abril 17, 2006

El dilema de las FARC: Si no haces la guerra ¿cómo puedes negociar la paz?

Uribe tiene la respuesta y no los que ‘viven o lucran del cuento’


Esencias y matices (11)



El "pas de deux" es un concepto difundido en el vocabulario de la danza y poco utilizado en el lenguaje político. A propósito de Serpa y Gaviria, cabe disfrutar por analogía la destreza en el cortejo y el abrazo –y también la competencia- que se establece hoy entre la pareja que une, y desune, la pasión por el Poder. El refinado arte del ‘pas de deux’ puede entreverse también, desde el ojo político, en el baile de Uribe con las FARC, aunque, en este caso, lo que está en danza –la guerra o la paz- es más propio de la tragedia griega que del vodevil.


Coincido con quienes sostienen que la dificultad sustancial para una negociación política, que ponga fin al conflicto entre las FARC y el Estado, no reside ni en Uribe ni en el mismo Secretariado de las FARC, sino en los entornos y la periferia de ambos. Y no solo eso, creo que tanto para la guerra como para la paz, de lado y lado, de la hipotética Mesa, están quienes tienen que estar. Me refiero a hombres prácticos –de armas tomar si es el caso- pero fundamentalmente pragmáticos por aquello de ir al grano y no detenerse –para lograr sus propósitos- ante nada ni ante nadie.


Recordemos que aquí estamos hablando de rigurosa política no de filosofía, ni de su brazo dilecto, la ética. Hombres y mujeres de este talante –dispuestos a jugarse enteros, hasta su propia vida, por aquello en lo que creen- suelen hacer gala de su ‘odio’ en público pero no pueden sino reconocerse mutuo valor en privado –e incluso ‘amarse’ en los acuerdos políticos a los que den a luz- acuerdos que no pocos temen y quisieran ahuyentar a como dé lugar.


Me refiero, entre los que se interponen en el camino del hipotético acuerdo político entre Gobierno y FARC a quienes ‘viven del cuento’ y a ‘quienes se lucran de él’. Aunque tampoco han de ser dejados de lado aquellos que temen que el costo de la paz les afectará en los bolsillos más que lo que los afectaría en impuestos el costo de proseguir la guerra.


Entre quienes ‘viven del cuento’ podemos distinguir a los extremistas ideológicos de derecha y de izquierda, que tal vez no sacrifiquen el mundo por pulir un verso, pero sí están dispuestos a sacrificar el destino de un País entero con tal de que no se vean puestos en entredicho sus presupuestos ideológicos y sus dogmas políticos. Si nos referimos a quienes optan por la extrema derecha no podemos dejar de citar aquí a quienes calificaban de ángeles a las autodefensas cuando empuñaban el fusil y las sindican como demonios ahora que le han dicho adiós a las armas. Seguramente, de este extremo derecho de la política surgirán las voces que verán a Uribe como el Anticristo –o el Kerenski criollo- si se sienta con las FARC a negociar. Por el lado del extremo izquierdo las cosas son aparentemente al revés –pero en el fondo son iguales-; aquí hay quienes ven a las guerrillas como ángeles alzados en armas contra el sistema burgués pero las verán como demonios aburguesados traidores de la ‘revolución’ cuando las FARC se sienten a negociar con Uribe.


Si existen quienes ‘viven del cuento’ del conflicto armado, desde lo ideológico, también están los que ‘se lucran’ del conflicto armado, desde sus intereses económicos o de poder político. Aquí encontramos a los diversos eslabones del narcotráfico que viven camuflados junto a las FARC, a quienes se benefician por el ‘testaferrato’ de su control territorial y protección, a los políticos y burócratas que desde los municipios, las gobernaciones y los ministerios, las universidades, los órganos de seguridad y de justicia, y demás eslabones del poder paralelo de seudo-izquierda, recibirían su golpe de gracia y la visibilidad cuya perspectiva ciertamente los desespera, con el cese del conflicto armado y el ingreso de las FARC a la legalidad.


Dentro del ‘cuento’ del conflicto armado también pululan y parasitan personajes siniestros que han hecho del conflicto armado entre FARC y Estado la razón de sus poderes y privilegios. Hasta aquí se escudaron tras el ‘monstruo AUC’ pero ahora se los ve deambular sin saber de qué rama asirse tras 28.000 desmovilizados y la voluntad inquebrantable de las AUC de no volver a oficiar como pararrayos de tanto interés ruin que bebe de la guerra como vampiro de sus víctimas. No quiero imaginarme qué sucedería con estos mercaderes del caos si las FARC siguen el camino de las AUC y abandonan la lucha armada.


