agosto 31, 2006

Ex comandantes AUC presos políticos de su voluntad de paz

¿Vargas Lleras al Gobierno y Uribe al Poder?


CHAMUYO (12)


Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



Los tiempos políticos alcanzan su máxima velocidad. Uribe entró en la curva del 7 de agosto como candidato y salió de ella como ex presidente. Esto resulta exagerado pero lo cierto es que Vargas Lleras aparece hoy como el gran candidato a presidir Colombia entre 2010 y 2018 gracias a la reelección que él mismo se encargó de promover apelando al equipo ‘uribista’ que sigue sin salir de ‘pits’. Y esto se entiende en pura lógica política, ¿qué valen en moneda fuerte, descontados al día de hoy, los próximos cuatro años de Uribe frente a los 12 años que le esperan a Vargas Lleras, cuatro como ‘delfín’ y ocho como ‘monarca’. Ahí les dejo la inquietud.

Si se trata de hacer prospectiva bien puede preverse que el escenario en 2010 sea de segunda vuelta, para lo cual Vargas Lleras deberá coquetearle desde hoy mismo no solo a los liberales y conservadores, sino también a los ‘polistas’, y ¿por qué no? también al mismísimo Uribe que uno prevé no querrá quedar como ‘pintado’ de manera súbita y tan precoz, cuando apenas estamos en 2006.

Ante esta realidad –y en política la realidad es la única verdad- Uribe, más que frente a una pérdida, se halla ante una veta excepcional de cuyo acertado manejo puede resultar una circunstancia totalmente original y provechosa para su liderazgo. Ninguno de los ex presidentes de Colombia tiene hoy la estatura política de un líder de masas, ninguno de ellos vive en el corazón de su pueblo, ninguno de ellos representa la esperanza de que otra calidad de vida es posible para los colombianos y colombianas. Uribe sigue presente en el sentimiento popular y cuanto más lo someta a ‘cuarteles de invierno’ la clase política, más se distingue Uribe de los políticos tradicionales, y eso que algunos pueden calificar de ‘pérdida’ otros podemos catalogar de ‘ganancia neta’ ajena a cualquier clientelismo y a cualquier politiquería.

Es que los ‘hombres ricos’ no son los que más tienen sino los que menos necesitan. En este sentido Uribe es rico políticamente porque lo que tiene lo tiene en la aprobación de millones de compatriotas que creen en él y están dispuestos a seguirlo en el oficialismo o en el llano, ni se diga en la oposición a un eventual contubernio entre clase política y ELN o FARC. Vargas Lleras, contrafigura elocuente, es pobre en esta comparación con Uribe, porque lo que tiene lo tiene por obra y gracia de acuerdos con Dios y con el Diablo, lo que puede llevarlo al Gobierno pero no lo llevará al Poder. Y la política no es solamente el arte de llegar al Gobierno, sino fundamentalmente, el arte de adquirir y conservar el Poder.

Comencé escribiendo que Uribe luce hoy como ex presidente y alguien podría pensar que esto reduce su margen de maniobra. Esto es parcialmente cierto si nos referimos al Gobierno 2006-2010, pero si de lo que se trata es del Poder –durante las próximas dos décadas- allí la cosa es a otro precio y es sobre esto donde cabe situar el punto central del análisis y la estrategia política de los próximos años.

Con Uribe los colombianos aprendimos a exigirle a los actores armados ilegales –y también al Estado- que nos dejen de matar. Esa lección está aprendida y no la vamos a desaprender. Por lo pronto las Autodefensas ya dieron el paso al costado, entregaron las armas y ofrecen garantías de no repetición.

Con Uribe los colombianos queremos aprender a exigirle al Estado y también a los particulares, armados y desarmados, que nos dejen de robar. Esta lección la estamos aprendiendo y llegará el día en que ninguna autoridad estatal, ni funcionario privado, ni productor ni comerciante, ni actor armado legal o ilegal podrá robarnos un solo peso más, ni en la ciudad ni en el campo. Y si lo hace no habrá impunidad que valga.

