febrero 01, 2007

Las AUC y el desafío de ser ‘ciudadanos del mundo’

El ‘país de los medios’ y el ‘país de la gente’



Chamuyo (22)



Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



¿Cuánto durará la luna de miel entre el ‘país de los medios’ y el Polo? ¿Qué podemos esperar los colombianos de la confrontación política que irá ‘in crescendo’ de aquí a 2010 entre el ‘país de la gente’ (sintonizado con Uribe) y ‘el país de los medios’ (alineado con el Polo)?

Los interrogantes que plantea la coyuntura vienen a cuento porque una cosa son los partidos y otra cosa es la gente. O dicho de otra manera, una cosa es la superestructura partidista (o la ‘maquinaria’) y otra cosa somos los ciudadanos de a pie (o la ‘base social’). Lo que es lo mismo que decir que por un lado van los ‘profesionales de la política’ y los formadores (o deformadores) de opinión y por otro los votos y las preferencias de los ciudadanos.

Mientras que en el Polo y en el Partido Liberal hay más ‘partido’ que dinámica popular, entre los ‘uribistas’ y ‘conservadores’ hay más sentimiento popular que ‘partido’, más gente que ‘nomenklatura’, y más público que columnistas.

Algo de esto se produce también en el caso de ‘guerrillas movilizadas’ (FARC y ELN) y autodefensas desmovilizadas (ex AUC). Mientras las guerrillas poseen más ‘organización’ y benevolencia en el ‘país de los medios’ que simpatía popular, las autodefensas desmovilizadas generan más malevolencia en los medios y simpatía popular (con la prudencia y ‘disimulo’ que es dable esperar) que ‘organización’ política y editorialistas.

No es casualidad entonces que se huela en el aire una alianza tácita entre el ‘país de los medios’, el Polo, el Partido Liberal y las guerrillas (más con el ELN que con las FARC) así como del otro lado alguien podría querer ver una fuerza aglutinante que busca reunir en un solo haz direccional al ‘uribismo’, el conservatismo y las autodefensas desmovilizadas (las ex AUC, no las ‘Águilas Negras, que quede claro).

Uno podría ahondar un poco más en los conceptos y sacar a la luz una fuerza que viene asomando tras el ventilador refrescante de la ‘parapolémica’ sobre la ‘parapolítica’ y que constituye lo que bien puede llamarse el ‘país de las regiones’. Es decir, aquel país rural y ‘no capitalino’ que sobrevivió a los embates de la guerrilla y al abandono del Estado, en los aciagos años ’80 y ’90, a punta de seguirle el juego a los ‘paras’ y sus fuerzas de autodefensa.

Este ‘país de las regiones’ pretende ahora ser tomado por asalto y no tan de sorpresa con la combinación de Polo y Compañía, suscripciones de El Tiempo, Semana y Cambio, y lo que queda del Partido Liberal, más una que otra campaña por revivir el ‘acuerdo humanitario’ que proponen las FARC y la ‘solución política negociada’ que promociona hoy el ELN. Este es un conglomerado donde Chávez quisiera montarse pero no lo dejan, porque los novios están dedicados a gozar hoy de su luna de miel y nadie puede rozar siquiera su intimidad, mucho menos si viene con el discurso antiyanki tan poco del gusto de los refinados izquierdistas del Polo tan amantes de lo ‘políticamente correcto’ como dueños de ‘rabos de paja’ que necesitan esconder, sobre todo ahora que están en su luna de miel con los amigos del Establecimiento y del Imperio.

Dirán que soy pesimista respecto del futuro político de este pintoresco matrimonio de conveniencia, pero no crean que lo soy tanto. Más bien me inclino a pensar que el matrimonio seguirá su curso, no por el amor entre las partes –necesariamente efímero- sino por los intereses y complicidades que los reúnen, en este caso, aniquilar el ‘uribismo’ y seguir sojuzgando el ‘país de las regiones’ –tan poco del gusto de los comensales de izquierda y derecha de la city bogotana.

