septiembre 21, 2007

93. Las Autodefensas y los ‘burros atravesados’ en el proceso de paz

¿A qué democracia aspiramos? ¿República elitista o soberanía popular?



Punto y Aparte


Por Juan Rubbini





Garzón y Petro son hoy al interior del Polo y con respecto a las FARC, lo que Castaño y Mancuso han representado al interior de los paramilitares y con respecto a las AUC, desde finales de los ’90. Ni unos ni otros han sido objetivamente contextualizados, ni valorados con sindéresis por la clase política. Desde la izquierda extrema se ve a unos como fugándose al centro y abandonado la izquierda; desde el establecimiento, en cambio, se insiste en ver a Castaño y Mancuso como quienes desertaron de la lucha antisubversiva para sumarse a las fuerzas del narcotráfico. Unos y otros son vistos como ‘traidores’ y oportunistas, según se mire con ojos de extrema izquierda o extrema derecha.

Algo más, y aquí la analogía es entre Petro y Navarro con Mancuso y ‘Báez’. Petro y Navarro dijeron ¡basta de lucha armada! para sumarse a la democracia, así como Mancuso y ‘Báez’ quieren ser actores de la democracia desde otra perspectiva ideológica, pero sin diferencias insalvables con aquéllos en el diagnóstico y los remedios de los males colombianos.

¿Por qué para unos se abrieron las puertas y con otros se insiste en mantenerlas cerradas?

No son los tiempos los que han cambiado, son las clases políticas del establecimiento las que se complacen en bendecir y adular a la izquierda pero no quieren admitir públicamente que las autodefensas son una realidad cultural, social y política porque hay un pueblo detrás que las respalda y las bendice. Incorporar las autodefensas desmovilizadas a la democracia colombiana significaría no menos de dos millones de nuevos votantes incorporados al sistema electoral, y no menos de otro millón de votos que saldría de los partidos tradicionales para emigrar hacia los candidatos de las autodefensas. El establecimiento político se horroriza ante la perspectiva que por izquierda y por derecha se consoliden por fuera del bipartidismo liberal-conservador fuerzas políticas de signos populares opuestos, pero no por ello menos democráticas y representativas de las urgencias de la gente.

El ‘uribismo’ y el Polo son apenas el comienzo de la profunda transformación política de este País. La ‘refundación’ del Estado está que llega, porque el ‘más de lo mismo’ ya no aguanta. Colombia no cabe más en las redes del clientelismo, la corrupción y la violencia. Las Autodefensas lo saben, las FARC y el ELN lo intuyen, y ninguno de ellos quiere quedar por fuera del nuevo mapa político de Colombia que se está gestando en estos días y mostrará ‘sus primeros dientes’ en 2010. Ni siquiera Chávez quiere estar por fuera de Colombia. Uribe también tiene sus adeptos en Venezuela y no se dejará coger ventaja.

Con lo anterior se mezclan el enredo de la ‘parapolítica’, la parafernalia mediática que sataniza a ‘Macaco’ y a ‘don Berna’ y los dardos envenenados que trascienden en la prensa pretendiendo quebrar la unidad de las autodefensas y ponerlas a pelear entre sí. “Los hermanos sean unidos ésa es la Ley primera, porque si los hermanos se pelean los devoran los de afuera” reza el Martín Fierro, de José Hernández.

El proceso de paz con las autodefensas está sumergido en la invisibilidad por la influencia de ‘los rabos de paja’ y solo se lo saca a la luz para mostrar los horrores cometidos en la guerra, como si no hubiesen sido los Castaño y los Mancuso quienes desde las entrañas del conflicto se armaron de valor para persuadir a sus amigos confederados e iniciar el largo viaje de la guerra a la paz, el mismo viaje que, en su momento, iniciaron Petro y Navarro. Lo hicieron para llegar al mismo puerto de la democracia, la legalidad y la lucha política desarmada.

A raíz de mi reciente columna que publicó El Tiempo llovieron mensajes en mi correo. Rescato aquí los que giran alrededor de tres temas principales: ¿no le teme usted a las FARC?, ¿no le teme usted a la Fiscalía?, ¿se considera acaso el Álvaro Leyva de las Autodefensas?

Contra lo que puedan pensar algunos que no me conocen respeto como fuerzas revolucionarias a las FARC y también al ELN. No he recibido nunca de ellos, ni de alguno de sus integrantes, ninguna ofensa, ninguna amenaza. Si mi llegada a Colombia se hubiese producido a mis veinte años y no a los cuarenta como sucedió, en 1990, seguramente hubiese buscado estrecharle mi mano a ‘Marulanda’ y a Camilo Torres. Porque uno es quien es, pero también vive en carne propia el torrente histórico de la época, el signo de los tiempos de los que habla la Iglesia.

A la Fiscalía no le temo, ni más faltaba, su labor es preciosa y debe ser alentada y respaldada. La justicia transicional sigue incompleta y no caben todavía en ella todos los puentes y las arandelas que permitirán dar el paso de la guerra a la paz, pero eso lo han vivido y lo han padecido todos los comisionados de paz, todos los gestores de paz, que durante más de treinta años han intentado abrir caminos definitivos de reconciliación y no lo han logrado.

No lo conozco personalmente, pero si Álvaro Leyva me invitara a acompañarlo –y el gobierno me autoriza- iría con él, con toda la confianza del mundo, a conversar juntos con las FARC y el ELN allí donde sus jefes quisieran atenderme. No descarto que los ex comandantes de las Autodefensas desmovilizados aprovecharan mi viaje para hacerles llegar una carta, un documento, una invitación a los líderes guerrilleros.
Escribió Hermann Hesse en El juego de los abalorios: “Así como estimamos poco plausibles los deseos y pasiones que impulsan al rebelde a romper con la norma, reverenciamos en cambio la memoria de las víctimas, que son las entidades verdaderamente trágicas”.

Así la veo yo.

Los 93 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo”, “SÍ-SE-PUEDE”, y “Punto y Aparte” están disponibles para su acceso y lectura en: