septiembre 05, 2006

De Uribe a las AUC: sin sometimiento a la Ley, no hay paraíso

Gobierno, Autodefensas y el cambio extremo que exige Colombia



CHAMUYO (13)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



La discusión sobre la relación entre narcotráfico y autodefensas, al igual que sobre narcotráfico y guerrillas, es apenas un caso más de medios y de fines, de causas materiales y causas finales. La cuestión se complica cuando introducimos en el análisis los factores éticos y los argumentos legales, la vieja disputa entre ética y derecho, entre lo que es legítimo y lo que es legal.

Si abordamos el tema del respeto de la vida humana nos encontramos con el dilema del revolucionario que mata para mejorar la vida social, y la del contrarrevolucionario que también mata para mejorar la vida de la sociedad. Ambos matadores defienden la legitimidad de lo actuado, aunque lo hacen desde perspectivas ideológicas distintas. Ambos matadores son considerados ilegales a las luces del Derecho, por lo que ambos buscarán un día apelar a las figuras del indulto y la amnistía para salvar su situación de las penas que prevén los códigos.

Tan simétrica es la posición de la ley ante ambos grupos de matadores que sólo la política –al fin de cuentas una relación de fuerzas entre múltiples voluntades e intereses- puede obrar que a unos se los trate de una manera y a otros de manera diferente. De tal manera que la ley sucumbe ante la política mientras la ética resulta inmune ante ella, aunque medios y comunicadores del cuarto poder de la prensa influyen sobre los individuos y moldean la opinión pública presionando la moral vigente hacia su modificación o no.

El revolucionario ha gozado desde antiguos tiempos el beneficio de aquellos bienpensantes que consideran que aunque errados en sus medios los revolucionarios aciertan en sus fines Los contrarrevolucionarios, contrario sensu, han padecido el juicio negativo de aquellos que consideran que, errados en sus medios, los contrarrevolucionarios solo defienden sus propios intereses individuales o de grupo y al hacerlo impiden el desarrollo social.

Solo en tiempos muy recientes, al devenir las acciones revolucionarias en actos terroristas, y al degradarse sus crímenes en perjuicio incluso de los sectores más desprotegidos de la sociedad, el juicio de la sociedad ha ido descalificando éticamente el comportamiento revolucionario. Esto no podía dejar de producir efectos de sentido opuesto sobre el juicio a los contrarrevolucionarios quienes han comenzado a disfrutar de una consideración más benigna que les resultaba históricamente ajena.

Si nos ubicamos en la actualidad colombiana, en estos tiempos de Ley 975 de Justicia y Paz y desmovilización de las Autodefensas, observamos que, mientras los ex hombres fuertes de las AUC trapean sus celdas en el penal de La Ceja, su contracara –los comandantes guerrilleros- no saben si reír o llorar ante lo que puede constituir el prolegómeno de su reclusión en penales similares cuando decidan que también les llegó la hora del desarme y la desmovilización.

Las FARC y el ELN parecen no haberse dado cuenta –o no quieren admitirlo- que los hechos políticos de su guerra revolucionaria no solo les cierran el camino del poder sino que los conducen irremisiblemente a la cárcel. Y algo más que se ha consolidado con la presidencia de Uribe: no cabe ninguna negociación política con quienes utilizan la violencia de las armas para imponer sus ideas. Desde S-11 y el final del Caguán para acá la vida política de Colombia y del mundo conspira contra las prácticas guerrilleras, incluso, la misma izquierda democrática ha comenzado a tomar distancia creciente de quienes hoy más que predicar desde el monte, lo hacen desde el desierto.

