julio 24, 2006

Si las AUC no regresan al monte ¿los ‘narcos’ ocuparán su lugar?

La ley 975 no debe ocultarnos que la cuestión de fondo es política


CHAMUYO (9)




¿A qué aspiran las FARC sino a convertirse en las fuerzas ‘paramilitares’ de Chávez? ¿Y a qué le apuntan las nuevas generaciones de ‘narcos’ sino a convertirse en dueños del conflicto armado? Frente a esto ¿quién podrá defender a la población civil si el Estado demora en la recuperación del terreno y del balón? Las masacres de las FARC en Riosucio y Unguía son la otra cara de la moneda que los nuevos socios del ‘conflicto’ exhibieron, a modo de ritual y bautismo de fuego, en Jamundí. Si el Gobierno no se pone las pilas, en vez de enterrar el ‘paramilitarismo’ tras la desmovilización de las AUC, abrirá cándidamente las puertas a los ‘coroneles salvadores de la patria’ que hallarán en Chávez su mentor y entre los vericuetos ‘neocomunistas’ del entorno FARC- PDA sus ‘padrinos’ ideológicos y sus embajadores ante el Estado colombiano y la comunidad internacional.

Que ‘en Colombia hay más territorio que Estado’ es una verdad de a puño, pero no podemos quedarnos en eso y simplistamente ignorar otras realidades circundantes. No existen espacios vacíos ni zonas de neutralidad, ni en Colombia ni en el mundo, carentes de valor geopolítico. No se conciben áreas sin alguna importancia táctica o estratégica en la era de la globalización y las amenazas terroristas, cuando la puja por los recursos naturales, desde el agua hasta el petróleo, el oxígeno y la biodiversidad, somete a prueba la consistencia y soberanía de los Estados, sacude las ideologías y pone en vilo las religiones.

El narcotráfico ha dejado de ser exclusivamente el banquero del conflicto armado colombiano para convertirse en el fiel de la balanza. Mientras exista se reciclará en una espiral ascendente buscando legitimarse políticamente, y lo hará por derecha y por izquierda. Tiene a mano, como maná caído del cielo, el recurso retórico del discurso ‘nacionalista-populista’, algo que el régimen chavista puede inocular en el torrente sanguíneo del conflicto armado colombiano sin extremar demasiado sus escasas neuronas ‘bolivarianas’. El marxismo de las FARC y del ELN es insoportablemente ‘ladrilludo’ para las generaciones satelitales del Internet, en cambio el ‘nacionalismo-populista’ a lo Evo y a lo Chávez es tan fácil de digerir como de divulgar en ‘sesudas’ campañas de adoctrinamiento y alfabetización teledirigidas.

En la Mesa de Ralito el Gobierno asumió con un aire de desdeñoso ‘fundamentalismo democrático’, no exento de soberbia triunfalista, la cuestión de los espacios físicos que ocupan los actores del conflicto. O se sintió muy fuerte y sobrestimó sus posibilidades en el marco de la ‘guerra irregular’ que plantean FARC y ELN o, por cuestión de estrategia negociadora, prefirió ‘desideologizar’ la lucha contraguerrillera ilegal –al estilo de los editoriales de El Tiempo y El Espectador y la línea editorial de Cambio y Semana- y dejar el campo libre de Castaños y Mancusos para la aparición en el ruedo de una nueva generación paramilitar, caracterizada por ser conducida directamente por los ‘capos’.

Una cosa es tener cierto control de las organizaciones armadas ilegales desde la privilegiada posición del banquero que diversifica su cartera de deudores escogiendo a quien le presta y a quien no, y otra bien distinta es la de pasar de financista de la guerra a empresario armado del conflicto, al quedarse con el know how de la empresa, la base social que lo nutre con mano de obra desocupada y uno que otro mando medio calificado que facilite su conversión en el nuevo dueño del equipo. Con un propósito principal: el de hacerlo jugar tácticamente dentro de una estrategia trasnacional donde el conflicto armado es apenas una excusa para incidir en las políticas domésticas y articular redes internacionales que de otra manera estarían fuera de su control que necesita ser hegemónico para situarlo en la antesala del poder y la impunidad. No se nos olvide que su enemigo todopoderoso de los EEUU nunca descansa ni se distrae, aunque haga a veces como que no ve todo lo que ve, ni sabe todo lo que sabe, seguramente en el intento descomunal y trabajoso de conciliar su puritanismo raizal con el capitalismo pragmático, y ambos con la democracia liberal y burguesa, y la Justicia independiente de la política y los negocios.

