mayo 15, 2006

El ‘fuego amigo’ de FARC y ELN está derritiendo el Polo

Las AUC no hablan de paz, la están haciendo

Esencias y matices (15)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
juan_rubbini@yahoo.com.ar
www.lapazencolombia.blogspot.com



Para los chinos antiguos los buenos tiempos de sus antepasados eran aquellos sobre los cuales no había hechos notables que destacar ni registrar por los historiadores. ‘Líbranos Señor, de los tiempos memorables y los acontecimientos históricos’, nos repiten hoy desde sus insondables lugares de reflexión que han permanecido a salvo de las hambrunas; de las interminables guerras contra mongoles, japoneses y colonialistas varios; de la guerra del opio contra los antecesores ingleses de los modernos narcotraficantes norteamericanos y europeos, y de la Revolución Cultural y Comunista de los seguidores de Mao, que nació para ser milenaria y sucumbió al cabo de pocos años derrotada por el gusto tan humano por el ahorro, el consumo y la propiedad.

Algún día no muy lejano se sabrá si la ‘Teófilo Forero’ es el combustible madre de la implosión de FARC & ELN. Todavía es prematuro aventurar juicios aunque resulte apropiado recopilar indicios y fortalecer hipótesis. En cuanto al ‘irresponsable’ que le arroja cerillos encendidos a la mezcla implosiva no puede sino ser el Secretariado del Estado Mayor Central que no le corta las alas al depredador pensando ingenuamente que el fuego interior en proceso de desmadre no lo alcanzará.

Por lo pronto, las llamaradas de la ‘Teófilo Forero’ arrasaron las posibilidades de Carlos Gaviria y el Polo en las próximas elecciones. Apellido golpeado el de los Gaviria para las FARC ‘polistas’ ‘modelo arribista 2006’. La ‘Teófilo’ acabó de una con la vida de Liliana, con la carrera de Carlos hacia la segunda vuelta y con la serenidad espiritual y política de César. Todo a partir de la jugada de ajedrez que algún ´cerebro´ de las FARC concibió para someter a Álvaro Uribe a lo que hubiera sido el peor cierre de campaña de su vida, debatiéndose entre las contradicciones que despiertan las consideraciones humanitarias y políticas del canje de secuestrados por guerrilleros en el caso de la hermana del jefe del principal partido de oposición, frente a los miles de secuestrados, algunos desde hace más de siete años en poder de las FARC. La jugada política a varias bandas que malograron las FARC habla bastante de su maquiavelismo así como también revela la faceta generalmente oculta de su desprecio por sí mismas al darle alas y más alas al ave de carroña que finalmente no dudará en devorarlas cuando llegue la hora de hacerlo frente a los Estados Unidos o la misma Corte Penal Internacional, o la Fiscalía general en Bogotá para no ir tan lejos.

Si ahora Álvaro Leyva se baja del ‘vitrinazo’ de la campaña y se quita su disfraz de candidato presidencial, que a decir verdad no le sentó tan mal, en buena parte es también por el fracaso del secuestro de Liliana Gaviria. La especialidad del ‘canje’ hubiera sido su gran carta de presentación cuando los secuestradores –dudo que las FARC reconociesen ‘directamente’ ser los autores del secuestro- anunciasen que tenían en su poder a Liliana Gaviria. Su protagonismo mediático hubiese logrado posicionarlo entre los grandes actores llamados a construir el escenario de la paz de Colombia a partir del acuerdo humanitario. No dudo de las buenas intenciones de Leyva y de su total desconocimiento de lo que las FARC estaban tramando a sus espaldas con el secuestro de Liliana Gaviria. Tampoco dudo acerca de que entre las intenciones de las FARC no estaba la muerte de la hermana del ex presidente Gaviria, sino que lo que se pretendía era crearle problemas insolubles a Uribe que lo alejaran definitivamente –de por vida- no sólo de César Gaviria sino de todo el Partido Liberal, y que, en el corto plazo, solamente se fortalecieran las opciones de Carlos Gaviria y de Horacio Serpa, en cuanto a forzar en llave, liberales y polistas, la segunda vuelta que hubiese girado sobre el tema del intercambio humanitario, no solo de Liliana Gaviria, sino también del resto de los secuestrados, incluida naturalmente Ingrid Betancourt. Cerrada esa posibilidad con el desenlace fatal que le costó la vida a Liliana Gaviria la presencia de Álvaro Leyva en el escenario de las elecciones ya no tenía mayor sentido. Lo cual despierta el optimismo de pensar que las FARC no insistirán en alterar las elecciones de este mes con algún nuevo secuestro político. No obstante, lo de Serpa retirando sus hijos de Colombia me parece supremamente acertado y cualquier esfuerzo que sigan haciendo las autoridades para impedir nuevos secuestros de ‘alto perfil político’ durante este mes de mayo sigue siendo bienvenido. ‘No dar papaya’ está a la orden del día en esta materia de secuestros.