Todo esto se sabe, y si lo menciono aquí es por aquello de que no es tan cierto aquello de que en Colombia todos estamos por la paz y solo Uribe y las FARC son los ‘guerreristas’ que no la quieren.


El día en que Uribe y las FARC anuncien la apertura de un nuevo proceso de paz Colombia deberá estar preparada para que desde los costaditos, e incluso desde las mismas entrañas del ‘conglomerado uribista’ y de las FARC se disparen poderosas alarmas denunciando, unos que Uribe le está regalando el País a las FARC y otros, que las FARC están traicionando a sus bases campesinas y de trabajadores explotados, entregando el País al monopolio de los ‘cacaos’, al tenebroso TLC y al imperialismo yanki.


Cuando me refiero a los que viven del ‘cuento’ del conflicto, o se lucran de él, no pretendo negar la existencia del conflicto, sino todo lo contrario. Lo juzgo tan real y tan contundente el conflicto –y sobre todo tan extendido en el tiempo y en el espacio-, como para que, precisamente, amparados por ese amplio cobertizo –que no es para nada un cuento, ojalá lo fuera- se disimulen a su sombra y abrigo tantos pícaros y malandrines, que encontraron, a su modo, la forma de beneficiarse con la perpetuación de la guerra.


Algo de otro tenor puede preverse si se atiende a las señales que en estos días emiten con bajo perfil las AUC que no cuentan ni por asomo con ‘prensa complaciente’ en Colombia ni en el mundo, ni con ‘países amigos’ con la ‘berraquera’ de Cuba y Venezuela, capaces de dar la cara por las guerrillas y poner sus diplomacias al servicio de sus procesos de paz. Entre esas voces interesadas en eternizar la guerra que menciono –y esos llamados a abortar cualquier proceso de paz con las FARC- no estarán ni las AUC desmovilizadas, ni sus simpatizantes ni sus bases sociales que se han juramentado por abandonar las armas y transitar por las vías de la legalidad y la política hacia la Reinstitucionalización del Estado, la Unidad nacional, las Autonomías regionales, la Solución política del conflicto armado y el Progreso Social.


Mientras tanto, el ELN le hace la guerra a las FARC en Arauca por motivos que huelen más a implosión y a ´sálvese quién pueda’ que a estrategia militar o política. Por otro lado, el COCE le aporta ‘capital político’ -con su bienvenido ‘cese no declarado’ de hostilidades que incluye no secuestros, ni siembra de más minas, ni voladura de torres y oleoductos (algo totalmente propio de su todavía subsistente ‘carisma revolucionario’)- al romántico ‘pas de deux’ del ‘serpismo’ y del Polo.


Por su parte, las FARC, mientras combaten el ‘anarquismo’ degenerativo del ELN en Arauca y siguen siendo sus socias ‘narcocapitalistas’ en el resto del país, permanecen sumidas en el dilema existencial que puede sintetizarse desde su perspectiva farquiana con el siguiente interrogante:


“Si no haces la guerra ¿cómo puedes negociar la paz?”


Mientras en la decisión ‘elena’ su opción política encuentra buenas razones para dejar de lado –siquiera temporalmente- la comisión de actos terroristas contra la población civil, las FARC cavilan sobre cuál es el camino a seguir. Por un lado se juegan estratégicamente por la carta de Leyva –y sólo tácticamente por la de Gaviria- candidatos que –dicho sea de paso- no han hecho un solo pedido público a las FARC acerca de que al menos no involucren a la población civil en sus acciones militares, como tampoco hay conocimiento de que les hayan exigido a las FARC y al ELN que respeten el DIH. A Serpa y a Gaviria les complace más diferenciarse de Uribe que de las FARC y del ELN. Serpa y Gaviria sabrán a qué le juegan y a ellos hay que remitirse.


Tal como viene el río arrastrando las aguas del conflicto armado desde hace décadas no puede esperarse de parte de las guerrillas un cambio de actitud de 180 grados como aconsejaría la coyuntura política en América Latina –y también en Colombia- visto esto desde los intereses de la misma izquierda democrática, liberal, o incluso comunista. Unos y otros –guerreros e intelectuales, o simples burócratas de partido- han encontrado una cierta comodidad en sus posiciones tradicionales y ven cualquier cambio en el statu-quo del conflicto con cierto escepticismo, incluso perplejidad acerca de la real conveniencia de sumarse a la ola democrática desarmada que recorre nuestro continente.


