marzo 16, 2007

Las AUC, los ‘Héroes de Justicia y Paz’ y los ‘nuevos rebeldes’ del viejo conflicto

Los disparos de Petro y compañía ‘salieron por la culata’ pero no se les quita el mérito


SÍ-SE-PUEDE (2)


Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



El presidente Uribe defiende a capa y espada el proceso de paz con las AUC. Y está muy bien que lo haga. ¿Qué tal que no lo hiciera? La oposición del Polo más Uno (por Piedad) menos Dos (por Lucho y Angelino) critica en todos los escenarios el proceso de paz con las AUC. Pero no se queda allí. Insiste en que tenemos un Estado mafioso y que todos los caminos del ‘paramilitarismo’ conducen a Uribe. El Presidente responde que los caminos de FARC y ELN conducen al Polo de Petro, Gaviria y Robledo más el combo de Piedad. Todo esto tiene algo de verdad y bastante de ‘cañazo’. Todo esto revela hasta qué punto la Reconciliación está, no solamente lejos de alcanzarse, sino lejos de instalarse en el discurso de los políticos como el propósito central de cualquier proceso de paz presente y futuro.


El proceso de paz con las AUC no va a resolver todos estos desencuentros pero sí resulta inocultable, al menos para el pueblo de ruana, que no para la clase política, que los hitos de Verdad, Justicia y Reparación llegaron para quedarse, porque es bueno que ello haya sucedido. Los métodos del Caguán han quedado atrás no solo en el pasado, sino también con relación a cualquier hipotético futuro con las FARC y ELN.


Hay algo, sin embargo, en lo que el Gobierno no acierta. En materia de desmovilización y desarme el proceso ha dado resultados buenos para el País, no al ciento por ciento, que se estuvo a punto, hasta el 15 de agosto pasado, pero sí por encima del 70 % que era lo mínimo estipulado al comienzo del mismo, para considerar exitoso el proceso bajo este aspecto de la dejación de armas. También comienza a dar sus resultados el proceso judicial. La reinserción en cambio está en veremos y la fase propiamente política del proceso de paz se halla estancada. Y cuando las aguas se estancan comienzan a contaminarse y a oler mal. No está todavía totalmente claro si don Vicente y ‘los Mellizos’ se están reagrupando o si se están rearmando. Y, si se están rearmando, tampoco está claro si es para la defensa o para el ataque. Y si es para el ataque no está claro contra quiénes sería ese ataque. Esto no se sabe y es imposible responderlo desde Itagüí, donde el aislamiento con el monte es insuperable y donde el compromiso con el proceso sigue inquebrantable e inhibe cualquier coqueteo con los ‘nuevos rebeldes’, y tampoco puede decirlo el Gobierno, porque obviamente, el Gobierno tampoco sabe qué es lo que está pasando por la cabeza de los ‘nuevos rebeldes’ del conflicto armado quienes, paradójicamente, son hijos del proceso de paz, y sobre cuyo comportamiento futuro solo cabe hacer hipótesis en solitario, o tender puentes para dialogar mano a mano, cosa que no está en las manos de los inquilinos de Itagüí pero sí en los brazos largos, seguros y democráticos del Gobierno.


Si las aguas políticas del proceso siguen estancadas y la fase de reinserción está atrapada entre los hilos de la burocracia y la inopia, las consecuencias son sencillas de entrever: los ‘nuevos rebeldes’ de las autodefensas -hijos del proceso de paz- contarán para su crecimiento futuro –si es que para allá deciden ir- con la mano de obra recientemente desmovilizada, experimentada y disciplinada, que tendrá más de un motivo para aceptar regresar el monte. Uno, sencillamente económico, propio de la ley de oferta y demanda laboral, otro, más íntimo y profundo, nacido de la sensación de incumplimiento y traición de los compromisos pactados en Ralito y La Ceja, y no cumplidos por el Gobierno según todas las señales que envían hacia el exterior de los muros, los Mancuso y los ‘Cuarenta’, los ‘Maca’ y los ‘Alemán’. Compromisos incumplidos según sus ‘botellas de náufragos echadas al mar’ que no recoge sino en dosis homeopáticas la gran prensa domesticada por su docilidad hacia el poder de turno –poder que a veces pasa por el oficialismo y a veces por la oposición. Lo cierto y para hacerlo breve: de los máximos líderes de las AUC –contra todo lo pactado- unos están presos y estigmatizados en una cárcel de máxima seguridad y otros están otra vez en el monte hastiados por los incumplimientos del gobierno. El proceso de paz, fatalmente y ‘contra natura’, ha parido no solamente una nueva generación de autodefensas, no solamente está multiplicando una delincuencia emergente y anárquica, sino que también está incubando una manifestación de nueva rebeldía contra el Estado, que podríamos calificar como los ‘nuevos rebeldes’ del conflicto armado, constituida por quienes tras las arbitrarias, demagógicas e inconstitucionales detenciones del 15 de agosto del año pasado, que terminaron por criminalizar el proceso de desmovilización y dejación de armas, más grande de la historia de Colombia y del mundo, decidieron declararse en rebeldía, regresar al monte y esperar allí que madurara la estrategia a seguir.


