junio 26, 2006

AUC: De las ‘crisis’ puntuales a la ‘fase crítica’

Si no hubo definición en los 90 minutos, habrá suplementarios

CHAMUYO (5)

Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com

Cesó la lluvia pero el cielo sigue atiborrado de nubes.


El proceso entre Gobierno y AUC ingresó en una fase crítica. Hasta aquí las crisis fueron siempre puntuales. El periodo inaugurado el 18 de mayo es de incierta duración y pronóstico reservado. Cuando se conozca la sentencia de la Corte Constitucional volverán los aguaceros a descargar su furia.


Si hasta ayer el acuerdo entre Gobierno y AUC alcanzaba en los momentos de crisis, superar la fase crítica exigirá, no solo la participación de sectores, representativos de todos los órdenes de la realidad nacional, sino, paralelamente, la construcción de sólidos acuerdos políticos que articulen oficialismo y oposición en el Congreso.


La cuestión jurídica, con toda su importancia, no debe ocultarnos que la cuestión central del proceso –con las AUC ya desmovilizadas- es esencialmente política. Esto obliga un replanteo del curso de las negociaciones.


No tiene presentación política y será castigado internacionalmente que se aliente en las AUC tomar el atajo de la supuesta favorabilidad, o no retroactividad, de lo que ha sido hallado inexequible por la Corte Constitucional, y por lo mismo aplica menos que antes a futuros procesos de paz con las guerrillas. Solo serviría para darle más argumentos y de mayor peso a quienes sostienen que este es un proceso de ‘yo con yo’. Según mi modo de ver aquí hay dos caminos: o se reforma la Constitución para dar cabida a lo que la Corte Constitucional no aceptó, o, lo que aparece como más complejo pero más sólido, se deroga la ley 975 y se comienza a trabajar política y jurídicamente en la construcción de un nuevo marco legal para las negociaciones de paz y sus resultados, independientemente del actor que se trate.


Para que haya justicia y paz no cabe sino esperar que la política realice su labor de orfebre. El Gobierno propuso negociar políticamente con los actores armados ilegales, poniendo como condición inicial el cese de hostilidades. En el caso de las AUC -primeros en acudir al llamado- no fue posible satisfacer al ciento por ciento el cese de hostilidades sino cuando finalizó la desmovilización. La zona de ubicación de Ralito cumplió este objetivo con el último fusil entregado y el último combatiente desmovilizado, pero nadie puede pensar que allí se acabó la negociación.


La fase crítica que transita el proceso inaugura la negociación propiamente política con dos componentes principales, uno técnicamente jurídico y otro político hasta los tuétanos. La discusión jurídica sobre el estatus político de las AUC en el pasado no puede ocultar la realidad política que hoy constituyen las ex AUC, tras abandonar las armas y abrazar la política en la democracia, sosteniendo una visión de País, valores y objetivos políticos que fructificaron en el curso de la lucha armada contra las guerrillas marxistas.


Hay quienes pretenden manipular las AUC como ariete de su pelea casada con la Corte Constitucional. También hay quienes quieren influir sobre los integrantes de la Corte para abortar el proceso. La paz con autodefensas y guerrillas es una cuestión de interés nacional que deberá superar los escollos de quienes han hecho de la politiquería o de la subversión -también en llave- su modus vivendi.


Hay quienes recelan de la reforma constitucional en consonancia con los acuerdos que hagan posible la paz. No faltan quienes consideran que sin previa reforma de la Constitución la paz con AUC, FARC y ELN resulta imposible. Ambos argumentos deben oírse y debatirse.
Cesar las hostilidades contra la población civil resulta un imperativo ético para los grupos armados ilegales y cesar el fuego contra el Estado la única prueba de su vocación política. Lo contrario es caer en el vil negocio, en el puro terrorismo y pretender ‘vivir del cuento’ de la revolución. Es admitir que el Congreso en Colombia es una farsa y la autoridad presidencial una dictadura. ¿Qué dicen sobre estas materias los dirigentes, representantes y senadores del Polo siendo sus propuestas de gobierno, economía y sociedad similares a las que esbozan las FARC y ELN?


