julio 10, 2006

AUC, FARC, ELN y el Gran Acuerdo Nacional

El dolor de todas las víctimas reclama los mismos derechos


CHAMUYO (7)



En el imaginario colectivo de la política y el conflicto armado se han visualizado tres parejas ‘virtuales’ a favor y en contra de las cuales se ha votado en 2006. Las de Álvaro Uribe y AUC, Carlos Gaviria y FARC, y Horacio Serpa y ELN. Quien votó por alguno de los tres candidatos no ignoró que también ‘votaba’ por la ‘llave’ que le resultaba atribuida. No inhibió su voto la asociación de ideas acerca del ‘compañero de llave’. Se invistió a los tres candidatos para que ejercieran su ‘representativa mediación’ respecto al actor armado ilegal que le resultaba más cercano o menos contrapuesto.

A partir de aquí –si los ex candidatos asumen este ‘imaginario colectivo’ como un hecho político que les entrega un mandato y una responsabilidad- se entreabren espacios de convergencia donde es posible alcanzar durante este cuatrienio el Gran Acuerdo Nacional en materia de solución política negociada del conflicto armado, paz y reconciliación.

Los candidatos que ‘suenan’ para 2010 podrían acordar con los tres de 2006 una instancia superadora al respecto, en cuanto a que –entre otros- el de centroizquierda (¿Lucho Garzón?), el de la coalición filoliberal (¿Germán Vargas Lleras?) y el de la coalición uribista (¿Pacho Santos?) sean percibidos por la opinión pública y las ex AUC, FARC y ELN como los garantes de una política de Estado con horizonte claro. Donde los actores armados ilegales que sean protagonistas de procesos de desmovilización y desarme, y todas las víctimas del conflicto armado, puedan sentir y palpar que los acuerdos alcanzados en la Mesa de la Paz y los derechos de las víctimas serán respetados. Con la seguridad política y jurídica de que los términos de Verdad, Justicia y Reparación no serán manipulados por quienes quieren reducirlos a instrumentos de retaliación y venganza de un bando sobre otro.

La tragedia de Colombia no tiene una sola cara. ¡Qué va! Ojalá fuese una sola y bien horrible que espantara y motivara el rechazo unánime. Las caras de doña Tragedia son varias y algunas lucen atractivas, seductoras por lo que ofrecen en dinero y prometen en poder. En la confusión está el mayor riesgo y también acecha la gran desilusión.

El narcotráfico es de lejos el peor huésped, devasta la casa de todos, nubla los cerebros y duerme las conciencias. Paga las cuentas de unos pocos ‘privilegiados’, financia la guerra de todos contra todos, se lucra de nuestras desgracias y riega el estigma por todo el mundo.

La pobreza es más triste cuando no tiene consuelo ni ofrece otra salida que la resignación. La pobreza es dolorosa cuando solo genera indiferencia, carne para los aprovechados y demagogos, y sesudas investigaciones que ayudan a explicar pero no ayudan a resolver.
La delincuencia –la que llaman común- se adueña de los miedos y pulula en las calles sigilosa pero implacable entre la sevicia y la impunidad. La violencia venda los ojos de la gente, alimenta con sangre la ceguera sin horizonte de quienes se han cansado de denunciar sin resultados el puñal clavado que nos acompaña a todas partes.

La corrupción se roba la salud de los que menos tienen y no tienen más remedios ni médicos que su Dios y su esperanza. La corrupción se reelige de por vida cuando cambian los nombres pero no cambian los corruptos. La corrupción se roba la educación y la vivienda, el orgullo de ser colombiano y todas las Constituciones incluida la niña bonita de quince años que muchos poderosos celebran y solo pocos y honrados respetan y hacen cumplir.

Y como si todo lo anterior fuese poco FARC y ELN insisten retóricamente con su ‘festival de comunicados y declaraciones’ en tomarse el poder con las armas, o chantajear al Gobierno para que les entregue amplias cuotas de poder en una mesa de negociación, donde los negociados seríamos los colombianos y los sacrificados quienes ya vivimos sacrificados en el país de los eternos sacrificios, donde las AUC tomaron distancia de tanta guerra suicida, pero FARC y ELN todavía no.