Lo hemos visto en el último Mundial, quienes triunfaron no lo hicieron por poseer la mejor técnica individual, ni el juego de equipo más lucido para las tribunas, sino que toda la ciencia estuvo en ocupar los espacios claves del terreno y anular desde allí la habilidad y el preciosismo de los adversarios. Finalmente, el control estratégico no lo da la posesión del balón, sino la posesión del terreno que obliga al rival a jugar en los espacios que menos le convienen y donde resulta más sencillo apoderarse del balón.

El narcotráfico ya creció lo suficiente desde los tiempos de Escobar e incluso de los Rodríguez O. –al tiempo que cayeron en la nada política la dupla FARC y ELN y se desmovilizaron las Autodefensas-Se siente llamado a cosas grandes y pretende incursionar en el conflicto armado de manera directa y teniendo el sartén por el mango. Las AUC, y las Autodefensas en general, con la prédica anticomunista y el ejemplo pionero y sacrificado de los Castaño y los Mancuso en los ‘90 resultaba un estorbo mayor para los planes ‘narcos’, que no son ciertamente, en esta etapa de negocio boyante y acumulación capitalista, los de someterse a la Justicia y ser extraditados. El próximo paso es el control del Estado, y para lograrlo celebrar acuerdos con las FARC y con Chávez no es cuestión de principios sino de extrema necesidad, necesidad compartida, además por quienes ven en el Estado colombiano –y particularmente en Uribe- su común adversario a vencer.

Cuando las AUC plantearon la conveniencia nacional de articular su desmovilización a la ocupación plena de los territorios por parte del Estado, no lo hicieron principalmente por temor hacia el regreso de las guerrillas, sino curándose en salud ante la aparición del narcotráfico como eje conductor de una nueva supuesta contraguerrilla, pero esta vez no en defensa de la institucionalidad democrática sino en búsqueda de su propia legitimación social y política que no puede sino darse a través de la transformación del Estado hacia un régimen ‘nacionalista-populista’ que haga del eje con Chávez y el desfalleciente Fidel su ariete para pactar con las guerrillas y someter la democracia y el Estado tal como los conocemos hoy en Colombia.

Si este escenario es el que el Gobierno buscaba propiciar para después de la desmovilización AUC quitarse el sambenito de ‘paramilitar’ y salir a combatir con la venia de EEUU y Europa a diestra y siniestra guerrillas y narcotraficantes ‘paramilitarizados’ ahora lo tiene a su disposición y la voluntad y decisión política de las AUC en no querer regresar al monte lo está sirviendo en bandeja.

Lo que sería un imperdonable ético y político para el Estado colombiano es que, salidas las AUC del conflicto armado, los espacios liberados queden en manos de la tríada compuesta por ‘FARC, ELN y Nuevas generaciones de narcos’, que se sentirán dueños de todo el dinero, todos los laboratorios, todas las rutas y todos los espacios donde sembrar cultivos ilícitos o acondicionar campamentos guerrilleros o contraguerrilleros.

Cuando eso esté adelantado no demorarán mucho en acudir de la mano a pedir la mediación de Chávez para someter a Colombia a sus intereses que no pueden ser otros que los de sentar las bases de un narcoestado nacionalista, populista, a la medida ya no de Carlos Marx, ni siquiera del Libertador Bolívar, sino de la sinarquía política, trasnacional, mediática y financiera donde el único rey y triunfador es el rey Midas y el único dios el Dinero.

Así como va el proceso con las AUC ni está sirviendo para fortalecer el Estado, ni tampoco para favorecer la gobernabilidad, mucho menos para que el Estado se encuentre hoy más cerca que en 2002 de recuperar el monopolio de las armas.

La cuestión de la ley 975, con toda su relevancia para la justa e impostergable reparación de todas las víctimas, no deja de ser un tema judicial que ni quita ni pone en el campo de las materias sustanciales del proceso de paz que siguen siendo de orden militar, en cuanto a seguridad y sustitución de cultivos ilícitos en las zonas de anterior influencia AUC, y de orden político, social y económico, al efecto de incorporar al debate público, en pos del Gran Acuerdo Nacional, el ideario político y las propuestas regionales y nacionales de las Autodefensas, también en materia de protección de la población civil y la infraestructura, prevención del narcotráfico, alertas tempranas de las amenazas terroristas, y solución política del conflicto armado.


Así la veo yo.

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