abril 24, 2006

AUC, FARC y ELN hacen su juego ‘de base’ sobre la ruleta electoral

Si uno no se mete en política, la política (y los políticos) se meten con uno



Esencias y matices (12)


Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juan_rubbini@yahoo.com.ar



Las bases sociales y los simpatizantes de las AUC, FARC y ELN aguardan la jornada electoral del 28 de mayo para pronunciarse masivamente, unos votando, otros absteniéndose de hacerlo. En cuestiones políticas las voces pesan igual que los silencios, y no resulta correcto aplicar aquí aquello de que ‘quien calla otorga’, o lo demagógico y trillado de que ‘el pueblo nunca se equivoca’.

Quienes del lado de las FARC y del ELN se inclinen por manifestarse votando no podrán hacerlo por candidatos propios porque su libre opción por la lucha armada lo vuelve imposible. En el caso de las AUC se ha llegado a la misma imposibilidad de facto pero a partir de una situación bastante diferente: mientras que, en cumplimiento de los acuerdos firmados con el Gobierno, su Estado Mayor Negociador ha desmovilizado la totalidad de los combatientes AUC –como lo admiten públicamente los altos funcionarios del Gobierno- el mismo Gobierno está en mora de llevar a la práctica lo acordado al finalizar la etapa exploratoria e iniciarse la fase formal de negociaciones (Punto 2, in fine, del ACUERDO DE SANTA FE DE RALITO PARA CONTRIBUIR A LA PAZ DE COLOMBIA, del 15 de julio de 2003): “El gobierno se compromete a adelantar las acciones necesarias para reincorporarlos (a la totalidad de los miembros de las AUC) a la vida civil”.

Los derechos políticos de los ciudadanos son componentes esenciales, y por lo tanto insustituibles, de los derechos civiles. La llamativa demora del Gobierno en habilitar los canales correspondientes de participación en política de las ex AUC despierta no pocos temores y suspicacias. Temores de que el Gobierno vaya a incumplir lo acordado en Ralito por parte de unos y suspicacias por parte de otros acerca de la verdadera naturaleza de lo pactado.

Si le sumamos a esto que la misma exequibilidad de la ley de Justicia y Paz –de cuyo texto las AUC han tomado formal distancia desde el primer día- está en vilo en la Corte Constitucional el panorama de la reinserción de las AUC no puede aparecer más oscuro, ya no solo desde la óptica de los derechos políticos que estarían siendo vulnerados, sino también desde el asunto tan delicado y comprometedor de la seguridad jurídica de los ex comandantes AUC. Esto no solo es gravísimo si lo vemos desde los legítimos intereses de las AUC sino también desde los naturales intereses del ELN que está iniciando su propio proceso de regreso a la civilidad y que no puede sino sentir pánico en cuerpo ajeno cuando percibe por enésima vez que las debilidades e indolencias del Estado corren más de prisa que los buenos propósitos de paz y reconciliación.

Volviendo al tema de las elecciones y las preferencias de las AUC, FARC y ELN las opciones al alcance de la mano no se limitan a una o dos sino que exceden cualquier posible simplificación para convertirse en una complejidad política mayor.

Por el lado del ELN, la ‘mutua simpatía’ y el ‘paralelismo’ con la vertiente social-demócrata que alientan Serpa y la izquierda liberal oficialista, se han ido extinguiendo desde finales de los ‘90 en la misma medida en que el ´serpismo´ inició su declive como opción de poder. Ahora, quienes se aprestan a enterrar lo que fue la alianza Serpa-ELN son los liberales de izquierda, decepcionados con Serpa, que votarán por Gaviria, así como los ‘García’ y los ‘Galán’ que se suben al tren de Gaviria porque resulta la coartada perfecta para no quedar mal ni con las FARC, ni con el Polo ni con el mismo Uribe. No puede excluirse sin embargo que algunas bases sociales del ELN sigan votando por Serpa a pesar de los guiños de ‘García’ y de ‘Galán’ para que lo hagan por el candidato del Partido Comunista. Pesan aquí arraigadas tradiciones populares que suelen prevalecer sobre las modas. Y se sabe que para mucho colombiano ‘trapo rojo liberal’ pesa bastante más –sobre todo a la hora de votar- que ‘trapo rojo comunista’.