Los intentos por abortar el proceso de paz con las AUC nacen desde todos los rincones ideológicos y desde lo más heterogéneos intereses materiales y políticos procurando que no se concrete el más grande cambio ‘revolucionario’ en la historia del conflicto armado. Un Estado que renuncia a cualquier tipo de ‘paramiltarismo’ es un Estado que adquiere a los ojos del mundo una legitimidad enorme. Una organización armada ilegal que entrega sus armas y se desmoviliza adquiere a futuro un capital político bien grande, fruto del buen ejemplo que da y del camino que traza para los demás actores armados ilegales. Si el Estado se fortalece con el proceso de paz con los ‘paras’ y si los ‘paras’ se legitiman con su desarme y sometimiento a la ley, quienes se oponen al proceso y le ponen palos en la rueda no pueden sino ser enemigos del Estado y de las autodefensas. Entre ellos no pueden faltar entonces ni los narcotraficantes empeñados en seguir lucrándose del negocio ilegal, ni las FARC y el ELN dispuestos a seguir adelante con su ‘guerra revolucionaria’ ni tampoco aquellos integrantes de la ‘clase política’ cuya subsistencia con ‘poder legal’ requiere la persistencia del Estado débil y del conflicto armado interminable.

Uno no comprende entonces porqué los dardos del cuarto poder mediático siguen arrojándose, a tontas y a locas, contra el proceso de paz con las AUC, y no contra quienes insisten en debilitar el Estado y minar sus bases de legitimidad atacándolo, o desde las guerrillas o desde el narcotráfico.

Dicen los Evangelios que en el Cielo hay más alegría por un pecador que se convierte que por mil justos que hacen la voluntad de Dios.

Sin embargo, leyendo la gran prensa nacional pareciera que a Colombia le hacen peor daño, todavía hoy, los ‘Macaco’ y los Mancuso, los ‘Jorge 40’ y los Ramón Isaza, que los guerrilleros y los ‘narcos’ en pleno ejercicio de su poder delincuencial.

Aquéllos, ex comandantes AUC, presos rigurosamente vigilados, trapeando y ‘jardineando’ en sus sitios de reclusión, mientras los guerrilleros siguen libres en sus madrigueras, recibiendo a la prensa, matando, secuestrando y extorsionando, como si realmente tuviesen –aún en estos tiempos de ‘inseguridad democrática’- buena parte del territorio nacional y ‘bolivariano’ por cárcel.

Mientras los ‘narcos’ siguen en lo suyo –cavilando si ocupan o no los espacios ‘político-militares’ dejados por las Autodefensas- produciendo y traficando para un mercado internacional que los recluta, seduce, corrompe y enriquece con el ‘poder infinito’ de sus euros y dólares imperiales, al costo incierto y tortuoso de participar todos los días en la ‘ruleta rusa’ de los pedidos de extradición, donde finalmente, también han venido a confluir las cúpulas guerrilleras y de autodefensas, por aquello de que mientras existan el imperio y las colonias –y el terrorismo y el narcotráfico- ‘todos los caminos conducen a Roma’, o a Washington, que no es lo mismo, pero resulta igual.

Dos mil años después la misma Humanidad, con sus antiguos discursos sobre la materia y el espíritu, el bien y el mal, los medios y los fines, sobre el Poder que encadena y el Poder que libera.

Las Autodefensas comprendieron y aceptaron que hoy les toca desaprender lo de la lucha armada y emprender la construcción de paz y reconciliación. Cuando cumplan sus penas y regresen a la vida civil ojalá se encuentren conque las guerrillas y los ‘narcos’, los políticos y la prensa, Colombia, Europa y los EEUU también hayan dado, siquiera dos o tres pasos en la dirección correcta.

Entre todos los refranes hay uno que la realidad no suele desmentir:

“No hay peor ciego que el que no quiere ver’

En el caso del conflicto armado colombiano sigue habiendo muchos –y poderosos- que no quieren ver la realidad, ni mucho menos -cuando la ven- actuar en consecuencia.

Por el contrario, se empeñan en seguir estigmatizando y señalando inquisidoramente a las Autodefensas sin detenerse a observar y analizar –siquiera un momento- que las Autodefensas, con su desmovilización y sometimiento a la Ley, algo de vital importancia le están señalando humildemente a Colombia entera y al mundo también.

Entre otras cosas, algo tan humano y milenario, como que el arrepentimiento, el perdón y el propósito de enmienda no solo son posibles, sino también -en ocasiones- imprescindibles.

Así la veo yo.

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