mayo 01, 2006

AUC, FARC y ELN: El juego de espejos y la cuestión presidencial

No solo Serpa está perdiendo con Uribe y con Gaviria, las FARC también

Esencias y matices (13)


Por Juan Antonio Rubbini Melato
juan_rubbini@yahoo.com.ar
www.lapazencolombia.blogspot.com



“Estamos hasta la coronilla de la guerrilla”.


Le he dado vueltas y vueltas a la expresión utilizada recientemente por Patricia Lara, la candidata a vice en la fórmula del Polo, y lo que me sigue llamando la atención no es solo la expresión en plural -el ‘nosotros’ implícito- ampliamente compartida por la abrumadora mayoría de los colombianos-, ni siquiera que la declaración haya sido emitida desde una posición política de izquierda –un gran número de izquierdistas suscribiría sin pensarlo dos veces lo que con esa frase afirma Lara.


Lo que me llama poderosamente la atención es que Carlos Gaviria no la hubiese desautorizado. Finalmente, quien hace la declaración no es un modesto simpatizante, ni siquiera un caracterizado dirigente del Polo, sino nada menos que la candidata a vicepresidente de la Nación que acompaña a Gaviria. Lo que está muy claro también –aunque oscurece la audacia intelectual de Lara- es que Carlos Gaviria se ha cuidado de poner en sus propios labios la expresión que lanzó Patricia. Como si una cosa fuera lanzar la piedra (¿le tocó a Lara?), y otra esconder la mano (¿escogió Gaviria?)


Tales declaraciones están produciendo ‘turbulencias’, de imprevisibles consecuencias, en el heterogéneo conglomerado formado alrededor del binomio Gaviria-Lara –donde hasta Camilo Restrepo, conservador y ex ministro de Economía de Pastrana, cabe. Podemos suponer que los ecos de la colisión no lleguen a nuestros oídos hasta después de la contienda electoral. Incluso el Partido Comunista ha dado muestras, en los últimos tiempos, que ha incorporado lo ‘políticamente correcto’ como una de sus armas, si no de las preferidas, al menos de las toleradas. Mientras Petro hace como que no oyó. Y ‘Cano’ y ‘García’ callan como si la cosa no fuera con ellos.


A partir de estas ambigüedades y silencios que alienta el ‘todos contra Uribe’ y ‘todos contra Serpa’, reinante en estos días en el Polo, el ‘discreto encanto’ del ‘todos contra las guerrillas’ luce como acto de campaña y uno –situado en la orilla opuesta del Polo- hasta lo entiende, aunque no deje de volver y volver sobre el asunto de las incongruencias de Gaviria y Lara frente a la cuestión FARC y ELN. Porque estas contradicciones entre el Polo Democrático y el ‘Plomo Democrático’ -como califican irónicamente algunos- son reales, tienen su peso, y si el Polo ganara en poder estallarían ante nuestros ojos. Finalmente, esto es lo que tiene que preocuparnos, no tanto las declaraciones de Lara en sí mismas. Dejo constancia y veremos hasta qué punto estas nubes se disipan después del 28 de mayo o se juntan con otras y se convierten en tormenta.


Este, el de mayo de 2006, es el momento preciso en el cual la izquierda puede llegar más lejos que nunca antes en la contienda presidencial. La coyuntura internacional y la tensión propia de la política nacional alienta la campaña de Carlos Gaviria con fuerza inusitada.


Lo anterior no se compadece –pero se explica mejor- con la debilidad ostensible que acusan las guerrillas en el plano militar y político. Si la izquierda empieza hoy en las encuestas a ser percibida –afortunadamente- como no enemiga de la democracia, ni de las libertades, es porque la ultraizquierda de las FARC y del ELN languidece en lo que podemos considerar los estertores previos a su desaparición como factor político-militar de relevancia. En trance de ser eliminadas ‘políticamente’ las FARC y el ELN –o puestas por fuera del juego a partir de la nueva coyuntura nacional e internacional- las puertas de la política para la izquierda se abren de par en par en Colombia, sin la tutela que aspiraba brindarles la ‘socialdemocracia’ del ‘serpopietismo’, hoy inclinado hacia el ‘petropietismo’ que auspicia Chávez. Lo de ‘pietismo´ dicho no por favor, sino por Piedad. Y con respeto por las posiciones políticas que siempre lo merecen, vengan de quien vengan, aunque no se coincida con ellas.


