mayo 22, 2006

El ‘conejo’ de ‘FARC, ELN y Polo’ y las ‘aguas mansas’ de las AUC

Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente



Esencias y matices (16)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juan_rubbini@yahoo.com.ar




Lo primero es lo primero, y lo primero es el ‘conejo’ que Carlos Gaviria ha sacado de su galera.

Lo segundo, lo del famoso ´fallo’, no deja por importante, de ocupar un lugar secundario.

Si para intentar remediar lo primero quedan apenas seis días, para poner los puntos sobre las íes, en cuestiones de abogados y de jueces, doctores tiene la Santa Madre Iglesia.

Finalmente, el ser humano es dueño de sus propios temores y no pierde por ello la capacidad de discernir entre muchas cuestiones cuáles son, en cada momento, sus prioridades.

Que no sean los adversarios ni los enemigos, ni las sentidas urgencias, las que imponen su agenda sobre el propio criterio y las siempre necesarias humildad y prudencia.

.......
Que nada turbe la semana de reflexión preelectoral que no sea el mismo hecho de reflexionar sobre la importancia del voto y la libertad de elegir. Si alguien esperó que el fallo de la Corte Constitucional precipitara una nueva crisis del proceso de paz entre el Gobierno y las AUC acertó, pero a medias. Acertó en lo inevitable de la crisis, pero no acertó en sus consecuencias inmediatas. Las ‘aguas mansas’ sacudidas por el impacto de la ‘carga de profundidad’ del fallo, no alcanzaron ni siquiera a salpicar la cubierta de la embarcación de Ralito en la que navegan el Gobierno y las AUC. Cada cual por separado ha sabido demostrar, en estos días tensos, que por encima de la coyuntura de la negociación y de los intereses legítimos de los propios actores, hay intereses superiores de Colombia y de la Paz que han de ser preservados a como dé lugar. En eso están Gobierno y AUC, haciendo hasta lo imposible por ponerle el pecho a las dificultades, y aportar el bálsamo de la mente serena al corazón caliente e indignado que prefiere morderse los labios antes de decir una sola palabra, una sola frase que haga saltar por el aire, lo que tanto ‘sangre, sudor y lágrimas’ –al decir de Sir Winston Churchill- ha costado traer hasta aquí.

Dicen que ‘el golpe avisa’. Mal harían las AUC desmovilizadas si no se dieran por avisadas del fallo de la Corte Constitucional. Y digo expresamente Corte Constitucional, porque lo de decir Corte a secas se está imponiendo en los medios, y tal vez no sea casualidad. Alguien podría estar interesado en que el País se desentienda de la existencia en Colombia de la Corte Suprema de Justicia. Aunque esto pertenece al campo del Derecho, también incumbe al mundo de la política cuando la Corte Constitucional ha insinuado voluntad si no de ´cogobernar’ como dicen algunos, al menos de ‘colegislar’ como aseguran otros.

Esto del modo en que se verifica la separación de poderes es esencial al funcionamiento de cualquier democracia, tanto más si se trata de un sistema democrático que está siendo agredido –e infiltrado- hace más de cuarenta años por la insurgencia armada de FARC y ELN (mal que les pese a quienes suelen ver ‘paramilitarismo’ en todas partes y jamás ‘paraguerrillerismo’ en sitio alguno)

Hacen bien las AUC en reconocer –como siempre lo han hecho- no solo la existencia del conflicto armado y de amenazas terroristas sino también –tras el fallo de la Corte Constitucional- las ramificaciones que la guerra trae consigo en todas las esferas del poder, inclusive –y muy particularmente- el Poder Judicial, que no está conformado por ángeles, tampoco por demonios, pero sí por seres humanos sujetos de todas las influencias y de todas las corrientes que se mueven alrededor del conflicto armado y las amenazas terroristas. Pensar distinto sería caer en la ingenuidad que no puede caer nadie, menos el guerrero que acaba de dejar las armas en virtud de una negociación política todavía en curso donde la confianza en la otra parte –y su correcta identificación- resulta esencial para el éxito final del proceso.

¿Cuál es esa otra parte y qué poder real posee? se preguntan hoy las AUC. Porque si la Corte Constitucional borra con el codo lo que el Ejecutivo y el Legislativo establecieron –no por presión de las AUC, ciertamente, que en esto de la Ley de Justicia y Paz no tienen responsabilidad alguna- entonces cabe preguntarse si el Ejecutivo se excedió en sus funciones y entonces las AUC negociaron con quien no era, o la Corte Constitucional se arroga funciones que competen al Ejecutivo y al Legislativo, y entonces el choque de trenes institucional es inminente.

