octubre 12, 2006

El presidente Uribe y las piezas del rompecabezas

40 meses nos separan del festejo o del caos


CHAMUYO (16)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com

El impasse producido a raíz de la ‘rebeldía’ de Vicente Castaño y otros integrantes de las ex AUC lejos de ponerle piedras al camino de la paz lo que hace es arrimarle al país cuotas de sinceridad sin las cuales la verdad nunca podrá prevalecer. Ningún lector, que ensaye una aproximación objetiva, puede encontrar en el reportaje concedido por Castaño a la Revista Semana algo distinto a un sentimiento de frustración no muy diferente al que en otras ocasiones han sentido guerrilleros y narcos cuando han tropezado, cual obstáculo insalvable, con el Establecimiento atravesado, más inclinado al moralismo maniqueo y estigmatizador –cuando no a la cínica doble moral- que a la solución racional y ponderada de los conflictos sociales –armados o no- donde está en juego la distribución del poder y la atribución de las cargas.

Es en este contexto nacional limitado por la falta de visión y compromiso por la paz de buena parte de sus elites donde apelar al pragmatismo de los EEUU, aunque luzca paradójico y hasta contradictorio en el caso de las AUC, aparece como el camino más razonable para romper desde afuera hacia dentro el cerco que le imponen a la paz y la solución integral del conflicto armado, las pataletas de aquellos compatriotas que no están dispuestos a ceder un ápice en la defensa de sus intereses feudales, monopólicos u oligopólicos, sectarios y excluyentes.

Por distintas vertientes que confluyen en esta inédita coyuntura el presidente Uribe tendrá a disposición durante los próximos 40 meses las piezas de un rompecabezas no necesariamente insoluble.

Por eso celebro la digna y valiente actitud de Vicente Castaño, así como valoro muy positivamente la aceptación mansa y resignada, paciente y esperanzada, de las ‘medidas de conducción’ que tanto han desconcertado –y dolido- a los ex comandantes de las AUC hoy recluidos en el establecimiento carcelario de La Ceja. Advierto en las posiciones de Castaño y de los recluidos el penal -que algunos pudieran considerar contrapuestas- la común voluntad de sincerar las cosas, de acomodarse a la realidad sin renunciar a la defensa de aquellos principios que le dieron a las Autodefensas no solo éxitos militares sino también un poderoso sentido de Causa en la que confluyen millones de colombianos y colombianas hoy adheridos fuertemente al influjo direccional que emana del carismático liderazgo del presidente Uribe. Lo que no hay que dejar de considerar aquí es que el hoy presidente Uribe es también el futuro ex presidente Uribe, con todo lo que ello implica en el armado del rompecabezas y la cuestión de la sucesión presidencial.

Si por los lados del ELN y de las FARC suenan melodías de reconciliación con la sociedad y negociación política con el Estado ello viene a sumarse, y no a enfrentarse, con el camino adelantado desde 2002 por aquellas fuerzas sociales representadas por las AUC las cuales han sido durante décadas las fuerzas opositoras al triunfo de las guerrillas que más decididamente enfrentaron los planes subversivos, no desde los despachos oficiales sino desde el seno de la misma población civil que se negó a aceptar la dictadura que pretendieron imponer las FARC, el ELN, el EPL y el M19.

Por más que haya quienes insisten en descalificar políticamente a las AUC como ‘narcas’, paraestatales, paramilitares, señores de la guerra o ‘empresarios de la coerción’ lo cierto es que las AUC han sido expresión político-militar de un sentimiento colectivo, fuertemente arraigado en la sociedad, de resistencia a la ocupación que pretendieron ejercer las guerrillas en vastos espacios del territorio nacional con el propósito declarado de tomarse el Poder.

Todo esto es ya Historia Patria y bueno sería que quienes exigen sobreactuando sus exigencias de ‘verdad’ comiencen a sincerar en virtud de qué intereses le exigen que digan la verdad los otros –a quienes visualizan como rivales- sin sentirse, ellos mismos, obligados a manifestar la propia verdad. Si vuelvo sobre este tema es porque considero que la verdad sobre lo pasado no debe ocultarnos la necesidad de conocer la verdad sobre las intenciones de hoy, que es lo mismo que decir las verdades sobre el futuro que tenemos en mente y queremos construir desde el presente. Episodios como el del famoso computador atribuido a ‘Jorge 40’ revelan hasta qué punto ha calado en el establecimiento la necesidad de rasgarse las vestiduras y ‘lapidar’ en los medios a todo aquello que trae consigo vientos de cambio, alientos de transformación, voluntad de barajar las cartas y repartirlas de nuevo en cuestiones de poder.

