agosto 17, 2006

Las AUC: ‘Ni yanquis ni marxistas, progresistas’

Centros de Reclusión y Villa de la Esperanza, en llave para la Paz

CHAMUYO (11)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



En el tortuoso camino del proceso de paz AUC el árbol de lo judicial no debe impedirnos ver el bosque de la política. En esta labor reduccionista se centran a diario los detractores, adversarios y enemigos de las Autodefensas. El propósito no es tanto el de desalentar a las AUC en su voluntad de transformación interna de lo militar a lo político, sino el de alejar a la ciudadanía de cualquier caracterización de las Autodefensas que permita ver en ellas el germen de un movimiento político de bases regionales y alcance nacional.

La actual etapa del proceso de paz tras el desarme y la desmovilización tiene un contenido jurídico inocultable cuya importancia nadie puede subestimar. Al mismo tiempo, la necesidad de estructurar un discurso político y un modelo de organización partidaria y acción política tampoco puede seguir demorado. Tras la desmovilización y el fin de la era militar, no cabe centrar todos los afanes en la decisiva cuestión jurídica sino abrir desde ahora la ‘Ye’ donde el otro brazo sea precisamente el recorrido de la política.

La aplicación de una visión reduccionista sobre el fenómeno político-militar de las Autodefensas ha sido una constante desde su origen. El peyorativo adjetivo de ‘paramilitar’ pretendió reducir a las Autodefensas al papel de aparato paralelo a las fuerzas militares del Estado sin autonomía y sin visión propia de la realidad nacional. El mote de ‘ultraderechistas’ quiso estigmatizar a las Autodefensas identificándolas como fuerzas simpatizantes de las dictaduras nazi-fascistas, europeas y del cono sur americano. El calificativo de ‘defensoras del estatus quo’ buscó asimilar las Autodefensas como fuerzas extremistas de signo ultraconservador, particularmente sostenedoras de los grandes intereses burgueses y terratenientes. No pocas veces se endilgó a las Autodefensas la equivocada idea de que son ‘grupos de limpieza social’ o, incluso, ‘sicarios silenciadores de la protesta social’. En los últimos años se comenzó a relacionar a las Autodefensas como los nuevos carteles del narcotráfico buscando legitimidad política a través del proceso de paz.

Se entiende entonces que la verdadera identidad y propósitos de las Autodefensas hayan permanecido como una gran incógnita para la mayor parte de los colombianos, ni qué decir para la Comunidad internacional. Estos antecedentes explican los escollos mediáticos y de opinión que aún golpean el proceso de paz con las AUC y enormes las dificultades en volverlo creíble y confiable. Recuperar el tiempo perdido en este campo obligará a las Autodefensas –ya liberadas del peso de sus propias armas y estructuras militares- a iniciar en los centros de reclusión y con el soporte de Villa de la Esperanza una gigantesca tarea de fundamentación doctrinaria, que dé formas y contenidos precisos al desarrollo organizacional del aparato político e ideológico.

¿Qué lineamientos elementales se pueden vislumbrar en estas materias? Colombia es un país con urgencias tremendas, donde las transformaciones sociales y del Estado requieren propuestas audaces y viables de aplicación inmediata. Sobre esto las Autodefensas no pueden permanecer ancladas en el discurso de la paz, sino que deben superar este nivel y desarrollar otro más amplio y profundo, válido para tiempos de guerra y también para tiempos de paz. Definiciones sobre las acciones conducentes a mejorar algunos indicadores básicos como la esperanza de vida, el nivel de alfabetización funcional y la cobertura de los servicios educacionales y de salud, ingreso per cápita, distribución del ingreso y equidad, entre otros, no pueden quedar sin respuesta. Colombia es un país centralista, no solamente desde Bogotá, sino también desde las grandes capitales departamentales, donde las necesidades locales y regionales no hallan el modo de articularse con soluciones viables. También aquí cabe elaborar propuestas integrales que no se limiten a los aspectos de seguridad sino que trasciendan al campo de la producción, la comercialización, el medio ambiente, la infraestructura, la inversión social y el empleo. Colombia es un país que privilegia sus relaciones con Estados Unidos y Europa por encima de las relaciones con su propia población. Los intereses de los países no siempre coinciden con las necesidades de sus pueblos y cuando chocan o crean fricciones requieren armonizar la política internacional con las políticas internas. Una posición de las Autodefensas frente al comercio internacional, las inversiones extranjeras y el ‘caliente’ tema del narcotráfico ayudará a interpretar hacia dónde van realmente éstas en materias tan álgidas.

El esquema de izquierda-derecha tiende a quedar relegado por la dualidad entre retraso y progreso, por la dialéctica entre dogmatismo y pragmatismo. No me resulta escandaloso aunque suene provocador, ubicar el pensamiento político de las Autodefensas de hoy, las Autodefensas desmovilizadas, en una posición más cercana del centro-izquierda que del centro-derecha, donde no se comparten los métodos de la izquierda armada, pero sí algunas de sus consideraciones en materia social, donde no se rinde culto al marxismo pero no se descartan de plano algunos de sus planteos teóricos ciertamente atendibles y respetables.

Donde sí las Autodefensas han permanecido invariables es en la condena de la oposición armada, que deriva fatalmente en el terrorismo y el narcotráfico, y la juzgan inaceptable en las actuales circunstancias de avance de las instituciones democráticas donde la misma izquierda desarmada ha ido ganando espacios crecientes que la vuelven una opción interesante para el equilibrio del sistema político y el desarrollo del esquema de oficialismo-oposición que le da sostenibilidad y gobernabilidad al manejo de la cosa pública.

Finalmente, la iniciativa del Gran Acuerdo Nacional, impulsada por la dirección política del Movimiento Nacional de Autodefensas Desmovilizadas va mucho más allá de la actual coyuntura jurídica signada por la Ley 975 y marca la línea divisoria, el antes y después irreversible entre la organización que fue esencialmente militar-social y subsidiariamente política durante su participación en el conflicto armado y pretende dar vida, a través del desenlace exitoso del actual proceso de paz, una organización total y exclusivamente político-social dentro de la ley y la democracia.

Las consignas políticas son caricaturas y no son más que indicios. Sin embargo ayudan a interpretar el sentido y la dirección de la marcha.
Si me ponen a escoger existe una consigna que creo viene al caso de las autodefensas desmovilizadas:
‘Ni yanquis ni marxistas, progresistas.’
Aunque eso no signifique que las autodefensas no quieran ser amigas de los Estados Unidos y tampoco, que no sepan disfrutar la conversación y un largo almuerzo y sobremesa con el más acérrimo marxista. Eso sí, si de canciones se trata, la música de fondo bien puede ser aquella de Atahualpa Yupanqui que en uno de sus apartes dice:

‘Yo tengo tantos hermanos, que nos los puedo nombrar, y una hermana muy hermosa que se llama Libertad.’


Así la veo yo.

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