julio 18, 2007

Las Autodefensas y las elecciones de octubre


Holguín, Santos y aquello del 'vaso medio lleno o medio vacío'




SÍ-SE-PUEDE (10)



Por Juan Rubbini



Las Autodefensas no pueden permitirse pasar de agache ante las próximas elecciones de octubre, que algunos pícaros oportunistas quieren convertir en un plebiscito en contra de sus bases sociales y simpatizantes y en el primer paso hacia la proscripción definitiva de sus líderes históricos.

Resulta ridículo, y hasta indecoroso, que quienes no dudan en invitar a las FARC y el ELN para que abandonen la lucha armada y se sumen a sus movimientos políticos pretendan que ‘autodefensas desmovilizados’ den un paso al costado en materia de participación política.

Argumentar que, hasta que no haya desaparecido el paramilitarismo, los desmovilizados de las Autodefensas no pueden participar en política ni ser candidatos es lo mismo que decir que los Petro y los Navarro no pueden hacer política porque las guerrillas no han desaparecido en Colombia.

¿O será que Petro y compañía deliran por su ‘elitismo de izquierda’ con construir el país a la medida de sus intereses políticos y para ello necesitan callar las voces de Mancuso, ‘Báez’ y compañía, pero también –aunque todavía digan lo contrario- apartar definitivamente de la democracia a quienes son hoy los máximos comandantes de las FARC y del ELN? ¿Será que ese ‘país de excluidos’ y ‘minusválidos políticos’ es el mismo que idealizan las clases políticas tradicionales, incluidos muchos que hoy gobiernan y legislan bajo la sombra del ‘uribismo’? No se entiende que se quiera ignorar a estas alturas que los procesos de paz desembocan necesariamente en los derechos políticos plenos para sus protagonistas.

Tiene razón el vicepresidente Santos cuando asevera que el proceso de paz con las Autodefensas está a mitad de camino. Sobre la mitad del camino que falta los negociadores del Gobierno están en deuda -¿deuda que no será acaso exigible legalmente desde la condición de ‘miembros representantes’ revitalizada en mayo pasado?- de sentarse a la mesa y reanudar las negociaciones políticas. Sin embargo, parece que después de lograda la reelección en 2006, a este ‘futuro ex Gobierno’ le resulta más ‘políticamente correcto’ trasladarse a La Habana, o a Caracas, que acercarse a Itagüí.
Sobre la mitad del proceso de paz, que ya se avanzó, mucha razón tiene el ministro Holguín Sardi cuando expresa que haberse desmovilizado como Autodefensa no le quita de por sí a ningún ciudadano sus derechos políticos. Cercenar esos derechos sería no solo un despropósito político sino además una violación de la Constitución y la ley, explica el ministro de Justicia, nada menos.

Lo anterior no significa soslayar que las Autodefensas requieren apelar, en esta coyuntura especialmente, a toda su prudencia y sentido de las proporciones para que, desarmados de fusiles y armados de razones y argumentos, no pretendan dar pasos más largos que los que hoy les permiten sus pies y su maniobrabilidad política actual. No es tiempo de pedirle apoyo a la sociedad sino de ofrecerle compromiso social a la sociedad, no es momento de dictar cátedras de cómo gobernar sino de proponer avanzar de la mano hacia las soluciones que el País y las regiones necesitan.

Las Autodefensas comienzan a caminar en la legalidad política en momentos que ni siquiera son de posconflicto sino de graves perturbaciones sociales donde subsiste el conflicto endémico con las guerrillas, y también sigue boyante el narcotráfico, donde estalla el terrorismo sus miserias humanas y donde la distribución del ingreso sigue siendo inequitativa e insultante.

En estas condiciones no cabe gritar victoria ni tampoco hundirse en el pesimismo, mucho menos renunciar a la vía política democrática como quisieran quienes ven en las autodefensas desmovilizadas y su participación cívica un peligroso adversario que viene a competir en contra de sus monopolios privilegiados y sus roscas clientelistas bien aceitadas.

Las Autodefensas no pueden ilusoriamente creer, sin embargo, que, en los términos de la ley 975 podrán acceder para todos sus integrantes –y mucho menos para sus máximos líderes- a la plenitud de los derechos políticos. A esto no podrá llegarse si no es a través de un arduo camino que solo estará comenzando a ser transitado cuando el reloj del ‘segundo tiempo’ del proceso de paz haya sido activado.

En este contexto, cabe la analogía del ‘vaso medio lleno’ y del ‘vaso medio vacío’. Holguín ve el vaso medio lleno y acierta, Santos ve el vaso medio vacío y también acierta, aunque se equivoca de buena fe cuando recomienda a las ‘autodefensas abstenerse’ de cara a la coyuntura de octubre próximo. La condición del político, la que lo define en esencia, es precisamente no abstenerse políticamente, lo contrario no solo sería sospechoso sino además resulta imposible.

Lo interesante es que el debate comenzó a salir a la opinión pública y no demorará en ser recogido por políticos y analistas. Las Autodefensas no pueden quedar por fuera del debate, siendo como son los actores centrales de los hechos que se discuten. Pero mientras, quienes han puesto sus pies sobre las arenas calientes de la franca lid por los votos, deben saber que su compromiso mayor no es con su pasado sino con el presente y el futuro de Colombia, quienes aún permanecen en las cárceles deben, prioritariamente, insistir en superar la etapa judicial poniendo en la verdad histórica y el corazón de las víctimas todo su empeño y su propio corazón.

Habrá quienes pretendan cerrarles a las Autodefensas todos los caminos de su acceso a la vida política. No creo equivocarme si me anticipo a diagnosticar que serán los mismos que ostensible o veladamente pretenden hacerlo también con quienes desde las filas de las FARC y del ELN continúan peleando con las armas por aquello en lo que creen.

Luce paradójica la conclusión a la que llego, pero se me hace que de ahora en adelante, ‘no habrá para un autodefensa desmovilizado nada mejor que un guerrillero dispuesto a desmovilizarse si se crean las condiciones para hacerlo’. Y viceversa. Nadie, mejor que un combatiente que ha combatido, para entender las razones y el sentido del honor y la dignidad del enemigo. Nadie, mejor que un pecador que ha pecado, para entender el sentido de la virtud y su poder sanador y reparador.

Que una cosa es la guerra con sus intereses y la propaganda política con sus sofismas, y otra, bien distinta, y más humana, la íntima vivencia y convicción, que aun siendo enemigos, seguimos siendo hermanos hijos del mismo Sol y de la misma Luna.

Ojalá esto lo comprendan y lo apliquen quienes hasta aquí han hecho de la política solo una carrera política, y del ejercicio del poder –legal o ilegal- solo un abuso de autoridad y autoritarismo.

Y pueda decirse, entonces, con razón, que finalmente llegaron a gobernar en Colombia quienes en vez de ser honrados por los cargos que ocuparon, honraron con sus decisiones y comportamientos los cargos que ocuparon.

Que a la hora de gobernar da lo mismo que sea en el Estado, en las guerrillas o las autodefensas: Siempre se corre el riesgo que algún 'mandamás' llegue a creerse aquello de que ‘El Estado soy yo’. Sobran víctimas y dolientes que pueden dar fe de la validez de este aserto, en Colombia y en todo el mundo, en estos tiempos y en todos los tiempos, que no es tan cierto aquello de que todo tiempo pasado fue mejor.


Así la veo yo.


Los artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo” Y “SÍ-SE-PUEDE”, están disponibles para su acceso y lectura en:


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