octubre 03, 2006

Las AUC y el alto costo de la seguridad jurídica

Pago Por Ver si tienen buen recibo social los pedidos de indulto y amnistía


CHAMUYO (15)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com

Dicho está que ‘nadie sabe para quién trabaja’ pero se me hace que el ELN no quiere ni oír hablar acerca de para quién trabaja en estos días. Se despierta convencido que trabaja para las FARC y se acuesta preocupado por las voces que lo sindican de estar trabajando para las AUC. Entre línea y línea no faltan los columnistas que le endilgan estar trabajando para Uribe. Y no faltan quienes lo aplauden porque ven en el ELN el soplo ‘chavista’ que llega desde Venezuela. Incluso, no faltan quienes aseveran que EEUU está interesado en rescatar algo bueno del ELN –narcotizado al 40%- para oponerlo cualitativamente a las FARC –narcotizadas al 80%-. Entre el Polo y el Partido Liberal se recelan, porque unos piensan que ELN trabaja para la izquierda liberal, y otros para la derecha del Polo. Eso sí, del ELN y sus propuestas en Cuba no hablan sino sus hinchas, así como lo hacen los de Millonarios o los de Santa Fe con sus cálculos interminables sobre si estarán o no entre los ocho. Del ELN no se habla en los estadios de fútbol ni en los recitales de rock, ni en los barrios estratos 1, 2 y 3, ni en los 4, 5 y 6. En realidad nadie habla seriamente del ELN salvo los serios politólogos que se resisten a considerar que el mayor punto de interés que genera hoy el ELN es acerca de para quién trabaja. Amanecerá y veremos. Ojalá descubramos, por sus frutos, que el ELN trabaja en estos días por el bien de Colombia.

Vayamos al grano. Todo anduvo más o menos bien en la negociación política entre Gobierno y AUC hasta que se atravesó –como elefante en un bazar- el tema de la reelección. Desde allí, sumado a que el Gobierno –y sobre todo el País- tomó conciencia precisa –durante 2005- de las ostensibles limitaciones oficiales en materia de triunfo en un plazo breve sobre las guerrillas, el proceso de paz con las autodefensas ha sido cada vez más tortuoso.

Y esto al menos por otras dos razones: por un lado, la demanda de seguridad rural eficaz se ha ido incrementando y permanece insatisfecha en alto grado en la medida que las autodefensas entregaron armas y cedieron territorios, mientras el Estado no ocupó enteramente los vacíos; por otro lado, la necesidad de explorar posibles negociaciones con los socios FARC-ELN acotó dramáticamente los márgenes de acuerdos políticos con las AUC.

Vayamos por partes.

Tema 1: Reelección. La disposición del Gobierno a sostener el costo político de una negociación con las AUC decayó notoriamente cuando las Autodefensas dejaron de negociar con un Presidente-Presidente para comenzar a negociar con un Candidato-Presidente que desesperaba por lograr acuerdos internos y externos que hiciesen viable y legal la reelección inmediata.

Tema 2: Regreso de la guerrilla. La demanda de seguridad eficaz –servicio por excelencia que brindaban las AUC- solo hubiera disminuido hasta desaparecer en la medida que las guerrillas hubiesen entrado en desbande por la presión militar anunciada por el Gobierno, o, por lo menos, si se hubiese verificado la real ocupación por parte de las fuerzas estatales de todos los espacios vacíos dejados por las AUC.

Tema 3: En la medida en que se aleja la posibilidad de que el Estado derrote a las guerrillas –no se logró en cuatro años pero tampoco se ve que vaya a lograrse en ocho- vuelve y juega la salida negociada lo cual hace que el jugador Gobierno mueva sus fichas en esa dirección. Y qué mejor ficha dispuso el Gobierno a partir de 2005 que el proceso de paz con las AUC, manipulado a su antojo por ‘razones de Estado’ en función de elevar notablemente el ‘case’ de la próxima negociación con el binomio de plomo FARC-ELN, y si de paso se desalienta a algunos comandantes AUC de proseguir en la Mesa, tanto mejor.

