octubre 04, 2005

Por la pronta y merecida libertad de ‘Adolfo Paz’ La política debe ganarle la batalla decisiva a la guerra

Colombia, 4 de octubre de 2005

Así la veo yo


Por RUBIÑO

Por ahora priman la sorpresa y el desconcierto pero pronto se verán por doquier, sobre las paredes y en las pancartas, también en las autopistas de internet, los pedidos de libertad por ‘Adolfo Paz’, convertido por los azares de la política nacional e internacional, en el preso político emblemático de las AUC. Esto puede darle un vuelco no solo al proceso de paz con las AUC sino también a la visión que desde el exterior se tiene sobre su seriedad y sus alcances.

A Dios le pido porque las AUC no sientan lo de ‘Adolfo Paz’ en Cómbita como una ‘puñalada por la espalda’ –algo más grave que el incumplimiento de lo acordado en la Mesa-, sino como otro desafío que hay que superar. La hora requiere que se hagan supremos esfuerzos por su pronta ‘libertad condicional’ y la de todos aquellos que –guerrilleros o autodefensas- quieren construir la paz.

El Gobierno nacional tiene sus razones y medita también sobre sus costos políticos. Es inevitable. Y sería carente de realismo pedirle al Gobierno lo que el Gobierno no puede dar.

Sin embargo, Colombia no puede estar condenada a la guerra por la debilidad de sus Gobiernos. Colombia tiene que hacerse oír en el mundo de tal manera que el mundo entienda finalmente sus razones.

Cuando las AUC aceptaron el llamado del Gobierno nacional a entablar negociaciones de paz sabían que las dificultades serían enormes. Andrés Pastrana, conservador de estirpe -en las antípodas de la ideología que dicen tener las FARC- pudo darse el ‘lujo’ de ser generoso con las FARC. A nadie se le iba a ocurrir pensar que se trataba de complicidad. ¡Qué va!, lo de Pastrana fue tenderle la mano al hasta entonces ‘enemigo’. Álvaro Uribe -quien comparte buena parte del universo ideológico de las AUC (las cuales han sido pre-uribistas desde su nacimiento)- no puede darse siquiera el ‘lujo’ de tener una mínima consideración con las AUC –ni hablar siquiera de visitarlas en Ralito-. Eso sería visto como complicidad, y por lo visto, de ahí a estar en Cómbita –incluso para el hoy Presidente- hay un paso. Para empujarlo no faltarían los Petro, Córdoba, Amnesty, Vivanco y compañía. Como vemos, ‘lo políticamente correcto’ acompañó a Pastrana hasta el final del Caguán. Por el contrario, Uribe carga desde el comienzo con el peso de lo ‘políticamente incorrecto’. Y no habrá Cómbita que cambie las cosas, porque así funciona el mundo de la política.

El 11 de septiembre de 2001 marcó un antes y un después definitivos en la consideración de la violencia organizada ‘paramilitarmente’ –de izquierda o derecha- utilizada como arma política. Aunque algunos insistan en lo contrario la realidad es que de aquí en adelante las armas juegan en contra, no solo de las AUC, sino también de las FARC y del ELN.

Hoy las AUC se anticipan al tratamiento que también recibirán las FARC y el ELN, así como las antiguas y nuevas fuerzas que se sumen al conflicto armado colombiano desde la ilegalidad.

Haber sido las AUC los primeros ‘negociadores políticos’ de la nueva época –post 11 de septiembre de 2001- las enfrenta crudamente con el efecto contrario al deseado, al haberse invertido las agujas de la Historia. Ahora, quienes proponen la paz y piden las concesiones consiguientes, reciben el tratamiento duro, no la palmadita en el hombro que recibieron al desmovilizarse el EPL, el M-19 y la Corriente de Renovación Socialista o el Quintín Lame. O los guerrilleros de Centroamérica.

La era de las negociaciones políticas con los guerrilleros, ‘contras’ o autodefensas se terminó. Lo sienten en carne propia las AUC, pero también lo sentirán en su momento las FARC y el ELN. Con Uribe o sin Uribe, porque esto no se lo inventó Uribe, ni morirá con él. Que no se engañen los amigos de las FARC y del ELN enlodando el proceso de Uribe con las AUC. Están escupiendo hacia el Cielo y esa saliva les caerá en la cara en su debido momento. Ningún colombiano olvidará los palos en las ruedas de la paz atravesados en la Mesa de Ralito.

