noviembre 21, 2005

Las AUC y su ‘rebelión de los condones’ - Lo que FARC, ELN y ‘Establecimiento’ no le perdonan a las AUC

Colombia, 21 de noviembre de 2005


Por RUBIÑO




El avasallante éxito militar de las AUC ha tenido como 'talón de Aquiles', en su desarrollo victorioso, la contrapartida de insoportables costos políticos para el Estado y también para las AUC. Los golpes que recibían las FARC y el ELN les producían a sus planes subversivos pérdidas de territorios y de apoyo social pero les entregaban enormes réditos políticos –sobre todo en el exterior y particularmente en Europa. Las guerrillas hace años ya que abandonaron la idea de triunfar por las armas y asumieron como cierta la hipótesis de que finalmente encontrarán el Gobierno adecuado para negociar en los términos que ellas -todavía hoy- quieren imponer. Llegaría el momento –eso pensaban los cerebros de las FARC y del ELN- en que las Autodefensas serían el ‘pavo de la boda’ y pagarían todos los 'costos' de la guerra pasada. Pero todo este sueño guerrillero se derrumbó con la desmovilización que las AUC propusieron antes del final del conflicto. A partir de aquí, los ‘patos de la boda’ bien podrán ser las FARC y el ELN si el Secretariado y el COCE no se ‘ponen las pilas’ y admiten públicamente lo que ya comienzan a conversar en privado: No sólo las AUC les ganaron de mano, sino que el mundo cambió bastante en los últimos quince años, y Colombia no se diga, con cuatro años más por delante de ‘uribismo’ y de una izquierda democrática –dentro y fuera del Polo- en vías de tomar más distancias, cada día más insalvables, frente a las FARC y el ELN y su ‘interminable’ – e indefendible políticamente- lucha armada contra la voluntad pacífica y democrática de 40 millones de colombianos.

La visión de Uribe y la intuición política de las AUC están a punto de lograr el 'milagro'. Sin ‘paramilitarismo’ el Estado se legitima definitivamente ante sus propios ciudadanos y a los ojos del mundo. Con las Fuerzas Militares del Estado ocupando los espacios que dejan las Autodefensas –es un compromiso de honor reafirmado en Ralito por este Gobierno- la supremacía militar no se va a inclinar –como algunos todavía temen- en favor de las guerrillas. La derrota de las FARC y del ELN es doble: en materia política pierden de un solo tajo su ‘argumento estrella’ de autojustificación existencial. En asuntos militares, el 'respiro' concedido por las AUC y su desmovilización, no les alcanza y solo lo podrán sostener frente al poder del Estado en el corto plazo y en algunas zonas del País.

El punto de contacto habido en Santa Fe de Ralito entre la ‘seguridad democrática’ y las ‘autodefensas’ produjo el milagro de acercar como nunca antes el comienzo del final de la guerra, mal que le pese a los agoreros y a los escépticos, y a las guerrillas que jamás tomaron en serio lo que iba a suceder en contra de sus intereses estratégicos.

El Waterloo de las FARC y del ELN comenzó a tomar forma cuando a partir de los ‘erores y horrores’ del Caguán se gestó el ´huracán´ Uribe y cuando germinó en los campamentos de las AUC lo que aquí denominaremos –si se me permite la expresión- ‘la rebelión de los condones’.

Hay quienes hoy miran melancólicos hacia atrás y sienten nostalgias por aquel tiempo donde todo parecía ir muy bien para sus intereses sectarios. Ciertamente, las FARC y el ELN acusaban en ‘sus plataformas de apoyo’ y 'retaguardias logísticas' los golpes militares de las AUC, pero era más lo que ganaban ‘políticamente’ con ello, que lo que perdían militarmente. Mientras tanto, el ‘Establecimiento’ había encontrado la coartada perfecta para eludir los costos de la guerra y lograr que, por propia iniciativa, los ‘paras’ hicieran por Colombia lo que ni sus Gobiernos ni el ‘Establecimiento’ estaban dispuestos a hacer: mantener las guerrillas a raya.

Todo fue de maravillas para las guerrillas y el ‘establishment’ político y económico mientras las Autodefensas fueron ganando su espacio en el conflicto armado. Este ‘matrimonio de conveniencia’ entre ‘revolucionarios’ y ‘contrarrevolucionarios’ comenzó a derrumbarse a mediados de 2001 cuando el Caguán hizo agua por todos lados, el sur de Bolívar se levantó contra el ELN y Andrés Pastrana miró exhausto a su rincón cual boxeador que sabe que solo el tañido de la campana lo puede salvar.

