julio 04, 2006

Las AUC, las guerrillas y la piedra del Peñol

Marxismo criollo: pocas ideas pero bien confusas


CHAMUYO (6)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com


Un antiguo jefe me solía decir que para ascender en la jerarquía de aquella empresa había que tener pocas ideas, pero eso sí, bien confusas. Agregaba esta perla: ¿para qué volver simple lo que con poco esfuerzo puede complicarse hasta el infinito?

Entre políticos marxistas y guerrilleros marxistas nos han querido convencer que el país sería un ‘paraíso socialista’ si ellos accedieran al poder. Para lograrlo algunos marxistas se dedicaron a la política y otros partieron al monte. Unos apelaron a la fuerza de los argumentos y los otros a la fuerza de las armas. Ambos esperaban confluir un día en alguna insurrección popular, al calor de una barricada compartida, o en alguna solución política negociada que los acercara jubilosos a las mieles del poder. Es tan simple el razonamiento que resulta provocativo.

Mejor oscurecerlo dirán algunos marxistas y decir en cambio que unos no tuvieron más remedio que tomar las armas porque el sistema anti democrático les negaba otra opción, y que quienes escogieron el camino de la política lo hicieron a sabiendas que no llegarían muy lejos en un país donde reinan con su despotismo los poderosos burgueses con sus mafias políticas y sus ejércitos paramilitares.

Esto suena bien pero no alcanza dijo algún otro marxista. Mejor decir que quienes tomaron las armas no lo hicieron porque fueran marxistas y no tuvieran otra opción sino porque la violencia de los explotadores genera inevitablemente la violencia de los explotados, y que las causas objetivas de la revolución socialista van mucho más lejos que el voluntarismo pequeño burgués de las clases medias radicalizadas por la penetración imperialista en su alianza con la gran burguesía nacional parasitaria. En cambio, quienes nos dedicamos a la política no solo sabemos que no llegaremos muy lejos sino que somos mártires en vida que si no hemos muerto no ha sido porque no hayan querido asesinarnos en masa sino por la mala puntería de los paracos, más preocupados últimamente por disfrutar la contrarreforma agraria que por criminalizar la protesta social.

Llegados a este punto los guerrilleros marxistas encontraron que el verdadero placer no está en la consecución de los fines políticos sino en la acumulación de los medios conexos, sobre todo si se los vuelve inconexos y se los apropia por lo que valen en sí mismos como dinero contante y sonante proveniente del narcotráfico y del secuestro.

Esto fue duro de asimilar por los políticos marxistas quienes no encontraron ni en Marx ni en Engels, tampoco en Mao ni en el Che argumentos que justificaran lo injustificable, es decir, el desviacionismo pequeño burgués de las vanguardias revolucionarias. Podrían haber apelado al argumento -sencillo de entender-, que los guerrilleros marxistas fueron seducidos por las rentas capitalistas y los vicios burgueses, y que participantes de la feria de las vanidades consumistas cambiaron la revolución imposible por el posible ascenso social, si no para ellos, al menos para sus descendientes. Esto es tan fácil de entender que todos hubiéramos comenzado a llamar a estas cosas por su nombre y a los guerrilleros por sus apetitos.

Sin embargo ¡no! Los políticos marxistas necesitan que el mito de la guerrilla heroica permanezca vivo, que la barrera proteccionista del crimen que mantiene sumida a Colombia en el siglo XX siga cerrando las vías del progreso social y el desarrollo, y la inserción del país en el mundo se realice en las peores condiciones imaginables, las que presentan a Colombia como un país de altísimo riesgo e inseguridad. Saben que solo así sus tesis marxistas decimonónicas pueden tener un plus de supervivencia en un mundo que las ha depositado ya en el museo de la historia, el mismo museo donde Fidel Castro y su revolución cubana serán próximamente sepultados no sin discursos de Chávez, lágrimas del Partido Comunista Colombiano y condolencias del polismo tropical.

¿Y después qué? EL ELN pondrá avisos en los periódicos, algunos convocando a la Convención nacional donde hasta los ‘paras’ serán invitados y eso estará bien porque la política es el arte de comer maluco todos los días, con palmaditas en los hombros y brincos en el estómago. Preferible echar lengua que echar bala dirán unos y celebrarán los otros. También habrá avisos convocando hombres y mujeres a desmovilizarse, donde tampoco faltarán unos cuantos ‘paras’ que no se desmovilizaron con sus jefes y tendrán ahora otra oportunidad para hacerlo con sus rivales de patio. Tampoco está mal, finalmente ¿a quién le interesa que los ‘Pacho Galán’ y los ‘Gabino’ sean sometidos a padecer el ridículo de que los vean por televisión en Europa reducidos a lo que son hoy, no solo tan pocos sino además tan mal atalajados?

