febrero 07, 2006

Las AUC y la metáfora del 35 % - La Historia pasa, los mitos quedan

Por JUAN A. RUBBINI MELATO



Amigos lectores: Me corresponde decirles que Rubiño se da por satisfecho con sus 40 columnas de 2005. Tan satisfecho, que con los últimos brindis del Año Viejo decidió abrir un paréntesis en ellas. Paternal y generoso me cede sin restricciones y con buenos augurios el privilegio de escribir ‘Así la veo yo’. En éstas me encuentran a partir de hoy, en la nueva serie que inauguro aquí y que he querido titular Esencias y matices.

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El oficialismo liberal, la izquierda y buena parte del ‘uribismo’ están empeñados hoy en demostrar quién es más diestro en adelantar ‘cruzadas’ que pretenden demoler construcciones que nunca han sido tales: los ‘imaginarios’ molinos de viento del 35 % que anunció Salvatore Mancuso hace cuatro años cuando las AUC irrumpieron –con simbolismo cuidadosamente escogido- para poner sobre la mesa de la política nacional su representatividad política.

Desde entonces mucha agua ha corrido debajo de los puentes. Las AUC están a pocos días de completar la desmovilización más grande que jamás ha habido en Colombia y en el mundo, de grupo civil armado al margen de la ley alguno, como fruto de una negociación política de paz. La cifra inicialmente estimada de 18.000 combatientes ha sido superada con holgura y serán finalmente alrededor de 22.000 las mujeres y hombres que le habrán dicho adiós a las armas desde las filas de las Autodefensas.

‘La metáfora del 35 %’ fue interpretada de diferentes maneras y ha concitado rechazos y adhesiones de perfiles asimétricos. Unos la vieron como ‘la prueba del delito’, otros, menos literales, hablaron de ‘cañazo’. No faltaron quienes pidieron nombres y confesiones, tampoco quienes encontraron la coartada perfecta para encubrir el fracaso de su trabajo político. Lo cierto es que ‘la metáfora del 35 %’ ingresó a la categoría de mito político nacional cuando Vicente Castaño la depositó –a mediados de 2005, en reportaje a Semana- en el insondable universo de la ‘amistad política’.

Precisamente aquí, en el campo rara vez constante y mensurable de la ‘amistad política’ es donde yacen las simientes de la tormenta actual. ¿Puede una metáfora trascender su inmaterialidad y volverse maza contundente? ¿Puede un mito encarnar en el proceso histórico y cambiar su rumbo de manera consistente? ¿O será que la influencia de los medios de comunicación crea una atmósfera decididamente virtual donde ingresamos al campo de la política no desde los hechos reales sino desde su ‘novelización’ y puesta en escena de la trama, realizadas no por estrategas da la política sino por creativos directores del mundo de la imagen?

Al completarse la desmovilización de las AUC y al aceptar éstas acogerse a los términos y los ‘beneficios’ contenidos en la Ley de Justicia y Paz los ex comandantes ingresan de la mano de la política en el ámbito de los juicios, las condenas y las penas. Está claro que la Ley de Justicia y Paz está montada sobre un estrado de culpa, no sobre un escenario donde sea posible la reivindicación histórica del grupo armado ilegal. No cabe entonces esperar la absolución ni la posibilidad de acudir a las dilaciones interminables que diluyan las condenas y posterguen sine die su pago en libertad contante y sonante.

Durante el tránsito ante los tribunales más que a confesiones individuales asistiremos a la aceptación colectiva y política de cargos judiciales. No cabe esperar la modificación sustancial de los trazos gruesos, tal vez sea inevitable la modificación irrelevante de alguno que otro trazo fino. Quienes acepten someterse a la Ley de Justicia y Paz deben saber que allí solo cabe recibir con estoicismo las condenas y que resulta inútil ejercitar la defensa más allá de los elementales principios que sustentan el sentido común y el razonamiento práctico.

Si la Ley de Justicia y Paz solo haya cabida dentro del ‘punto final’ que todo proceso de negociación política requiere se entiende mejor que algo de Justicia habrá que resignar en favor de la Paz. Y este ‘sacrificio’ de Justicia no solo debe ser visto desde la perspectiva de la reducción de penas, sino también desde la necesidad de aceptar los cargos sin darle más ‘largas’ al asunto que las ‘mínimas’ inherentes al debido proceso. Si la balanza de Justicia y Paz opera eficazmente ni las penas durarán todo el tiempo que quisieran los inquisidores ni las culpas que habrá que cargar sobre las espaldas son todas las que realmente fueron.

Es aquí donde ‘la metáfora del 35 %’ vuelve y juega, y necesita ser transformada prácticamente hasta duplicarse. Aquí reside el gran desafío de las AUC después de su desmovilización. Y también del Gobierno nacional y de la sociedad colombiana si se quiere que el camino de la solución política negociada del conflicto armado comience con las AUC pero no se cierre con ellas. El contexto internacional pondría en grave riesgo la seguridad jurídica de los acuerdos de paz y del mismo trámite de aplicación de la Ley de Justicia y Paz si no se logra, al menos, que el 70 % de las colombianas y los colombianos avale libremente -sin manipulación- el ‘punto final’ que se avecina con las AUC.

Las próximas elecciones parlamentarias sepultarán definitivamente la ‘metáfora del 35 %’ y sus novelescos molinos de viento aunque el mito sobre ‘los amigos de las AUC’ subsista en la memoria colectiva porque con los mitos no se puede hacer nada en términos humanos más que estudiarlos y descifrarlos.

¿Qué tan necesaria y efectiva fue la utilización de ‘la metáfora del 35 %’ durante los cuatro años de este Congreso pronto a renovarse el 12 de marzo? Sigo pensando –como desde el primer día- que la Paz de Colombia está más cerca hoy que hace cuatro años. Y que buena parte de esta Historia se ha escrito y se seguirá escribiendo a partir de ese 35 %. Si esto es así cabe lo que dicen los italianos: ‘se non é vero e ben trovato’ (‘si no es verdad, está bien pensado’).

Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados también en www.salvatoremancuso.com