La confluencia de los temas 1, 2 y 3 logró el efecto perverso -impensable al momento de la firma del Acuerdo inicial de Santa Fe de Ralito (2003)- de que el campo de juego de la negociación política entre Gobierno y AUC fuese invadido por el Ministerio de Justicia tan ostensiblemente durante 2005 y lo que va de 2006 que, de hecho, la negociación política se interrumpió –y así permanece suspendido aún el partido- para dar paso a las imposiciones del Gobierno, las que han sido tan constantes y de tal magnitud que a nadie, que haya seguido las alternativas del proceso de paz desde su comienzo, le han sonado extemporáneas las palabras de Vicente Castaño del 22 de septiembre pasado cuando llamó a su propia parte y a la contraparte a sentarse, comportarse con seriedad y reanudar el proceso de negociación hasta dejarlo acabado como Dios manda, con el broche final que merece, con los acuerdos de paz totalmente expuestos a la luz pública y al juicio de la Historia.

Es que esto de tener el partido suspendido y el campo de juego de la negociación política invadido por gente extraña a él es grave y tiene sus consecuencias. ¿Tolerarían las FARC una intromisión de este tipo? Tampoco el ELN pasaría de agache y sus amigos columnistas y del Polo y de la izquierda liberal pondrían el grito en el cielo. Las nuevas generaciones ‘paras’ encuentran en el ‘despelote’ presente el campo propicio para crecer y desarrollarse. Cuentan con las fuerzas del narcotráfico dispuestas a emprender el camino de la legitimación política a través de su ingreso directo al terreno del conflicto armado. La demanda efectiva de seguridad rural eficaz, urgida por el miedo, no se detiene a sopesar si es conveniente o no someterse a este nuevo intento de resistir ilegalmente a las guerrillas. La necesidad tiene cara de hereje y no son los terratenientes ni las clases altas y media rurales fundamentalistas de la seguridad democrática y menos ad portas de la enésima negociación con las FARC-ELN.

Lo de abrir el juego hacia una Constituyente es una hábil jugada del Gobierno en vísperas de recibir de las FARC el oxígeno político que puede depararle el acuerdo humanitario, pero si se ‘cranea’ que la misma será con participación de FARC y ELN y ausencia de las AUC, cabe a estas oponerse rotundamente a cualquier exclusión. Una cosa es someterse a la Justicia y otra, bien distinta, es rendirse ante la Injusticia. Una cosa es limitar en aras del bien público las propias exigencias en la Mesa, y otra, bien distinta, es aceptar que lo negocien a uno en las Mesas ajenas.

Atención. El entusiasmo por la derrota y sometimiento de las guerrillas que levantó Uribe en 2002 se puede ver enfrentado en los próximos tres años con la depresión colectiva y el sálvese quién pueda de quienes se sentirán no solo defraudados sino también abandonados a su suerte. Este mercado de la seguridad altamente insatisfecho es el que piensa abastecer la nueva sociedad de ‘paras’y ‘narcos’ para enfrentar el binomio FARC-ELN. Sociedad ultra-pragmática a la cual un discurso político no le faltará con todo el legado que han dejado las AUC durante su paso por el conflicto armado. Claro que este discurso político será poco meneado en los tiempos que vienen porque un gato ilegal que caza ratones ilegales estará presumiblemente poco interesado como lo estuvo la generación anterior –conducida alguna vez por Carlos Castaño- en atraer la atención y la consiguiente persecución del perro legal estatal. Persecución que será inevitable y muy dura esta vez cuando el mismo embajador Wood ha pedido dejar tranquilos a quienes ya están ‘negociando’ o queriendo hacerlo, como AUC y ELN, para concentrar los esfuerzos represivos en las FARC y en la dupla ‘narcos-paras’.