Una cosa es para las FARC jugar en las grandes ligas de la política y de la guerra –combinando modos de lucha con el Polo, por ejemplo- y otra es pertenecer a una secta de fanáticos con unos atentados por aquí y algunos asesinatos y secuestros por allá. Ni los ‘transmilenios’ son el Palacio de Justicia, ni los concejales de recónditos pueblos de provincia son generales de la nación. Dicho con todo respeto por unos y por otros, pero dando lugar a las comparaciones objetivas y subjetivas de los distintos casos.


Los diálogos de paz -¿o sometimiento a la ley?- que atenazan al ELN en su conciencia de haber sido y el dolor de ya no ser; la progresiva conversión de las FARC en ‘señores de la guerra’ y fusibles del narcotráfico, y la degradación ‘revolucionaria’ que representa el uso del terrorismo urbano por parte de las FARC, son solamente las puntas del iceberg del principio del fin de las FARC y del ELN como opciones políticas serias y creíbles. Lo cual no significa que hayan dejado de ser fuerzas insurgentes como indudablemente lo son. Pero de la insurgencia a la representatividad política hay un camino largo, así como entre el poder militar y el poder de intimidación terrorista hay un mundo de diferencias y contradicciones. Dicho esto sin entrar en los terrenos de la ética, dado que estamos aquí en el campo de juego de Maquiavelo, donde lo que está en juego es el poder sobre la tierra, no el reino de amor y justicia en el más allá, ni el mundo zen en el más adentro, pero siempre del lado de acá de nuestras conciencias humanas, y por eso limitadas pero expandibles.


Uno entiende que ante este panorama el ELN quiera escapar de la guerra y refugiarse en el Polo –con la mediación de Uribe- pero la fuga es la fuga –así sea hacia adelante-, y si la victoria militar no le da por sí misma legitimidad al victorioso militarmente en cuanto al derecho político de gobernar –Pinochet nunca lo tuvo en Chile, así como Castro jamás lo tendrá en Cuba- no se entiende cómo y con qué cara ‘Antonio García’ insiste en ponerle condiciones al ejercicio político de la democracia de Colombia. Como si lo suyo siguiera siendo el oficio del chantajista que le dice al Gobierno ‘lo toma o lo deja’. Puede que no lo quiera admitir públicamente el ELN, ni el Gobierno se lo quiera echar en cara ante las cámaras de televisión, pero lo cierto es que, por un lado el ELN perdió su guerra contra el Estado y la sociedad, y por el otro, los mecanismos de creación y modificación de leyes están establecidos en la Constitución y resulta imposible que los ‘ultras’ y los ‘extraparlamentarios’, de derecha o de izquierda, pretendan ponerle condiciones –bajo el chantaje de seguir la guerra- a los actores políticos que están dentro de la legalidad y legitimidad constitucionales. Esto de ‘cómo se hacen las leyes’, -que está lejos de poderse considerar un ‘articulito’ leguleyo en la Constitución- les llevó su tiempo analizarlo, pero lo comprendieron finalmente los ‘sediciosos’ de las AUC en Ralito. Sería deseable que esto del ‘espíritu democrático y constitucional y la ley escrita y su eventual modificación’ también lo entendieran los ‘rebeldes’ del ELN y de las FARC. Porque las leyes se hacen para todos, y este es el principio de la igualdad ante la ley, que tanto el ELN como las FARC reclaman, pero por lo visto, sin dejarse de considerar a sí mismos como ‘más iguales’ que los demás, y sobre todo con derecho a gobernarnos algún día a todos como si todos hubiésemos sido secuestrados –o tal vez mejor dicho, ‘retenidos’- y por ellos silenciados y maniatados, bajo el influjo de su prédica y sus fusiles, sobre todo sus fusiles.


Bienvenidos entonces los partidos políticos y la sociedad civil con su participación –y también los países amigos y la Comunidad internacional- para que ‘Antonio García’ y ‘Francisco Galán’ entiendan que lo que pretende el ELN está no solo por fuera de cualquier juego democrático serio sino también en las antípodas de lo que sucedió hace 47 años cuando el Che Guevara y Fidel Castro fueron recibidos en La Habana como triunfadores sobre el tirano Fulgencio Batista. Hoy los ‘mariscales de la derrota’ ‘revolucionaria’ son recibidos en la tierra de Martí con el dolor de la ‘victoria que no fue’ a cuestas y esto es una de esas verdades de a puño, que como supo cantar Serrat, ‘no es que sean tristes sino que no tienen remedio’.