Las FARC y el ELN se habían encargado por años de elucubrar y difundir la leyenda negra del ‘paramilitarismo’. Mientras secuestraban y asesinaban miles de colombianos a punta de tomas de pueblos indefensos, ‘planes pistola’ y AK 47, por la vertiente intelectualoide de su ‘diplomacia guerrillera’ desparramaban en el mundo literatura inverosímil acerca de los feroces ‘paracos’ que cargaban motosierras en su morral como si fueran loncheras y jugaban al fútbol con los cráneos de sus víctimas. El Secretariado y el COCE festejaban cada masacre de campesinos como un triunfo propio y corrían a atribuírselas a los ‘paramilitares’.

Eran los tiempos gloriosos e irrepetibles para ‘Marulanda’ y ‘Antonio García’ en que los europeos tragaban entero acerca del supuesto tenebroso y despótico Estado colombiano auspiciante inescrupuloso de crueles ‘escuadrones de la muerte’ conducidos ‘bajo cuerda’ por los mandos superiores de las Fuerzas Militares para hacer el trabajo sucio que ‘supuestamente’ los agazapados 'Pinochet' y 'Videla' criollos no se atrevían a hacer a la luz pública.

Del otro lado del escenario de la ‘lucha de clases’ no faltaron quienes desde el ‘Establecimiento’ económico y político, desde las grandes ligas de los factores de poder, encontraron el modo de darle alas a la ‘leyenda negra del paramilitarismo’. Resultaba funcional a sus intereses hegemónicos que no fuese el Estado –el de sus gobernantes muchas veces ‘de bolsillo’-, sino el ‘paramilitarismo’ de algunos militares el que quedara ensuciado con la difamación y el escarnio. Así no corría mengua su poder frente a coronel ni general alguno, ni había riesgos de que la cuota de sacrificio de los militares en la guerra significara cuota de poder en las grandes decisiones de la Nación. ‘Sponsors’, ‘protegidos' y 'delfines políticos’ se curaban en salud de los eventuales mesías uniformados ocupando ministerios, curules y embajadas.

Cuando el negocio del narcotráfico se convirtió en el descomunal negocio mundial que hoy es las FARC –y también el ELN- cayeron en la nueva trampa –esta vez burguesa y capitalista- y abandonaron la lectura tediosa de Marx, Lenin, Mao y Ho Chi Minh por el nuevo gran best-seller 'internacionalista' –pero no proletario-: ‘cómo hacerse millonarios con la coca’.

Ni lentos ni perezosos los que ayer estigmatizaban a las Autodefensas como ‘paramilitares’ encontraron que resultaba útil a su propaganda subversiva calificarlos también de ‘narcos’. Desde el lado de las guerrillas porque era un modo de justificarse ante su abandono de la ‘ética revolucionaria’ que significó abrazar los cultivos ilícitos y los sucesivos eslabones 'narcos' de integración vertical. Desde el lado del ‘Establecimiento’ económico y político porque así revestían su ‘antimilitarismo’ –innecesario y en desuso después de la caída del Muro de Berlín y la extinción de la Unión Soviética- por un renovado guiño a EEUU –en los tiempos post-modernos del ‘unilateralismo’ yanki- y su ‘cruzada contra el narcotráfico’.

Además, si algunos ‘cacaos’ habían donado alguna vez unos céntimos de su fortuna a los comandantes de las Autodefensas –en lo que Carlos Castaño llamó ‘extorsiones concertadas’ -, ahora se tapaban la nariz para no ‘oler la sangre de los caídos en la guerra’ y –sin dejar de pagar extorsiones a los ‘chepitos’ de las FARC y del ELN- cerraban los ojos para no ver a qué clase de guerra estaban empujando a Colombia. De paso recomendaban a los civiles que se armaban y hacían frente a las guerrillas: “úntense de narcotráfico, alimenten con ello sus ejércitos, y no nos pidan más un solo centavo. Aprendan de las guerrillas y no sean ‘pendejos’, que las guerras se ganan con dinero, con muchísimo dinero, y eso los ‘gringos’ lo saben y lo toleran”.

Sucedió así que como los guerrilleros utilizan el dinero de los eslabones del narcotráfico para financiar su proyecto revolucionario, las autodefensas han utilizado el mismo dinero –dólares casualmente, no pesos- para que las guerrillas no triunfen.