Sin embargo, si uno puede entender y hasta aceptar que la visión que se tiene desde el monte y la ilegalidad permita algún desfase entre la coyuntura cortoplacista y el mediano y largo plazo –no resulta sencillo acomodar la precisión y el alcance de la mirada a tanta distancia del mundo real- no puede resultar tan benigno el juicio hacia quienes desde candidaturas presidenciales –nada menos- desertan de la defensa a rajatabla del orden constitucional y las instituciones democráticas asumiendo, por el contrario, ante las FARC y el ELN una actitud de paternal benevolencia y cero condena a sus actos terroristas como si tantos muertos y tanta sangre, y tanta libertad secuestrada, por el mesianismo revolucionario, no merecieran siquiera un severo llamado al orden y al cese del fuego.


“Si no haces la guerra ¿cómo puedes negociar la paz?” En este dilema siguen patinando las FARC, entre otras cosas, porque quienes simpatizan ideológicamente con sus propósitos políticos no han sido firmes y consecuentes en su intento persuasivo y pedagógico de hacerles saber que si persisten en hacer la guerra no pueden sino aspirar a la victoria o la derrota, pero jamás a la negociación política. Por el contrario, la ‘perversidad política’ de los Gaviria y los Serpa, en su discurso frente a las FARC y el ELN, se centra en que ‘con ellos en la Presidencia la negociación sí sería posible y lo sería independientemente de los actos terroristas que hubiesen cometido o siguieran cometiendo’. En esto último no incluyo a Leyva porque lo suyo con las FARC no parte de una coincidencia ideológica –que no existe como existe en el caso de Gaviria y de Serpa- sino de una cuestión eminentemente humana de simpatía personal y voluntad de acercar la paz a Colombia, cosa que cualquier bienpensante tiene derecho de sentir respecto a las FARC, incluso viniendo del campo conservador como Leyva y Pastrana.


Ante la tentación del Polo y del ‘serpismo’ el ELN está dando el paso que está dando, en el momento histórico en que lo está dando –coyuntura electoral en Colombia y contexto favorable en América Latina- con el ánimo de que esas fuerzas políticas acumulen votos que le permitan hacerle contrapeso a Uribe. Es un cálculo político no solo lícito sino además plausible. Sin embargo, los resultados de las elecciones parlamentarias, lejos de favorecer el frente ‘poliserpista’ reforzaron el uribismo en todos sus matices. Tal vez, esto pueda interpretarse –particularmente en los casos ‘insignia’ de los ‘quemados’ García-Peña y Rojas- como que lo que queda del ELN ni es mucho militarmente para influir en la guerra ni resulta suficiente para influir políticamente de manera importante.


Con las FARC el asunto ha sido tradicionalmente –y lo seguirá siendo- a otro precio. Lo de las FARC no puede encasillarse en las modas políticas por lo masivas y contagiosas que estas resulten. Vacunadas bastante están las FARC contra el virus benigno de la democracia que ellos combaten. Para ellas lo que cuenta es el poder, o cuanto menos las cuotas de poder, se obtengan a través de la victoria militar –cada vez más imposible-, de la insurrección popular –de inciertos resultados finales si algún día se produce- o de la negociación política –que sigue teniendo favorabilidad popular incluso en las encuestas de la era-Uribe.


¿Qué conspira contra la negociación política con las FARC más allá de los ‘amigos de sus propios intereses’ a los que ya hicimos mención más arriba? A la hora de la verdad, solo conspiran las mismas FARC. ¿Por qué? Probablemente, porque ni estén tan cohesionadas ni sean tan monolíticas como suelen retratarlas los estereotipados análisis que de las FARC se hacen. Tantos años de contactos con la delincuencia y convivencia con los ‘narcos’ no pueden sino haber corrompido y debilitado su espíritu de cuerpo. Tanto distancia geográfica y diferencias regionales entre los diversos territorios de influencia no pueden sino haberse revertido en la ‘feudalización’ de su sistema interno de toma de decisiones.


Las FARC bien pueden estar hoy más cerca de la ‘confederación pragmática’ que de la ‘unidad principista’, más cerca del ‘capitalismo agrario’ y del capitalismo a secas que del ‘comunismo original’. Nada me extrañaría que hoy se entendieran mejor, sobre el presente y futuro de Colombia, el Secretariado de las FARC con lo que fue el Estado Mayor de las AUC que impulsó Ralito –el que se jugó por el ‘adiós a las armas’ y los actos de fe- que lo poco que podrían compartir los líderes históricos de las FARC con los dirigentes del Polo, o del ‘serpismo’. Sin dejar de lado para este análisis las distancias grandes que se han ido ahondando entre algunos ´señores de la guerra’ que se dicen FARC y otros ‘señores de la guerra’ que también se dicen FARC.