Las condiciones que presenta la ley de Justicia y Paz son todavía benévolas si las evaluamos en función de lo que vendrá después. Quienes recomiendan al ELN y a las FARC esperar un régimen legal más benigno, o no saben lo que están diciendo, o persiguen el propósito de ‘monopolizar’ la izquierda democrática colombiana ahuyentando a los guerrilleros hacia el monte. Lo mismo pretenden algunos con las autodefensas, en este caso, con el perverso propósito de que sigan siendo éstas quienes suplan las todavía inocultables deficiencias del Estado a la hora de llevar a la práctica su loable –pero todavía falto de madurar- concepto de seguridad democrática.

El resultado es que el terrorismo seguirá haciendo de las suyas en los diversos rincones de Colombia. Las razones de guerra se impondrán sobre las razones de paz. Y no habiendo perdones ni consideraciones especiales para quienes dejen las armas, el incentivo por seguirlas empuñando seguirá primando. Al menos mientras exista el narcotráfico en la categoría de descomunal negocio y las debilidades del Estado sean tan ostensibles en vastas zonas del País.

La dirección de la coyuntura indica recrudecimiento de la violencia, crecimiento de las hostilidades y golpes muy duros a la credibilidad de los gobernantes que prometan una pacificación total e inminente.

Estas perspectivas no deben cambiar el rumbo de las AUC en la antesala de su desmovilización total, pero deben servir de acicate para redoblar sus esfuerzos en la dirección política. No se trata de ser dogmáticos –ni demasiado visibles ni previsibles a los ojos de los enemigos- sobre los caminos a seguir, pero sí se trata de ser pragmáticos y consecuentes con los postulados que movieron a sentarse en la Mesa de Negociación, aun a sabiendas que los tiempos no serían de negociación sino de imposición, y la ñapa mínima de alguna que otra gracia que el Gobierno y el Congreso estuvieran dispuestos a dar.

Dejen las AUC que la violencia siga su curso sin pretender detenerla un solo día más por vías ilegales y trabajen día y noche por el fortalecimiento del Estado y la democracia. Abandonen la idea de suplir al Estado y conviértanse en defensores de la sociedad desde lo civil. Ábranse caminos en la política y lleguen por vías democráticas e inobjetables a conducir los resortes del Estado.

De ahora en más el poder de las AUC será inversamente proporcional a las armas que manejen y será creciente en la medida en que interpreten fielmente el clamor de la sociedad por paz, democracia, crecimiento, bienestar y seguridad.

Cuando finalmente las AUC –mal que le pese a sus detractores y enemigos- sean fuertes en los Gobiernos nacionales y departamentales, regionales y locales, será el momento de volver a enfrentarse con la subversión armada y con lo que quede de las FARC y del ELN en pie de guerra. Volverán a encontrarse con la subversión remanente pero será desde el Estado y con los votos de los colombianos y las armas de la institucionalidad.

Para entonces –dramáticamente- habrán muerto millares de colombianos más, millares de colombianos que nunca imaginaron que el 11 de septiembre de 2001 y el negocio del narcotráfico serían fatales para Colombia y sus procesos de paz. Se clausuraron las vías de los procesos de paz al poner como destino de los jefes desmovilizados la cárcel, y como consecuencia se ha escalado una lucha a muerte contra guerrilleros y autodefensas. De la otra parte los guerrilleros se abrazaron más fuerte que nunca antes al narcotráfico. Y las nuevas generaciones de autodefensas ilegales tendrán fatalmente que hacer lo mismo. Porque, además, tampoco se abren las compuertas para negociaciones de sometimiento con los ‘narcos’. Es decir, todo va en la dirección de la guerra interminable. Y es para eso que habrá que estar preparados. No con armas los civiles, pero sí con política, y de la buena, que hará mucha falta.