Alejado –siquiera por este mes- el fantasma del secuestro político, se mantiene viva la posibilidad de un macro-atentado, o de una sucesión significativa y contundente de actos terroristas en pequeña y mediana escala, destinados a minar la fe del pueblo colombiano sobre la conveniencia de seguir sosteniendo la política de seguridad democrática y la alianza con los Estados Unidos expresada en el TLC. En aplicación de su vigente política de ‘relaciones públicas y comunicación corporativa’, las FARC no reivindicarían para sí la autoría de estos atentados, sino que inducirían a buscar en la ‘invasión’ de Irak, en la guerra Bush-Al Qaeda, en la disputa Bush-Irán, los autores intelectuales y materiales. Se buscaría hacerle pagar a Álvaro Uribe un altísimo costo político por su alianza estratégica con Bush, de tal manera que desde el Polo y desde el Partido Liberal se lanzaran mensajes de responsabilidad política sobre Uribe por ‘lanzar a Colombia a las consecuencias nefastas de su alianza con Bush y el apoyo a la invasión de Irak’, con lo cual desde células terroristas de Al Qaeda hasta fanáticos suicidas partidarios del Islam le estarían cobrando a los colombianos su apoyo al ‘gran satán´ Uribe y al ´genocida’ Bush. Prefiero ponerme ‘colorado’ un día por escribir estas ‘sandeces’ y no vivir avergonzado el resto de mi vida por no poner sobre la mesa todo lo que hay que poner en estos días, cuando bien pudiese estar en curso el mecanismo trágico de alguna loca cuenta regresiva, mientras los editorialistas y comentaristas políticos se aburren con los resultados de las encuestas y la falta de debate, lo que significa para ‘las empresas de prensa, radio y televisión’ menos ejemplares vendidos, menos ‘rating’ y en consecuencia menos pautas publicitarias y menos dinero en sus cuentas bancarias. La falta de noticias puede ser en ocasiones muy buena –no solo para los chinos antiguos- sino para los colombianos en general, pero nunca es buena para los que ven crecer sus arcas con los grandes titulares y las catástrofes naturales o políticas. Si la realidad les resulta aburrida apelen a la imaginación, que al fin de cuentas apelando a la imaginación se desemboca, tarde o temprano, descubriendo aquella parte de la realidad que por no ser tan obvia se la suele pasar por alto.

Volviendo al comienzo de este artículo, las FARC se equivocaron, al menos dos veces, con los hechos que desencadenaron el asesinato de Liliana Gaviria. Primero, al seguir apelando a la violencia para imponer sus criterios políticos. Segundo, al recurrir a la ‘mano de obra’ de la ‘Teófilo Forero’, la cual incuba el huevo de la serpiente que terminará destruyendo a las FARC, o al menos, a lo ‘políticamente sano’ que aún perdura en su seno alentando viejos sueños que no por viejos han perdido vigencia, sino que corren el riesgo de sucumbir con la vida física de sus creadores, al no lograr encarnar en el territorio fértil de la democracia y la reconciliación con el resto de los colombianos. Ojalá triunfe pronto en las FARC la ‘conciencia revolucionaria’ y el anhelo de ‘justicia social’ sobre la ‘sin conciencia’ del terrorismo, la industria del secuestro y del narcotráfico. Finalmente, quien se condena de por vida a vigilar secuestrados termina secuestrado de por vida por sus víctimas. Le sucede lo mismo que a quienes se condenan de por vida a vivir obsesionados por sus propiedades y acaban siendo apropiados por sus intereses y no dueños de su humanidad. La dialéctica del amo y del esclavo no se supera nunca si no se renuncia a la condición de amos, amos de la vida y muerte de los secuestrados, amos de la vida y muerte de campesinos y obreros, lo mismo da, la esclavitud es la misma, y es con toda esclavitud, propia y ajena, que hay que acabar. En esa tensión entre libertad y esclavitud late la vida de la democracia y tiene sentido la actuación del ciudadano, ciudadano que renuncia a considerarse amo de seres humanos, háyalo llevado la vida a ser algún día secuestrador o terrateniente, terrorista o banquero, guerrillero o autodefensa. Porque razones todos tenemos, incluso razonables causas objetivas, que nos han llevado a ser esto o aquello. La pregunta que tenemos que saber respondernos en todo momento es ¿por qué nos hemos convertido en los amos de la vida de los demás, o en esclavos de la ambición ajena? ¿Y por qué no preguntarnos entonces, algo más profundo todavía, preguntarnos si en nuestra voluntad de ser los amos acaso no terminamos siendo esclavos de lo más bajo e inconfesable de nosotros mismos?