Tampoco faltan, entre los lóbregos rostros de la tragedia nacional, quienes, como ariete de su estrategia opositora al Estado, alientan bajo cuerda a las guerrillas para que prosigan su ‘oposición destructiva’ incitando a las FARC y ELN como si fuesen los ejércitos de bolsillo de poderes sin pueblo y políticos sin corazón. Entre ellos también parasitan los mismos sabihondos y leguleyos que quieren cerrarle a las AUC su reincorporación plena a la vida civil, negándoles de plano los derechos políticos.

Entre las tragedias que azotan a Colombia también está el odio que algunos aprovechados, sectarios por ideología o por viles intereses, quieren sembrar en el corazón de un sector de las víctimas del conflicto armado, aquellos cuyos perjuicios, dolores y pesares fueron causados o se atribuyen a las AUC o al Estado. No se puede tapar el sol con las manos, y por esto mismo nadie puede pretender olvidar –o hacer como que se olvida- que el conflicto armado tuvo -hasta la desmovilización de las AUC- por participantes a las guerrillas, las autodefensas y el Estado.

Todas las víctimas, de todos los colores y todos los bandos, merecen las mismas satisfacciones y reparaciones, materiales y espirituales. Los dolores del alma y del cuerpo no admiten estratos ni discriminaciones. No valen más los pesares de los guerrilleros, que los de las autodefensas, ni los de las fuerzas armadas y policiales que los de los campesinos o los trabajadores de la ciudad, todos ellos –todos los colombianos y colombianas- sacudidos y golpeados por las consecuencias del conflicto.

Donde no llegue la posibilidad material ni el poder reparador del victimario guerrillero o autodefensa -o no se conozca con certeza el victimario-, habrá que diseñar legalmente los procedimientos y articular los canales para que sean el Estado y la solidaridad de la comunidad nacional e internacional quienes aporten los remedios que alivien aquello que puede tener alivio, y no dejar sin alguna respuesta humanitaria lo que exige reparación y respeto por el dolor ajeno.

Con relación al presente y el futuro solo el cese del fuego y hostilidades de FARC y ELN conducen a que no haya más víctimas por culpa de las guerrillas, así como después del desarme y desmovilización de las AUC nadie puede atribuirle ninguna víctima a las AUC. Está dicho: “muerto el perro se acabó la rabia”.

Escaso favor le hacen a las víctimas pasadas y futuras quienes desde posiciones políticas opositoras al Gobierno, o por aversión a su negociación política con las AUC, dentro y fuera del Polo, persisten en su silencio ante las miles de víctimas que FARC y ELN han producido en 40 años de existencia y siguen causándole hoy al pueblo colombiano.

Que no pretendan algunos pícaros que solamente unas víctimas sean reparadas –las que padecieron o murieron a manos del Estado o de las autodefensas- y que las otras víctimas –las que ocasionaron las guerrillas- se queden bien pobres o bien muertas, antes empobrecidas o muertas por la extorsión, el secuestro y la metralla guerrillera, y ahora pobres de por vida o muertas por segunda vez porque sus extorsionadores, secuestradores y asesinos son guerrilleros de las FARC y ELN, que tienen licencia de extorsionar, secuestrar y de matar mientras les venga en gana, tal vez porque así lo amerita el libre desarrollo de la personalidad guerrillera.

Hagamos de la unidad nacional y el progreso social realidades irrenunciables, no dejemos que nadie nos mantenga divididos, ni desde dentro ni desde fuera. Convoquemos a guerrilleros y autodefensas, víctimas y victimarios durante la guerra, hombres y mujeres de izquierda, de derecha, a construir entre todos los colombianos y colombianas la democracia en la diversidad y sin exclusiones, que hasta hoy nunca conocimos ni disfrutamos.

Escribió José Hernández en el ‘Martín Fierro’:

“Los hermanos sean unidos, ésta es la ley primera, que si los hermanos se pelean, los devoran los de afuera.”


Así la veo yo.


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