En ocasiones como ésta uno no puede menos que preguntarse qué sucedería si un ex integrante de la Corte Constitucional asume la Presidencia –Carlos Gaviria podría lograrlo- y hace propia la posición de la Corte Constitucional en este caso, y no la del Gobierno con el cual se realizó la negociación con base en la cual se entregaron las armas y se desmovilizaron las autodefensas. No me atrevo a imaginar lo que podría suceder, pero de una cosa estoy seguro, Colombia correría el riesgo inminente de transformar su conflicto armado en una guerra civil, y no porque los ex comandantes AUC volviesen al monte, sino porque las nuevas generaciones de autodefensas encontrarían el punto exacto de autojustificación desde el cual retomar la lucha militar antisubversiva a partir del mismo lugar en que los Castaño y los Mancuso la dejaron. Que esto sería un gran retroceso en el camino de la paz –de imprevisibles consecuencias- nadie lo niega, pero los males es bueno prevenirlos antes de que sea necesario hallarles remedios.

Los partidos en Colombia siguen siendo necesarios pero cada día serán menos suficientes por sí mismos. Elección tras elección necesitarán, de manera creciente, formar parte de coaliciones cada vez más amplias y les resultará negativo para sus intereses atrincherarse dentro de su caparazón excluyente. Quien está en mora de aceptarlo es el Partido Liberal que habrá necesitado tres derrotas consecutivas con la del próximo domingo –cada vez con peores resultados en su contra- para comprender y obrar en consecuencia con lo que el Partido Comunista y el Conservador han venido practicando en los últimos diez años, uno abriéndose paso -y abriéndoselo a las FARC- dentro del Polo, y el otro apoyando a Pastrana en 1998 y después a Uribe en 2002 y 2006.

Lo anterior evidencia que el bipartidismo ha ido dejando abierto el camino a la formación de coaliciones, que excluyen decididamente el unanimismo del partido único –al estilo cubano de Fidel-, pero también la atomización partidista que halla su límite infranqueable, precisamente, en este sentimiento político novedoso que trae consigo la doble pertenencia política: soy de tal partido, adhiero a tal coalición. Por un lado soy simpatizante de tal partido, por otro lado me declaro interesado en participar de tal coalición. En el País político actual los hechos indican que solo hay dos coaliciones con vocación de poder, y también un solo partido político reacio a formar parte de una u otra coalición existente, o dar vida a una tercera coalición. Es decir, que el bi-partidismo no está siendo necesariamente reemplazado por el bi-coalicionismo, aunque esto último se manifieste hoy a partir de la contraposición del Polo y del Uribismo, donde el Partido Liberal está demostrando que no es tan fuerte para tener éxito frente a dos coaliciones, y tampoco es tan dúctil y convocante a la hora de integrar coaliciones distintas a las dos existentes en la presente coyuntura.

Esto está llamado a tener consecuencias de notable importancia en el diseño del espacio político que ronda las intenciones finales de los grupos armados ilegales, pongamos el caso más inmediato de las AUC que han abandonado las armas, y del ELN que ha manifestado su voluntad de seguir el mismo camino. Camino que no puede ser otro que el de la Ley de Justicia y Paz, o del ordenamiento legal que la reemplace, reglamente, complemente o perfeccione, en seguimiento de los acuerdos del Grupo Armado Ilegal con el Gobierno, tras aprobación del Congreso y legitimación del Poder Judicial, ni más faltaba. O todos en la cama, o todos en el suelo. No hay ni debe haber distingos entre la ilegalidad de la insurgencia armada y la ilegalidad de la contrainsurgencia armada. Y quien aliente estas expectativas desde la orilla izquierda o la orilla derecha merece la condena política del entero campo democrático, y a no dudarlo también el enjuiciamiento en sano derecho.

Sin embargo, el acuerdo fundamental sobre la condena de la insurgencia y contrainsurgencia ilegales, sigue siendo asignatura pendiente entre las fuerzas democráticas existentes y con representación en el Congreso. Y si esto no fuera de por sí suficientemente grave la presente campaña electoral está siendo viciada de manera seria y preocupante por el ‘conejo’ que la campaña de Carlos Gaviria le está poniendo al sistema democrático institucional. El Polo se ha prestado de una manera indecorosa con el ‘conejo’ que ha significado ‘escupir sobre el plato de la democracia’ la pretendida legitimación de la lucha armada de las guerrillas.