Las FARC van una vez más por la abstención, lo que no significa que los ‘votos abstencionistas’ pertenezcan a las FARC ni mucho menos. Las FARC siguen considerando la abstención el principal recurso político que disponen –sin ningún costo- para deslegitimar la democracia que ellos combaten y de paso no ser contadas en elecciones libres. No dejan de desconfiar de los dirigentes del Polo donde las corrientes ‘progresistas’ de Lucho y de Gaviria, y el ‘liderazgo desertor’ del M-19 confluyen ahora con la presencia ‘elena’ que consideran más fruto de la claudicación ´pequeño-burguesa’ del COCE que una real opción de lucha por los pobres y explotados. En síntesis, la vía del Polo –desde la perspectiva FARC- no deja de ser una opción contrarrevolucionaria y legitimadora de todo lo que significan Bush y Uribe, un ‘infantilismo’ de izquierda en el mejor de los casos. Sin embargo, la participación de sus socios estratégicos del Partido Comunista en el Polo –por las mismas contradicciones inherentes a la práctica política de sumar todas las formas de lucha- les impide a las FARC decir abiertamente que no acompañan –‘ni por el chiras’- la primavera ilustrada y cachaca de Carlos Gaviria, acompañado en su fórmula presidencial por Patricia Lara que ha declarado que ‘todos los colombianos estamos hasta la coronilla de la guerrilla’. ¿Cómo habrán recibido en su arrogante ego las FARC las palabras de Lara? que dicho sea de paso afirma conceptos que uno jamás ha escuchado antes de boca de Petro y de Borja, ni de Lucho Garzón ni de María Emma, tampoco de Carlos Gaviria, cuando muy valiente y suelta de cuerpo, afirma que:

“Por la torpeza de las FARC y sus métodos, y por tener a la gente absolutamente harta de la guerra y de ellos, es que Uribe está donde está y Colombia va en contravía de América Latina. Si la guerrilla no existiera, muy probablemente nosotros estaríamos en una situación como la de Chile o de Brasil. Por la misma razón que ganó Pastrana ganó Uribe: la gente está hasta la coronilla de la guerra y de la guerrilla; todos los colombianos estamos hasta la coronilla de la guerrilla. Yo creo que la guerrilla es responsable de que la izquierda en Colombia no tenga la misma relevancia que en otros países de América Latina”. (cita textual de www.unpasquin.com.co)
¿Por quiénes habla Patricia Lara, por sí misma, por Carlos Gaviria, por una parte del Polo, por todo el Polo incluido el Partido Comunista? Amanecerá y veremos…

En el caso de las FARC la recomendación esencial –no la acomodaticia- a sus simpatizantes y bases sociales seguirá siendo la de abstenerse de votar. Y en todo caso si alguno quiere hacerlo que lo haga por Serpa –en contra de Gaviria y de Uribe. El caso de las FARC con Leyva es distinto. Leyva no es opción electoral de las FARC. Leyva se está dando el ‘vitrinazo’ para que las FARC realicen una ‘prueba de mercadeo’ respecto a los votos independientes que puede captar en el lumpen-electorado y principalmente –y este es el quid de la ‘cuestión Leyva’- fortalecer ante la Opinión pública a este versátil e histriónico político conservador para la eventualidad de un proceso de paz con Uribe. Proceso que tanto Uribe como las FARC ven más cercano que el común de la gente –aunque callen lo que están ‘cocinando’ hasta cuando llegue ‘la hora de los anuncios’. En todo caso no antes del 28 de mayo.

