noviembre 28, 2005

AUC, de Ralito a las ‘Aldeas de Paz’ según el modelo ‘kibbutz’

FARC, ‘NARC’ y ‘ANG’ dispuestos a copar el escenario del conflicto

Colombia, 28 de noviembre de 2005



Así la veo yo




Por RUBIÑO




Si Colombia, en el así llamado caso de la ‘delincuencia política’, aspira a salir algún día del círculo nefasto de “violencia-cárcel-postgrado del crimen-libertad-retaliación-reincidencia-violencia-cárcel”, en un encadenamiento de causa y efecto ascendente e interminable, el modelo israelí de los ‘kibbutz’ puede servir de orientación para los sitios de reclusión donde los comandantes de los grupos armados al margen de la ley vayan a pagar sus penas alternativas previstas en la Ley de Justicia y Paz tras la desmovilización. Y esto es tan válido en estos días para las AUC, como mañana para el ELN y las FARC, y en general para todos los actores armados ilegales del conflicto colombiano.

La práctica israelí de los ‘kibbutz’ posee características muy particulares sobre las que no me detendré en este análisis, el cual estará centrado más bien en establecer paralelismos con el procedimiento ‘Casa de Paz’ estrenado hace un par de meses y dirigido a atraer al ELN a una negociación de paz. El modelo de los ‘kibbutz’ merece por parte de las autoridades –y de las propias AUC- un estudio esclarecedor y profundo, porque es precisamente sobre ese modelo donde se podría establecer un procedimiento ‘ad hoc’ para el caso de los comandantes desmovilizados de las AUC –que es el que nos ocupa aquí- en su factible rol a corto y mediano plazo como ‘facilitadores de paz’.

El período de penas alternativas que le corresponda pagar a los ex comandantes de las AUC bien puede ser utilizado –entre otras actividades productivas, de formación académica y práctica reconciliadora- en sitios apropiados para ello –aquí los llamaremos ‘Aldeas de Paz’- con el propósito de abrir canales de comunicación en pos de la paz y el desarme, principalmente, con dos actores llamados a convertirse en los ‘sucesores’ no testamentarios de las AUC: las ‘autodefensas de nueva generación’ (‘ANG’) y los ‘NARC’, sobre los cuales discurriremos más abajo. Sin descartar, obviamente, la existencia presente de otros grupos de autodefensas que han ido evolucionando históricamente al margen de las AUC, y con los cuales también habrá que facilitar acercamientos.

Lo anterior viene a cuento, ahora que el presidente Uribe está mutando en el imaginario colectivo su actitud de ‘guerrero a ultranza’ por otra más acorde con su talento más íntimo: la de ‘ingeniero político’ de reglas de paz, convivencia y autoridad.

No se trata –como algunos malician- de una actitud oportunista y electorera. Por el contrario, hay más ánimo ‘anti-guerrillas’ en la calle que en el propio presidente. Se trata en Uribe de algo más franco y llano que Colombia está interiorizando: el sistema democrático no se negocia con los alzados en armas, sino que constituye un valor intangible –pero real- que a toda hora corresponde enaltecer y respetar.

No son los violentos los que van a imponer sus amenazas y su soberbia armada y militarista sobre la sociedad colombiana, sino que es la sociedad colombiana, a través de sus legítimos representantes, quien le abrirá las puertas del diálogo a quienes quieran adelantar conversaciones serias y no estériles.

Bienvenidas entonces las gestiones de paz que adelanta el Gobierno con ‘Francisco Galán’. Serán los próximos meses los que hagan claridad acerca de la voluntad de paz del ELN. Por el momento siguen en las suyas: secuestros, atentados, extorsiones, minas antipersona y asociación cada vez más extendida con las FARC. Basta abrir los periódicos y enterarse.

Promisorio también que la Comunidad internacional –tan displicente e incluso irrespetuosa y agresiva con el proceso entre Gobierno y AUC- responda con entusiasmo al llamado del Presidente de todos los colombianos para acercarse a las FARC y exigirle conjuntamente la libertad de todos los secuestrados.

No se entiende por qué se insiste en recurrir lingüísticamente a lo del manido ‘intercambio humanitario’, o ‘acuerdo humanitario’, o ‘canje’ a secas, cuando de lo que se trata, desde la legalidad y la civilidad, es de pedir por la libertad de todos los secuestrados en poder de las FARC y punto. Son las FARC las que exigen la excarcelación de sus presos en ‘canje’ por los secuestrados. Lo que le corresponde al Gobierno y a la Comunidad internacional –y a los familiares de las víctimas- es limitarse en reclamar a las FARC por la libertad de los secuestrados. Como Colombia está tan acostumbrada a hacerse eco de las demandas de la subversión armada, ni este Gobierno, tan diferente en otros aspectos, ha escapado en esto de clamar por el ‘intercambio’. Alerta, no olvidemos que cualquier ‘guiño’ a las FARC, ellas lo ven como debilidad en la contraparte. Y así ha sucedido con la modalidad del ‘canje’ que las FARC se inventaron y a partir de allí, todos le seguimos la corriente. Las FARC han convencido a todo el mundo de que ese es su ‘derecho’: cambiar unos por otros. Cuando en realidad, es su obligación liberar a los secuestrados, mientras que no es una obligación del Estado liberar a los presos, guerrilleros o no, que en Justicia pagan condenas.

