octubre 18, 2006

Las AUC y lo que pudo haber sido Ralito y no fue

El sistema subversivo FARC-ELN va por el poder no por la paz



CHAMUYO (17)



Por Juan Antonio Rubbini Melato
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



Alrededor del sistema subversivo FARC-ELN y sus satélites se alinean todos aquellos políticos e intelectuales nostálgicos del comunismo que rinden culto a la lucha de clases. Sueñan con apoderarse un día del botín del Estado y procurarse en él aquellos beneficios y privilegios burocráticos que ni la naturaleza, ni sus capacidades ni la libre iniciativa podrán garantizarles jamás dentro de un sistema democrático con igualdad de oportunidades. Tamaños intereses hacen el combate tan encarnizado y saturado con métodos viles y degradados donde todo vale si se trata de avanzar hacia el objetivo. Sin llegar a vivir del Estado y sin permear primero y usurpar después su absoluto control la existencia del eje FARC-ELN carece de sustento y se disuelve en el aire como pompas de jabón. Para la mente de estos personajes que pululan entre el monte y el Congreso, entre la selva y las universidades, entre la clandestinidad y los intersticios leguleyos de la sociedad, el Estado que conocemos en Colombia es el instrumento de opresión de una clase sobre las otras clases y, más precisamente, la opresión de la gran burguesía sobre los pequeños burgueses, los proletarios urbanos y los campesinos. Suele añadirse también dentro de la lógica del sistema subversivo FARC-ELN que el imperialismo gringo ejerce sobre el Estado colombiano su rol de último garante del estatus quo sometiendo a la Nación entera a sus designios imperiales. En esto último coinciden con Chávez y con Petro, y en bastantes otras cosas también.

La lucha de clases explica todos los movimientos originados a lo largo del eje FARC-ELN. La deslegitimación del Estado democrático nutre todas sus iniciativas. Cuando el ‘eje’ apela a la política legal de superficie no se disparan balas sino que se difama y se ofende con el 'sicariato moral'. Cuando cortejan a los familiares de las víctimas del secuestro no es para liberarlos del dolor sino para jugar una carta más de su baraja de naipes invirtiendo la atribución de la culpa y liberando de paso cualquier responsabilidad sobre los mismos secuestros que propician y ejecutan como equipo dentro de la división del trabajo que suelen llamar ‘combinación de todas las formas de lucha’ (lucha de clases, claro). Cuando alzan las banderas del ‘intercambio humanitario’ camuflan con palabras seductoras lo horrendo de su propio mensaje pretendiendo la libertad de auténticos criminales –pero de su bando- a cambio de honestos ciudadanos y funcionarios públicos –secuestrados con ese propósito.

Pero cuando más alto apuestan las FARC-ELN a la ignominia y más bajo caen en la malversación del lenguaje es cuando hablan de su voluntad de paz. El eje FARC-ELN es totalmente sincero y fatalmente creíble cuando utiliza el crimen por instrumento y la sangre ajena como elocuente testimonio de su delincuencia pero solo genera incredulidad cuando apela a su febril imaginación para pretender conmovernos con su apelación a la paz. El sistema subversivo que gira alrededor del eje FARC- ELN solo quiere el poder, solo le interesa el poder y no busca el consenso de la contraparte –el Gobierno y la sociedad- sino su rendición vergonzante e incondicional.

El proceso de paz con las AUC ha servido para que no queden dudas acerca de cómo las FARC-ELN y sus satélites, asociados para efectos de la coyuntura con los antiuribistas todoterreno al estilo Serpa y Pastrana, manosean y ensucian el concepto de la paz y la reducen a una simple táctica de obtención del poder. La andanada de maledicencias sobre el proceso de paz adelantado con los ‘paras’ ha sido generosamente multiplicada por los medios, tal vez como una cuota pagada a cuenta de la seguridad futura que esperan recibir los próceres de la ‘prensa libre’ de los nuevos dueños del poder cuando alcancen sus propósitos, despejes mediante, canjes mediante, impunidad mediante.

Así son las cosas en cuestiones de poder y ‘transas’ del establecimiento con el sistema subversivo FARC-ELN y hacen bien las Autodefensas en no enfrentar hoy abiertamente la relación de fuerzas desventajosa con comunicados y protestas. La historia del conflicto armado pasa actualmente por otros escenarios, no precisamente por los que anhelarían los enemigos de la paz obsesionados por aniquilar a los Castaño y los Mancuso. Las batallas no hay que darlas donde quiere el adversario sino donde conviene a las propias fuerzas. Como obran pacientemente los estados de la naturaleza las organizaciones sabias van con el ritmo que exigen los tiempos y no con los que quisieran las vanidades y los egos descompuestos por la ira.