En cuanto a las FARC lo único que puede salvarlas de su final ignominioso en el monte es, primero, que liberen de una a todos los secuestrados, sin ponerle la más mínima condición al presidente Uribe. Segundo, que renuncien definitivamente a la práctica del secuestro y la extorsión. Tercero, que soliciten un alto al fuego bilateral. Cuarto, que manifiesten su disposición a iniciar de inmediato un proceso de paz serio. Quinto, que soliciten les sea concedida una zona de ubicación, del tamaño de la de Ralito, con garantías internacionales de seguridad.

Los políticos marxistas pueden optar por más de lo mismo y salir a decir que a los héroes de la revolución hay que brindarles un trato reverencial acorde con su lucha por los pobres y su sacrificio por liberar a Colombia del entreguismo del Frente Nacional y su pérfido bipartidismo. Ah, y del imperialismo gringo, claro. Bueno, que lo digan, queremos oírlos, para saber a qué atenernos y por qué razón los guerrilleros merecen un trato distinto a las autodefensas en la mesa de la paz y ante los tribunales. Si el Polo tiene buenas razones que las hagan manifiestas con claridad porque no se puede estar al mismo tiempo a favor de la legalidad en contra de las autodefensas, y en contra de la legalidad a favor de las guerrillas marxistas.

Todo esto tiene su trasfondo histórico y uno entiende las dificultades del PDA, queriendo aumentar su 22 % reciente para llevarlo al 50 % más uno que le permita triunfar en 2010. ¿Cómo lograrlo con el lastre que significan las FARC y el ELN en el monte por aquel pacto inicial de combinar todas las formas de lucha contra el sistema y que nadie ponga el grito en el cielo? ¿Cómo obtenerlo con los ‘espantavotos’ de las FARC y ELN en sus propias listas de elección popular tras un proceso de paz exitoso con el ‘fascista’ Uribe? El dilema solo tiene una salida favorable y es que los camaradas marxistas hablen con la verdad y sin disimulos, sobre el pasado, el presente y el futuro.

Si prefieren no hacerlo y hacer como que ellos no saben de qué se trata, e insistir con que todo es una conspiración mediática de la contrarrevolución madurada en las páginas de El Tiempo y Semana, volverán los retro-marxistas colombianos a comienzos de los ’60, unos al monte y otros a la política, unos a su esclavismo de niños y campesinos, otros a su feudalismo cocalero, otros a su resentimiento y propaganda, unos a sus negocios y otros a sus ocios, finalmente alejados todos del protagonismo político y las cuotas de poder real que Lucho Garzón y Carlos Gaviria les sirvieron en bandeja, aprovechando el descuido imperdonable -y tal vez irrepetible- del Partido Liberal.

Que no vayan a culpar dentro de unos años a Uribe y a los ‘paracos’, ni a los gringos ni los europeos, ni a los conservadores ni los independientes, ni a la Iglesia ni a los columnistas, ni a los cubanos después de Castro, ni a los venezolanos después de Chávez, ni a los liberales después de Serpa.

Que todo tiene un comienzo y un final, así funciona la Historia, totalmente ajena de los dogmas marxistas, y del mito del ‘eterno retorno’ al que están condenados los retro-marxistas colombianos, los que una y otra vez tropiezan con la misma piedra, una piedra del tamaño de la del Peñol.

Una piedra filosofal ante la cual algún día debieran darse la mano guerrilleros y autodefensas, unos renegando para siempre del tutelaje de los políticos marxistas, otros asumiendo que la defensa de la vida no solo es un fin irrenunciable, sino también es un medio imprescindible.
Hablando la gente se entiende, pero claro ¿para qué volver simple y desenredar, lo que debe quedar enredado por los siglos de los siglos?

Botar al mar las llaves de la paz, luce como la atracción principal del gran circo nacional.
Y ¡ay de aquellos! que como las AUC se atrevan a desafiar el desorden de las cosas, la fatal destrucción del sueño colombiano.

Para las autodefensas no faltarán hogueras ni sicarios morales ni de los otros, ni de izquierda ni de derecha, ni dentro ni fuera del país.

Que los ‘paras’ solo merecen la muerte, la condena y la cárcel.

De atizar este fuego se encargan hoy los insignes mentores de izquierda y derecha, cuando se dan un respiro en el reparto del ponqué, y juegan a los dados quién se va de oficialista, y quién se va de opositor, quién de ‘opositor constructivo’, quién de ‘opositor obstructivo’ y quién se va al monte ‘mijito’, porque le tocó de ‘opositor destructivo’ y no queremos ‘rebeldes’ ni ‘paras’ en la zona T de Bogotá.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo”, “Esencias y Matices” y “Chamuyo” pueden ser consultados en:

www.lapazencolombia.blogspot.com y www.salvatoremancuso.com