abril 05, 2006

Asoma otra oportunidad de paz con las FARC

2006-2010: Mientras Uribe se ‘pastraniza’ Vargas Lleras se ‘uribiza’

Esencias y matices (9)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
juan_rubbini@yahoo.com.ar



Los escenarios políticos se prefiguran lentamente y un día nos sorprenden con su despliegue mezcla de realidad y de ficción. No porque no sean totalmente reales sino porque raramente los conocemos en su totalidad y siempre los terminamos adornando con nuestra propia desinformación, teñida de prejuicios además.

Construir la paz de Colombia exigirá una mayor apertura mental de los unos y de los otros. Me refiero a los actores armados ilegales y sus simpatizantes, así como al resto de la población, incluidas naturalmente las víctimas del conflicto, y especialmente la clase política, la comunidad universitaria y la sociedad civil y empresarial.

Tener simpatía por la causa política de las AUC, al igual que tenerla por la de las FARC o por la del ELN, no constituye un delito de opinión. Pero se trata de fenómenos políticos que requieren mayor fundamentación y una actitud pedagógica por parte de quienes así simpatizan. Es el único modo que el resto de la sociedad le encuentre explicación a tales sentimientos y comprenda –aunque no necesariamente comparta- las motivaciones y los fundamentos éticos e ideológicos que subyacen en estas ‘simpatías’.

No se puede abrir con eficacia el camino de la paz en Colombia si antes no se habilitan canales por donde fluyan en un proceso comunicativo de ida y vuelta la totalidad de las visiones ideológicas y los modos de abordar las problemáticas económicas, sociales y políticas que nutren hoy el pensamiento que Colombia tiene sobre sí misma. En esto los medios masivos de comunicación tienen un rol que cumplir y los espacios de la radio y la televisión no pueden seguir siendo ajenos a la construcción de paz. La paz de Colombia bien vale un canal de televisión y una emisora de radio, de alcance nacional, donde se escuchen ‘todas las voces todas’ –no pueden faltar las de los simpatizantes de las AUC, las FARC y el ELN, sin hacer llamados a la violencia pero sí a la reflexión y al análisis, de manera conjunta, sin sectarismos y con diálogo y debates alejados del pensamiento único y sectario, donde todos puedan expresarse libremente y confrontar de cara al público sus propuestas e interpretaciones sobre el pasado, el presente y el futuro.

A partir del 7 de agosto tendremos el mismo Presidente, con una gran diferencia sobre estos últimos cuatro años: ya no existirá el Uribe-candidato. Esto permitirá que ejerza la presidencia el Uribe-estadista que ya no estará tan preocupado por las próximas elecciones sino que se proyectará más bien sobre las nuevas generaciones. Ante tales perspectivas no le queda a Uribe sino ‘pastranizarse’ en materia de paz. Así como a Vargas Lleras le llegó el turno de ‘uribizarse’ y preparar su campaña del 2010 con la atención puesta en lo que vaya logrando Uribe con las AUC, FARC y ELN, al cabo de ocho años de presidencia. Quien quiera ser presidente de Colombia a partir de 2010 sabe que tanto el respeto por la autoridad como la paz necesitan consolidarse en la continuidad del Estado y el honrar los acuerdos firmados, en este caso con las AUC, las FARC y el ELN.

No estoy diciendo que volvamos a los tiempos del Caguán, ni que Ralito vaya a tener un tiempo suplementario. Pero sí estaremos durante los próximos cuatro años de Uribe más cerca del Pastrana del ’98 que del Uribe del 2002. Confiemos que todos hayamos aprendido algo de los años que siguieron al rompimiento de las negociaciones con las FARC, porque de otra manera el Vargas Lleras del 2010 tendrá que ser más parecido al Uribe del 2002, que al Uribe que se prepara para sorprendernos a todos –incluidas las FARC, el ELN y las AUC- a partir del segundo semestre del 2006.

Los años no pasan en vano y los pueblos y sus gobernantes aprenden de sus experiencias y más aún de sus errores. ¿Son acaso las AUC de 2006 las mismas de 2002? Por qué no aceptar que también las FARC han evolucionado en estos cuatro años y, aunque su discurso luce el mismo de siempre, no aceptar que por debajo de sus aguas pugna por emerger una praxis diferente que solo espera la ocasión propicia para salir a la superficie. Pensar lo contrario es negarle a las FARC su propia dialéctica, su propia ‘humanidad’, lo que es decir negarle su legítimo derecho a ‘revolucionarse’ y adaptarse a los cambios de las circunstancias. No se trata solo de ideología sino también de supervivencia y legado histórico, no se trata de ser solamente fieles al pasado sino recuperar una visión y un camino que les haga posible el futuro. En esa transformación interior están y en su momento lo harán manifiesto. Ciertamente, no mientras dure la campaña electoral de Uribe. En las actuales condiciones es imposible y todo el apoyo de las FARC está encaminado hacia Leyva y Gaviria. Si ha sido tan difícil para las AUC eso de negociar con un candidato tan cuidadoso como Uribe del costo político, figúrense para las FARC. Para lo que aspiran las FARC, el ‘negocio político’ -no el ocio ‘mamagallista’- es tener sentado enfrente un estadista –no un candidato-, y a partir de agosto lo tendrán. Y sabrán también las FARC qué es lo ‘negociable’ para el Estado, bajo qué condiciones y con cuáles necesarios consensos y compromisos, nacionales e internacionales.