Llega un momento de la vida en que uno termina por valorar más el ser que el conocer. No solo en el sentido de que ser es preferible a tener, sino que el ser haciendo y haciéndose, vale mil veces más que el conocer mucho y no hacer nada, o hacer lo de siempre.

La fe en el ser humano nace allí donde los conocimientos se niegan a dar cualquier respuesta. No necesariamente se trata de una fe religiosa, la fe es esencialmente humana. Por ejemplo, no tendría sentido que Dios –si acaso existe- tuviese fe. La fe es un derecho inalienable del que no tiene, del que esencialmente está privado -¿por voluntad de Dios?- de cualquier certeza, de cualquier seguridad definitiva.

Por alguna razón quienes carecen de fe suficiente suelen reemplazarla por ciencia y en el campo político el materialismo dialéctico originario de Hegel, y redireccionado por Marx y Engels, acunó el materialismo histórico donde beben todos los izquierdismos que en este mundo han sido después de 1850, y por supuesto el comunismo, su hijo dilecto.

La esperanza es un matiz de la fe, un matiz que le añade imaginación –en definitiva, poesía- a la fe esencial que luce por momentos demasiado cerebral, más cercana de la lógica y los silogismos que del vuelo y la intuición poéticos.

En las próximas elecciones la fe esperanzada de Álvaro Uribe se contrapone con la ciencia política de Carlos Gaviria. La fe y la esperanza de los uribistas en alcanzar un país mejor de la mano de Uribe, se enfrenta con las certezas de los izquierdistas acerca de que el socialismo y el comunismo son el camino científicamente correcto, y por ello los únicos caminos que merecen aprecio intelectual.

Para quienes ven en la presente una campaña electoral insípida solo cabe manifestar que no existen más paraísos e infiernos que los que estamos en condiciones de ver y experimentar por nosotros mismos. Si no sabemos ver la riqueza y la belleza que exhibe la realidad política de estos días de mayo en Colombia, ello no habla sino de la miopía de nuestros ojos, que hacen alarde de ver muy bien de lejos – por ejemplo, la supuestamente grandiosa obra bolivariana de Chávez que tanto seduce a Petro y a Piedad, y conmueve a Serpa; o el paraíso socialista que les sugiere al Polo y a los liberales de izquierda la Cuba socialista y dictatorial de su Partido Comunista sin libertades democráticas- pero se niegan a ver y a sentir de cerca la fe y la esperanza de los uribistas que resisten sin quebrarse las infamias descargadas por los opositores sobre las espaldas de Uribe. La crítica despiadada logra el efecto contrario al buscado y quienes prefieren el liderazgo de Uribe están dispuestos a reafirmarlo en las urnas motivados contrario sensu por quienes dentro del Polo se sienten dueños no solo de la verdad política, sino de la moral pública y la conciencia de los ciudadanos.

No extraña entonces que sea Carlos Gaviria quien insiste en que el pueblo colombiano no ve la realidad sino solamente el mundo virtual que Uribe le ha metido en la cabeza, cabeza que para los conocimientos doctorales de Gaviria luce hueca y vana, visto que no es capaz de asimilar el dogma de la verdad marxista que dice con todas las letras cuál es el camino hacia la ‘dictadura del proletariado’ y la felicidad terrenal. Y mientras tanto con ‘dosis personales’ de coca y marihuana –y certeza revolucionaria de que las FARC y el ELN triunfarán algún día- se puede soportar la falta de democracia real y aprovechar los pocos espacios democráticos que el autoritarismo de Uribe ha dejado en pié.

El pecado capital de la izquierda colombiana es que se niega a aceptar que el izquierdismo no nació con Marx y Engels, y no está fatalmente atado a la dictadura en las sombras de ningún Partido Comunista del mundo, ni de Colombia, ni de China, ni de Venezuela, ni de Cuba. La consecuencia de tal pecado original es que el izquierdismo en Colombia ha dejado de significar progresismo, confrontación de ideas en favor de la vida, la libertad y la democracia. Si la noción misma de izquierdismo nació con la Revolución francesa y sus ideales de libertad, igualdad y fraternidad no se entiende porqué en Colombia la izquierda insiste en aparecer como el perrito faldero del socialismo marxista y del comunismo de los ‘gulags’ de la Unión Soviética y los presos políticos y exiliados de Fidel Castro, tan dictador y tirano como los absolutistas reyes franceses que fueron –ellos sí- la causa objetiva de la Revolución Francesa. La izquierda colombiana sigue sin aceptar que la lucha libertaria en Colombia no pasa por la defensa del socialismo como camino hacia el comunismo, sino por el afianzamiento de la democracia como camino hacia la igualdad.

Y como si lo anterior no fuera poco error político para quienes se consideran a sí mismos como los mesías ‘salvadores del pueblo oprimido’ –monopolistas de la justicia social junto a las guerrillas- la campaña electoral del Polo se niega a aceptar públicamente que la lucha armada insurgente de las FARC y ELN –y sus ‘cartelitos’ colindantes- merece la condena activa –no meramente retórica- de los demócratas de Colombia y del mundo. El Polo debe admitir que luce más solidario con las guerrillas que con el pueblo colombiano agobiado por el conflicto armado, y que ello no solo tiene un costo ético y humanitario inevitable y muy grande, sino que también tiene un costo político inmenso, lo cual podrá apreciarse el 28 de mayo.

Lo curioso –y también injusto- es que quien pagará in pectore ese costo será Carlos Gaviria, tal vez una de las personas que dentro de la izquierda ha estado más cerca de dar el paso gigantesco indispensable para el crecimiento cualitativo y cuantitativo de las izquierdas en Colombia: la toma de partido frontal contra la naturaleza, la praxis y el concepto antidemocrático mismo de la lucha armada insurgente.

Sin embargo, por razones que solamente Gaviria está en condiciones de manifestar, o no se animó a dar el paso cuando había que darlo –a mi modo de ver el 12 de marzo-, o recibió presiones insalvables que terminaron por convertirlo en un rehén de los retrógrados, de los que le hacen el juego a las FARC y al ELN, y persisten en la búsqueda del socialismo y del comunismo marxistas por encima de cualquier democracia.

Lo paradójico de todo esto es que Carlos Gaviria, un gran defensor del Estado social de derecho ha sido convertido en el rehén de los enemigos del Estado social de derecho, poniendo su legitimidad de hombre probo y transparente, al servicio de la causa de sus enemigos, los mismos que consideran a Navarro, a Lucho Garzón y en definitiva al mismo Polo como ‘traidores de clase’, como enemigos de la Revolución.

Si lo que pudo haber sido una campaña histórica del Polo, accediendo al segundo lugar y precipitando la segunda vuelta se ha convertido lánguidamente en una lucha voto a voto, con Serpa por el segundo puesto, y con Uribe para que no trepe por encima del 60% el 28 de mayo, bueno será que unos y otros produzcan su autocrítica –no necesariamente pública, pero al menos en privado.

Comencemos por el ELN: ¿Qué sentido político ha tenido su ‘bravuconada’ de no querer ofrecerle al País un cese del fuego y las hostilidades mientras se mantiene abierto el proceso de exploración con el Gobierno nacional? ¿Por qué el ELN no le dice a los colombianos y al mundo en qué ha consistido su actividad militar y terrorista en este periodo, qué territorios ha ganado, qué ciudadanos ha secuestrado, qué policías, militares y campesinos ha asesinado, y dónde ha seguido sembrando minas antipersona, cobrando ‘impuestos al gramaje’ y cometiendo atentados? Y si la cifra de estas atrocidades y delitos de lesa humanidad ha sido pequeña afortunadamente –para aportarle con su ‘bajo perfil eleno’ unos pocos votos al Polo- ¿qué les costaba políticamente a los dirigentes del ELN ofrecerle al País un cese al fuego y de hostilidades, al menos durante la existencia del proceso de paz en construcción? No les costaba nada, nada, políticamente de cara a la Opinión pública, y por el contrario les reportaba una credibilidad y un rédito de confianza importantes. Pero, claro, los señores del ELN siguen anteponiendo sus certezas revolucionarias sobre la fe del pueblo colombiano en su arrepentimiento y la esperanza del mismo pueblo en que el ELN finalmente se bajará de su nube para aterrizar con el sentimiento real de los colombianos, ‘remamados’ con su terrorismo, pero más todavía con su arrogancia y su sexto sentido que los hace sentir ‘providenciales’, algo que los colombianos debieran agradecer y aplaudir.

Sigamos con las FARC: El jueguito de arrojar las bombas y esconder las manos, intentar secuestros pero no admitirlos –como el caso de Liliana Gaviria-, hacer la guerra pero proclamar deseos de paz, proponer soluciones políticas pero no aceptar mínimas condiciones del Gobierno para el diálogo, revelan una suerte de esquizofrenia política donde las ambigüedades le han tomado ventaja a las claridades, y donde lo político de las propuestas ha cedido su lugar a la retórica burocrática y politiquera del Secretariado y al floripondio autoelogioso del comité de aplausos en Anncol. Sin autocrítica la organización revolucionaria edifica sobre el barro y sin diplomacia navega sobre las rocas. Las razones –y las FARC las tienen, no nos engañemos- merecen algo más que la pobreza intelectual exhibida por las FARC durante esta campaña electoral. En el caso de las FARC los colombianos no sólo están hartos del militarismo impúdico que consideran una imposición degradante hacia los civiles desarmados, sino también lo están con el hecho de que las FARC se hayan convertido en mamagallistas crónicos, y ya no se pueda dilucidar cuándo hablan en serio y cuándo están ‘cañando’. La soberbia armada duele pero la manipulación del lenguaje hiere más profundo. La degradación de la mentira pesa más que el fusil apuntando, finalmente la muerte libera lo que las mentiras y los sofismas condenan a insoportable agonía.

Uribe puede estar tranquilo en cuanto a que lo esperan cuatro años más de Gobierno. Pero debiera preocuparse un poco más por fijar los horizontes de la Colombia post-Uribe. Porque los gobiernos pasan, los gobernantes también, pero los pueblos quedan. Uribe asumirá la Presidencia el 7 de agosto pero no podrá evitar los ciclos de la naturaleza política. El sol se comenzará a poner a sus espaldas solo 24 horas después del primer día de su segunda presidencia. Asumirá esta vez en el mediodía de su mandato, no a las cero horas. Eso, lo del amanecer y la mañana fue durante estos cuatro años que ya pasaron.

No lo olvide señor Presidente, ni nos olvide a quienes a partir del 2010 ya no contaremos con su conducción desde la Presidencia. Si los primeros cuatro años fueron de ponerle ‘tatequieto’ a los violentos y los ‘Marulanda’, ‘Gabino’ y Castaño pueden dar fe de ello, los segundos cuatro años deben servir para que los violentos desistan, unos de insistir y otros de reincidir. Ni unos ni otros harán esto o dejarán de hacer aquello por temor a la extradición, o a la Corte Penal Internacional. Harán lo que finalmente harán movidos por sus convicciones más íntimas y porque sientan que lo que vayan a hacer resulta coherente con su propia evaluación de la hora presente y futura. El tiempo de las guerrillas puede que no vaya a terminarse durante los próximos cuatro años, así como nada podrá evitar que asomen nuevas generaciones de autodefensas si los problemas subsisten y las realidades son más tercas que los mejores deseos. La libertad implica riesgos y la democracia trae consigo incertidumbres. Toca a los estadistas aportar lo mejor de sí para que los riesgos se minimicen y las incertidumbres sean menores. Los estadistas vencen siempre allí donde persuaden no necesariamente donde se imponen. Allí donde algunos creen haber logrado la victoria militar sucede muchas veces que solamente se está pateando el problema hacia más adelante. Gobernar es persuadir, no lo olvide señor Presidente.

A la izquierda democrática le tocan cuatro años de doble oposición. Oposición al gobierno de Uribe y oposición a quienes compiten con la izquierda democrática por hegemonizar la oposición a Uribe. Queda en manos de esta izquierda fijar su política frente a la ultraizquierda de FARC y ELN. La experiencia post-Garzón en la Alcaldía de Bogotá deberá arrojarle suficientes luces para que las guerrillas marxistas y los marxistas no guerrilleros jueguen a favor y no en contra de sus posibilidades electorales. Lucho Garzón y Carlos Gaviria están llamados a protagonizar desde el perfil izquierdo el milagro de acercar la paz y fortalecer la democracia, pero si con la paz no pueden solos, finalmente, debiera esperarse y desearse que con la democracia sí puedan, y en su defensa frente a la insurgencia armada los colombianos puedan contar también con la izquierda democrática.

Las AUC desmovilizadas deberán contar a partir de ahora más con su propia fuerza política que con la gestión del Presidente, Uribe o el que fuese. Es bueno callar, pero no todo el tiempo. Es bueno llamarse a silencio, pero no sobre todos los temas. Es de nobles, ser humildes ante las críticas y no dejarse sobornar por la vanidad del triunfo de las propias tesis. Sin embargo, una gran parte de Colombia se había acostumbrado buenamente en los últimos diez años a recibir de las Autodefensas su mensaje de fe y esperanza en la paz de Colombia, y en el triunfo de la democracia sobre la subversión armada. Regiones enteras del País se sienten hoy literalmente desamparadas sin acertar a saber si es que las Autodefensas solamente firmaron la paz o, además, también claudicaron en su voluntad de abrirle a la otra Colombia un camino diferente al de las armas guerrilleras y el tradicional abandono de los partidos tradicionales.

Se comprende y se abona la buena voluntad de las AUC en no crearle a la reelección de Uribe más dificultades que las muchas que esta reelección ha debido enfrentar. No necesitan las AUC ser uribistas para darse cuenta que si la paz de las AUC fue firmada con el gobierno de Uribe no hay por el momento, al menos por los próximos cuatro años, ningún mejor garante de esa paz firmada que el mismo Uribe. Mientras las FARC y el ELN hablan de paz todo el tiempo, pero todos los días buscan su ‘positivo’ asesinando colombianos, las AUC han dejado de hablar de paz, pero hicieron la paz que estaba a su alcance hacer. Y un poco más también, porque han quedado vacíos de seguridad que no podrán permanecer siempre así. La necesidad tiene cara de hereje, y los espacios vacíos se ocupan, por unos o por otros, pero el vacío político no existe, mucho menos si la guerrilla pugna por regresar a los sitios de donde fue expulsada y el Estado brilla por su ausencia o por su cobardía.

Estos son los tiempos en que nos ha tocado vivir, los tiempos que solo en las redacciones capitalinas de los grandes periódicos pueden sonar aburridos o faltos de emoción, tal vez porque la adrenalina no se pone en movimiento cuando la única diversión en algunos medios sigue siendo la de ‘escupir hacia el cielo’ esperando que Uribe denuncie la presencia de uno que otro disfrazado en las filas del Polo, o Carlos Gaviria produzca el milagro de que la izquierda comience a llamar a las FARC y al ELN por lo que ellas son, no por lo que ellas consideran que son.

Y no es que se deba calificar a las FARC y al ELN de terroristas, no es preciso llegar hasta allá. Tampoco de bandidos y narcotraficantes, porque no es eso lo medular del asunto, ni lo esencialmente condenable en este caso. Sonaría más a insulto que a calificación política y no se trata de eso en este contexto eminentemente político y democrático.

Conque el Polo condenase la insurgencia armada contra la democracia y el Estado, y los actos atroces, y de lesa humanidad, en contra de la población civil, como métodos de lucha política execrables para alcanzar cuotas de poder, sería más que suficiente y alcanzaría para que el ´paz y salvo´ extendido hasta ahora por la izquierda democrática a las FARC y el ELN caducara. Cualquier definición incompleta –o más bien indefinición- en este terreno alienta la confusión y el descrédito de las corrientes de izquierda democrática, lo cual más que beneficiar a Uribe coyunturalmente, debilita la democracia colombiana de forma estructural y permanente, al retacearle al sistema democrático la credibilidad y confiabilidad de la ‘pata izquierda’ de la mesa, vital para su crecimiento y desarrollo.