Volvamos ahora a la necesidad de armar el rompecabezas y la posibilidad nada remota de que el presidente Uribe acierte en el cometido. Los ingredientes están sobre la mesa y me atrevo a mencionar algunos de los que han de formar parte esencial de la resolución del problema principal: Autodefensas, FARC, ELN, Partido Liberal, EEUU, Polo Democrático, Uribismo, Productores y Exportadores de Drogas ilícitas, entre otros. O se arreglan las cuentas pendientes –y los diferendos existentes- con todos ellos o no se arma el rompecabezas. O se inicia ya mismo el esfuerzo de conciliar unos con otros, y todos entre sí con la Democracia y la Legalidad Constitucional o nos condenaremos a vivir dentro de tres años –cuando se ingrese en la recta final de la campaña presidencial de 2010- sobresaltos mayúsculos y dolorosos.

Pero no nos anticipemos. Dispone Uribe de 40 meses en los cuales los actores de los dramas pasados pueden convertirse en los actores del bienestar futuro. Y el mismo establecimiento que hoy le apuesta a dividir para reinar debe reconvertirse para que la oligarquía deje paso a la democracia, y el interés social prime sobre el interés feudal. Para todo esto se necesita poner primero de pie y después a caminar un Estado que funcione, un Estado que dé respuestas, un Estado que en vez de defenderse a sí mismo defienda al colectivo social que lo sustenta y le da sentido y justificación a lo que, de otro modo, como sucede hoy, ni tiene sentido ni se justifica. El fundamentalismo democrático no tiene asidero ni genera entusiasmo cuando la democracia es percibida por el común de la gente como un juego perverso y corrupto con naipes marcados donde ganan las clases políticas y sus clientes y donde pierden invariablemente las comunidades, donde los poderosos son cada día más poderosos y los débiles cada día más débiles.

El Partido Liberal se siente irrespetado por el uribismo, de la misma manera que el uribismo se siente irrespetado por el Partido Liberal. El Polo Democrático se siente estigmatizado por el uribismo, de la misma manera que el uribismo se siente cuestionado en su legitimidad por el Polo. Los sentimientos agraviados se realimentan con los intereses contrapuestos. En este clima político nada propicio para la paz y la reconciliación, ni guerrilleros, ni autodefensas, ni narcos pueden confiar en que los acuerdos que se alcancen con unos sean respetados por todos. En este sentido, lo de Castaño y las AUC es apenas la punta del iceberg acerca de la descomunal falta de confianza que recorre todos los poros de todos los actores de la tragedia nacional. Nadie confía en nadie, todos desconfían de todos, y así las voluntades de paz y reconciliación chocan una y otra vez con los mismos obstáculos, con los mismos mezquinos intereses, que nos tienen aferrados al conflicto armado, donde se cruzan las violencias estatales y privadas de todo tipo, nacionales y extranjeras, ideológicas y económicas, y donde los productores y exportadores de drogas ilícitas siguen sin tener un interlocutor estatal válido que explore con ellos el camino para salirse del negocio y de la guerra. Mientras unos y otros juegan al eterno juego de las desconfianzas, quienes tienen todo el dinero y todo el know how empresarial del negocio ilegal, que podría servir para capitalizar los acuerdos de paz con guerrillas y autodefensas, siguen sin encontrar una Mesa donde plantear sus propuestas.

Las piezas del rompecabezas están tomando forma en la antesala del despacho presidencial, unas más definidas otras más difusas, unas más prevenidas otras menos desconfiadas, pero todas queriendo saber si pueden contar con el presidente Uribe para dar el salto de la ilegalidad a la legalidad. El desafío de la paz es un desafío descomunal, parece hecho a la medida de los dioses y no de los mortales. Sin embargo, los problemas humanos están hechos a la medida de los seres humanos y aun los más terriblemente complejos tienen solución.

Sigo estando entre quienes creen que Uribe completará finalmente el rompecabezas de la paz y la reconciliación y no lo digo tanto pensando en su capacidad de hacerlo –que la tiene- sino en su voluntad de hacerlo –que le sobra.

No sobraría, sin embargo, que las mismas piezas del rompecabezas –que lejos están de ser inanimadas- pongan también lo mejor que tienen para tenderles sus manos, no a Uribe, sino a Colombia.

Los colombianos y las colombianas estamos en condiciones de perdonarlo todo, menos la estupidez de quienes quieren persistir en el error y las mezquindades de quienes se atraviesan como tercas mulas sobre el camino de la paz.

Así la veo yo.

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