El ELN aparece hoy más pequeño burgués que nunca antes, etéreo y gaseoso en sus propuestas de ‘gobernabilidad alternativa’ como si hubiese descubierto en los Garzón y en Fajardo, en los Petro y los Robledo, el valor de la democracia para llegar al poder, mientras las FARC –más dueñas de sabiduría campesina- aparecen dubitativas pero apostando una vez más por lo que les dicta el instinto, con los pies bien apoyados sobre la tierra. Lamentablemente, la tierra que pisan las FARC es la tierra de la guerra. Sin embargo el instinto básico que las mantiene en pie sigue siendo campesino y productivo, más ocupado en crecer desde los extremos colonizadores de la selva y el monte, que desde las ofertas gelatinosas y necesariamente urbanas de los Serpa y Gaviria de turno, que a las AUC desmovilizadas seguramente no seducen, pero que a las FARC tampoco –y esto último es lo que puede sorprender a muchos que quisieran sumar a las FARC a su campaña electoral ‘antiuribista’.


No se trata de que las FARC se estén pasando a la coalición ‘uribista’ con su negativa a sumarse a la ola de izquierdismo de moda que algunos entusiastas del ‘mamertismo’ criollo se empeñan en inflar e inflar como ‘pompa de jabón’. Simplemente, las FARC tienen su estilo y sus modos de hacer ‘antiuribismo’ y se complacen en hacerlo tomando distancia del ELN y de los ‘polistas’ y ‘serpistas’ que juegan su propio partido.


Para finalizar pongo sobre la mesa de discusión dos interrogantes:


1. ¿Por qué las AUC desmovilizadas no reclaman con más insistencia su derecho a dotarse de una personería jurídica que los habilite a pronunciarse políticamente como ‘agrupación política’ sobre la coyuntura nacional y regional, y la marcha del país? Es un camino que tarde o temprano las FARC y el ELN habrán de seguir – el de su desempeño político en la legalidad- y así como la ley de Justicia y Paz abre para la paz de Colombia el camino de la acción de los jueces en el campo penal, un ‘Estatuto Político de Excepción’ que cobije y dé garantías a los grupos armados que se desarman para volver a la legalidad y participar de la vida política resulta necesario para que el tránsito de las armas a la política pueda desarrollarse. No se trata de que todos los derechos concurran en el momento inicial pero la legislación está en mora de fijar un derrotero legal y una secuencia, una carta de navegación ‘ad hoc’ que tanto las AUC, como el ELN y las FARC puedan seguir cuando así quieran hacerlo como culminación de procesos de paz exitosos. No puedo creer que el Gobierno vaya a cerrar sus ojos ante esta realidad que cae de su peso. Estaría propiciando indirectamente con su falta de iniciativas los endosos políticos que tarde o temprano acaban en ´testaferratos’ y dolores de cabeza, incluso institucionales.


2. ¿Será que las FARC están estudiando designar a Álvaro Leyva como su Comisionado de Paz y esperan los resultados del 28 de mayo para anunciarlo y que la única condición que esperan se verifique para concretarlo es la reelección de Uribe en primera vuelta? Si esto fuese así el Secretariado de las FARC estaría aspirando a ejercer un papel relevante de liderazgo ´efectivo’ sobre las fuerzas de izquierda durante la segunda presidencia de Uribe a través de un proceso de paz y negociación política del cual esperan obtener bastante más que lo que pudieran obtener en los próximos cuatro años –y en bastantes años más- del Polo y del ‘serpismo’.


Me propongo a continuación vincular los interrogantes 1 y 2 y sentar mi modesta posición al respecto.


De ser electo Uribe el 28 de mayo en primera vuelta, estaría en condiciones de iniciar, esa misma noche, el proceso de acercamiento con las FARC y dar los pasos que le permitan anunciar antes de su re-posesión el 7 de agosto que la liberación de todos los secuestrados en poder de las FARC está más cercana que nunca antes.


Esto no será el final de la guerra así como la eventual negociación política con las FARC tampoco será sencilla.


Sin embargo, el camino estará abierto para que a partir de 2010, tras la segunda presidencia de Uribe, todos los ex actores armados ilegales del conflicto –incluidos las FARC, el ELN y las AUC- puedan manifestar sin disimulo –ni ´testaferratos’- sus preferencias políticas y aspirar a las responsabilidades electivas que tengan a bien si cuentan con el favor popular en las urnas.


Es decir, que los límites operativos a la negociación política del Gobierno Uribe con las FARC estarían en vías de superación. Vendría a continuación lo sustancial de los acuerdos sobre los contenidos y todo lo demás. Con cuatro años por delante para no repetir, de parte y parte, ninguno de los horrores del Caguán.


Si estas son las expectativas y las metas, y se transmiten las señales adecuadas por parte de quienes en el Gobierno y en las FARC tienen suficiente poder de decisión y credibilidad, yo me pregunto:


¿Alguien considera todavía seriamente que habrá segunda vuelta?


Así la veo yo.



Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en:


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