junio 05, 2006

El ‘cuarto poder’ y sus diatribas a las AUC

La vida es el arte del encuentro (Vinicius de Moraes)


CHAMUYO (2)


Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com


El agua horada la piedra, el justo no la violenta, el sabio no la juzga.

El cuarto poder enciende los editoriales de El Tiempo y nutre las páginas de Semana y Cambio. La ‘trinidad’ empresarial se derrama sobre los restantes medios y presiona sobre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Gradúa opinión en un país donde pocos leen.

La elite del cuarto poder califica a Uribe como ‘hombre de guerra’, ‘autoritario de derecha’ y ‘micro-gerente de provincia’. El test crucial de su política de seguridad democrática –negociación con AUC, que vuelve del monte, tras enfrentar la izquierda armada y ejercer poder regional- recibe ácidas críticas. Incide aquí la perspectiva política de las AUC imbricada a las causas del ‘uribismo’, que despierta recelos de la superprensa que no afloran cuando del Polo, FARC y ELN se trata.

Los dardos venenosos lanzados desde la cima del cuarto poder han sido constantes. Estas invectivas suelen vestirse con el ropaje de sabios consejos que buscan evitarle a Uribe males mayores. Los líderes del cuarto poder, consideran ‘políticamente correcto’ mostrarse reticentes al Gobierno en el cómo y el qué de la negociación con las AUC y, ostensiblemente, en contra del cómo y del qué de los comandantes de las AUC.

El cuarto poder estrato dieciséis no ha visto nada de rescatable en las AUC, ni durante su participación en la guerra ni en las negociaciones de paz. Como si participar del conflicto armado hubiese sido cuestión de enriquecimiento personal y patología criminal, no de ponerle ‘tatequieto’ a las finanzas, la expansión y el ‘paraguerrillerismo’ de FARC y ELN allí donde el Estado desertaba de sus obligaciones. Como si entregar las armas, apoyar la seguridad democrática y regresar a la vida civil hubiesen sido para las AUC frutos del cálculo económico y la búsqueda de impunidad, y no de la decisión política de fortalecer la democracia, abrir caminos de paz y seguir los pasos que adelantaron, con el beneplácito del cuarto poder, el EPL, el M 19, entre otros.

Puede suponerse que en el cuarto poder algunos quieran ejércitos ‘paras’ en el monte, mientras existan las FARC, y que su ‘oposición destructiva’ hacia la paz con las AUC nazca de la decisión de los Castaño y los Mancuso de desmovilizar las autodefensas. Esto ha puesto a la sociedad -y al establecimiento- únicamente en manos de la protección del Estado y exhibe a las FARC, el ELN y los NARCOS como los únicos ilegales del conflicto armado. ¿Quiénes temen este nuevo escenario y quisieran, aunque no lo sostengan públicamente, que las AUC regresen al monte? ¿Quiénes son aquellos que le apuestan al fracaso de la seguridad democrática y alientan el retroceso de las AUC a los tiempos anteriores a Uribe? Urgir -¿o más bien rugir?- desde la prensa de Bogotá que las AUC se sometan a la Ley de Justicia y Paz, tras el fallo de la Corte Constitucional, no resiste la interpretación literal. Corresponde calificar tales arengas de ultimátum para que las AUC se declararen traicionadas por el Gobierno, rompan la negociación, pidan las armas de regreso y vuelvan al monte.

Las aguas de la negociación, sin embargo, no van en la dirección del rearme de las AUC, lo que después de conocidos los resultados del domingo 28 de mayo constituiría un colosal desatino y una afrenta al voto popular. Las grandes mayorías nacionales plebiscitaron la continuidad del proceso de paz del Gobierno con las AUC, no porque desconozcan el pronunciamiento de la Corte Constitucional ni resulten indiferentes los cuestionamientos del cuarto poder, sino porque la Paz es un asunto serio de interés nacional y no puede enredarse en los designios de ninguna minoría por poderes que tenga o quiera atribuirse.

Habrá quienes digan que ni en El Tiempo, ni en Semana, ni en Cambio han insinuado lo que leo entre líneas, sino que lo que han sostenido es:

1. Que mientras da estatus político delinquir por imponer un gobierno marxista, no da estatus político delinquir para oponerse a ello.

2. Que solo cabe el sometimiento a la Justicia para las AUC y la negociación política con las FARC y ELN.

3. Que lo que solicitan es cárcel de cuarenta años para las AUC y amnistía e indulto para FARC y ELN.

4. Que la reparación para las víctimas de las AUC sea pagada del bolsillo solidario de todos los ex comandantes de las AUC y la reparación de las víctimas de las guerrillas del bolsillo del Estado.

5. Que debe haber inhabilidades perpetuas para el ejercicio político de las AUC y participación política inmediata de FARC y ELN.

6. Que corresponden extradición y Corte Penal Internacional para las AUC y garantías jurídicas de no extradición ni Corte Penal Internacional para FARC y ELN.

Y algunas perlas más… para que a nadie le quepa duda que los pájaros le tiran a las escopetas, es decir que los líderes del cuarto poder sostienen, en definitiva, que FARC y ELN nunca hubiesen alcanzado tan comprensibles niveles de perdonable y no tan atroz criminalidad si las AUC, incomprensiblemente, no les hubiesen permitido otra posibilidad con su imperdonable y atroz criminalidad. Como si las AUC se hubiesen constituido en 1964, y FARC y ELN en 1997, y no al revés.

Nunca una ley luce tan injusta como cuando no se aplica del mismo modo a todos los involucrados, o cuando ni siquiera se está pensando que todos los involucrados vayan a ser tratados por la misma ley. Si FARC y ELN no aceptaban la Ley de Justicia y Paz antes de la sentencia de la Corte Constitucional menos la aceptarán ahora. ¿A qué viene exigirle a las AUC su aceptación, en qué mentes brotan tales despropósitos, cuando la Constitución señala los caminos de su propia reforma si las circunstancias ameritan?

Si los que han participado de la ilegalidad del conflicto armado no van a resultar iguales ante la Ley por limitaciones del ordenamiento vigente, el remedio no es que los perjudicados por esa desigualdad sean arreados a sombrerazos hasta volver a la guerra sino que tendrán que trabajar el Legislativo y el Ejecutivo con la finalidad de modificar la Constitución y que la igualdad ante la Ley esté asegurada y los caminos de Paz permanezcan abiertos sin privilegiados ni réprobos.

Las AUC no saldrán ‘ilesas’ de esta coyuntura si no logran mantener fluida comunicación con el País y relaciones públicas de primer nivel con el cuarto poder, así como insistir en el respeto al orden constitucional y la separación de poderes.

Las AUC tienen cosas muy importantes que contarle a la Opinión Pública, sobre qué significa Ralito y sobre qué se trata de hacer a partir de Ralito y también después de Ralito.

Las batallas de la paz suelen ser tan duras como las de la guerra, y ni unas ni otras pueden darse exitosamente sin la existencia libre del cuarto poder.

El diálogo entre líderes del cuarto poder y líderes de las AUC no puede seguir demorado, ni yacer congelado en un remedo de la ‘guerra fría’. Habilitarlo, con mutuo respeto, es cuestión de paz o de guerra, es cuestión de más vidas o más muertes, y es actuar con respeto –de parte y parte- por la libre información de los ciudadanos.

Así la veo yo.

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