julio 09, 2008

114. A Íngrid se le va la boca y Fajardo sorprende a más de uno

Tras el milagro del rescate ¿el milagro de la no re-reelección?




Uribe alivia sus penas ‘cortesanas’ con la milagrosa ‘suerte’ del campeón y los demás se acomodan a la buena de Dios atrapados en el retén múltiple de la yidis-política, la re-reelección, la para-política y el rescate de Íngrid. 3 norteamericanos podrán contar al oído de Bush cómo son las cosas en el feudo de las Farc y qué tan cerca están los ‘canos’ y ‘jojoyes’ del ‘fin del fin’.


Íngrid rescatada puso a cavilar a Uribe y temblar al Polo, ni se diga a Lucho. Si allí llueve, por los lados de Juan Manuel el sol quiere asomar pero nada que sale, mientras que a Germán se lo tragó la tierra igual que Carlos Gaviria y el Partido Liberal. ‘Uribito’ Arias anda más perdido que los jefes del Eln, y Piedad se pregunta, con Chávez, cuándo fue que se jodió su plan.


Reconfortan los registros de Sergio Fajardo. Detrás de Uribe y al margen de las ‘vedettes’ aparece el ‘primer tapado’ que se ‘destapa’. Si los demás competidores lo subvaloran tomará ventajas que costará después recuperar, cuando deban luchar no solo contra Sergio sino también entre ellos.


La incesante exposición de Íngrid a los medios la perjudica. Volvió fresca y renovada del campo de concentración pero le han bastado unos días en Francia para avivar viejas dudas sobre su perfil político y lucir contradictoria. Se define de izquierda pero no está con las Farc, tampoco con el Polo, que son la izquierda en Colombia, nos gusten o no. Le gusta Uribe de a ratos pero puesta a escoger está más cerca del antiuribismo que del uribismo; sobre el partido Liberal puede que esté observando pero si de allí salió desencantada no se ve por dónde pueda ahora verle encantos al neo-samperismo de Cristo, el neo-liberalismo de Gaviria y el fantasma siempre vigente de Serpa.


Todas las miradas están puestas sobre Uribe. Colombia tiene al menos 10 presidenciables, pero con él sobre el escenario solo uno convence y es el Presidente Uribe. Solo él, nos puede librar de su tercera presidencia. No aplaudiré nunca la extradición de Mancuso, ‘Trinidad’ y otros actores del conflicto, ni su pereza y hasta alevosía contra los procesos de paz, pero su renuncia a la re-reelección merecerá el elogio general. Su grandeza de estadista exige el mérito del renunciamiento en 2010 fortaleciendo la institucionalidad democrática y el no-culto a la personalidad del gobernante.


¿Por qué renunciar al cargo y no a la lucha? Primero, porque renovarse es vivir. Porque cambiar es crecer, porque no resignarse al presente es la única forma de construir un futuro mejor. Segundo, porque la ‘fatiga del material’ humano es inevitable, y es de prudentes evitar el caos que sobrevendría, a lidiar contra él. La mejor enfermedad es la que se evita, no la que se cura. La ‘perpetuidad’ trae consigo sus áulicos obsecuentes y sus claques inevitables, sus corruptelas palaciegas, sus nepotismos enraizados en la burocracia. Ah… y la vanidad agazapada que tarde o temprano aparece, y si no aparece se represa y explota, en el momento más inoportuno. Siendo la ética incompatible con la política, la ética debe prevalecer sobre la política, antes que ésta se anticipe y la vuelva nada.

Habrá quienes le recomienden a Uribe seguir montado en el tigre presidencial hasta el fin de sus días; habrá otros que le recomienden tomarse un respiro a partir de 2010 pero no hacerlo público hasta el último día. Los comprendo pero no comparto sus consejos. En política los días de gloria son la ínfima excepción, sobran los días de mediocre vegetar y abundan las agrias derrotas. Es en los días de gloria donde la renuncia luce heroica, y es de héroes apartarse en la cima del aplauso, cuando el heroísmo, por inesperado, inmortaliza al mortal y eterniza la humildad del renunciamiento en el clímax de la victoria.

La democracia derrotó a sus enemigos más crueles e intransigentes, las Farc; por derecha y por izquierda, con las armas y sin las armas, en las ciudades, en el monte, en el corazón y la mente de los colombianos. Esta victoria tiene un nombre propio, que nadie podrá olvidar jamás: Álvaro Uribe, y una idea detrás, que ya el Estado no podrá desmontar: seguridad democrática.

Es la victoria la que vuelve innecesaria, imprudente, anacrónica la repetición de la escena, el deja vu de la película. Es la victoria la que reclama el renunciamiento, la no reelección, el regreso al llano.

Le corresponde a Uribe –no al pueblo- decidirse por ser héroe de la democracia o solamente un político exitoso.

Mientras tanto, que Fajardo y los demás luchen en franca lid, no sea que el renunciamiento de Uribe fructifique y por incrédulos se queden inmóviles.

Que en cuestiones de política no siempre triunfa el mejor, pero siempre gana quien construye, defiende y ama la victoria.


Así la veo yo.


Los 114 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com