La alianza de hecho entre FARC, ELN y Polo, aunque suene increíble, quiere retrotraernos al Chile de 1970. Carlos Gaviria es en este sentido el clon perfecto de Salvador Allende. Afortunadamente para Colombia, la democracia colombiana cuenta con el reaseguro de la segunda vuelta, la figura de Uribe y la coalición uribista y -lo que no deja de tranquilizarnos a todos los verdaderamente comprometidos con la democracia y las libertades públicas y privadas-la ausencia de un Pinochet agazapado en las Fuerzas Armadas, esperando que las contradicciones insalvables del ‘polo’ más el ‘plomo’ estallen en la Casa de Nariño, en el Congreso y en el mismo seno de las instituciones armadas de la Nación.

36 años han pasado desde el inicio de aquella tragedia chilena, pero alguno de sus fantasmas sigue de pie en América Latina, como telón de fondo de la enorme irresponsabilidad de combinar todas las formas de lucha: allí está Fidel Castro garantizando con su presencia dictatorial en La Habana que Hugo Chávez no esté tan solo al recibir los honores ‘revolucionarios’ de continuar la tarea inconclusa de convertir los Andes en la Sierra Maestra de América del Sur, que fue uno de los sueños del Che Guevara. Lo cual prueba que al menos en materia histórica lo que para algunos son sueños idílicos para otros son solamente pesadillas .Y viceversa.

Al no quedar duda alguna acerca de que los insurgentes FARC y ELN coinciden hoy con el Polo y con Carlos Gaviria en la estrategia compartida de combinar todas las formas de lucha –incluso el secuestro y el terrorismo- en su oposición a Uribe, no queda otra opción sensata a las AUC desmovilizadas –en su camino de avance hacia la inserción política legal- que coincidir en las urnas el 28 de mayo con Álvaro Uribe para seguir fortaleciendo su estrategia antisubversiva, su trabajo de reinstitucionalización del Estado y de afianzamiento de la democracia.

Con el sesgo legitimador de la lucha armada subversiva asumido por el Polo desde el 12 de marzo carece ya de sentido político que importantes sectores de la base social y la dirigencia de las AUC desmovilizadas sigan pensando que apoyar en las urnas la candidatura oficial del Partido Liberal es la mejor manera de expresar políticamente sus diferencias con el Polo, las FARC y el ELN, así como de tomar inequívoca distancia del modo en que el Gobierno Uribe ha conducido el proceso de negociación y reinserción a la civilidad de la principal fuerza político-militar de oposición a las FARC y al ELN durante los gobiernos claudicantes que desde 1994 hasta 2002 –durante la existencia de las AUC- negaron tercamente a las AUC su razón política y militar de ser y hacer en favor de las comunidades, agredidas por las guerrillas e indefensas ante la indolencia y frivolidad estatal. Y no solo no las dejaron ser y hacer a las AUC –lo que es a todas luces entendible-, sino que tampoco quisieron reconocerle su estatus político para dialogar con las AUC sobre los mejores caminos a utilizar en la defensa de las comunidades violentadas por el flagelo guerrillero y disminuir desde su misma base productiva el impacto negativo de las economías cocaleras.

Hay coincidencias de las AUC con Uribe en que la insurgencia armada merece hoy total condena, no solo por los actos de terrorismo en que incurre, sino por su sola esencia insurgente en contra de la democracia. Hay coincidencias con Uribe en que las guerrillas no tienen justificación política alguna en el presente democrático de Colombia. Hay coincidencias con Uribe en que el regreso al monte de las AUC no se justifica y regresar al monte para las AUC es un indeseable categórico. Hay coincidencias con Uribe en que combinar todas las formas de lucha defensiva frente a las FARC y el ELN no tiene cabida en Colombia a partir de la puesta en práctica de la seguridad democrática. Coincidir en estos planos con el candidatoPresidente es suficiente razón para que su posición frente a la guerra y la paz sea plebiscitada el 28 de mayo preservando la gobernabilidad del País de los contratiempos que traería el ‘contubernio de todas las izquierdas’ dispuestas a manipular y servirse de los espacios democráticos en contra de la esencia misma del sistema constitucional.