Si la situación actual es incierta y preocupante consolémonos con aquel principio de la ley de Murphy que nos dice que ‘no hay situación por mala que sea que no pueda empeorar’. ¿Qué hacer entonces, en materia de iniciativas de paz, para recuperar al menos la vertical en materia de proceso con las AUC, para que el limbo en la que se haya no se convierta en un Infierno? Primero lo primero, y es que el Alto Comisionado para la Paz no siga dejando inconcluso el proceso para lo cual el Presidente debe invitar al Ministro de Justicia, muy respetuosamente pero con autoridad, para que se retire del campo de juego. Si Sabas ya está en Roma, Holguín bien puede volver a sus funciones ministeriales que no son precisamente las de permanecer donde lo situó su antecesor, sobre el terreno donde el proceso de paz debe reanudarse. Puede quedarse Holguín entre el público VIP, ni más faltaba, pero no impidiendo con su ubicación errada la prosecución del partido. Claro que si por esos lados llueve, por aquí no escampa, porque el doctor Restrepo ahora no tiene un proceso sino tres que atender –y con qué tres contrincantes- cual partidas de ajedrez simultáneas, ninguna de las cuales el Gobierno puede suponer esté ganada de antemano.

Otra cosa que no puede demorarse es reunir cuanto antes a la totalidad de los ex comandantes en sus zonas de influencia, cada cual con la porción de sus treinta mil desmovilizados –no para que les den órdenes porque las AUC están disueltas- pero sí para que los acompañen y los orienten en la larga travesía del desierto que está significando el proceso de reinserción.

¿Por qué no mejorar y replicar con los otros ex comandantes que manifestaron su voluntad de hacerlo el modelo de erradicación manual de cultivos ilícitos que con tanta buena voluntad y compromiso iniciaron Salvatore Mancuso y Vicente Castaño con sus desmovilizados?

No se trata de que los ex comandantes abandonen su régimen de reclusión y pago de penas sino de que cambien los actuales –entre ellos el penal de La Ceja que cumplió su cometido en agosto y ya estamos en octubre- por otros situados más cerca de la base social que constituyen los desmovilizados allí donde están radicados. Es en esos sitios neurálgicos y no en el aislamiento opresivo e intrascendente de La Ceja donde los ex comandantes deben realizar la tarea socialmente útil e imprescindible de impedir que tenga éxito en los desmovilizados rasos y ex mandos medios la seducción que pretenden ejercer sobre ellos los actores armados ilegales y la delincuencia que puja por reclutar mano de obra para sus delitos.

Uno escribe estas cosas pensando que con tanto oír hablar de verdad, justicia, reparación y reconciliación –y más precisamente debido a esto, y a la necesidad de armonizar criterios- no puede haberse extirpado de nuestro lenguaje –y de nuestros cerebros- la palabra razón y su significado primario de ‘usar la cabeza’. Porque si la razón ha sido dejada de lado y se la ha declarado prescindible nada bueno puede esperarse de términos expuestos y reproducidos sin sentido de la realidad ni de las proporciones.

Flaco favor se le está haciendo a las víctimas de ayer –los hoy sobrevivientes- si se las condena a ser víctimas otra vez en el futuro. Por una ventanilla se las estaría reparando y por otra se las estaría condenado a ser nuevamente víctimas del conflicto que no se acaba y de la violencia que se recicla. ¿Y qué otra cosa vamos a ser todos mañana, sin excepción, sino víctimas, si ahora resulta que estamos corriendo el riesgo de estar en el futuro próximo peor que en 2002, con una nueva generación ‘para’ armada hasta los dientes aliada con una nueva generación de ‘narcos’ lucrándose con mayor inteligencia y productividad de la ilegalidad de su negocio globalizado, y la vieja sociedad FARC-ELN envalentonada y soberbia porque Uribe ‘vino, vio y no venció’ hasta el punto que otra vez vuelven asomando los famosos diálogos, los famosos despejes, las famosas agendas, los famosos congelamientos de las conversaciones, etc., etc.