Por otra parte, los meses de exploración entre Gobierno y ELN no le han servido a los ´elenos’ para ganar favorabilidad social, ni por sus propuestas audaces y humanitarias –que no existieron- ni por sus luces a la hora de iluminar el camino de su reinserción –que brillaron por su ausencia. Ante esta orfandad creativa y política del ELN uno se pregunta: ¿qué razones lo llevaron a dialogar de paz con el Gobierno? Entre las hipótesis sobresale la de su debilidad militar ‘in extremis’ que pondría al ELN ante el fantasma de la ‘rendición’ incondicional. O frente a algo que sus comandantes odian: su inatajable caída en manos de las FARC. Hay también una tercera hipótesis que merece atención: la supuesta voluntad del ELN de legitimar, con su bajo perfil militar actual, la campaña electoral del Polo. En esto coincidiría el ELN con la campaña reeleccionista de Uribe. A nadie se le escapa que pocas cosas pueden sonar mejor en la casa de Nariño que un grupo guerrillero como el ELN accediendo a iniciar diálogos de paz y llegando –simultáneamente- al extremo de sostener incluso combates tácticos contra las FARC, en los Santanderes, sin salirse del marco de una estrategia de colaboración entre ambas fuerzas guerrilleras que permanece en pie en casi todo el país. Tampoco cae mal en Palacio que el ELN le sume algunos votos al Polo y se los quite a Horacio Serpa. Política es política, y Uribe no es ‘uribista’ ni ‘liberal oficialista’. Uribe es liberal, no lo olvidemos, y entre sus objetivos está volver al seno del Partido Liberal y volver como triunfador de la guerra y también como hacedor de paz.


Lo que no suena cuerdo es que el ELN esté haciendo favores a terceros –entre ellos el Gobierno- sin recibir nada a cambio y –lo que suena aún más misterioso- sin exhibir ninguna fortaleza militar y política y sin realizar ninguna jugada audaz, por ejemplo al estilo del ‘ex comandante Marcos’ del EZLN en México. Quienes esperaban oír del ELN su adiós a los secuestros y la siembra de minas se han llevado una desagradable sorpresa. Habrá que esperar ‘el día después’ al 28 de mayo para saber en qué está realmente el ELN. Por ahora solo cabe anotar el desconcierto que produce la caída del ELN en la inopia política. 40 años de guerra para acabar alabando la alternatividad de Angelino Garzón y Sergio Fajardo no encaja ni siquiera en el ‘realismo mágico’.


Por el lado de las FARC resulta un enigma que las posibilidades inéditas de la izquierda en la contienda electoral no generen en sus campamentos la euforia que debiera producir. ¿Será cierto que el crecimiento de Gaviria en las encuestas va en contravía de la estrategia político-militar de las FARC y le genera más perplejidades que entusiasmo? ¿Será que las FARC no contaron nunca en sus planes estratégicos y plurianuales con fenómenos tan independientes e ‘inmanejables’ para la voluntad de las FARC como los que –desde perspectivas bien diferentes, pero ambos esencialmente democráticos- representan Álvaro Uribe y Carlos Gaviria? Si uno encarna principalmente el fortalecimiento y legitimidad del Estado y su autoridad, el otro encarna sustancialmente el fortalecimiento y legitimidad de la vía democrática y pacífica para producir las transformaciones económicas y sociales que Colombia necesita. En lo que coinciden Uribe y Gaviria es que sus trayectorias, sus métodos de acción política y sus perspectivas de democracia son esencialmente diferentes de las que pregonan y practican las FARC. Y esto para las FARC significa que sobre llovido, mojado. Porque si con Uribe no cesa de llover, por los lados de Gaviria no escampa, para los cielos y los gustos de las FARC.


Recordemos, además, que también preocupa a las FARC que ni Uribe ni Gaviria estén solos, y mucho menos signifiquen voces aisladas y carentes de representatividad política, intelectual y moral. Por distintos caminos y vertientes ideológicas ni Uribe ni Gaviria son fascistas ni comunistas. Aunque de lado y lado de ambas campañas electorales se abuse del estigma y del prejuicio hacia el rival para evadir aquello que parece darles pereza: la sana, entusiasta, rigurosa y pública confrontación de ideas y programas.


El éxito de Gaviria -radical pero demócrata- en las encuestas es la contracara de la debilidad política y de argumentos de las FARC, así como la permanencia en la cima de la favorabilidad popular por parte de Uribe –de corazón y talante liberal- demuestra la debilidad política y la falta de argumentos del oficialismo que conduce hoy las riendas del Partido Liberal.


