Si no fuera así Pastrana no estaría hoy en Washington, y Noemí hace rato que hubiera salido de Madrid. Ambos son políticos, no fakires.


La ‘solución política negociada’ (la panelita que cura todos los males) está cada vez más lejos. Lo de ‘Francisco Galán’ y su ‘Casa de Paz’ es un intento válido, bienintencionado, pero destinado al fracaso. No por la buena voluntad de ‘Galán’ y del Gobierno sino por la ‘inexistencia’ del ELN como actor autónomo del conflicto. En otras palabras, el problema del ELN reside en que ‘tiene patrón’. Es más fácil imaginarse a ‘Galán’ residiendo en Europa, muy próximamente, premiado por su buena fe, que a ‘Antonio García’ firmando su sometimiento a la Ley de Justicia y Paz. A menos que logre ‘Galán’ propiciar que una disidencia del ELN se salga del monte y se aloje con él en la ‘Casa de Paz’. En ese caso, tal vez con un par de habitaciones más sería suficiente, en Colombia o en el exterior.


La ‘solución política negociada’ (el maná que cae del cielo) está cada vez más lejos porque ya la ‘política’ no es lo que rige los comportamientos de las guerrillas. La guerra ocupa todo el espacio que no les quita el gran negocio del narcotráfico, y las cajas menores del secuestro y la extorsión, que exigen más estudios de finanzas capitalistas que de economía política de Marx. La política está desaparecida y es una más de las víctimas del conflicto en las filas de las FARC y del ELN. El discurso político hace años que sobrevive solamente en algunos columnistas que se quedaron en los ’60 y los ’70 sin otro objetivo que abrazarse a la nostalgia de lo que pudo haber sido y no fue. El eslogan de la solución política negociada sí que lo repiten de vez en cuando los cabecillas guerrilleros solo cuando hay Prensa, cámaras, micrófonos o diplomáticos de por medio. Es un tic que no se les ha podido quitar. O algo peor, una mentira que están condenados a repetir. Al mejor estilo del nazi Goebbels los ‘Reyes y los García’ se solazan con su ombligo y creen que una mentira repetida miles de veces se convierte en ‘verdad’.


La ‘solución política negociada’ (vista desde la perspectiva de Uribe) ha sido sustituida por la ‘rendición disimulada pero incondicional’ oculta entre los pliegues de la Ley de Justicia y Paz. Si no hay tal rendición, no habrá tal negociación. Nadie cantará victoria, ni nadie llorará sus penas, pero todos sabremos quiénes habrán perdido.


Pero como en Colombia al menos, ‘perder es ganar un poco’ siempre habrá lugar para ‘Casas de Paz’, ‘Aldeas de Paz’, ‘Albergues de Paz’, que disimulen el orgullo herido y consuelen la libertad perdida por los ex comandantes de uno y otro bando, que al menos por un tiempo habrá que sacrificar, en aras de acuerdos internacionales que algún día habrá que revisar, antes que los colombianos lleguemos al extremo de que sean los europeos y los norteamericanos quienes nos gobiernen. ¿O ya llegamos a esa situación?


Así las cosas, solo cabe esperar la escalada de la guerra hasta que unos u otros hayan vencido en el monte –que es donde se ganan las guerras- o unos u otros se resignen a la ‘mesa de negociaciones’ donde se disimulan las derrotas. De esto saben bastante los ‘Navarro’ y los ‘Petro’. Aunque este último esté convencido que ‘ellos’ siguen la lucha contra el Estado y ahora el Congreso es su Sierra Maestra de la Cuba de Fidel.


Las AUC visualizaron primero que las FARC y el ELN que el ‘empate técnico’ se transformaría en algún momento en una ‘derrota inevitable’. Fueron inteligentes y se anticiparon a sus enemigos, que en su momento deberán aceptar las mismas reglas de juego, o si logran mejorarlas en el futuro, mejorarlas también –muy a su pesar- en beneficio de sus archienemigas AUC. ¿O acaso lo que logren –siquiera hipotéticamente- ‘Galán’ ahora, o Álvaro Leyva más adelante no beneficiará a las AUC? Imposible que no.


Las AUC entraron en la guerra cuando no había otro remedio que entrar y supieron salir cuando aún era el momento. Demostraron más cintura política y mejor respuesta física y mental que las FARC y el ELN.


Bien puede decirse que las AUC ganaron la guerra que les tocó pelear y también ganaron para Colombia la porción de paz que están en condiciones de ofrecer. Tras su inevitable ingreso a la política, cuando llegue el momento de recibir a las FARC y al ELN a la civilidad y a la política, las FARC y el ELN tendrán que pasar por el mismo calvario que hoy pasan los comandantes de las AUC, a menos que sean –vean la paradoja- los ex AUC ‘y su millón de amigos’ quienes alcen su brazo clemente en el Congreso de la Nación.