La reglamentación de la ley 975 por la que se decidió el Gobierno y que tan bien ha caído entre los opositores del Gobierno y en los enemigos de las AUC, constituye el remedio amargo y repulsivo que, sin embargo, tiene el beneficio nada secundario de blindar a los ex comandantes AUC del Corte Penal Internacional y de paso fortalecer el romance Ejecutivo-Corte Constitucional que tantos celos despierta en la Corte Suprema y en el Partido Liberal. No cierra en cambio el camino de la extradición a Estados Unidos –aunque ciertamente aleja la posibilidad de transitarlo en la medida que satisface requerimientos expresos del Departamento de Estado- pero elimina de un tajo el ‘riesgo europeo’ y a estas alturas del ‘partido suspendido’, como escribía más arriba, no deja de ser un logro por el que Colombia puede felicitarse, y de paso felicitar al senador Petro y la senadora Parody, que tanto ‘se dieron la pela’ para evitarle a los ex comandantes AUC tan inmerecido destino. Los ex comandantes despiertan pasiones en la dupla Petro-Parody que ni el psiquiatra Luis Carlos Restrepo podrá jamás descifrar, ni por más ternura que ponga en el empeño.

Que el precio de la seguridad jurídica a prueba de europeos haya sido demasiado alto no es lo que debe preocupar a los ex comandantes AUC por el momento. No se trata sino del ‘registro contable’ de un pasivo no exigible hoy y que puede disminuir bastante, más adelante, cuando previsiblemente el ELN obtenga su seguridad jurídica a un precio sensiblemente menor, como el mismo Presidente Uribe adelantó en estos días a la Prensa. Cuando esto suceda –lo del mejor precio que obtenga el ELN por reparar a las víctimas de sus asesinatos, secuestros y extorsiones de cuarenta años de delincuencia- habrá que ver en cuánto se le rebaja –por efecto colateral- el precio que hoy suena inalcanzable a las ex AUC, no por las víctimas en sí mismas que donde lo fueron merecen reparación, sino porque el Estado ha encontrado el recurso ‘facilongo’ y a lo Poncio Pilatos de lavarse las manos, de endosar sus responsabilidades y culpas a guerrilleros y autodefensas, así como lo ha hecho tradicionalmente la Vieja Europa que hoy no solo no quiere oír hablar de pedidos de reparación por su saqueo, terrorismo y esclavismo conquistador de tres siglos –con piratas a bordo de la que es testigo elocuente Cartagena y sus murallas-, sino tampoco, con los mismos EEUU de Hiroshima y Nagasaki, oír mentar acerca de las ‘fronteras ideológicas’, la Guerra Fría, las simpatías pro-guerrilleras y las doctrinas de Seguridad nacional que tantas víctimas causaron en América Latina y en el resto del mundo alentando a diestra y siniestra, a Castros y Pinochets, a terroristas de izquierda y de Estado, que les hicieron el mandado a las potencias mundiales de turno y sus aliados, sin saber a ciencia cierta de qué se trataba realmente. No sabemos todavía hacia dónde vamos los pueblos libres de América, pero de dónde venimos sí que sabemos, aunque no siempre lo estemos manifestando, más por vergüenza ajena que por falta de conocimientos y de convicciones.

Veremos ahora cómo se las arreglan para amnistiar e indultar al ELN y a las FARC quienes hicieron hasta lo imposible por descalificar y estigmatizar a las AUC, quienes ofendieron la verdad y los sentimientos de millones de colombianos y colombianas hastiados de las guerrillas y de los gobiernos débiles e irresolutos que no las han querido derrotar.

Será cuestión de PPV, de pagar por ver, si vuelven del ostracismo en que los dejó el Caguán los pedidos de indulto y amnistía, y qué tratamiento le dan los altos funcionarios del Gobierno, los editorialistas, los formadores de opinión, la prensa internacional, los líderes políticos y los HRW y Amnesty International a las exigencias de FARC y ELN.

Mientras tanto, los ex comandantes AUC presos y los ‘no conducidos’, siguen esperando al borde del terreno de juego que el Gobierno reanude la negociación política y los jueces de Justicia y Paz se dispongan a juzgar, que una cosa es la Política y otra cosa es la Justicia, y en ambas ojalá esta vez, ‘se interponga un poco de Razón’.

Así la veo yo.

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