Juzgo la coyuntura presente no solo favorable para la izquierda sino también para Uribe. Los votos de Gaviria consolidarán la presencia política de la izquierda lo cual fortalece la democracia colombiana y la vuelve no solo más inclusiva sino fundamentalmente más legítima. Y esto es el propósito no solo de Uribe sino de todos quienes le apuestan a la reinstitucionalización del Estado, la unidad nacional y el progreso social.


En este amplio arco constitucional y defensor de las libertades y los derechos humanos también están a no dudarlo los Mancuso y los Castaño, los ‘Adolfo Paz’, los ‘Báez’ y los ´Macaco’, los ‘Jorge 40’, los ‘Vecino’, los ‘Vanoy’, los ‘Hernández’ y ‘Alemán’, los ‘Gordolindo’, los Mejía Múnera, los Ramón Isaza y ‘Botalón’, entre otros. En fin, todos los comandantes desmovilizados de las ex AUC cuyo aporte de paz a este presente halagüeño ha sido tan decisivo. Otro gallo cantaría y las horas de esta coyuntura serían tenebrosas y aciagas si en el monte permaneciesen las AUC defendiendo su causa antisubversiva pero deslegitimando el Estado y ‘legitimando’ de facto a las guerrillas.


Reconocer cuando uno ha comenzado a estar de más sobre el terreno, marca los propios límites y contiene las propias exigencias. Es cuando llega la hora del retiro y la transformación. Todo cambia en este mundo, y a esta ley no escapan las AUC, ni las FARC ni el ELN. En buena hora para Colombia, a las FARC y al ELN les han comenzado a ‘pasar la cuenta’, a hacerles sentir que están de más no solo para el bienestar de Colombia, sino incluso también para la misma izquierda que se abre paso en su camino al poder sin querer ya cargar con el peso insoportable de los crímenes y delitos atroces de las guerrillas. Para colmo de males de las FARC y del ELN los secuestrados y sus familiares y seres queridos viven su drama todos los días, y se levantan todas las mañanas con la sensación de que las guerrillas les quitan todos los días su merecida libertad, multiplicando así el crimen inicial como si todos los días los volviesen a secuestrar. Así sucede con las minas sembradas por las FARC y el ELN que no hay día que no produzcan nuevas víctimas entre la sociedad civil, entre niños y ancianos que reciben las consecuencias de los crímenes imprescriptibles –de lesa humanidad- que las guerrillas cometen cada día que siguen en el conflicto armado. Por estas cosas y muchas más que duelen en el alma y en el cuerpo de los colombianos es que desde la misma izquierda –y particularmente en estos tiempos electorales de Carlos Gaviria y Patricia Lara- crece con más fuerza el discurso de izquierda que pretende llamar a las guerrillas a la reflexión y conversión, sin cuya puesta en práctica la separación de cuerpos entre izquierda y guerrilla, amenaza seriamente convertirse en divorcio liso y llano. Ya no es solamente Uribe quien las convoca al diálogo con las autoridades del Estado y la sociedad, crecen dentro del Polo quienes apuntan en la misma dirección. Asistimos a tiempos memorables a los que no podemos permanecer ajenos y que nos obligan más que nunca a la autocrítica y la tolerancia.


Compartamos entonces lo siguiente experiencia personal. Vienen a mi mente las palabras de Carlos Castaño cuando a pocos metros de distancia leía incansable y en voz alta párrafos enteros del libro “FARC, el País que proponemos construir” que editó Oveja Negra, con el análisis de Carlos A. Lozano Guillén, en diciembre de 2001. Eran los días previos a la ruptura de las negociaciones en El Caguán.
En algún momento Carlos Castaño dejó de leer, alzó la vista y dirigiéndose a los presentes manifestó:


“Si las FARC supieran que yo podría estar de acuerdo con ellos en más del 70 % de lo que en este libro escriben… Lo que las FARC no han querido aceptar es que ellas mismas se han convertido con sus actos de guerra en el peor obstáculo para hacer realidad este maravilloso país que entre todos, incluso con las FARC, estaríamos dispuestos a construir”.


Si esto no constituye visión y realismo políticos ¿la virtuosidad política dónde reside?