Frente a quienes hacen alegres cálculos sobre el futuro de la política en Colombia donde quieren ver a Uribe desde hoy mismo como un ex presidente en ejercicio de la presidencia, y juegan a los dados con la seguridad democrática y el proceso de paz con las AUC, prestos a negociarlos a futuro en beneficio privado con las FARC y el ELN, hay algo que cabe manifestar: el proceso de paz con las AUC está dejando un precedente nacional –e internacional- que no podrá ser ignorado por los ‘aprendices de brujos’ que pretenden que los ex comandantes AUC sean los ‘paganini’ del desastre que entre guerrillas y Estado se fraguó en los recientes cuarenta años de historia colombiana. En esta tragedia ‘a la colombiana’ los actores principales –y en consecuencia los máximos culpables y responsables- fueron las guerrillas y el Estado, y las Autodefensas solo actores de reparto –con culpas y responsabilidades sí, ni más faltaba, pero no con toda la culpa y responsabilidad, como el cuarto poder y la clase política se empeñan en difundir, en el vano intento de diluir las responsabilidades del Estado, de las guerrillas y de la propia clase política -no solo la minoritaria de izquierda, otro actor de reparto entre esta tragedia nacional.

A las guerrillas la existencia de las Autodefensas les vino ‘políticamente’ como anillo al dedo para justificar sus propias masacres, su desborde terrorista y su financiación ‘narca’. Si hay alguien interesado en revivir hoy el ‘paramilitarismo’ son las FARC y el ELN que quedaron ‘colgados de la brocha’ mientras pintaban su paisaje revolucionario sobre el mural edificado a punta de cadáveres de asesinados, secuestrados muertos en cautiverio y desaparecidos, tétrico legado de las guerrillas a la historia de Colombia.

Frente al derecho a la verdad que tenemos los ciudadanos ¿será que la otra parte de la negociación de Ralito no tiene nada que decirle a los colombianos a través de los Tribunales de Justicia y Paz? Porque se trata del Estado cuyos gobernantes y funcionarios no ‘vieron’ ni combatieron eficazmente el crecimiento desbordado de las Autodefensas –particularmente durante los gobiernos de Gaviria, Samper y Pastrana y no hicieron nada –o casi nada- por detenerlo cuando se trataba de personas y comunidades que se organizaban no para combatir al Estado sino para ejercer el derecho a la legítima defensa.

Ante la persistencia de las guerrillas en la actividad delincuencial, cuya prosecución pretendidamente política tras el desmonte de las Autodefensas es más un agravante que un atenuante, la gente del común se pregunta si es que solo las ex AUC, por haberse desmovilizado, están obligadas a decir la verdad –no como un premio a su desarme sino como un castigo a sus hechos de guerra irregular- mientras el Estado y las guerrillas no se sienten obligados a nada en cuanto a lo sucedido y su responsabilidad por acción o por omisión. ¿Será que a ex funcionarios del Estado y dirigentes de FARC y ELN les aplicarán la Justicia ordinaria?

Frente a este panorama desbalanceado, desajustado y confuso, la misma gente del común comienza ahora a percibir a las Autodefensas como víctimas de una injusticia legal e histórica, como obligados a cargar sobre sus espaldas y en sus sitios de reclusión las penas por lo propio y por lo ajeno, por lo mismo que el Estado se dispone a negociar con las guerrillas, cambiando allí sí, legalmente, impunidad por impunidad.

Resulta prematuro medir a futuro el valor que en términos de favorabilidad popular y capital político tiene el ‘sacrificio’ que los ex comandantes recluidos en el penal de La Ceja están soportando como ‘paganinis’ del paseo. Pero no creo equivocarme si menciono aquí que ese valor acumulado crecerá geométricamente en la medida en que Estado y ELN, Estado y FARC hallen el modo de hacerle conejo a la ley 975, en este gobierno o en alguno que lo suceda.

Mientras tanto, está claro que la condena judicial no tiene por qué significar la condena política, mucho menos si se pretendiera que la condena judicial significara en los hechos una proscripción política.

Así son las cosas en el Reino del Revés –en la Locombia que pese a todo aún sueña y espera- donde unos las hacen y otros las pagan, donde unos sacrifican su libertad por abrir caminos de paz y otros engordan sus bolsillos con el negocio de la guerra.

Pero no siempre será así, los colombianos ya aprendimos la lección de que no podemos permitir ni un solo día más que inventen nuevas excusas para seguir matándonos.

Y ahora vamos por la otra, por lograr que ya no nos roben nunca más, ni un solo peso más, ni para la paz ni para la guerra.

¿Será que Uribe y las ex AUC se le miden en el acompañamiento de los colombianos y colombianas que no quieren ni más muertes ni más corrupción?

¿Qué pensará Vargas Lleras de todo esto? ¿Estará tan preocupado por alcanzar el Gobierno que se olvida que el Poder es otra cosa y reside en otra parte alejada de las componendas y las mangualas? ¿Y qué pensará Uribe? ¿Acaso, que ya superó exitosamente la prueba del Gobierno y ahora comienza la ardua marcha hacia el Poder?

En todo caso la pregunta del millón sigue siendo esta:

¿El Poder para qué?

Así la veo yo.

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