marzo 07, 2006

¿Cara a cara entre FARC, AUC y ELN? - La paz parcelada solo traerá más guerras

Esencias y matices (5)



Por JUAN A. RUBBINI MELATO
juan_rubbini@yahoo.com.ar

www.lapazencolombia.blogspot.com


Años y años de ver morir a nuestro pueblo por luchas entre hermanos, y siglo tras siglo de ver padecer a nuestra gente en la miseria y la pobreza nos han convertido a todos los colombianos en campeones del ver ‘la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio’. Sin embargo, ni las FARC son tan distintas de Uribe, ni el ELN tan diferente de las AUC. Tampoco el Polo es otro mundo distinto al Conservador, ni el Liberalismo de Gaviria es tan diferente al Liberalismo de Piedad. El elemento común, el vínculo inquebrantable, que nos une en las diferencias, así como las orillas se unen por el río, es la esencia humana que no admite distingos ni prelaciones. Errar es humano. Errar es de todos. El error finalmente nos redime. Todos nos equivocamos y esa certeza nos une. Nadie es perfecto pero todos somos perfectibles. Y esto viene a cuento en estos tiempos electorales de ‘caza de brujas’ y de no tan ‘santa inquisición’. Cuando tirar la piedra se ha convertido en el más difundido deporte del ‘mundillo político’ y esconder la mano el más cotizado recurso de los ‘sicarios morales’.

¿Cómo no van a estar ‘ardidas’ las FARC con el ELN haciendo votos por el éxito de la democracia ‘alternativa’ de los Lucho y compañía, y explorando formalmente fórmulas de paz con el Gobierno? ¿Cómo no van a estar intranquilas las AUC con la inseguridad creciente en sus anteriores zonas de influencia? ¿Cómo no van a estar temerosas las bases del ELN con las previsibles retaliaciones de las FARC? ¿Cómo no van a estar preocupados los Liberales con el Polo mordisqueando a su izquierda y los Uribistas horadando a su derecha? ¿Cómo no van a estar desvelados los del Polo con la crisis entre FARC y ELN metiéndoseles al rancho? ¿Cómo no van a estar inquietos los Conservadores con Uribe poniéndole proa al Partido Liberal después de su reelección? ¿Cómo no van a estar piense que te piense los Uribistas sabiendo que Uribe sigue siendo más Liberal que Uribista?

Si aquellas son preocupaciones serias, al mismo tiempo son el pan de cada día de los politólogos y los columnistas. Ah! Si estos últimos fueran menos sectarios y más imparciales, menos propagandistas y más objetivos. Si éstos hicieran un esfuerzo mayor por comprender y clarificar que por censurar y pontificar hallarían en la misma realidad de los problemas la materia prima de las posibles soluciones. Es demasiado hueco repetir que las FARC son puros bandidos y terroristas. Y que las AUC son motosierra y narcotráfico. Y que el ELN está diezmado y los Liberales son puro clientelismo y ‘miti y miti’. Y que los del Polo son mamertos reciclados y los Conservadores pura derecha y gamonales. Y que los Uribistas son fachos y neoliberales. Y Uribe un provinciano que para colmo de males habla en 'paisa' y gerencia en 'chiquito'.

Uno entiende las pasiones que desata el fútbol, y el calor de los hinchas y hasta alguno que otro desborde de los ‘barrasbravas’ pero si ese fervor y fanatismo se trasladan al campo del análisis político poco podemos esperar de los propios actores legales o ilegales, armados o desarmados, de izquierda o de derecha. No estoy diciendo que un día amanezcamos y nos encontremos en la Prensa con que las FARC son enviados de Dios o las AUC hermanitas de la Caridad. Ni que descubramos al ELN convertido en grupo religioso y a los partidos Liberal y Conservador pidiendo perdón por los muertos de la Violencia. Tampoco uno pretende que sean los del Polo quienes le reconozcan algo bueno a las AUC, ni que sean los Uribistas quienes le exijan al Presidente que se siente a conversar con las FARC. Mucho menos que se vea en Uribe un teólogo de la liberación.

Sin embargo, con el material tan rico en esencias y en matices que nos ofrece la realidad política colombiana algo mejor podría construirse en bien de Colombia y de sus ciudadanos, desde los actores desde luego, pero también desde las columnas y los análisis.

La ecuación de la complejidad política e ideológica no solo contiene unas cuantas variables sino también éstas son susceptibles de adquirir valores y comportamientos diferentes de los que solemos atribuirles con nuestra visión simplista y maniquea. Existen el rojo y el azul, y el amarillo y el negro, también el blanco y el verde. No obstante son los tonos grises y las gamas difuminadas aquellos posibles colores que restan por descubrir o reinventar si queremos completar el arco iris nacional.