Los corazones amigos de las Autodefensas suman cientos de miles con seguridad, y quizás serán pronto millones tras los ecos del proceso de paz tan querido como frustrado y su dignísimo paso al costado y sometimiento a la Ley. No es el momento de arriesgar las vidas ni la honra de los amigos entrañables de la paz y la libertad, es más bien tiempo de honrar la Justicia, templar los ánimos y escuchar del latido de las comunidades para intuir por dónde sigue el camino tras el paso por los Tribunales y qué esperan de las Autodefensas quienes aprendieron a confiar y refugiarse en ellas cuando las vieron jugarse la vida y defender la tierra de todos como ninguno.

Mientras el sistema subversivo FARC-ELN siga amenazante y poderoso, mientras el Estado siga siendo débil y displicente –hoy o dentro de tres años- no habrá tiempo ni espacio para firmar actas de derrota por aquello que nunca lo fue, ni para llorar aquello que debió ser preservado y solo lo fue parcialmente y más por defecto ajeno que por mérito propio. Lo que pasó pasó, pero pasó para todos no solo para las Autodefensas que fueron engañadas con aquello de los nuevos estándares internacionales de justicia que ahora resulta que no están hechos a la medida de los intereses del sistema FARC-ELN. Tienen reservados los delincuentes guerrilleros un tratamiento más benigno de parte del establecimiento y las clases políticas –ahora parece que de parte del ‘uribismo’ también- porque finalmente las guerrillas son funcionales al sistema hegemónico que pretende perpetuar el establecimiento con el cual han hecho como que peleaban en serio los últimos cuarenta años, cuando lo que han hecho es preservar cada quien sus propios intereses y de paso, los fueros del otro. Los mismos que hoy le exigen resultados a Uribe en el caso de Vicente Castaño y los hermanos Mejía Múnera son los mismos que toleraron sin chistar que durante cuarenta años el Estado no haya podido con los ‘Tirofijo’, ni con los ‘Gabino’, ni con los ‘Antonio García’ y ‘Raúl Reyes’. Bueno sería conocer, además, en una encuesta seriamente elaborada, cuáles son las preferencias de los colombianos y colombianas en cuanto a la secuencia en las capturas y los esfuerzos y los recursos a invertir en cada una. Sospecho que las grandes mayorías se inclinan por detener primero a los guerrilleros y solo después a las autodefensas. Porque, desde que el mundo es mundo, una cosa es el remedio y otra la enfermedad, y aunque no todos sepamos de política todos hemos tenido alguna vez una enfermedad de la cual curarnos y una receta en la mano con medicinas que no nos gustaban pero eran necesarias. Aunque tuviesen contraindicaciones y efectos secundarios, claro, ¿qué remedio no las tiene?

Lo que ha venido a poner de manifiesto el proceso de paz con las AUC es que la guerra de las guerrillas no es contra el Estado sino contra la sociedad colombiana, por eso no se piden desde sus toldas las cabezas de Belisario, ni de Gaviria, ni de Samper ni de Pastrana, sino las de Castaño y Mancuso, las de Jorge 40 y Ernesto Báez. Y esto es apenas lógico, han sido las Autodefensas las únicas que hasta la llegada de Uribe a la presidencia han combatido a las guerrillas allí donde se encontraban, y las únicas que han querido hacer la paz en serio hasta el punto de aceptar la cárcel como no aceptó ni aceptará ningún guerrillero ni presidente de Colombia. Este doble pecado –imperdonable para el sistema FARC-ELN- se lo quieren cobrar a las AUC las guerrillas y su sistema subversivo, así como se lo quieren cobrar también todos los políticos e intelectuales que han hecho de la lucha de clases su esperanza de triunfar algún día y beneficiarse en cuerpo propio a caballo de las masacres y atentados cometidos por el eje FARC-ELN.

Por todo esto es bueno que las AUC hablen poco y solo con su pueblo, que no es tiempo de andar en campaña ni de candidatos, sino de orar por la paz de Colombia y andar los caminos del alma popular, ahora que vienen tiempos bien complicados cuando quienes quisieron hacer la paz están en la cárcel y quienes quieren seguir la guerra se pasean entre Cuba y Venezuela, o comienzan su proselitismo armado en las goteras de Cali.

Sin contar lo que algunos analistas ha dado en llamar la aparición de ‘bandas emergentes’ y que otros –menos retóricos y más prácticos- preferimos llamar los ‘nuevos rebeldes’, los rebeldes del siglo XXI enfrentados al eje FARC-ELN.

Es decir, la presentación en sociedad de los efectos colaterales y no deseados de lo que pudo haber sido Ralito y no fue.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo”, “Esencias y Matices” y “Chamuyo” pueden ser consultados en:

www.colombia.blogspot.com y www.salvatoremancuso.com