octubre 19, 2007

95. Las Autodefensas y las ‘bandas’ de todos los ‘bandos’

La cuestión territorial está en el centro de la solución política del conflicto armado



Punto y Aparte





La cuestión territorial está en el centro de la solución política del conflicto armado. El ‘fin de la historia’ no coincide exactamente con el diagnóstico de Fukuyama pero tampoco está muy lejos. Democracia política, liberalismo económico, inversión social, propiedad privada, libertad de prensa, monopolio de la fuerza en manos del Estado, libertades públicas, preservación del medio ambiente, cuidado de los recursos naturales, etc., etc., son ‘inamovibles’ de cualquier agenda política sensata del siglo XXI.

Esto lo han entendido las autodefensas, y también Uribe, y de la mano de Petro y de Garzón, el Polo también lo entiende y lo acepta incluso el ELN. Quienes ‘se hacen los locos’ son los duros de las FARC, y quienes desde dentro del Polo no trabajan para fortalecer la ‘pata de izquierda’ de la mesa democrática sino que conspiran para tumbar el sistema democrático y promover en su reemplazo ‘el socialismo del siglo XXI’ a través de la combinación de todas las formas de lucha.

En la Colombia de hoy el asunto de la guerra y de la paz, comienza a ser secundario frente a la cuestión territorial, la reinstitucionalización del Estado y la apertura política hacia los extremos de izquierda y de derecha con una sola condición sine qua non: la condena a la lucha armada como instrumento político. Esto no es así por capricho ‘uribista’ sino porque la historia está dejando atrás el recurso atávico de la guerra para resolver los problemas de las sociedades y de los pueblos. Esto no lo han entendido todavía los EEUU en Irak ni tampoco las FARC y el ELN en Colombia. Hay más parecidos entre ‘Marulanda’ y Bush que los que su propaganda de guerra admite.

Las autodefensas se hallan hoy estigmatizadas por el pasado que las condena, pero no por el presente que les abre las puertas de regreso a la civilidad si le cumplen a la Justicia, la Verdad y la Reparación. Las autodefensas no son monedita de oro que le guste a todo el mundo, pero nadie niega que de cara al futuro tienen más aceptación política en el pueblo colombiano que las FARC. Y ese reconocimiento no solo tiene que ver con haber enfrentado a las guerrillas cuando el Estado era remiso a hacerlo, sino por haber iniciado el camino de la desmovilización y la legitimación del Estado y la vía democrática cuando Uribe aceptó sentarse a dialogar políticamente con ellas sobre las condiciones de su reincorporación a la vida civil.

Quienes siguen atribuyendo altruismo a las guerrillas y egoísmo a las autodefensas, no están viendo la realidad de los hechos sino la realidad de sus prejuicios. Quienes siguen pretendiendo ofrecer beneficios judiciales para quienes atentan contra el Estado sin reconocerlo de igual modo para quienes lo defienden, no están sosteniendo la balanza de la justicia sino inclinando una de sus pesas en detrimento de la otra. Finalmente, quienes apoyan la libertad de los guerrilleros a cambio de la libertad de los secuestrados, no obran con equidad y ponderación, si, al mismo tiempo, no solicitan la libertad de las autodefensas a cambio de su desmovilización.

Se equivocan quienes le piden despeje al Gobierno nacional. Quienes deben despejar sus territorios de influencia son las guerrillas, para que allí ingrese el Gobierno a negociar la entrega de los secuestrados. Se equivoca Pastrana cuando dice que en Ralito quien despejó fue el Estado, allí quienes despejaron fueron las autodefensas, porque ese territorio hacía ya años que el Estado lo había abandonando.

Nadie en sus cabales piensa hoy que la solución política negociada con las FARC y el ELN pasa por el sacrificio a favor de las guerrillas de la sociedad democrática, o por la institucionalización del poder guerrillero en el Estado colombiano. No se trata solamente de no ceder al chantaje, sino de no poner a la misma altura lo que sería algo así como confundir la gastritis con el cáncer, o una molesta venérea con el sida.

No señores! Las FARC y el ELN no son hoy las guerrillas de los ’60, ni siquiera las de los ’80, anteriores a la caída de la Unión Soviética y del Muro de Berlín, hoy son el símil de las ‘bandas emergentes’ pero con fraseología de izquierda, o de un cierto ‘chavismo’ caguanizado. Y cuando digo que son la contracara de las ‘bandas emergentes’, o de las ‘nuevas generaciones de autodefensa’ no lo digo despectivamente, ni peyorativamente sino poniendo el dedo en la llaga de su poder territorial, de su poder de coaccionar militarmente a cientos de miles de campesinos para cultivar lo que aquellas organizaciones quieren y no lo que los campesinos quisieran si el Estado y la Comunidad internacional les ‘pararan bolas’ como personas, como ciudadanos colombianos, en vez de estigmatizarlos como ‘cocaleros’ o como ‘bandidos’ y ‘violentos’.

En Colombia hay más territorio que Estado, y más urgencia de democracia que democracia real. En vez de reconocerles y sobrevalorar el ‘poder de sus ideas políticas’ a los actores armados ilegales que subsisten de la mano del narcotráfico -con la bendición o sin la bendición de Chávez y de Castro, pero todos ellos sin excepción con el estímulo de los dólares y los euros de los pueblos más ricos del mundo- lo que sí debiera hacerse por parte del Estado es reconocerles su ‘poder de facto’ en vastos territorios del País y ‘entregárselos’ en concesión durante una cantidad de años acordando con ellos ciertas condiciones mínimas, humanitarias, políticas y militares, aceptadas en referendo por los colombianos y por las Naciones Unidas.

No veo por ningún lado otra solución pragmática a la fragmentación del territorio colombiano que ya es una realidad hoy, y que si no es mayor todavía es porque las ex AUC acordaron con el Gobierno nacional un modo de reinstitucionalizar el funcionamiento del Estado allí donde ya no estaba, allí donde hacía muchos años que había desertado de sus obligaciones para con la sociedad.

No se debe intentar construir un sistema democrático sólido y eficaz, de alcance nacional y reconocido internacionalmente, solamente basados sobre principios ideológicos, de izquierda o de derecha, sin apoyar los pies sobre la tierra y partir de la realidad de los hechos.

Los hechos determinan que el País real está hoy en buena parte en manos de ‘bandas’, unas son bandas supervivientes de la ‘calentura marxista’ de los ’60, y otras son bandas emergentes de la globalización del narcotráfico y el fracaso del proceso con las AUC, iniciado unilateralmente el 1 de noviembre de 2002, por los Castaño y los Mancuso, y ‘finalizado’ abruptamente por la ‘manu militari’ del Gobierno cuando el ex embajador Wood tuvo la ´genial’ idea de manifestar, a comienzos de 2006, que entregado el último fusil por parte de las autodefensas ya la zona de Ralito estaba mandada a recoger y no había nada más que negociar con las AUC.

Y como con los gringos –incluso con Rambo- sí que todos los políticos colombianos son ‘culiprontos’ y dan la vida y algo más por una visa -hasta Petro-, así estamos, siglo tras siglo, sin solución, pobrecitos los colombianos ‘tan lejos de Dios y tan cerca de los EEUU’, como dijo alguna vez de los mexicanos – hace ya un siglo- su presidente Porfirio Díaz.

Así la veo yo.

Los 95 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- conformada por “Así la veo yo”, “Esencias y Matices”, “Chamuyo”, “SÍ-SE-PUEDE” y “Punto y Aparte”, están disponibles para su lectura en: