junio 19, 2006

AUC, de la guerra a la política

Unos hacen los goles y otros los ven hacer


CHAMUYO (4)


Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com


La política es el arte de hacer posible lo socialmente necesario, y las AUC hilan este tejido sin prisa, pero incesantemente. Quienes solo conocen de las autodefensas por la prensa se llevarán una sorpresa cuando sepan de sus vidas y sus sueños, de su lucha íntima y descarnada entre el ser y el deber ser, siempre sobre el filo de la navaja, sin más certezas que las intuiciones de su corazón y el amor incondicional de la mucha gente que los quiere de verdad.

La política sin humanidad ni es política ni es humana. La humanidad con sus errores y sus horrores ni resulta inhumana ni es solamente culpa. Entre sus virtudes, la nobleza humana de las autodefensas constituye la base más sólida de su creciente capital político, y eso les quita el sueño por igual a la clase política y a las guerrillas. A la clase política, porque sabe que el pueblo no calla sus preferencias cuando de escoger entre el heroísmo y la politiquería se trata. A las guerrillas, porque saben que el pueblo le abona a las autodefensas haberle puesto el cuerpo a la metralla de las FARC y del ELN.

Nadie esperaba que las AUC abandonaran las armas antes que las guerrillas. Tampoco nadie preveía que un presidente del talante de Uribe llegara al poder. Las AUC en armas solo comenzaron a sobrar cuando Uribe llegó a la Presidencia, y Uribe jamás habría llegado al poder si las autodefensas no se hubiesen cruzado en el camino de las FARC y ELN en los aciagos tiempos del Caguán, Catatumbo, sur de Bolívar, y tantas zonas del país donde imperaba el terror guerrillero. Esto el pueblo amigo de las AUC lo tiene bien aprendido y también lo intuye Colombia aunque falten columnistas y ensayistas que hablen con la verdad y los sentimientos del pueblo.

Tras la desmovilización, las autodefensas superan ampliamente en favorabilidad popular a las guerrillas y Uribe derrotó 6-2 al candidato que apoyaban las guerrillas. Esto no puede sino derivar en reconocimiento político a las ex AUC, las cuales tienen ante sí un largo y venturoso camino que transitar políticamente. El mismo derecho que asiste a las FARC y al ELN de tener su visión de país y buscar concretarla en los hechos, la tienen las autodefensas de alzar su voz y mostrar sus cartas en cuestiones de poder.

Se sigue hablando de solución política negociada con las guerrillas, pero las FARC y el ELN rehúyen el cese de hostilidades y siguen despeñándose hacia la ‘bandolerización’ y el ‘traqueteo’. Han abierto un capítulo de guerra entre algunas de sus facciones, tal vez para disimular un tanto la alianza estratégica que sigue prevaleciendo en sus cúpulas.

No sorprende que se estén organizando nuevos grupos armados ilegales tras la desmovilización de las AUC. Mientras existan ‘narcoeconomías’ asentadas en el territorio nacional habrá dinero suficiente para formar ejércitos privados cuya evolución política es una incógnita. Podrían derivar en nuevos grupos de izquierda, de derecha y hasta ‘chavistas’ podrían resultar algunos. En esto de poner orden y arrinconar y demoler a todos los ilegales, se juega la credibilidad de la seguridad democrática y del Plan Patriota, pero también se avanza un partido más del campeonato mundial de las drogas donde EU y Europa tienen la última palabra.

A tiempo se han desarmado y desmovilizado las AUC, anticipándose al caos en el que ha derivado el conflicto. Las autodefensas cumplieron su rol de equilibrio militar en el tablero de las guerras cruzadas y al quitarse ese tapón el desmadre afecta todas las zonas y todos los grupos. Razón tenían los comandantes AUC cuando insistieron en Ralito acerca de la inconveniencia de precipitar las desmovilizaciones sin producir el adecuado relevo entre los sediciosos y las fuerzas regulares. Las razones del Alto Comisionado primaron, no tanto porque fueran del todo razonables sino porque las AUC aceptaron que la reinstitucionalización del Estado tuviese el precio que le pusiera el Presidente de todos los colombianos. No hacerlo hubiese ido en contravía de los tiempos políticos y la gobernabilidad del País.

Vivimos ahora otra etapa política, alejada todavía de las elecciones de octubre de 2007, y de marzo y mayo de 2010. Esto permitirá que las leyes que hagan posible la paz y la reconciliación reciban adecuado tratamiento en el nuevo Congreso. El precedente que está sentando el Gobierno con las AUC no podrá ser ignorado luego por FARC y ELN, si acaso escapan las guerrillas de la tentación terrorista que las sacude interiormente.

Bienvenido el apoyo de la Comisión de Conciliación Nacional a la nueva fase –esencialmente política y técnicamente jurídica- en la que ha ingresado el proceso. Desde los tiempos de la Comisión Exploratoria la negociación de Ralito –ahora en Copacabana- estaba en mora de recibir el aporte de las tercerías, indispensables en asuntos demasiado complejos que, por momentos, superan a las partes. El apoyo continental de la OEA y la palabra espiritual de la Iglesia no pueden faltar y seguirán siendo necesarios hasta el último día. Nada asegura que no vayan a producirse nuevas crisis, las cuales tendrán calificados árbitros que diriman las diferencias y encaucen la buena voluntad.

El fantasma de la guerra civil está cada día más lejos de establecer su tenebroso reinado. El conflicto armado ingresa en un período de tensa espera que precede el desenlace final. Los nuevos escenarios que se están perfilando dejan atrás la guerra revolucionaria, donde insurgentes, autodefensas y fuerzas estatales ocuparon un lugar central. Este es el momento preciso donde el ELN debe desembarazarse del suicida ‘abrazo del oso’ que le extienden las FARC, y las FARC deben vencer la tentación de arrojarse hacia el abismo donde nadie podrá salvarlas.

Comencé hablando de la nobleza de las AUC y del valor inmenso que esto acumula políticamente en el campo popular. Mientras las FARC y el ELN siguen produciendo víctimas y cavando la fosa final de su propio descrédito, los Castaño, los Mancuso y los Báez no pierden oportunidad que tienen ante los micrófonos para convocar a los guerrilleros a la paz y la reconciliación. No sé cómo reciban los ‘Marulanda’ y los ‘Gabino’ esos llamados de las AUC, pero sí es digno de atención cómo los colombianos reaccionan positivamente ante estos gestos de paz y de humildad que producen las autodefensas.

Más de uno se sorprenderá dentro de algunos años cuando finalmente los ex comandantes de los bandos enfrentados en los ’80 y los ‘90 se encuentren cara a cara y unos recién vengan del monte y otros –los que se desarmaron antes- los esperen con las mano tendidas, legitimados por el pueblo, ocupando los cargos más altos y de más responsabilidad de la democracia.

El escenario del posconflicto se está comenzando a prefigurar en 2006 y los comandantes de las FARC y del ELN no pueden seguir ignorándolo o haciendo como que no lo ven.

Si persisten en el error de la violencia que no culpen después al ‘imperialismo gringo’, al ‘fascista Uribe’ y a los ´paracos’ de todo lo que estaba en manos de las FARC y ELN hacer y no hicieron.

Que unos hacen los goles y otros los ven hacer.



Así la veo yo.



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