Solamente las AUC produjeron el milagro en Colombia de ofrecer y dar la paz en medio de la guerra. Y se mostraron dispuestas a entregar, unos tras otros, todos sus fusiles, en condiciones más desventajosas que nunca antes un actor armado del conflicto. Pero este milagro difícilmente se repetirá. Los comandantes Castaño, Mancuso y ‘Adolfo Paz’ entre otros de las AUC, no son fáciles de replicar ni en las guerrillas ni en otras autodefensas. Las AUC hubiesen podido avanzar en lo suyo, descartar el inicio de negociaciones de paz y hoy las AUC se hubieran convertido en un dolor de cabeza tremendo no solo para Colombia sino también para Latinoamérica. Porque poderosas en lo económico y en lo militar, valientes frente a la criminalidad de las guerrillas, realistas ante la ausencia de pies sobre la tierra de las izquierdas y creativos ante la debilidad pusilánime de los Estados, una fuerza diferente de orientación cristiana y valores antagónicos respecto del marxismo y del capitalismo salvaje hubiese sembrado vientos que difícilmente no se habrían convertido en tempestades. Afortunadamente no fue así, pero lo que un día se insinuó bien podría concretarse con otros nombres pero en la misma dirección. Para evitar esto la política debe ganarle su batalla a la guerra.

Por fe en Colombia y voluntad de paz, ‘Adolfo Paz’ se sentó en la Mesa de Negociaciones y está hoy en la cárcel. Y por esa actitud de confianza en el diálogo y los acuerdos de Ralito corren el mismo riesgo otros comandantes de las AUC en idéntico calvario que ofende la razón y el corazón, y todavía estamos a tiempo de que sea enmendado.

No pasará mucho tiempo –no más del establecido en la Ley- antes de que todos los condenados en virtud de Justicia y Paz vuelvan a la libertad. El proceso de paz está obligado a dar seguridad jurídica, si no quiere desnaturalizarse por obra de sectarios y revanchistas. Primero, porque la ley de Justicia y Paz está para ser cumplida por unos y por otros, y segundo, porque el Pueblo colombiano está harto de morir en guerras ajenas, camufladas de revolución socialista, o de moralismo puritano, lo mismo da.

Hay una sola forma de frenar el desangre que se viene y es que los guerrilleros que sigan siendo guerrilleros y no se hayan convertido en otra cosa peor -sean de las FARC y del ELN- unan su voluntad de paz a las AUC desmovilizadas, y a quienes quieren salirse del infierno del narcotráfico, para que el Gobierno nacional pueda decirle al mundo que Colombia no merece y no quiere más guerras, y exige para ello un tratamiento distinto, acorde con sus problemas concretos y sus soluciones viables. Cómbita puede transformarse entonces –interinamente- desde hoy mismo, en una verdadera Casa de Paz, en algo que transmute el castigo en reconciliación, y el resentimiento en propuesta de unidad para la paz.

Sin embargo, no podemos ser optimistas en esta materia si queremos ser sensatos y alertar sobre las amenazas terroristas que se ciernen sobre Colombia.

Amenazas terroristas que duplican su daño ante las todavía manifiestas debilidades del Estado y de la sociedad.

Sobre esas debilidades del Estado y de la sociedad deben intentar las AUC desmovilizadas centrar su naciente actividad política legal
Finalmente, serán el Estado y la sociedad quienes prevalezcan sobre las amenazas terroristas.

A las AUC, que hoy se sienten traicionadas y dudan si la Paz es posible, hay que decirles que volver a la guerra es apostar a perdedores, mientras que ingresar a la legalidad civil es apostar a ganador.

Así ganarán finalmente su merecida libertad, no sólo ‘Adolfo Paz’, sino todos los colombianos honestos, pacíficos y de buena voluntad.
Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ pueden ser en www.salvatoremancuso.com

3 comentarios:

  1. ojalá lo liberen, a colombianos como este, el estado los debe retribuir por restablecer el orden en muchos territotios, espero que el gobierno se dé cuenta de cuán grande ha sido la ayuda de este señor para el mantenimiento de las instituciones, adelante la democracia adelante la institucionalidad y GRACIAS POR COMBATIR A QUIENES ODIAN ESTE PAIS

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  2. Animos para todos los forjadores de PAZ . AOLFO PAZ.La historia tendra que razonar y reconocer tu aporte para que la paz en COLOMBIA,dejara de ser un sueño y ser una realidad.

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  3. no solo la libertad de adolfo paz, tambien la de todos lo jefes paramilitares, ya q ellos asi como han hecho cosas malas , tambien han hecho buenas.ellos han ayudado ha exterminar la guerrilla , esos son los verdaderos malos, con esos si deben de acabar. demosle gracias a los. paramilitares

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