Colombia tendrá por cuatro años más un presidente que la defienda y las FARC tendrán un interlocutor dispuesto a entenderlas y ‘abrirles trocha’, así como un País distinto, más maduro y dispuesto a perdonar, con voluntad de paz y los brazos otra vez tendidos hacia las FARC con la esperanza de que esta vez sí será posible acercarnos definitivamente al final de la guerra. Ralito no puede justificarse históricamente sino como el anticipo del ‘nuevo Caguán’ aunque esto costará que lo asimilen los extremistas de derecha, y mucho más que lo vayan a perdonar los ‘fundamentalistas de la democracia’ o ‘de la revolución’, los ‘puros’ que no toleran la menor impureza porque se sienten dueños de la verdad, incontaminados custodios de la ‘verdad revelada’ sea por las Sagradas Escrituras, la Revolución Francesa o por Marx, que no es lo mismo pero termina siendo igual.

Las AUC y sus simpatizantes han de encontrar, mientras tanto, el mejor modo de comunicarse abiertamente y sin pudores con la Opinión pública. Esa comunicación es esencial para el éxito de cualquier proceso de paz con el ELN y las FARC. Si Colombia no entiende de la propia boca de las AUC y de sus bases sociales la razón de su lucha en tiempos de guerra y el por qué de su iniciativa de desmovilización, tampoco entenderá las razones de ser y de existir de las guerrillas. La cara oculta de la luna, es tan propia de la luna como la cara visible, la una no puede existir sin la otra, y la una y la otra cara son finalmente la misma cara. Es por ello que en Colombia no hay propiamente víctimas y victimarios del conflicto, sino solamente víctimas, o solamente victimarios. Lo que es lo mismo que decir que aquí nadie ha matado a nadie sino que todos nos hemos estado suicidando. Por ello lo que necesitamos no son castigos –el suicidio ha sido suficiente castigo- sino premiar a los sobrevivientes con el premio superior de la vida donde la reconciliación no sea solamente con el otro distinto a mí, sino fundamentalmente con el extraño que me habita y que durante todos estos años no me ha estado pidiendo sino que ‘lo’ deje vivir en paz.

Alguna vez escribió Pascal que ‘el amor es un malentendido que se prolonga’. En Colombia, tenemos el derecho de creer que también la guerra es un malentendido que se prolonga, y que si ha habido razones para la violencia de los unos y de los otros, también han habido siempre malos entendidos que hicieron imposibles los acercamientos y los diálogos entre las partes enfrentadas.

Que nadie se sorprenda entonces si las AUC observan con buenos ojos las conversaciones de La Habana con el ELN, de la misma manera que están dispuestas a regocijarse por el próximo inicio del nuevo proceso de paz entre las FARC y el gobierno nacional.

Sin embargo, si el pensamiento de las AUC continúa siendo tabú en la Prensa, si los prejuicios y las estigmatizaciones sobre las autodefensas prevalecen sobre el diálogo y el acercamiento con sus dirigentes y sus simpatizantes, si las mismas AUC siguen encerradas en el ‘freezer’ a causa de las insalvables restricciones políticas en su contra, ello no augura sino más aislamiento, más silencio y menos posibilidades de entendimiento entre quienes quieren abandonar la guerra y quienes quieren construir la convivencia en paz.

Ambientar un nuevo proceso de paz con las FARC no será sencillo, pero Uribe es el más indicado para hacerlo. Primero, haciendo conocer a unos y a otros los costos de la guerra, segundo haciendo conocer a unos y a otros los beneficios de la paz. Esto es solo el comienzo, lo que sigue después es un despliegue grandioso de imaginación, talento e inteligencia. Siempre con humildad, nunca con arrogancia. Con infinito tesón y paciencia. Sabiendo que con cuatro años por delante es mucho lo que se puede avanzar.

Hubo un momento, en los peores tiempos del Caguán, en el que pareció que Pastrana no rompería el proceso con las FARC por nada del mundo. Sin embargo, lo rompió a pocos metros del final de su mandato.

Hubo otro momento, el 7 de agosto de 2002, en el que pareció que Uribe jamás reanudaría lo que Pastrana había roto. Sin embargo, hoy Pastrana representa a Uribe en Washington –donde se pide la ‘bendición’ de las iniciativas de paz o de guerra- y Uribe se muestra dispuesto a darle a la paz con las FARC una nueva oportunidad. Nadie mejor que Pastrana para explicarles a los ‘gringos’ de qué se trata esta vez y qué es lo que aprendió el Estado colombiano tras los últimos cuatro años –y los cuatro anteriores.

E.U. respondió de inmediato calificando a las FARC de ‘cartel de la droga’ –y de los más grandes del mundo. Lo cual –leyendo entrelíneas- es nada más que el comienzo de la negociación. Y esto –lo de la proximidad de la negociación- las FARC lo intuyen –y a su manera, se lo han ganado. Sin que bajo este análisis Uribe haya necesariamente perdido.

Confiemos en que esta vez ganemos todos con la paz, en vez de seguir perdiendo todos con la guerra.

Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en:

www.lapazencolombia.blogspot.com y www.salvatoremancuso.com