Por los lados del caudal de votos que son susceptibles de aportar las bases sociales de las AUC y sus simpatizantes –que estimo a ‘mano alzada y con ojo de buen cubero’ como no menos de tres millones de colombianos y colombianas en todo el país y el exterior- las incógnitas son muchas sobre el camino que tomarán el día de salir a votar. Aunque su influencia cuantitativa –y cualitativa- merece un serio y postergado análisis político resulta imposible avanzar aquí más allá de algunas mínimas y aventuradas hipótesis. El recorrido de los columnistas y editorialistas sobre las AUC ha preferido sembrar sobre esta nueva fuerza política un cúmulo de estigmas y descalificaciones que si sacia el apetito revanchista de los muchos anti AUC despierta también la curiosidad, e incluso la simpatía, de quienes solemos desconfiar sobre las críticas de la prensa cuando se sospecha con fundamento que forman parte de una campaña orquestada y malintencionada, por ser demasiado constantes, harto caricaturescas, y finalmente ostensibles y sin recatos ni disimulos en su propósito difamante. Así como solemos desconfiar de los halagos empalagosos hacia los personajes y organizaciones públicos cuando se intuye que ‘tanta supuesta belleza no puede ser del todo cierta’, contrario sensu también terminamos desconfiando de tamaña insistencia en la crítica venenosa y morbosa hacia las AUC –uno de los bandos enfrentados en el conflicto armado colombiano- intuyendo que ‘detrás de tanta supuesta maldad atribuida a las AUC ha de haber ciertas verdades buenas y meritorias que se callan’, en este caso sobre las AUC y el controvertido papel que han jugado en la guerra.

Podemos estimar que en la jornada del 28 de mayo la abstención de los simpatizantes y bases sociales AUC no será inferior al 50 %, entre otras cosas, porque el promedio de la base social y simpatizante AUC no está lejos del ‘sentido común nacional’ que no encarna entre sus hábitos el compromiso moral e histórico de acudir a las urnas. Por otra parte, la imposibilidad de votar por candidatos propios o por aliados consensuados en acuerdos políticos, de carácter programático, con las ex AUC, hace que el fervor por los propios colores e ideas no encuentre cauce donde desembocar ni candidato cuyo mensaje y propuesta coincida sustancialmente con los propios. La misma situación de ‘limbo jurídico’ en que se encuentran los ex comandantes desalienta en las bases y en los simpatizantes AUC ‘premiar’ con el voto a quienes desde el Gobierno o desde la oposición no supieron –o no quisieron- dotar al proceso de paz con las AUC de suficientes garantías y horizonte claro para quienes tomaron la valiente decisión de decirle adiós a las armas y jugársela toda por la paz.

No olvidemos tampoco que no se trata solo de los derechos civiles de los ex comandantes ni solamente de la irresuelta cuestión de cómo hacer política en la legalidad para las ex AUC. Se trata también de la reinserción de más de treinta mil ex integrantes de las AUC a la vida social, educativa y laboral cuyo desarrollo ha tenido poco que ver con las expectativas y las promesas oficiales. Como también se trata de la necesidad de 'insertar' en el País real comunidades y regiones enteras donde, hasta aquí, solo han llegado como 'colonizadores' los actores armados ilegales, incluso las AUC, pero jamás una presencia del Estado social de derecho, como si Colombia estuviera condenada –incluso tras cuatro años del actual Gobierno- a tener más territorio que Estado, más promesas y buena voluntad de los políticos que realidades consistentes y apoyo concreto, por parte de la institucionalidad democrática.