Pero hay más de una diferencia entre las FARC y el ELN, y las AUC. A los presidentes de Colombia anteriores a Uribe siempre les ‘sonó’ que con unos se podía ser generosos a la hora de negociar su abandono de las armas, mientras que con las Autodefensas la cosa era a otro precio. Sencillo de explicar: los anteriores gobiernos siempre consideraron a las Autodefensas como los ‘condones’ del paseo. Los Castaño y los Mancuso - y los ‘don Berna’ y los ‘Macaco’ - ponían sus pechos a las balas y sus vidas en peligro de muerte para que el ‘Establecimiento’ político y económico gozase y no se viera amenazado por el virus de la revolución.

Qué fácil fue ser generosos a los anteriores Gobiernos -y al propio 'Establecimiento'- con los ‘elenos’ del hoy columnista León Valencia, con los ‘emes’ de los hoy honorables Navarro y Petro, con los EPL y los Quintín Lame de turno, cuando sacaban la mano y querían salirse de la guerra. Claro, eran brazos enemigos que se sacaban del conflicto, eran ‘golpes’ silenciosos pero a la larga letales contra los guerrilleros que permanecían en el monte –y en los cultivos de coca y heroína- degradando sus métodos y sus ideales.

Las Autodefensas nunca fueron vistas como enemigos por los Gobiernos anteriores a Uribe, ni por el ‘Establecimiento’ liberal y conservador. Mucho menos por los dueños de la economía. A lo sumo eran percibidos como ‘males necesarios’, y siempre como ‘condones’ bienvenidos, que si no existiesen habría que haberlos inventado para curarse en salud del SIDA político que inoculaban las FARC y el ELN.

Lo que sorprendió en grande al País -y llenó de temor al 'Establecimiento' que fue tomado con los calzones abajo- fue la ‘rebelión de los condones’ cuya cabeza visible fue primero Carlos Castaño y poco después Salvatore Mancuso. Esta ‘rebelión’ coincidió con el ‘nodo epocal’ de los hechos del 11 de septiembre de 2001 en los EEUU, con la ruptura del proceso de Pastrana con las FARC en el Caguán y con el triunfo de Álvaro Uribe sobre el oficialismo liberal y toda la izquierda en mayo de 2002.

En ese momento las AUC estaban situadas en la cima de su poder militar. Su historia trascendía las fronteras y era estudiada a futuro como un eventual ‘modelo informal de reaseguro’ de las democracias sudamericanas más frágiles –Perú, Ecuador, Bolivia y Paraguay- frente al fenómeno Chávez y su alianza estratégica con la Cuba de Fidel, los ‘coroneles ecuatorianos’, las FARC, el ELN y los cocaleros bolivianos.

Los ‘condones’ AUC estaban en 2002 ad portas de convertirse en un dolor de cabeza mayúsculo para quienes desde Washington no podían aceptar una alianza ‘ilegal’ contra los ‘neo-comunistas latinoamericanos’ financiada generosa e incautamente por dólares provenientes de los adictos norteamericanos y europeos a la cocaína y encabezada por los líderes ‘paras’ colombianos.

Admitámoslo, el pragmatismo de los EEUU tiene sus límites y también su estilo y sus formas sutiles y no tan sutiles. La respuesta fue inmediata y tajante: antes de finalizar 2002 las AUC fueron notificadas que sus máximos voceros y líderes Carlos Castaño y Salvatore Mancuso eran pedidos en extradición. De allí para abajo no quedaba títere con cabeza en las AUC. Quienes se acercasen a ellos podían correr la misma mala suerte.

Todo sucedió tan rápido que resulta indescifrable para el gran público asegurar qué fue primero, si el huevo o la gallina. Sin embargo, la Iglesia colombiana es testigo privilegiado de que las AUC –a través de Salvatore Mancuso- hicieron saber al gobierno de Andrés Pastrana que estaban dispuestas a iniciar negociaciones serias de paz unos cuantos meses antes de que Uribe asumiera el Gobierno en agosto de 2002, y antes, entonces, de que EEUU pidiese en extradición a Castaño y Mancuso.