No soy tampoco pesimista respecto del curso presente y futuro del proceso de paz con las autodefensas. Es más, pienso que la reanudación de conversaciones políticas entre las partes no está lejos, y la ruptura de los puentes comienza a ser reparada por el buen sentido que alberga cada uno de los interlocutores. Las ex AUC han comenzado a pagar las cuentas penales pendientes por su participación en el conflicto armado –su alojamiento en Itagüí es tan solo una cuota inicial- y entonces, con los pagos sucesivos, algún día esta cuenta estará saldada y con el Paz y Salvo en el bolsillo su inserción en la política será no solo un derecho recuperado en buena ley sino además –y sobre todo- una demanda social –proveniente del ‘país de la gente’- que ningún ex comandante AUC querrá dejar insatisfecha. Al fin de cuentas, las armas se entregaron al Estado con el propósito de abandonar la guerra y abrazar la democracia. Y eso fue válido –y motivo de aplauso- para el M 19 y el EPL en el pasado, así como también para las AUC, el ELN y las FARC lo será en el futuro.

Llegado a este punto de la columna de hoy no puedo sino vincular la presente con la anterior (Las AUC en su camino de Damasco), y poner sobre la mesa que más allá de las penas privativas de la libertad por pagar, lo esencial en este proceso es darles justa y digna satisfacción a las víctimas, y cuando se habla de víctimas no puede ética, ni políticamente, soslayarse el caso de las víctimas que los actores armados han producido dentro y fuera del país.

Está bien hablar de corresponsabilidad entre Colombia y la comunidad internacional en el caso del narcotráfico. Está bien discutir en un plano de mutuo respeto por las ideas ajenas acerca del mejor modo de salir del problema, que no es de unos o de otros, sino de todos, países productores y consumidores. Lo que no puede –ni debe hacerse- es mirar hacia otro lado a la hora de volver visibles a las víctimas como si el narcotráfico no produjera víctimas, ni alteraciones graves en el funcionamiento de las sociedades que inician con esta gravosa herencia del pasado el presente siglo XXI.

Los actores armados ilegales – e incluso buena parte del ‘país de los medios’ y también el ‘de la gente’- tienen frente a la extradición no solo un temor reverencial, sino incluso algo más: lo ven desde la óptica del contrabando, es decir del comercio ilegal, y no desde el punto de vista del perjuicio que se ocasiona a las víctimas de la adicción, los ´drogadictos’.

Si el Proceso de Justicia y Paz está sirviendo –y de qué manera- para hacer visibles a las víctimas –no solo las de las AUC, sino también ‘colateralmente’ las de las FARC y del ELN, e incluso las del Estado y de los ex M 19 y EPL- no estaría demás que el tema de los pedidos de extradición que pesan sobre los actores armados ilegales –incluidos los de los llamados ‘carteles’ o ‘cartelitos’- comenzara a ser visualizado desde la perspectiva de las víctimas que produce en el mundo –y también en Colombia- la adicción a las drogas.

Puede que siguiendo esta línea de visibilización de las víctimas, el proceso de paz con las AUC –y mañana con el ELN y ojalá con las FARC- encuentre vías de solución que comprometan a los actores armados ilegales, de la mano con el Estado colombiano y los EEUU y Europa principalmente, donde también haya Justicia y penas alternativas acompañadas de reparación a las víctimas y reconciliación entre las partes afectadas.

Sigo pensando que no puede siquiera imaginarse en el mundo globalizado al que asistimos un retorno a la civilidad y los derechos políticos por parte de los actores armados ilegales de Colombia que no incluya el Paz y Salvo de los Estados a cuya población el conflicto armado colombiano afectó multiplicando las víctimas y la adicción a los narcóticos.

No se trata finalmente que los actores armados ilegales vuelvan a ser solamente ciudadanos de Colombia con plenos derechos civiles y políticos dentro –y al amparo- de las fronteras y leyes nacionales.