Las AUC, culminadas con éxito las tres primeras etapas de su proceso de paz, las de exploración (1), diálogos (2) y desmovilización (3), y en curso la reinserción de sus ex combatientes (4), iniciarán, cuando el Gobierno lo disponga, la etapa judicial (5). Recién entonces, cuando las exigencias de la Ley de Justicia y Paz se hayan satisfecho, las condiciones estarán dadas para cerrar la última etapa de la negociación, la propiamente política, la que culminará con el desembarco de las AUC en el territorio de la actividad política legal como legítima y representativa fuerza social y de opinión, con la forma y las modalidades que en su momento se acuerden entre los ex comandantes, las bases sociales, los simpatizantes, los dirigentes políticos rurales y urbanos y la misma sociedad civil que ha de estar siempre en la raíz y la proyección hacia el futuro de cualquier expresión política.


Cuando llegue ese momento Colombia completará el esqueleto de su sistema democrático que hoy ya se enriquece con la fuerza demócrata de la izquierda encarnada en el Polo. Habrá entonces un Partido Liberal renovado y un Partido Conservador vigente como expresiones históricas de honda raigambre nacional. Habrá también independientes, tercerías y matices que logren superar los umbrales y la indiferencia de la Opinión. En este mapa los 'uribistas' de hoy regresarán al Partido Liberal, al Partido Conservador, o alimentarán alguna fuerza independiente, alguna tercería, algún matiz. El Partido Progresista Colombiano -asignatura pendiente y necesaria- bien podría constituirse entonces en el anclaje donde recalen no solo buena parte de las autodefensas desmovilizadas sino también nuevas fuerzas políticas urbanas y regionales, campesinas y de la periferia de las grandes ciudades que hagan realidad la participación política del País nacional, rotos finalmente los diques que reducen el ejercicio de la política al País político que hasta aquí hemos conocido.


Junto a ellos me auguro hayan encontrado finalmente su lugar en la política los que vienen del monte y los que todavía permanecen en la ilegalidad. Unos buscarán en la izquierda y otros en la derecha su papel en la construcción del País que nos merecemos.


Personalmente me auguro que quienes nacieron a la política desde la orilla de las autodefensas encuentren en el centro-derecha su modo de articularse a las grandes coaliciones sociales y políticas que la gobernabilidad de Colombia seguirá necesitando por muchos años, toda vez que el bipartidismo ha muerto y no va a resucitar, y los tambores de guerra comenzarán más temprano que tarde a silenciarse, o cuanto menos a minimizarse. Desde el centro-derecha hay todo un gran espacio para propiciar el progreso social. La contradicción principal en la Colombia actual no es ya entre derecha e izquierda, sino entre progresistas y retrógrados, entre humanistas y nihilistas, entre demócratas y violentos Las autodefensas tienen un espacio por ocupar en el camino del progreso social y del humanismo libertario. Las armas fueron en el pasado herramientas necesarias, del mismo modo que lo son a partir de ahora el pensamiento y la práctica democrática.


Ni el terrorismo es insurgencia ni es contrainsurgencia, ni el narcotráfico es izquierda ni es derecha. El terrorismo solo genera terror, nunca acumula poder político para el terrorista, más bien lo acumula para sus enemigos. El narcotráfico es un negocio capitalista y además es ilegal, nunca podrá ser un orgullo socialista ni una práctica recomendable a nuestros hijos. La disciplina de las guerrillas degenera en puro esclavismo de los combatientes. Es lisa y llana esclavitud, no tiene nada de convicción y todo de sumisión.


Las FARC cayeron en la trampa mortal donde las condujo el fin de la Guerra Fría, el desarrollo mundial del narcotráfico y el advenimiento de la Guerra Mundial contra el terrorismo. Siendo realistas, no les queda a las FARC sino sentarse a negociar políticamente su abandono de la lucha armada y el reconocimiento de la derrota de su proyecto estratégico.


Paradojas de la vida y de la política: Uribe y Gaviria, el ‘uribismo’ y el Polo, en el juego de poder del oficialismo y la oposición, y las FARC patinando en el barro de sus múltiples contradicciones irresueltas sin lograr salir ni del barro de la selva ni de lo insoluble de sus contradicciones de conciencia revolucionaria, ni mucho menos del cálculo ideológico que les cuadra con Uribe pero no les cuadra con Gaviria.


Lo de las FARC con Uribe y Gaviria, es similar a lo que le sucede también a Serpa con los mismos personajes que se les aparecen ya no en sueños de victoria sino en pesadillas de derrota.


Haber sido superados por Uribe vaya y pase, ¿pero también por Gaviria?


Esto es demasiado no solo para Serpa, sino también para las FARC.


Así la veo yo.



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