noviembre 01, 2005

Las AUC iniciaron su viaje desde el reconocimiento político al ejercicio de la política aunque tengan que llegar ‘pisando callos’

Los ‘uribistas’ que hoy se desviven por controlar el Congreso, ¿querrán después ‘maniatar’ a Uribe?


Colombia, 1 de noviembre de 2005


Así la veo yo


Por RUBIÑO


El reconocimiento político obtenido por las AUC durante el proceso de negociación (2003-2005) podría llevarlas a pensar que regresar al monte y esperar tiempos mejores es lo más acertado. Coincidirían en esto con las FARC y el ELN, que tampoco ven condiciones propicias para una negociación política.

Por el lado del ‘uribismo’ también podría estarse pensando que una ruptura de las negociaciones con los ‘paras’ es un ‘negocio redondo’ en medio de la campaña electoral. Lo de Pastrana rompiendo el Caguán funcionó en contra del opositor liberalismo oficial. Lo de Uribe rompiendo con los ´paras’ podría funcionar en la misma dirección pero esta vez de cara a las elecciones al Congreso que es donde se juega en 2006 el ‘verdadero partido’.

En el caso de las AUC salir del monte para ingresar a una cárcel no queda como sonando. Para colmo de males, que la cárcel en Colombia cumpla las veces de sala de embarque hacia otra cárcel en EEUU no solo no suena, sino que resulta un despropósito mayor.

Así las cosas, no es extraño que el juego de poderes se haya polarizado en ambos lados de la mesa entre Gobierno y AUC.

Del lado del Gobierno asistimos a la ‘rebelión de los políticos y congresistas uribistas’ pretendiendo imponerle a Uribe sus condiciones, entre ellas, ‘la ruptura de la Mesa’. No se trataría realmente, de terminar con las negociaciones, pero sí retrasarlas más allá del 2006, cuando el mapa político de Colombia haya quedado totalmente definido.

No quieren los ‘uribistas’ pagar el costo político que Uribe sí pareció dispuesto a pagar desde el inicio de su Gobierno. Hoy las condiciones que impone la reelección –impensable al momento de la firma del Acuerdo de Ralito- tampoco hacen aconsejable al Presidente el pago de ese costo. Se lo podrían pasar a cobrar por ventanilla no solo los opositores, sino también los ‘uribistas’, ni qué decir los EEUU.

Esta realidad política solo podría cambiar una vez conocidos los resultados de las elecciones al Congreso y a la Presidencia. Nunca antes.

De estos nubarrones en el horizonte quienes parecen haberse percatado primero son las AUC. Hábilmente utilizaron el ‘caso Adolfo Paz’ para congelar las desmovilizaciones en el momento en que la percepción de inseguridad ante los ‘paros armados’ y ataques de las FARC mantiene sensibilizada a una población que está lejos de sentir en carne propia la seguridad democrática. Más bien, sucede todo lo contrario, y para esto mejor que las estadísticas –que vendrán más adelante a corroborar los temores de hoy- sería bueno que el Gobierno se diera una vuelta por las regiones del país donde las AUC ‘mantenían’ el orden. Precario sí, pero ‘orden’ al fin.

Al Gobierno le salió el tiro por la culata con su insistencia por reemplazar semánticamente el conflicto armado por las amenazas terroristas. Lo hizo precisamente cuando al ir saliendo de escena las AUC el gran problema de las poblaciones afectadas por el conflicto pasó a ser la amenaza por el regreso de las guerrillas. El término ‘amenaza terrorista’ es más claro, contundente y produce más angustia en la población que el de de ‘conflicto armado’. El colombiano del común vive ahora en el peor de los mundos: el de la coexistencia del conflicto armado en el campo –que nunca desapareció- con el ‘discurso’ de las amenazas terroristas originado en las ciudades –que ahora sí, desde 2001 en EEUU, se perciben en toda su magnitud ‘terrorífica’. Las imágenes de las Torres Gemelas en Nueva York y de las ruinas de El Nogal en Bogotá valen más que mil discursos.

Las AUC saben esto, entre otras cosas, porque viven entre la gente del común, en el campo y en las ciudades, y le toman el pulso a la realidad de cuerpo presente, no mediante millonarias encuestas de los especialistas en mercadeo.

La gente entiende muy bien que si la defensa no viene del Estado tiene que venir de algún lado. También entiende que esa ‘defensa’ no cuenta con los impuestos del Estado ni con los préstamos de los EEUU. Las ‘causas objetivas’ de las AUC –la inseguridad reinante y el discurso de las amenazas terroristas- han hecho subir sus ‘acciones’ precisamente en el momento en que estaban reduciendo su oferta al crecer las desmovilizaciones. Tremenda contradicción. Y es en este escenario caótico que el Gobierno acaba en la práctica con la Mesa de Ralito, encarcela a ‘Adolfo Paz’, uno de los líderes históricos emblemáticos –junto a los hermanos Castaño y Mancuso- de la iniciativa de paz AUC. Le incumple a los desmovilizados y los pone en la disyuntiva de delinquir en cualquiera de las amplias gamas de demanda existentes –entre ellas la rebelión, la sedición y el narcotráfico. Y como si fuera poco se abre camino en Colombia -con la ‘desmovilización fallida’ de tanto ‘para y guerrillo’ la gripe aviar de la delincuencia: los ‘maras’ de Centroamérica.

Llegados a este punto uno entiende que en las AUC se propicien diversas tendencias menos la del inmovilismo o el ‘seguidismo’ gubernamental. Nadie entendería que las AUC no se movieran intelectual y pragmáticamente en un escenario político agitado por la reelección y el ‘toconur’ en gestación. Tampoco el recurso del ‘seguidismo’ a ciegas puede tener adeptos cuando los ‘uribistas’ parecen ir por un lado y el Presidente por otro, exacerbados unos por la proximidad de marzo y tranquilo el otro por lo que las encuestas le predicen para mayo.

Lo que está claro es que en su gran mayoría las AUC no quieren regresar al monte pero sí avanzar hacia la política y no hacia la cárcel, ni en Colombia ni en EEUU ni en ningún lugar del mundo. Lo que no significa que no estén dispuestos a pagar sus penas alternativas en sitios especiales donde no se vean rejas por ningún lado y se sientan parte activa de la reconstrucción del tejido social y productivo de Colombia. Vigilados, protegidos y condicionados en su libertad sí, pero arrinconados, humillados e inseguros ciertamente no.

Es entre estos dilemas donde crecen los aspirantes a voceros de los desmovilizados lo cual revela una sana e incipiente competencia interna por espacios que en definitiva son políticos. Se abren así caminos promisorios que ineludiblemente terminarán en partidos, banderas, matices internos, programas y candidaturas cuando ya no existan ni armas ni procesos judiciales de por medio, es decir, después de 2006.

Aunque Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras se empeñen en cerrarles el paso desde hoy con la idea –peligrosa para Colombia- de que las AUC son más útiles en el monte o tras las rejas, que en el llano y la libertad.

Opiniones muy respetables de tan distinguidos ‘uribistas’. Con quienes no parecen coincidir ni las AUC, ni el Alto Comisionado, ni el mismo Uribe. Tampoco Enrique Peñalosa, que viene asomando ‘independiente’ y sin prisa en medio de la polvareda levantada.
Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ pueden ser consultados en www.salvatoremancuso.com

1 comentario:

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