En el siglo XXI de la globalización, o se es ciudadanos del mundo o se es parias. No percibir esto es quedarse apenas en la discusión aldeana, por ejemplo, acerca del ‘país de los medios’ y el ‘país de la gente’. Esta discusión sobre ‘medios y gente’ es necesaria –y ´perdonada´ sea la parapolítica si aunque fuera a las malas la sacó a la luz- pero no es suficiente, ni de personas inteligentes, quedarse allí.

En el siglo XXI, en el que nos ha tocado vivir, se es ciudadanos del mundo o no se es. Se tiene el derecho a transitar y habitar en cada rincón del planeta o se es ‘extranjeros de la humanidad’.

Si de hacer la paz se trata, si de reconciliarse se hace la cuestión esencial, no podemos olvidarnos de ninguna víctima, de ninguna, ni en Colombia, ni en EEUU, ni en el mundo entero.

Este solo tema, este solo, amerita que Gobierno y AUC reanuden cuanto antes el diálogo político con una agenda amplia y suficiente. No se trata simplemente de reanudar el proceso de paz, sino fundamentalmente de inaugurar la fase de reincorporación plena a la vida civil y política, en Colombia y en el mundo, de los ex combatientes de las AUC. Lo que significa que la cuestión no atañe exclusivamente a los recluidos en Itagüí sino a todos y cada uno de los desmovilizados, desde el ex comandante más encumbrado hasta el personal de apoyo de más bajo rango.

Hoy el país ha tomado conciencia –y las FARC también aunque no lo quieran admitir en público- de los enormes costos políticos que traen consigo las ‘sillas vacías’. Porque los espacios en política o son ocupados por uno, u otros los ocupan por nosotros, y suele pasar que los ocupan otros ‘en contra de nosotros’.

Aunque haya opiniones valiosas que expresen lo contrario sigo pensando que las AUC fueron sabias al iniciar y mantenerse en el proceso de paz. Duele lo de Itagüí –como duele cualquier injusticia- pero más duelen la estupidez y la necedad, de los que continúan en el conflicto armado soñando que viven en libertad, como si vivir en guerra fuera vida, como si vivir enfusilados en el monte y la selva fuera libertad.

Finalmente, de Itagüí se saldrá humanamente fortalecidos, con la frente en alto y el corazón renovado. ‘La historia me absolverá’ tituló, a comienzos de los ’50, en tiempos de prisión, su escrito de defensa ante los Tribunales –por el asalto al cuartel Moncada- un entonces joven Fidel Castro. Lo mismo podrían titular hoy desde Itagüí un Salvatore Mancuso, un ‘Jorge 40’ , un ‘Adolfo Paz’ o un ‘Ernesto Báez’ sus motivaciones y actuaciones en tiempos de guerra. Y ojalá se dispongan a hacerlo. Porque nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos necesitan ese testimonio, ese pedazo de la historia de Colombia, y que no vaya a quedar esta etapa de nuestra historia solamente en manos de los frívolos del mercadeo, o de los sicarios morales que pretenden matar con palabras lo que el terrorismo acribilla con metralla.

Puede que el ‘país de los medios’ no reconozca nunca el sacrificio personal ni la rectificación de comportamientos de los ex comandantes AUC, ni su arrepentimiento y sus propósitos de enmienda. Pero el ‘país de la gente’ ya lo valora intuitivamente hoy y lo irá reconociendo progresivamente en su conciencia en la medida que los ‘paras’ cuenten la verdad histórica que conocen, no las ‘verdades de papel’ que han creado los dueños del ‘país de los medios’, los ‘marketineros’ del cuarto poder.

Con el mundo exterior habrá que ganarse también el mismo reconocimiento. No se trata de convocar el aplauso sino el perdón. No se trata solo, ni principalmente, de las zonas Te y Ge de Bogotá sino de todo el país. No se trata solo de Colombia, sino también de EEUU y de todo el mundo.

Así la veo yo.

Los artículos que forman la serie completa de “Así la veo yo”, “Esencias y Matices” y “Chamuyo” pueden ser consultados en:

www.lapazencolombia.blogspot.com y www.salvatoremancuso.com