Por más diferencias políticas que genuinamente las AUC puedan tener con el presidente Uribe –incluso sobre la eficacia en el terreno de la seguridad democrática- no resulta dentro de ninguna lógica política que el reciente fallo de la Corte Constitucional pueda ser utilizado desde la perspectiva de las AUC desmovilizadas como la evidencia de que el Gobierno le ha puesto ‘conejo’ al proceso de paz en curso. Más bien me inclino a pensar que tanto el Gobierno como las mismas AUC han subestimado el enorme desafío político que sigue representando la naturaleza de los acuerdos a que da lugar la desmovilización del ejército antisubversivo ilegal. Ejército ilegal legitimado por amplias porciones de la población colombiana, así como –desde la orilla de enfrente- preferido blanco de sus enemigos militares y adversarios políticos –hoy en llave dentro del Polo- sobre cuyas intenciones finales el ‘pacto en las sombras’ del ‘polo’ y del ‘plomo’ no es sino su evidencia más reciente y descarada. Admitamos que el liderazgo de Navarro, mientras fue pre-candidato, y de Lucho Garzón, mientras lo dejaron influir, había resultado un límite insalvable en el Polo Democrático a las fuerzas que se desataron después.

Allí –en esa alianza entre lucha armada, insurrección y campaña política presidencial- está el único ‘conejo’ cabeza de familia, señores de las AUC. Allí está el ‘conejo’ mayor: en la jugada de las FARC, el ELN y el Polo que, siendo esencialmente una maniobra antidemocrática, pretende pasar por democrática, constituyendo el más pretencioso intento de legitimación de la lucha armada insurgente que haya recibido jamás Colombia por parte de una campaña presidencial que cuenta con posibilidades de sumar dos millones de votos según las más recientes encuestas.

El frente ‘FARC, ELN, Carlos Gaviria’ se ilusiona con cosechar dos millones de votos el 28 de mayo. No les alcanza para ganar las elecciones, ni siquiera para forzar la segunda vuelta, y ellos lo saben, pero no les importa. Porque su intención no es la que manifiestan, de vencer a Uribe en estas elecciones, sino de fortalecer en la noche del mismo 28 el camino de la legitimación de la insurgencia armada, no ya solamente como vía utilizada en el pasado hacia el poder, sino como grito de guerra del presente hacia el futuro destinado a que lo oigan y lo tengan bien claro, no solo Uribe y su gobierno, no solo los uribistas, sino también las AUC desmovilizadas y quienes dentro del Partido Liberal creyeron que con la tercera candidatura de Serpa no iban a terminar cediéndole la oposición al Polo en el Congreso y a las FARC y el ELN en el monte, amangualados ellos sí en el ‘paraguerrillerismo’ que no solo influye en el ‘tercer poder’ de la Corte Constitucional –y de qué manera- sino que se extiende sin límites en la gran matriz del pensamiento perezoso que se orienta por los atajos del ‘cuarto poder’, el de los medios de comunicación que parecen ignorar de qué se trata lo que está en juego mientras el ‘conejo’ inescrupuloso erosiona no solamente la ‘pata de la izquierda’ sino el entero sistema democrático que sigue confundido entre la necedad de la izquierda identificada a los efectos con la campaña del Polo, y la necesidad que el sistema tiene de contar con una izquierda lúcida y comprometida con el sistema democrático, a partir de la vigencia y la defensa -que nadie discute, tampoco las AUC- del Estado social de derecho.

A pocas horas de las elecciones presidenciales no es el momento de anticiparse a los análisis que resulta más atinado postergar para después de conocidos los resultados de la gran encuesta que tendrá lugar el próximo domingo.

El fallo de la Corte Constitucional sobre la Ley de Justicia y Paz puede que no sea el último, si se tiene en cuenta que existen más demandas iniciadas y todavía no resueltas. La fase judicial del proceso de paz promete ser tan azarosa y polémica como la etapa esencialmente política que se mantiene en sus primeros pasos si tomamos constancia que persiste la veda política para las AUC, que ya no son lo que fueron pero que todavía están lejos de ser lo que están llamadas a ser. En este sentido, la guerra terminó para las AUC, pero la lucha continúa, y sigue en el terreno de lo social y de lo político, de lo judicial y de lo económico.

Hay por delante todo un imaginario colectivo y una ideología por discernir. Hay un mundo expectante de medios y de fines por vislumbrar que no puede seguir aletargado entre las brumas de los recuerdos y la carga del presente desconcertante. No solo hay que darle vida a un partido de alcance nacional, sino fórmulas de inserción política que tengan los pies bien asentados sobre el terreno de lo local, lo departamental, lo regional. Y hay que poner manos a la obra sin dejar de tener presente que los tiempos que corren hacen imposible soslayar junto al partido naciente la necesaria inserción dentro de una coalición. Coalición que –no sean ingenuas las AUC desmovilizadas- no girará en torno del ‘nuevo partido’, sino que será más bien al revés: será el ‘nuevo partido’ el que deba girar inicialmente en torno a la coalición existente.