A menos que prefieran las guerrillas seguir su guerra hasta el final y volverla su medio de vida y de muerte. ‘Cada loco con su tema’ dice el refrán.
De aquí en adelante, aceptada la ‘muerte clínica de la solución política negociada’ tal como la entienden –en su versión chantajista y criminal- las FARC y el ELN, la primera prioridad nacional pasa a ser la libertad de los secuestrados, canjeables o no, políticos o no.


Como la guerra promete ser larga, tocará revisar el concepto de seguridad democrática y comenzar a razonar en términos más concretos y menos etéreos donde quepan metas impostergables –y medibles- en términos de seguridad urbana, seguridad rural y seguridad en las fronteras.


Mientras eso se va logrando el presidente Uribe, o quien lo suceda en 2006, deberán responder al clamor popular e internacional por la libertad de todos los secuestrados. Y esa tarea comienza hoy, no mañana. Uribe dispone de la ventaja decisiva. Es el Presidente en ejercicio –no solo un candidato más. Pero esa ventaja es también su gran desventaja en la medida que no produzca hechos, no demuestre su voluntad y su trabajo característicos, en la dirección de lograr la libertad de todos los secuestrados. Los otros candidatos dirán que no tienen el poder, pero Uribe sí lo tiene.


Colombia y el mundo podrán entender que ante las FARC y el ELN no haya sino la opción de que se sometan a la Ley de Justicia y Paz, o continuar la lucha contra ellas en el marco del DIH y las reglas democráticas. Finalmente, para el mundo civilizado occidental –al que pertenecemos por historia y vocación- la Democracia tiene sus reglas y los enemigos sus castigos establecidos en la Ley. A estos efectos que sean guerrilleros, terroristas, o autodefensas da lo mismo. Se juzgan los delitos en las personas de quienes los cometen, no en función de los calificativos que se les endilguen, o que ellos mismos se atribuyan.


Lo que nadie entendería –y tampoco estaría dispuesto a perdonar- ni en Colombia ni en el mundo, es que el Gobierno colombiano no agotase todos sus esfuerzos para que los secuestrados vuelvan vivos a sus hogares.


Si Uribe no comienza ya a ‘darse la pela’ por la libertad de los secuestrados y logra convencer a propios y extraños, laicos y religiosos, nacionales y extranjeros, que más importante que su reelección es la libertad de los secuestrados, recibirá el castigo en las urnas, pondrá en riesgo su reelección, afectará su gobernabilidad, y lo que es peor: pondrá en peligro el resultado de la guerra y la democracia de los colombianos.


Ante estas perspectivas nada halagüeñas bien hacen las AUC que resisten en la Mesa de Ralito en seguir insistiendo en su derecho a ser escuchados nacional e internacionalmente.


Las AUC no pueden levantarse de la Mesa ni acogerse a la Ley de Justicia y Paz sin que le quede bien en claro a Colombia y al mundo lo que está en juego. Y a ellas mismas lo que les espera dentro o fuera de Colombia.


Si el Gobierno necesita cuatro años más para hacer en ocho lo que no pudo en cuatro, bien pueden las AUC –muy respetuosamente- solicitar el tiempo adicional que consideren necesario, y no morir de vergüenza y arrepentimiento mañana por atarse a los plazos hoy, sino vivir con la cabeza erguida por el resto de sus días.
Mientras tanto, mientras se abre a la mediación de terceros la Mesa de Ralito, que el Gobierno le dedique todas sus energías a conseguir la libertad de todos los secuestrados. Y que el mundo lo sepa, lo palpe, lo vea.


Si no lo hace, todo habrá sido en vano, incluso la desmovilización de las AUC.
La pelota está hoy fuera del terreno de juego de Santa Fe de Ralito. ¿Habrá algunos ‘terceros’ que acerquen algún balón para que el partido pueda continuar?
Y que sean esos mismos ‘terceros de lujo’ quienes reúnan en su misión salvadora los tres ejes principales de la hora presente:

1. Libertad de todos los secuestrados.
2. Santa Fe de Ralito y las AUC.
3. ‘Francisco Galán y su Casa de Paz.

Algunos prefieren dividir los problemas y aislarlos entre sí. Me permito disentir: no son tres problemas distintos. Son tres manifestaciones del mismo problema. Y no son las únicas, claro.


Pero si comenzamos por éstas, aún estamos a tiempo, de evitar la guerra que se nos viene, frente a la cual, las tragedias pasadas habrán sido simples dolores de cabeza.


Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ pueden ser consultados en

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2 comentarios:

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