Hasta aquí llegamos, punto y aparte, dijeron esos comandantes, y el Gobierno sigue hasta hoy insistiendo en su modus operandi, por un lado, de no dialogar políticamente (fase dos: actores políticos desarmados) con quienes siguen aferrados al proceso, y al tiempo, por otro lado, tampoco ha demostrado interés de reabrir el diálogo con los ‘nuevos rebeldes’ de las autodefensas (que ellos sí están ahora, nuevamente, en la fase 1: actores políticos armados, o en fase de rearme).


El ‘modelo’ de negociación utilizado por el Gobierno con las AUC ha pasado de las recurrentes crisis a lo que hoy constituye ‘un coma profundo’. Las consecuencias están a la vista y urge un replanteo del ‘modelo’ de negociación, o lisa y llanamente su reemplazo. No tiene sentido sostener un ‘modelo’ de negociación cuando una de las partes se siente completamente agraviada y siente despedazada la confianza, y menos todavía tiene lógica insistir en un ‘modelo’ cuando ya no logra operar positivamente sobre la realidad sino que gira y gira entre la ‘carpintería’ y la impotencia. ¿Es que el Gobierno, o al menos el Ministerio de la Política, no tiene nada que decir al respecto? Una cosa es sostener de hecho un Ministerio de la Paz, un Ministerio de la Política, un Ministerio de la Justicia y un Ministerio de la Reinserción, y otra bien distinta, y supremamente necesaria, es hacer que funcionen adecuadamente en lo que les es propio y lo que deben coordinar entre sí, y con el Presidente. A menos que se prefiera desde el Gobierno alentar el tierrero levantado para que no se perciba la realidad descarnada. Esto es posible, ‘maquiavélicamente correcto’, y tal vez haya que hacer un esfuerzo adicional, entonces, en el análisis y la acción política, para que la paz no siga naufragando en este mar de leva y esta bruma insondable.


Visto esto con objetividad uno tiene la sensación que el Gobierno se da por satisfecho con un proceso de paz donde al menos el 70 % de los combatientes y líderes de las AUC no están dispuestos a reincidir, y no parece preocuparle demasiado, entonces, lo que vaya a suceder con el 30 % restante (lo que da pié a pensar que si hoy se habla de 5.000 ‘nuevos rebeldes’ de las AUC, el número podría crecer hasta 10.000 con relativa facilidad). Este panorama tampoco preocupa a quienes consideran, dentro y fuera del Gobierno, que una cuota de autodefensas ilegales seguirá siendo necesaria mientras las FARC se mantengan en pie de guerra, por aquello de la guerra irregular y la irregularidad del territorio nacional. Además, porque mientras el narcotráfico se mantenga como un negocio boyante y globalizado –del cual se surten a discreción como en una bomba de gasolina los actores armados ilegales- el equilibrio estratégico del conflicto armado requiere –no se trata de una cuestión ética y mucho menos ‘moralista’, sino crudamente política- una suerte de compensación ideológica ilegal que cubra los déficit estructurales del Estado, sometido en los inicios del siglo XXI a la vigilancia internacional por los derechos humanos y el famoso bloque de constitucionalidad, que lo tiene atado de manos y de pies –y esto está bien y es políticamente correcto que sea así, y así debe seguir, entre otras cosas, porque el Gobierno de Uribe ha demostrado que así vamos bien, despacio pero bien, como País y como ciudadanos y ciudadanas del común, se entiende. Vaya y lea las encuestas nomás. Y en estos días de ñapa, lea el Editorial del Washington Post del 15 de marzo, que no es propiamente el periódico de la derecha nortemericana ni de Bush.


Hacen bien los ‘héroes de la ley 975’ en echarle pa’ delante y estar dispuestos a darle voluntariamente satisfacción al País en materia de Verdad y Reparación. Eso es lo que espera el País y lo que no quiere para nada la oposición de los Petro y compañía, aunque de la boca para afuera su concepción ‘le mondiana y a lo Chomsky’ de lo políticamente correcto los obligue a decir en público lo contrario. ¿Qué no darían ellos, si hablaran con la verdad de lo que piensan realmente, para que todos los ‘prisioneros políticos’ de Itagüí se volvieran pal’ monte –o expresaran públicamente su voluntad de hacerlo- y el país se incendiara y Uribe fuese quemado en la hoguera para júbilo de las FARC? Eso es lo que han buscado, con toda la fuerza de su resentimiento contra todo aquello que fuese ‘contrarrevolucionario’, desde que comenzó el proceso de paz con las AUC. Que ni Uribe fuese lo duro –y hasta injusto- que fue con las autodefensas sino que presionado por los Castaño y los Mancuso se volviera con ellos laxo y permisivo, ‘amnistiador’ e’ indultador’. Eso el lo que querían, porque eso es lo que quieren para sí las FARC y el ELN –amnistía e indulto-, y no que sus farisaicos llamados a la Verdad, Cárcel y Reparación fuesen atendidos.