Esto viene a cuento porque si se quiere ponerle fin al conflicto armado mediante una solución política negociada no se entendería que la misma no pase por el Congreso de la República, con anuencia del Ejecutivo y respeto de la Constitución.


Hoy son las AUC, mañana serán el ELN y las FARC. Pero, ¡cuidado!, porque la política no solo es discurso, y no basta decir que se aspira alcanzar una solución política negociada, si no se dan pasos positivos, coherentes con esta dirección. El discurso y los hechos de paz han coincidido en las AUC, no del todo todavía en el ELN. Las FARC dicen una cosa, hacen lo contrario, piden lo imposible, niegan lo innegable, afirman lo increíble y siguen delinquiendo, secuestrando, asesinando colombianos y cultivando y comercializando coca, por decir lo menos. El Polo debe manifestar algo sustancial y hacer proposiciones concretas sobre estos asuntos que vulneran de manera tan grave y contundente el derecho a la vida de los colombianos.


La inseguridad jurídica para los desmovilizados de las AUC sigue imperturbable. En buena parte porque la culebra de la politiquería sigue viva, haciendo de las suyas incluso en las Cortes, no hablemos del Congreso… ni seamos complacientes con el Gobierno.


Es hora que el uribismo deje de razonar en términos de reparto de burocracia y de las próximas elecciones. Es hora también que liberales y polistas digan con claridad si están dispuestos o no a construir con el Gobierno el edificio de paz y reconciliación que haga viable el tránsito de los actores ilegales del conflicto armado a la civilidad y la política.


Las ex AUC deben despertar de las pesadillas que trajo consigo la inseguridad jurídica en que está postrado el proceso, y hacerse cargo sin demoras de la cuota de trabajo que les corresponde realizar, metódica y organizadamente, si quieren asegurar el futuro de paz que sigue atrapado en las redes que tejen los burócratas, leguleyos y obstruccionistas de toda laya, sin entender que la paciencia de los colombianos tiene un límite.


Suena políticamente correcto lo de Villa Esperanza y las AUC. Así como la ‘casa de paz’ del ELN y que ese proceso aún no se haya caído por presión de las FARC. Uno quiere creer que estamos en el buen camino pero nadie cuerdo puede asegurar eso. Sobre todo, si pensamos que las AUC cumplieron su parte del Acuerdo de Ralito y el Gobierno todavía no, en un país donde es más sencillo encontrar alguien dispuesto a empuñar un arma que alguien que decida entregarla. Carecen las AUC y no existe aún en Colombia el marco legal constitucionalmente inobjetable y al mismo tiempo conducente hacia la paz que favorezca el retorno a la civilidad de las AUC y todos los actores.


Habrá que seguir adelante con garantías y salvoconductos renovados a los negociadores y miembros representantes de autodefensas y guerrillas que estén dispuestos a trabajar, conjuntamente con el Gobierno, con sumo tacto y harta paciencia durante, al menos, los próximos cuatro años. Para alcanzar las metas que se tracen las partes, con todo sobre la Mesa y nada por debajo, en Agendas verificables y al margen de toda sospecha.


Si la seguridad jurídica seguirá siendo por bastante tiempo un ‘imposible jurídico’ para autodefensas y guerrillas, lo que la paz no puede permitirse es que los equipos negociadores de todas las partes involucradas no cuenten con la seguridad jurídica de que no serán capturados ni extraditados mientras dure el proceso de paz y que este tiempo de negociación sí les será descontado de las eventuales penas alternativas.


Quienes, en el siglo XIV, iniciaron en Europa la Guerra de los Cien Años nunca imaginaron que fuese a durar tanto.


Las AUC y el ELN tampoco tienen certeza acerca del tiempo que llevarán las negociaciones y si acabarán finalmente en paz o en guerra.


Al respecto, lo único que no podemos permitirnos es la inactividad y la desesperanza.


¡Bienvenida Villa Esperanza y que sean muchas y provechosas las casas de paz!

Así la veo yo.

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