Cuando uno ha leído acuciosamente los periódicos y las revistas, desde finales de 2002 hasta hoy, ha podido advertir que nunca fueron las AUC tan atacadas y vilipendiadas por la prensa y los columnistas nacionales e internacionales como desde el momento en que hicieron pública su voluntad de iniciar negociaciones de paz. El pedido de extradición de sus líderes y todo el trámite de las conversaciones en Ralito, así como la discusión en el Congreso de lo que finalmente resultó la Ley de Justicia y Paz, ha estado atravesado por un sinnúmero de diatribas, suspicacias y malevolencias hacia las AUC. Y esto tanto desde la izquierda, como desde el mismo ‘uribismo’ y el ‘antiuribismo’. Ni qué hablar desde las declaraciones del embajador de los EEUU, y de las Amnesty y HRW.

Llama la atención –al más desprevenido- la diferencia abismal entre el tratamiento dado a ‘Marulanda’ en el Caguán cuando inició su proceso –y aún muchos meses después- y el que recibieron por parte del ‘Establecimiento’ político y económico, y la Comunidad internacional, los Castaño y los Mancuso de estos días cuando dieron su primer paso hacia una negociación de paz.

Uno piensa entonces que a las FARC y el ELN se está dispuestos a perdonarles todo con tal de que dejen las armas –porque son los verdaderos enemigos- y a las AUC no perdonarles nada por haber tomado la iniciativa de abandonarlas, y además, culparlos de todo -como novio despechado- porque de ultima defendieron también de hecho, junto a sus propias vidas y las de sus comunidades, en solitario y recibiendo todas las facturas –las propias y las impropias- los intereses políticos y económicos de todos quienes no quieren ver a las guerrillas comunistas alcanzando el poder –clase política, industriales, terratenientes, banqueros principalmente, ni hablar de los EEUU- y que ahora se sienten 'abandonados' y 'desprotegidos' por la desmovilización de las AUC.

Mientras que para las FARC y el ELN su terrorismo, contundencia criminal y crueldad les han dado, hasta la llegada de Uribe a la Presidencia, margen y poder de negociación, a las AUC su falta de voluntad y decisión para actuar de la misma manera que las FARC y el ELN les ha quitado poder de negociación. Es cierto que Uribe promete igual dureza con unos y con otros, y que manifiesta que la Ley de Justicia y Paz se aplicará a todos los actores armados ilegales de raíz política. Pero eso no condice con todo un pasado de concesiones que otros gobiernos hicieron a los guerrilleros que optaron por desmovilizarse, en Colombia y en el mundo, para no ir tan lejos en la cercana Centroamérica. Amanecerá y veremos cuando sean las FARC o el ELN quienes negocien con Uribe u otro presidente. Por lo pronto, todavía no ha salido ningún columnista ni editorialista -ni ningún embajador- a pedirle a ‘Francisco Galán’ que denuncie las rutas del narcotráfico que utilizan las FARC, siendo que el ELN se ha ‘asociado’ con ellas en el vértice de sus cúpulas para atacar en acciones coordinadas y conjuntas al Ejército y la Policía que defienden la institucionalidad democrática y la población colombiana.

Así las cosas a las AUC, parece que los poderosos de adentro y de afuera no están dispuestos a perdonarles su voluntad de salir de la guerra y legitimar al Estado colombiano y fortalecer la democracia con la desmovilización del ‘paramilitarismo’. Una vez más se comprueba aquello de que la víscera más sensible del ser humano es el bolsillo. Estos intereses prefieren menos legitimidad del Estado y más eficacia –legal o ilegal- en la contención de las FARC y el ELN.

Como si temieran esos poderosos –con sus poderosos órganos de prensa generando ‘opinión’- que sin Autodefensas ahora sí que sus intereses quedarán más expuestos que nunca antes al fuego destructor de las FARC y del ELN.

Así uno se explica porqué la derecha y la izquierda le quieren cobrar a las AUC y al mismo presidente Uribe que la Mesa de Ralito no hubiera estallado en pedazos, y que en vez de suspender las extradiciones de Mancuso y de ‘don Berna’ por el interés nacional de la Paz las mismas se hubiesen diligenciado en contra de los comandantes 'paras' que les dañaron el paseo.

Lo que quieren en realidad –a izquierda y derecha- es que los comandantes ‘paras’ se harten de negociar en términos de sometimiento a la Justicia y se regresen al monte. Lo que más molesta a estos intereses ‘amangualados’ a pesar de sus divergencias de fondo es el empecinamiento de las AUC en seguir sentados en la Mesa de Ralito decididos a llegar hasta el final en su proceso de desmovilización y reincorporación a la vida civil.