No!, porque esto que sucede hoy –por razones de Estado- a las autodefensas les duele en el alma y en el cuerpo, y probablemente a Uribe también en el alma, pero se convierte en un capital político enorme para los ex comandantes de las AUC y también para Uribe, y un Vía Crucis y un Calvario ‘políticamente inevitable’ que les viene subiendo pierna arriba a las FARC y el ELN que nunca imaginaron que deberían, también ellos, pagar un día el daño que hicieron a Colombia y el mundo, sino todo lo contrario, ser premiados con una solución política negociada, amnistía e indulto, a la medida de sus intereses y los de sus socios en la sombra y en el Congreso, sin la necesidad de decir ninguna verdad, ni de recibir ninguna pena y, por supuesto, sin reparar a una sola víctima.


Sin embargo, ahora resulta que Uribe queda ante el mundo como ‘el gran timonel’, como el ‘desmontador’ del paramilitarismo –aunque fuera solo del 70 % esto ya es descomunal para lo que ha sido Colombia tradicionalmente, y eso no le ha impedido al Polo crecer y crecer, sino todo lo contrario. Los ‘inquilinos’ de Itagüí quedan con el gran capital político de haberse sometido a todos los agravios y despropósitos humanos, jurídicos y políticos, en el curso de la ‘falsa negociación’ adelantada hasta aquí, con tal de desarmarse, desvincularse del conflicto armado y volver a la civilidad aportándole a la paz de los colombianos. Y lo último, pero no lo menos importante y gravísimo para las intenciones de las FARC y ELN, se ha derrumbado definitivamente en Colombia la posibilidad de procesos de paz y desmovilizaciones y desarme, donde no exista, al menos, una cuota importante de Verdad, Justicia y Reparación, lo que en ‘carta blanca’ significa que, de ahora en adelante, incluso para las FARC y ELN, se hace inevitable bastante de ‘sapeo’ ¿y sobre quiénes ‘sapear’ sino, principalmente, sobre los inmaculados que hoy han puesto su nido en el Polo?. Habrá que tragarse además el ‘sapo’ inmamable de ni tan poco de ‘privación de la libertad’ y suficiente ‘indemnización por daños y perjuicios’. ¿Y quién sabe cuántas cosas saben las FARC y ELN, acerca de mucha gente y de muchas instituciones y de unos cuantos gobiernos extranjeros, como Cuba y Venezuela por solo poner un ejemplo? Es que después de cuarenta años se juntan muchos hechos y muchos recuerdos, que será bueno que podamos conocer y compartir todos los colombianos y colombianas para entender finalmente de qué se ha tratado todo este baño de sangre.


Llegado a este punto, tengo muy claro que a Petro y compañía, cabe finalmente agradecerles, que hayan ‘disparado’ todo lo que ‘dispararon’ sobre el Proceso. Que el ‘tiro les haya salido por la culata’ y la jugada los ponga ahora frente a la necesidad histórica de tener que calmar las iras contenidas en las FARC y ELN, e intentar hacerles entrar por su cabeza encanecida de ‘seniles guerrilleros’ lo de los ‘nuevos estándares internacionales de verdad, justicia y reparación’ y lo del famoso ‘bloque de constitucionalidad’ sobre el cual Carlos Gaviria posee tantos y tan probados conocimientos. Estas sesiones entre Petro y compañía, y las FARC y ELN, no solo serán para alquilar balcones, sino para pedirle a la Fiscalía que sean transmitidas por televisión en horario triple A.


Porque los crímenes de lesa humanidad de las FARC y ELN también son delitos contra la humanidad entera y todos tenemos el derecho y la obligación de ‘pararle bolas’ a lo que allí se vaya a decir.


¿O no es así? Honorables senadores, senadoras y representantes, del oficialismo y la oposición, padres y madres de la patria.


Así las cosas, no se me hace raro que en las paredes del patio 1 de Itagüí aparezca pronto un grafitti pintado con letras grandes, mezcla de ironía y humor:


¡Gracias Petro, te perdonamos!

.Así la veo yo.


Los artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo” Y “SÍ-SE-PUEDE”, están disponibles para su acceso y lectura en:

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