junio 02, 2006

No cerremos las puertas a la paz con las AUC

Lo que está en juego es demasiado importante

CHAMULLO



EL PDA estará destinado a dividirse –por extrema necesidad política- al menos en dos partes de aquí a poco tiempo.

El ‘uribismo’ haría bien en elaborar cuanto antes el duelo por no poder contar con Uribe como candidato en 2010.

Mientras las FARC sigan vivas será al precio que la extrema izquierda –no el centro izquierda de Lucho Garzón- deba postergar sus posibilidades en la carrera presidencial. Colombia no premiará nunca la combinación de todas las formas de lucha. Tampoco los disfraces de ocasión.

Si en cambio las FARC abandonan la lucha armada durante la segunda presidencia de Uribe, la extrema izquierda deberá esperar al menos otros cuatro años después de 2010. ¿Por qué? Porque Uribe, al producir el milagro de ‘acabar’ con las FARC tendrá suficiente poder popular como para convertirse en el gran elector en 2010. Poco importa a estos efectos que la victoria haya sido militar, o la persuasión haya operado en una mesa de negociación.

Hará bien entonces Lucho Garzón en girar hacia el centro y llevarse consigo unos pocos líderes del PDA en su búsqueda de la presidencia en 2010. Si algo le vendrá de perlas a Lucho en esta cruzada por la presidencia es que a su izquierda –y sobre todo fuera de su campaña- quedarán los extremistas y los ultras que suman algunos votos pero quitan demasiados para cualquier aspiración presidencial seria.

Si Lucho se mueve en esta dirección del centro su suerte no estará relacionada para nada con el destino de las FARC, por el contrario, si sucede lo más previsible de que durante los próximos cuatro años las FARC sigan en el monte esto lejos de perjudicarlo lo beneficiaría. Primero, porque Uribe no recibiría los beneficios del ‘vencedor’ ni del ‘gran negociador’, segundo, porque lograría seducir a las mayorías con su mensaje de trabajar socialmente más sobre las causas de la violencia –la pobreza y la exclusión- que militarmente sobre sus efectos –las FARC y los ‘paras’ que hayan sucedido a las AUC.

¿Con qué obstáculos se encontraría la aspiración de Lucho en este escenario?
El Partido Liberal le apostará a evitar que la Constitución permita la segunda reelección inmediata de Uribe –es previsible que el Departamento de Estado también- y entonces los ‘uribistas’ tendrán la ‘imposible’ tarea de encontrar un relevo que sería tildado de inmediato como ‘continuista’ y que debería hacer frente a la enorme frustración generada por Uribe si no logra vencer o negociar con las FARC en los próximos cuatro años. Ni qué decir si no obtiene victorias en el campo social y económico.

Hasta aquí entonces lo más probable es que en 2010 se enfrenten no dos sino tres coaliciones relativamente fuertes: una que gire alrededor de Garzón, otra alrededor del Partido Liberal y otra alrededor del ‘uribismo’. En este caso no habría triunfo en primera vuelta, sino que asistiríamos a una segunda vuelta, donde Garzón tendría todas las probabilidades de entrar, mientras que liberales y ‘uribistas’ deberían dar una gran batalla por ingresar, que precedería a otra gran batalla tres semanas después por lograr el triunfo en la segunda vuelta sobre Garzón.

Así las cosas, ¿qué debiera ocupar a Uribe principalmente desde el inicio de su segunda presidencia? Poner la cuestión social y económica por encima de la cuestión FARC. Poner el logro del intercambio humanitario un escalón más arriba como prioridad independiente de la cuestión negociación de paz. Impulsar desde el Gobierno hacia el Partido Liberal una política de gana-gana, sin pretender sumar el Partido Liberal a la coalición uribista. Es Uribe quien puede seducir al Partido Liberal más aún de lo que pueda intentar Garzón, porque tiene más elementos a disposición, pero debe hacerlo cuidando mucho el contenido, las formas y el ‘tonito’. Diplomacia y tacto, mucho tacto.

Lo que Garzón va a intentar –no tiene otra que intentarlo- es seducir a las bases del liberalismo y del ‘uribismo’, en la misma medida que corta todo vínculo con la izquierda en el monte y los ‘paraguerrilleros’ urbanos. Esto lo puede producir de un tajo pero saliendo cuanto antes del PDA donde Gaviria preferirá quedarse, no para ganar en 2010 sino para intentar que al menos Garzón no pierda, y que éste deba regresar a negociar con él y los suyos la cuota de ‘gobernabilidad’ si finalmente Lucho llega a la presidencia.

Me suena que tanto a los EEUU como a Europa, tras ocho años de Uribe, no les disgustaría que Colombia pusiese a prueba su sistema democrático a partir de 2010 con un gobierno de centro-izquierda que no tuviese ningún vínculo con las FARC y sí total compromiso con el orden constitucional, las instituciones de la democracia y las libertades públicas y privadas. Sería el mejor ejemplo para el mundo y para muchos colombianos de que las FARC están en contra de todo y de todos, no solamente en contra de Uribe, de la derecha, del capitalismo, de los EEUU y de la globalización.

Si el ‘uribismo’ y el Partido Liberal no quieren darle desde hoy ventajas al centro izquierda de Garzón mal harían en sentarse a esperar los errores que la izquierda pueda cometer, o las barbaridades que las FARC estuviesen dispuestas a realizar.

Ni los ‘uribistas’ deben sobredimensionar su éxito actual de cara a lo que vendrá más adelante, ni los ‘liberales’ deben rendirse ante los retos que irán creciendo después de la derrota de Serpa.

Los primeros tests de la madurez política de uribistas y liberales tendrán como referencia obligada:

1. El proceso de paz con las AUC y la necesidad de darle un final feliz.

2. Las políticas que hagan definitivo el desmonte del ‘paramilitarismo’ e impensable el rearme de los ‘paras’.

3. La creación de condiciones políticas que les permitan a las AUC transformarse en un partido político con todas las de la ley.

4. El diseño de fórmulas constitucionales que vuelvan los procesos de paz –actuales y futuros- una cuestión de Estado, donde resulte imposible el choque de trenes entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.


Finalmente, la paz de Colombia tiene que lograr ante el mundo la merecida credibilidad, la total transparencia y la mejor garantía y sello de calidad, que se constituyan en suficiente seguridad política y jurídica en cuanto a que ningún país ni corte penal alguna del mundo tengan algo que objetar o condenar en el futuro.


En estos días se está jugando no solo la suerte del proceso de paz con las AUC, sino también y fundamentalmente, la posibilidad de crear las condiciones de gobernabilidad que permitan asegurar la unidad nacional y el progreso social, no para un gobierno ni para una clase política, sino para un Estado y un Pueblo que necesitan crecer juntos y confiar el uno en el otro, fuera cual fuera el presidente y fuese cual fuese su orientación política.


Nadie sabe lo que están elucubrando las FARC pero el país tiene preocupaciones más serias y miras sociales más elevadas que descifrar los propósitos de los señores de la guerra.


Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa, iniciada en marzo de 2005, pueden ser consultados en:


www.lapazencolombia.blogspot.com y www.salvatoremancuso.com