Las guerrillas y los de cierta izquierda están furiosos porque la Mesa de Ralito les está quitando de la boca el jugoso plato político del ‘paramilitarismo’ tan del gusto de ciertos paladares del ‘primer mundo’ lo que hace de la no desmovilización de las AUC un manjar imprescindible para su ‘marketing’ político.

Las guerrillas y los de cierta izquierda están también enfurecidos porque el antecedente de los ocho años de penas a los comandantes de las AUC -en aplicación de la Ley de Justicia y Paz- les cierra la posibilidad de que las FARC y el ELN reciban mañana lo que siempre fue en su beneficio: indulto y amnistía.

El ‘Establecimiento’ político-económico ya no tendrá ‘condones’ AUC que protejan las zonas planas, plenas de industria y comercio, desde su vigilancia 'patrullera' en el monte y la selva de los ‘corredores estratégicos’ de las FARC y el ELN. Los miembros del ‘Establecimiento’ deberán pagar a partir de aquí sustanciosos impuestos de sus bolsillos al Estado para mantener el mismo nivel de seguridad que hoy disfrutan.

Los EEUU deberán apoyar a las Fuerzas Militares con bastantes más millones de dólares que los utilizados hasta aquí. Ya no existirán los vetos del Congreso yanki sobre la supuesta 'convivencia' de militares y 'paramilitares'.

Esta es una aproximación al tema ‘tabú’ de porqué ‘todo el mundo’ ha querido cerrarles a las AUC su camino de salida de la guerra, queriendo disuadirlos de su reincorporación a la civilidad. Y así uno entiende las razones por las cuales su voluntad de paz no recibió aplauso ni premio sino resentimiento y castigo.

Ninguno de los anteriores ‘poderes’ –mucho menos las guerrillas- se preocupa seriamente por el grado de exposición a la violencia guerrillera y terrorista al que se verán expuestos los pobres y las clases medias urbanas y rurales.

Este oscuro panorama explica porqué las AUC tienen necesidad estratégica y urgencia de entrar en la vida política, ahora que su adiós a las armas es definitivo. Si la única salvación de Colombia – frente a la arremetida de las FARC y el ELN- estará a partir de 2006 en manos del Estado colombiano y su sistema democrático, las AUC desmovilizadas no pueden demorar un día más su inserción legal en la vida civil, política y económica.

La rebelión de los ‘condones’ está a punto de culminar con éxito. Esto no puede sino ser recibido con ‘caraculismo’ por las FARC, el ELN, el ‘Establecimiento’ político y económico, los halcones que sobrevuelan el gobierno de EEUU, y los ricos y burócratas de Europa con intereses en Colombia. Con un Gobierno colombiano ´legitimado´ por la ausencia de ‘paramilitarismo’ la cosa será a otro precio.

Ánimo comandantes AUC, que no están solos, acompañados del sentir de tantos colombianos que siguen creyendo en las bondades de su causa y en el valor de su sacrificio durante tantos años. Espero no se sientan agraviados por la metáfora de los ‘condones’. Es decir, por reconocer –como millones de colombianos- que entre el ’90 y el inicio de Ralito, sin AUC la cuestión era ‘ni pío’. Y esto no significa que los colombianos no seamos también ‘derechos y humanos’ ¿Me explico?

La Historia les reconocerá finalmente a las AUC que ayudaron a transitar un camino que, de otra manera, hubiese llegado –inevitablemente- a un sitio híbrido –e insufrible- a medias entre lo que es la Cuba ‘amordazada’ de Fidel y lo que comienza a ser visible como la Venezuela ‘enloquecida’ de Chávez. O también a algo peor, lo que en el fondo las FARC y el ELN desearon toda la vida y no lograron: que hubiese en Colombia una dictadura a lo Pinochet, o a lo Videla, con invasión ‘gringa’ además, que escalara su delirio revolucionario y aderezara su voracidad de poder con lucha antiimperialista en serio.

Los caminos del Señor son infinitos. Dios sabe cómo hace las cosas.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo’’ pueden ser consultados en www.salvatoremancuso.com

1 comentario:

  1. EXCELENTE ARTICULO!!
    LO INVITO A PASARSE POR MI BLOG, QUE COMPARTE SU MIRADA CRITICA DE LA REALIDAD COLOMBIANA.
    FELICITACIONES

    ResponderEliminar