Las FARC tomaron en su momento la decisión de Vencer o Morir. Al día de hoy ni han vencido ni han muerto, pero por causa de las FARC son hasta hoy demasiados los muertos que ni querían vencer ni morir. Estos miles de muertos que ya están muertos, y los miles de vivos que son candidatos a morir asesinados por aquella decisión de las FARC siguen esperando en su tumba o en su casa que la muerte de los vivos cese para que la muerte de los muertos pueda ser al menos un descanso en paz. Las FARC ponen condiciones para cesar la guerra. Lo menos que podemos hacer es escucharlas, debatirlas, reflexionar sobre ellas. Lo que no podemos darnos el lujo de hacer es medir en número de kilómetros la vida de todos nosotros. El tremendo error del Caguán no fueron los 40 y pico mil de kilómetros cuadrados sino el modo y los contenidos de la negociación. Sobre esto Colombia no puede seguir mirando hacia otro lado. Las FARC han dicho que están dispuestas a conversar. Cualquier esfuerzo en la dirección de conversar con las FARC no solo será bienvenido. Será también una bendición.

En la serie de preocupaciones mencionadas al comienzo de esta columna una buena parte de ellas se deriva del hecho de no estar sentados el Gobierno y la sociedad colombianos en una Mesa con las FARC.

Mientras eso no suceda y se encarrile seguiremos sumidos en un mar de desconfianzas e intrigas. El ELN avanzará en los diálogos con el Gobierno pero lo hará con inmenso temor y angustia por lo que vayan a hacer las FARC. Las AUC seguirán adelante con la concreción de su desmovilización y reinserción pero lo harán con un ojo mirando al monte por si toca regresar cuando las FARC pongan de rodillas a este o al próximo Gobierno. Los del Polo seguirán haciendo camino en la democracia pero con las FARC tirando bala es poco lo que la izquierda democrática podrá avanzar sin que se abran grietas insondables en su interior. Los Liberales están avanzando hacia el centro del escenario y está bien que lo hagan con Gaviria a la cabeza, pero cómo evitar que su renacimiento no se vea perturbado en las regiones por el ‘rearme’ de las NFA (nuevas fuerzas de autodefensas) si las FARC retoman la ofensiva y el Estado sigue haciendo agua. Uribe puede estar pensando en refundar el Partido Liberal pero ni modo que tenga éxito si no es con hechos de paz consolidados con las FARC. Finalmente, el Partido Conservador no podrá recuperar su fuerza política autónoma si la gran política de la democracia no deshace los entuertos de la guerra.

Entuertos que no han permitido -ni permitirán mientras haya conflicto armado interno- que el ‘bipartidismo clásico’ evolucione hacia el ‘tri-partidismo flexible’ que permita a partir de los vectores iniciales del Polo, el Partido Liberal y el Partido Conservador, que los pensamientos de izquierda, centro y derecha desarrollen sus potencialidades en pos de poner a caminar a la Colombia del post-conflicto.

Por eso si me preguntan, ¿por dónde arrancar para ponerle fin a tantas preocupaciones?, no veo cómo ni por dónde si no es sentando a dialogar sobre política y paz a las FARC con el Gobierno nacional y la sociedad entera, incluidos el ELN y las AUC, que también son parte de esta guerra y de esta sociedad.

Las AUC llegaron primeras a la Mesa de la Reconciliación, el ELN ya viene llegando. Pero ni unos ni otros pueden levantarse de sus Mesas ni sellar sus acuerdos definitivos con el Gobierno mientras las FARC no hayan comenzado y concretado su propio Proceso. La paz parcelada sería solamente un remedo de paz, un espejismo falaz en el desierto de la guerra que continúa.

Si para volver a creer en la Paz hay que regresar al Caguán, es decir al punto donde Pastrana rompió el proceso con las FARC, no veo porqué no hacerlo, mucho menos porqué no intentarlo, tras cuatro años de ruptura, con más secuestrados y más muertos. Donde Pastrana falló bien puede acertar Uribe, y donde las FARC se equivocaron pueden también enmendar su error y rectificar su rumbo.

Finalmente, no se trata de un problema entre ángeles y demonios, ni entre buenos y malos, ni entre dueños de la verdad y equivocados, sino de la construcción humana de comunes denominadores políticos que hagan de la vida en Colombia un asunto más humano. Millones de colombianas y colombianos tendrán aquí la última palabra, y en sus manos el fiel de la balanza.

Esto último compromete muy especialmente a Uribe y también a las FARC, las AUC y el ELN, al uno porque ‘no tiene ganado el cielo’ y a los otros porque ‘de ninguna manera están condenados al infierno’.

Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en:

www.lapazencolombia.blogspot.com y www.salvatoremancuso.com