Mientras la Mesa de Ralito, aún con sus tropiezos y sus crisis, sigue adelante en pos de la meta de la total desmovilización de las AUC –antes de concluir febrero próximo- resulta alentador que haya indicios de una negociación –aunque más no sea en el nivel de acordar borradores- con el ELN. No es el momento aún de poner ‘los puntos sobre las íes’ en esta materia, ni de amplificar escepticismos que abundan por todas partes –los tiempos de Maguncia y la credibilidad internacional del ELN han quedado definitivamente atrás, hechos añicos por su vil práctica sistemática del secuestro y la siembra de minas antipersona. Ojalá el ELN entienda esto y actúe en consonancia. Lo que Colombia entera pide hoy es la desmovilización del ELN, no recibir de sus comandantes directivas sobre lo que el Gobierno y la población deben o no deben hacer. Es el ELN quien le debe pedir perdón a Colombia y no al revés. Lo malo no es que el ELN tenga ideas políticas, lo perverso es que haya estado por décadas tratando de imponerlas por la fuerza y secuestrando y asesinando colombianos para lograrlo.

Y aunque con las FARC no hay por el momento otra expectativa que la de sentarse a conversar sobre la libertad de los secuestrados, a nadie se le escapa que si el ELN finalmente se sienta a negociar, será porque las FARC le dan su consentimiento. Este ‘detalle’ significa que serán las FARC quienes envían a las negociaciones con el Gobierno a su rojinegro ‘conejillo de Indias’. Aún así, válido es por parte del Gobierno el intento de quitar del conflicto armado una de las organizaciones más siniestras en eso de secuestrar y sembrar minas antipersona. Si las FARC validan positivamente la experiencia en ‘cuerpo ajeno’ puede que se sumen posteriormente de cuerpo entero a la negociación de su desmovilización una vez que el conejillo ‘eleno’ salga vivito y coleando, con alguna que otra ‘ventajita’ política.

En el hipotético escenario del conflicto armado sin AUC y sin ELN estaremos a continuación a merced de lo que hayan podido avanzar los ejércitos de la Constitución y la Democracia, y lo que estén en condiciones de hacer –y deshacer- las FARC. Es aquí dónde cabe hacerse la pregunta: ¿Habrá espacio político-militar para autodefensas de nueva generación, ‘ANG’? ¿Evolucionará el narcotráfico en su conjunto –o al menos sus elementos más dinámicos y poderosos- en su articulación creciente al conflicto armado dando vida a las ‘NARC’? Las incógnitas al respecto son muchas y no está de más estudiar derroteros y prepararse para resolver sus derivaciones más peligrosas.

Ante este panorama post-AUC -y pongamos el caso también post-ELN-, la iniciativa de la ‘Casa de Paz’ transitada con ‘Francisco Galán’ será un antecedente de inmenso valor a la hora de considerar en qué medida los ex comandantes de las AUC pudieran convertirse en interlocutores de paz posibles y válidos con las otras agrupaciones de autodefensas no desmovilizadas, con las eventuales autodefensas de nueva generación, ‘ANG’, e incluso con los ‘NARC’ que esperan su turno para involucrarse a tiempo completo en el conflicto armado una vez que las AUC se hayan desmovilizado al ciento por ciento.

La ‘Casa de Paz’ es una iniciativa que merece perfeccionarse y ampliarse para ser aplicada dentro de algunos meses a los que fueron los máximos líderes, voceros y negociadores de las AUC desmovilizadas.

Pudiera estar gestándose lo que toda Colombia espera y necesita: el principio del fin del conflicto armado interminable. Es decir, no solo quitarle combatientes y fusiles a la guerra, sino también recursos económicos y de financiación.

Los pasos que se van dando son alentadores, pero deberán convertirse en pasos aún más veloces y audaces en la dirección correcta del cese de todos los fuegos y todas las hostilidades.

Para avanzar en esto será bueno ir madurando la idea de pasar –en el caso de las AUC desmovilizadas- del antecedente de la ‘Casa de Paz’ al proyecto social y políticamente consensuado de las ‘Aldeas de Paz’ desde las cuales se siga adelantando la tarea de sumar al territorio de la paz a todos los actores armados que permanecen en el escenario de la guerra, incluso sus grandes banqueros y financistas, los ‘NARC’, que ahora sí parecen dispuestos a imbricarse sustancialmente con el conflicto armado en calidad de actores, al efecto de ‘politizar’ directamente –y sin intermediarios- lo suyo.

Si el conflicto armado va en esa dirección la tarea de los ex comandantes AUC, en sus ‘Aldeas de Paz’, promete ser mucha y allí podría estar la clave, la llave maestra que comience a cerrar la era de la guerra en Colombia, y abra otra puerta inmensamente apetecida: la de la Paz y la reconciliación definitivas.

Podría llegar el momento en que la ‘Casa de Paz’ y las ‘Aldeas de Paz’ coexistan y confluyan en el mismo objetivo final de quitarle actores y recursos a la guerra, comenzando desde los más modestos y, en apariencia, insignificantes ‘borradores’ iniciales entre ‘Antonio García’ y Luis Carlos Restrepo que se anuncian para los próximos días.

Todo tiene un comienzo: Ralito es uno, la ‘Casa de Paz’ es otro.

¿Por qué entonces no abrir trocha con las ‘Aldeas de Paz’ para los ex comandantes AUC desmovilizados con el fin de que –una vez adelantada su presentación judicial en los términos de la Ley de Justicia y Paz- inicien contactos con la sociedad civil y los actores armados fuera de la ley que pretenden ‘sucederlos’ incluidos los ‘NARC’?

Interlocutores en el monte y en las cárceles de máxima seguridad –e incluso representantes de otros Países- no les faltarían a los ex comandantes AUC, y sociedad civil tampoco.

Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ pueden ser consultados en www.salvatoremancuso.com

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