Carlos Gaviria calló lo que Colombia esperaba oír de su boca siempre respetada y respetable, como intelectual humanista, como jurista, como político. Perdió una oportunidad inmejorable en el corto y mediano plazo, cuando recibió el apoyo plebiscitario en las internas con Navarro, el 12 de marzo, y renunció con su silencio a producir el viraje histórico que pudo haber cambiado de tajo, el presente y el futuro de la izquierda democrática, y del propio sistema de poder inherente al Estado social de derecho que Gaviria ha sabido enaltecer con sus conocimientos y enseñanzas de toda la vida.

Ahora le toca a Lucho Garzón prepararse para cuando le llegue ese momento, lo cual ni es improbable ni está tan lejos, aunque se sabe, las oportunidades de la vida no siempre aparecen junto a las condiciones de las personas. Solemos llegar un segundo antes, o un segundo después. Fatalmente, para Colombia, y para la izquierda colombiana, Carlos Gaviria no cumplió su cita con la Historia. Tal vez quiso y no lo dejaron, tal vez ni quiso ni lo hubieran dejado.

Lo cierto, es que apelar a la suma de las distintas formas de lucha política no siempre es una suma convencional que produce un acumulado positivo. Suele convertirse como esta vez en una suma algebraica donde los pasos de ‘lucha democrática’ del Polo, al sumarse con los pasos de ‘lucha armada’ de FARC y ELN, terminan acumulando un resultado político negativo, con lo cual el resultado definitivo es cero, o incluso algún número negativo. Queda para el análisis posterior el porqué de la suma de ‘Polo Democrático’ más ‘Plomo Democratico’ no termina en este caso favoreciendo a nadie, ni siquiera a sus ideólogos. Es aquí, en el campo de las matemáticas aplicadas a la política donde la estrategia del Partido Comunista y las FARC & ELN no produce los efectos deseados por sus autores.
A menos que se llegue a la conclusión de que tanto el Partido Comunista como las FARC y el ELN estén cómodos en su posición actual y no se propongan otra cosa que cerrarles con su estrategia el camino del poder no ya a sus declarados enemigos y adversarios sino a sus socios en el Polo que pagan de su chequera política las componendas ‘reaccionarias’ de sus socios del PCC, las FARC y el ELN. Si esta es la conclusión la recomendación afectuosa para Lucho y su combo es que se atengan a aquel dicho popular que asevera que ‘con amigos así, para qué enemigos’.

Mientras tanto, a Horacio Serpa se le apareció la Virgen con el ‘fuego amigo’ de las FARC y el ELN sobre el Polo. Puede que ahora respire más aliviado y se disponga a celebrar desde ya su ahora más probable triunfo sobre Carlos Gaviria. Con lo cual su cuarta candidatura no luce tan aventurada si el Partido Liberal decide que sigan los mismos con las mismas.

Con lo cual las AUC debieran comenzar a pensar seria y realistamente en preparar desde finales de este año un equipo de primer nivel que se proponga competir políticamente en las grandes ligas nacionales a partir de 2010, no para solazarse en el ‘autoelogio’ acrítico ni en la contemplación absorta y maravillada de las propias tesis, sino para compartir las propias en el marco de alianzas inteligentemente montadas, de las cuales -tesis y alianzas- han sabido dar pruebas las AUC en los últimos diez años. O si se quiere, no darlas, que también se puede decir así, significa lo mismo, y luce políticamente correcto. Algo va de la práctica ilegal de la sedición como reacción político-militar a la respuesta legal y estructurada de la lucha política en la democracia. También hay un mundo de diferencias –de concepción y de ejercicio- entre percibirse en el futuro próximo como ‘miembros de un club de veteranos de guerra’ o visionarse como actores políticos en pleno derecho y con vocación de poder y de servicio.

