abril 02, 2008

105. En el Proceso de Paz AUC algo huele maluco

Cambia el escenario y el vestuario, la lucha por la causa continúa




ASÍ LA VEO YO


Por Juan Rubbini
www.lapazencolombia.blogspot.com
juanrubbini@hotmail.com



La política es un arte todo de ejecución. Se actúa en función de principios y objetivos, pero principios y objetivos no son lo indispensable para ser actores políticos, lo indispensable es la ‘acción política’. Es decir la acción que tiende a buscar, acumular y conservar poder político. Poder político que es poder de hacer, no otra cosa. De lo contrario hacemos tertulia política, no hacemos política. Sobre la mayoría de los ‘parapolíticos’ nadie sabe si actuaron por principios, y menos con qué objetivos. Lo que nadie duda es que hicieron política, acumularon poder, y eso lo está investigando la Justicia. Cuando alguno de los ‘parapolíticos’ haga claridad al País sobre los principios que los orientaron al hacer ‘parapolítica’ y qué objetivos tenían al celebrar acuerdos con las autodefensas, una gran parte de Colombia los comprendería y perdonaría. Pero como no lo han hecho, todos cargan con el estigma de haber acumulado poder a través de hechos ilegales. Es lo contrario de los guerrilleros y sus para-guerrilleros, ellos sí que saben vender la idea de sus ‘principios revolucionarios’ y sus ‘objetivos altruistas’, lo hacen tan pero tan bien que las acciones ilegales que cometen nunca son suficientes –ni lo serán- para proscribirlos políticamente. Si ex autodefensas y ‘parapolíticos’ siguen enclaustrados en lo judicial y no dan la batalla política por explicar, explicar y explicar ¡hasta el cansancio! sus principios y sus objetivos, serán sepultados por el alud de incomprensión y estigmatización que tanto seduce y da ‘rating’ a los popes mediáticos.


Sigo sin entender porqué el Gobierno ha dejado al garete a los ex comandantes de las autodefensas, como si el proceso de paz con las AUC fuese un proceso únicamente judicial. Extraña que los ex comandantes estén aceptando sin chistar, hasta límites temerarios, la prolongada interrupción de los diálogos políticos con el Gobierno. Lo curioso es que el contexto reclama todo lo contrario.


Chávez califica a las Farc como estado en gestación – antes lo dijo ‘Trinidad’ en el Caguán- y reclama que como ‘estado’ en conflicto con otro Estado –el colombiano- sea otorgado a las Farc reconocimiento político y estatus de beligerancia. Ojo, lo dice Chávez, no importa tanto que lo diga Piedad. Precisamente Chávez que aspira gobernar Venezuela de por vida y extender sobre Colombia su manto bolivariano. Para lograrlo visualiza las Farc como 'cabeceras de playa'; si no existieran tendría que inventarlas; si subsisten pero han perdido el rumbo es su necesidad de Estado bolivariano manipularlas y teledirigirlas.


Las Autodefensas nacieron, crecieron y se multiplicaron para poner límites infranqueables a las guerrillas, para hacer en defensa de vastas regiones del País lo que el Estado no estaba en condiciones de hacer, o sus funcionarios no querían realizar. La desmovilización de las Autodefensas no fue el fruto de la depresión colectiva de sus comandantes, ni un ciego voto de confianza en la seguridad democrática, ni ninguna de las malévolas razones que predican los opositores del Gobierno, incluso algunos de sus integrantes o socios políticos.


Son públicas expresiones de Carlos Castaño, manifestaciones de Salvatore Mancuso, editoriales con la firma de ‘Ernesto Báez’, y declaraciones de otros ex comandantes de primer nivel, acerca de la necesidad –ya documentada en el Acuerdo del Nudo del Paramillo de 1998, hace diez años- de legitimar el Estado colombiano, cambiar las armas ilegales por el monopolio de la fuerza en manos del Estado y como autodefensas abandonar la lucha armada para abrazar la lucha política, por una causa noble de recomponer el tejido social, desarrollar las regiones y pacificar el País.


Si Chávez avanza sobre Colombia a partir del ‘mercadeo’ de los secuestrados por las Farc, si las tiene ‘intervenidas’ y pretende utilizarlas como arietes para legitimarse internacionalmente como líder de la paz mundial –acaso Nobel de la Paz, como lo ha sido Óscar Arias en 1987-, si Rafael Correa se presta a convertir el Ecuador en una ‘provincia bolivariana’, si el computador de ‘Reyes’ convence hasta al más incrédulo que esto está sucediendo ante nuestras narices: ¿Cuántas más y poderosas razones, que hace cinco años, tienen hoy las ex AUC para reclamar el lugar prometido de lucha legal y democrática?


Por esto la invisibilidad del proceso de paz huele tan maluco. Por eso el clima de desconfianza alimenta escenarios apocalípticos donde germinan desde águilas hasta nuevas generaciones de cruzados redimiendo lo que consideran traición.


A cinco años de la firma del Acuerdo de Ralito, en julio de 2003, urge entre las partes una nueva Comisión Exploratoria, una nueva Comisión de Notables, que ayude a proveer de un piso y de un norte al proceso de paz AUC.


No me pidan la fórmula, pero que a Gobierno y ex comandantes hay que ponerlos juntos –y urgente- a trabajar, de la mano con la sociedad civil, no me cabe ninguna duda.


Ninguna.


Así la veo yo.

Los 105 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en
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