Llegado a este punto es que me interrogo si acaso por fuera de la coalición donde han acabado por confluir ‘FARC, ELN y Polo’ y de la coalición Uribista alguien ve alguna otra coalición existente o en ciernes. Por lo pronto, solamente veo, por fuera de las dos coaliciones nombradas el Partido Liberal que más que ser partido está partido, y sin coalición a la vista. Y cuando me refiero a coalición uribista no me refiero a la bancada parlamentaria, sino a la totalidad de las fuerzas políticas que reconocen el liderazgo de Uribe, aunque por una u otra razón no hayan recibido la ‘bendición’ oficial del líder. Es en este contexto de la coalición amplia de Uribe donde algunos analistas ven el espacio natural para el aterrizaje político de las AUC. No es el mejor momento para abrir hipótesis al respecto, no solo por la inminencia de las elecciones presidenciales, sino porque primero ha de ser el Partido –que todavía no existe-, y solo después el pedido de incorporación del Partido a tal o cual coalición.

Por el momento, lo único que me atrevo a decir, de cara a las próximas elecciones, es que tras el ‘golpe’ de la Corte Constitucional a la Ley de Justicia y Paz, y al mismo proceso de paz, la abstención está muy lejos de ser el camino a ser sugerido, y que si lo que resulta prioritario en esta etapa es garantizar los acuerdos de paz y la seguridad jurídica del entero proceso, ningún otro voto será mejor utilizado que el depositado por los simpatizantes y bases sociales de las autodefensas en favor del candidatoPresidente.

Este es el mundo político donde las AUC desmovilizadas habrán de insertarse. Y poco importa que lo hagan por gusto o por disgusto, por convicción o por necesidad. Lo único cierto aquí es que el costo de navegar sin brújula –por mero instinto e intuición- a punta de puros actos de fe ha demostrado estar llegando a sus límites humanos. Pedirle más sería no solamente una exageración sino fundamentalmente una imprudencia mayor. Y no se trata de abandonar el instinto, ni mucho menos de renegar de la intuición, sin los cuales jamás las AUC habrían llegado donde llegaron, y sin los cuales –instinto e intuición- tampoco las FARC y el ELN saldrán nunca de su incómoda y cada vez más peligrosa posición en el monte. Se trata en todos los casos de añadirle al instinto y a la intuición la cuota de realismo político que no puede nacer solamente de las mentes iluminadas de los dirigentes sino del contacto permanente de los dirigentes y cuadros partidarios con las necesidades y aspiraciones de los simpatizantes y las bases sociales.

No se construyen los partidos –y tampoco las coaliciones- alrededor de la figura de sus líderes sino que los líderes asumen la Causa que brota de los latidos sociales del corazón humano y le dan forma, la estructuran de tal manera y con tanta habilidad, que los analistas dudan que fue lo primero, si el líder o la Causa. Sin embargo, lo primero es la existencia de lo socialmente necesario, y solo después el Pueblo escoge entre todas las ofertas de liderazgo aquella sobre la que solo el Pueblo, en su sabiduría popular, puede dar explicaciones acerca de cómo y por qué, y también –lo más enigmático de anticipar- hasta cuándo.

Solo pueden considerarse líderes –personas, partidos, coaliciones- quienes identifican esas Causas y las asumen como propias, luego las transforman en proyectos viables y son escogidos para encaminar la marcha hasta que las metas se alcanzan, no para satisfacer el ego ni los bolsillos de los dirigentes, sino para hacer posible que los pueblos hagan socialmente real el disfrute de lo que al comienzo fue apenas la acumulación de necesidades insatisfechas.

Si este es el panorama y tan grandes las expectativas, se comprende mejor porqué en todos los frentes de las AUC desmovilizadas bulle la actividad física e intelectual, de organización y conducción de las iniciativas, las personas y los equipos, cada cual con su misión, cada cual con su meta a cuestas.

Sabido es que ‘camarón que se duerme se lo lleva la corriente’, o ‘se lo llevan las FARC, el ELN y el Polo’, que no es lo mismo, pero termina siendo igual.

Así la veo yo.


Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en: