julio 14, 2008

115. Los Acuerdos de Ralito deben ser refrendados y enriquecidos


Urge pedir la extradición a Colombia de todos los ‘extraditados del conflicto’


ASÍ LA VEO YO



Hoy se celebra un lustro de la firma del Acuerdo de Santa Fe de Ralito. Si las autodefensas fuesen iconos de la izquierda, abundarían actos conmemorativos y discursos encendidos ‘urbi et orbi’ exigiendo a Uribe y EEUU el regreso inmediato a Colombia de Salvatore Mancuso, ‘Jorge 40’, ‘don Berna’, ‘Macaco’ y todos los extraditados del conflicto armado, incluyendo ‘Sonia’ y ‘Simón Trinidad’. ¡Pero no!, cuando se piden medidas de confianza, diálogos de paz, facilitación internacional, solo se piensa en guerrillas. Como unos asesinan por altruismo y los otros por enriquecerse… Afirmación falaz, cuando unos siguen delinquiendo, y los otros, motu propio, entregaron armas, se desmovilizaron y padecieron los ‘conejos’ del Gobierno: la cárcel, los tribunales, y hasta la extradición.

Las autodefensas cometieron errores en el proceso de negociación, pero fatal fue confiar ciegamente en el Gobierno, incluso cuando fue evidente que no estaban negociando con un presidente sino con un candidato. Lo que era el pacto de paz con un estadista, acabó siendo promesero acto de campaña. Así murió prematuramente lo que debió ser modelo de negociación ejemplar. Salió del cubilete un conejo descomunal del que el Gobierno haría mal en enorgullecerse. No ha sido mérito sino pésimo antecedente para la paz, esquiva asignatura pendiente. Uribe no tiene pudor en abrazarse con Chávez, tras hechos insultantes y graves, como si Caín y Abel pudieran amigarse. Pero ¡nanay cucas! visitar a Mancuso y otros protagonistas de la paz de Ralito para comenzar a hilar su regreso a Colombia una vez satisfecho el interés justiciero de Estados Unidos.

La gran diferencia entre los supérstites de las Farc y las ‘bandas emergentes’, es que unos exhiben a ‘Cano’ y su aureola barbada de intelectual de izquierda, mientras los ‘emergentes’ eluden declararse actores políticos. ‘Jojoyes’ hay entre ambos y a los ‘patrulleros’ nadie podría distinguirlos, a no ser porque los guerriyos son víctimas de la disciplina comunista, mientras los ‘paracos’ son más relajados. Los primeros son educados para someterse al Estado revolucionario, mientras que los otros son ‘libre iniciativa privada’ ciento por ciento.

Si se les cae ‘Cano’ a las Farc, y entre sus contrincantes reencarna Castaño, si las ‘bandas emergentes’ sorprenden con algún comunicado ‘estilo Rodrigo doble cero’ quisiera ver a más de un columnista –y a Chávez y Piedad- rascarse los sesos y sacudirse el discurso antiimperialista preguntando cuándo se les creció el enano de las ‘bandas emergentes’, donde distinguir entre izquierda y derecha será más complejo y difícil que aprenderse el Corán en versión japonesa.

No digo que esto pudo haberse evitado del todo de haberse conducido el Proceso de Ralito con la prudencia que hace verdaderos sabios, pero es hora de razones sencillas –sentido común- y dejarle a la Vieja Europa las razones de Estado, cuando la impericia –no digo la mala fe- de Uribe en procesos de paz ha quedado en Ralito tan al desnudo como Yidis en Soho.

El 7 de agosto quedarán dos años de Uribe presidente para recuperar el tiempo perdido tras la desmovilización de los paras. Los combatientes muertos y extraditados están siendo reemplazados y el dinero del narcotráfico sigue fluyendo a raudales, no solo para financiar la guerra, sino también para aceitar la economía de las grandes ciudades, ávidas de nutrirse con los dineros de la coca para financiar sus ‘éxtasis de consumo’ a la moda.

Si Uribe se decide puede comenzar la ‘construcción de paz’ allí donde la dejó en obra negra abandonada. ‘Rebobinando’ los diálogos será sencillo caer en cuenta que Mancuso y ‘Cuarenta’, ‘Berna’ y ‘Macaco’, son piezas insustituibles para ‘refundar el Estado’, y fortalecer la democracia, en las regiones más golpeadas por la ‘anarquía subsistente y emergente’. Con ellos y los que están aquí, más los desmovilizados guerrilleros que suman miles, la posibilidad de construir asociadamente la paz está intacta, comenzando por el desmonte inmediato de los cultivos ilícitos.

Está en manos de Uribe comenzar por donde es: reclamar en extradición desde los Estados Unidos a guerrilleros y autodefensas, y ejecutar los mismos acuerdos de cooperación judicial previstos, no en sentido EEUU-Colombia, sino inversamente en sentido Colombia-EEUU.

A los actores del conflicto armado los requerimos en Colombia, trabajando por la Paz y la Democracia, presos hasta el último día de sus condenas de Justicia y Paz, pero no pudriéndose en cárceles extranjeras sino sembrando semillas de convivencia y reconciliación entre nosotros.

Si el Estado no puede garantizar esto y el INPEC se lava las manos, ¿de cuál seguridad democrática estamos hablando?

Así la veo yo.

Los 115 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com