Ante el panorama triste y desalentador que menciono arriba, ¿cómo pensar frívolamente que el presidente Uribe cuenta con el apoyo unánime de las bases sociales y simpatizantes de las AUC? Esto está bastante lejos de la realidad. Y también en esto las bases sociales y simpatizantes de las AUC se acercan mucho al promedio de los colombianos. Un 70 por ciento de quienes finalmente voten lo harán muy probablemente por la persona de Uribe presidente –que no significa votar por el ‘uribismo’ que tan mal ha tratado a las AUC, al punto de propiciar con su ‘ausentismo de la paz’ el ‘limbo’ actual en el que se ha precipitado el estatus político y la reinserción de las autodefensas. Confluyen en este 70 % (aproximadamente 1 millón de votos), quienes votarán la reelección de Uribe por lo que Uribe significa para Colombia con aquellos que votarán por lo que significa Uribe como líder nato del liberalismo en el corazón de quienes su amor por la causa de las autodefensas no les ha hecho dejar de lado la persistencia de su sentimiento liberal. El liberalismo como bandera política es de lejos la fuerza mayoritaria en las bases de autodefensas. Sin embargo, en ese 1 millón de votos que pondrán los amigos de las AUC por Uribe también habrá presencia conservadora, la segunda fuerza en la composición de base social y simpatizantes AUC. Calculo unos trescientos mil votos ‘azules’.

En este análisis sobre los tres millones de potenciales votantes provenientes del ‘autodefensismo’ un primer hecho a destacar es que se prevé aquí que la abstención triunfará sobre los votos que vayan hacia Uribe. Un millón y medio contra un millón en cifras cerradas. ¿Qué destino tendrán los restantes quinientos mil votos? Me inclino a pensar que dos tercios de los mismos (aproximadamente 350.000 votos) irán hacia el candidato oficial del Partido Liberal. En parte, por simpatías personales que despierta el carisma innegable de Serpa y por aquello de premiar una trayectoria que si para muchos merece objeciones a otros conmueve en su cruzada de toda la vida por lo social. Cruzada que bien merece solidaridad y resulta a todas luces plausible.

Quedan después 150.000 votos cuyo destino principal será aportarle a la campaña de Antanas Mockus. Encontramos aquí la siembra de las autodefensas en el campo de los estudiantes universitarios y las simpatías académicas y los profesionales que se identifican con la racionalidad educativa y científica y los valores éticos que pondera Mockus.

Se preguntarán por Gaviria y por Leyva. Más allá de curiosidades estadísticas, algo de despiste y esas cosas que tiene la vida no advierto en las bases sociales y simpatizantes de las AUC la más mínima intención de votar por Gaviria o por Leyva. Y no porque no se les asigne méritos intelectuales ni capacidad de gestión. Simplemente se los aprecia –y de ninguna manera se los descalifica- pero se los aprecia como jugadores de otros equipos, el primero del ELN y el segundo de las FARC. Y no solo eso, son además jugadores de la selección ‘guerrilla’.

Lo cual, tras todo este discurrir, me recuerda que hoy por hoy a los ´paras´ ni les dejan tener equipo propio para jugar en la liga política, ni les habilitan sus jugadores para que puedan jugar en ninguna selección, ni siquiera la que ‘supuestamente’ se prepara para jugar contra la selección ‘guerrilla’ en los campos de la guerra o de la paz.

Por eso mientras llegan tiempos mejores, las bases sociales y simpatizantes de las ex AUC dividen su preferencia para el 28 de mayo en el siguiente orden entre la abstención (50%), Uribe (33.3%), Serpa (11.7%) y Mockus (5%).

O, si se prefiere sin considerar el abstencionismo, y haciendo 100, el millón y medio de votos a depositar: Uribe (66.7%), Serpa (23,3%) y Mockus (10%).

Lo cual, en plata blanca, significa que las bases sociales y simpatizantes de las ex AUC se preparan para depositarle a Uribe 1.000.000 de votos, a Serpa 350.000 y a Mockus 150.000.

Mientras tanto –mientras sigue “la lluvia sin cesar, golpeando en el cristal” y “gira la cuchara del café”- los tres millones de simpatizantes y bases sociales AUC siguen esperando con la fe del carbonero por la pronta libertad de sus líderes y compañeros hacedores de paz y por el derecho de votar sus propios candidatos políticos, sin endosos que escandalicen a los hipócritas, ni tener que escoger sin consuelo ni esperanza entre el ‘voto castigo’ y el ‘menos malo’.


Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en:

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