¿O alguien en su sano juicio piensa que las AUC desmovilizadas esperarán sentadas que los ‘Marulanda’ y los ‘Antonio García’ ocupen sus curules, sus despachos ministeriales, o sus puestos de mando en alcaldías y gobernaciones, sin competir sanamente las AUC, con ideas, pueblo y base social empujando, por ideales democráticos que nacieron con la guerra pero no están destinados a morir con la paz. En las calles, codo a codo, las Autodefensas también sabrán demostrar que son mucho más que dos. Y que con ‘tu puedo y con mi quiero’ la democracia prevalecerá sobre sus enemigos de izquierda y de derecha.

Ni locos que estuvieran los ex comandantes de las AUC para perder en el juego mal jugado de de la política lo que supieron ganar durante la guerra, o más aún, para perder en la inmovilidad política lo que ganaron en credibilidad y confianza popular al luchar primero, y desmovilizarse después, no bajo la presión de la derrota inminente, sino por el contrario, pese a la seducción del triunfo y la tentación del narcotráfico de volverlos ´señores de la guerra’.

Mientras tanto, las AUC desmovilizadas tienen demasiados y muy buenos amigos en Colombia y en el mundo, y los siguen acrecentando a diario, como para someterlos a los riesgos de su ‘fuego amigo’ al estilo que utilizan las FARC y ELN en perjuicio de lo suyos.

Así las cosas me atrevo a adelantar que Uribe está hoy más cerca del 60% que del 50%, y que Gaviria por causa del ´fuego amigo’ está más cerca del 10% que del 20%.

Serpa disfrutaría, enormemente, con no bajar del 20% -lo festejaría como un triunfo-, aunque lo veo improbable faltando 12 días solamente para el 28 de mayo. Lo que sí considero altamente probable es que el segundo puesto sea suyo como premio a su ‘insistencia’.

Con estos números en mente me puedo dar el regalo personal de votar por Mockus –el mejor candidato a mi modo de ver- y no sentir cargos políticos de conciencia.

Después de todo, ni soy el D’Artagnan que mueve centenares de miles de votos ni el Alfonso López Michelsen de sus mejores épocas cuando ponía a pensar a los colombianos.

Lo mío es más elemental, más modesto, abrirle espacios de reflexión a quienes están dispuestos a abandonar las armas y abrazar la causa del progreso de Colombia y de los colombianos, sin pretender yo que paguen precios por lo que hicieron o dejaron de hacer durante la guerra, sino invitándolos a que se ubiquen en el sitio de sus preferencias, a derecha o a izquierda, sin más compromisos con Colombia y con el mundo que preservar la propia vida y la de los demás como un lujo al que no podemos ni debemos renunciar.

Y cuando hablo de preservar la vida no descarto la calidad de vida, por supuesto que no, solo que lo primero es lo primero.

En Colombia todavía estamos en deuda con todos los colombianos por ese primer derecho elemental e insustituible de la vida. No solo guerrillas y autodefensas, también la clase política, el Estado y sus fuerzas militares y policiales. Lo demás vendrá por añadidura, lo que no significa que vendrá sin esfuerzo, y menos todavía que no debamos ya comenzar a trabajar políticamente en la dirección correcta de mejorar la calidad de vida y la equidad social.

Sobre estos temas y otros me gustaría conocer el pensamiento político de las AUC desmovilizadas.

Eso sí, después del 28, y sin afanes, paso a paso, lo primero es lo primero, de menor a mayor, no faltaba más.

Como estaba inscripto sobre el frontispicio del templo donde operaba el oráculo de Delfos, en la Antigua Grecia: “Todo en su medida y armoniosamente”.

Entre FARC, ELN y AUC, las AUC llegaron primeras a la Mesa de la Paz, lo cual es un dato cuantitativa e históricamente irrefutable.

Lo cualitativamente importante es lo que vino después de haber llegado primero: las AUC desmovilizadas están demostrando que saben hacer las cosas políticas en su medida y armoniosamente, y que, en definitiva, no solamente han llegado primeras sino que han sabido llegar.

Algo que todavía les falta por demostrar a FARC y ELN sobre cuya capacidad política y voluntad de paz tampoco tengo dudas.

Finalmente, también ellos están dándole vueltas a aquello sobre lo cual nos alertara alguna vez Salvatore Mancuso antes de su desmovilización: "La mejor guerra es la que no se hace y la peor guerra la que se pierde".

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Esencias y matices’’ pueden ser consultados en: