septiembre 30, 2008

120. Esa Paz que Uribe nos quedará debiendo (I)

Con la verdad ni ofendo ni temo (José Gervasio Artigas)



ASÍ LA VEO YO


Por Juan Rubbini
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/
juanrubbini@hotmail.com


El Gobierno recela en estos días de las intenciones de Mancuso y compañía cuando ‘recogen el guante’, desde EEUU y las cárceles colombianas, determinados a enfrentar hasta las últimas consecuencias el desafío de dilucidar la Verdad del conflicto armado.

El Palacio de Nariño es consciente que ‘aniquiló’ el proceso de paz con las autodefensas ‘a la topa tolondra’, unilateralmente, montado calculadamente sobre la farisaica ola de estigmatización hacia los ex comandantes AUC, capitalizando esa moda veleidosa y frívola para su conveniencia política y no la construcción de paz.

El Gobierno hizo caso omiso de las advertencias de Mancuso, y de Carlos y Vicente Castaño, quienes no concebían que pudiese tener éxito el desarme de las autodefensas sin que fuese el primer paso en dirección de la sustitución de los cultivos ilícitos y diálogos de paz con Farc y Eln. Mientras las AUC concibieron su estrategia de paz a partir de la propia desmovilización e inserción en la competencia democrática, el Gobierno ha exhibido durante ya seis años que su política de paz es inexistente. Obcecado en dar de baja tirios y troyanos, y desmovilizar guerrillas y autodefensas sin negociación política. La ‘encuestitis’ del Gobierno le ha dado por prolongar el conflicto para capitalizarlo políticamente, no resolverlo en beneficio del País sino perpetuarlo a punta de negar su realidad, aprovecharlo más que acabarlo, desnaturalizarlo más que asumirlo como un casus belli ‘hijo de tanta puta politiquería’ como la que lo engendró hace décadas por locos desvaríos de clases dirigentes liberales y conservadoras, y tantos de sus hijos guerrilleros y paramilitares.

No solo Mancuso y los Castaño, toda la dirigencia de las autodefensas era consciente que el proceso de paz no sería un paseo triunfal. Castaño lo había advertido ya antes de romperse el Caguán cuando aseveraba que Serpa ganaría en 2002 porque era el candidato que menos objeciones provocaba en guerrillas, narcos y en el propio Establecimiento. Un candidato con tales ‘simpatizantes’ en las sombras lucía imbatible a los ojos de Castaño. Sin embargo, no ocultaba el ‘Pelao’, como lo llamaban sus más allegados, sus desconfianzas hacia Serpa y hacia Uribe, uno porque no iniciaría un proceso de paz con las autodefensas si previamente no se adelantaba un proceso con Farc y Eln; el otro, porque apropiado de un discurso que en su ‘antiguerrillerismo’ parecía calcado del de Castaño –aunque legalista y producto de su carrera política en la superficie y altas esferas- tomaría finalmente el rumbo de Samper cuando acosado por acusaciones de liviandad ante los narcos se convirtió en el ‘ángel exterminador del Cartel de Cali’.

Castaño presentía –y temía- en Uribe el principio del fin de las autodefensas, por las buenas o por las malas, precisamente porque los enemigos políticos de Uribe lo asociaban –con razón o sin razón, de buena o mala fe- con el paramilitarismo. Evitar que Uribe acabara con las autodefensas era lo mejor para su organización –entendía Castaño- por lo que inclinar la balanza de las preferencias electorales de sus bases sociales en 2002 hacia Horacio Serpa resultaba si no lo mejor para el País, seguramente lo más prudente para los intereses de los ‘paras’.

Quienes dentro de las autodefensas la pensaban de otro modo seguramente manifestaron sus opiniones divergentes y así lo hicieron saber a las bases sociales que los acompañaban en ese particular y tan colombiano ‘estado de facto’ que constituyeron en su momento de mayor auge las autodefensas, no manifestado como un ‘estado de facto unitario’ sino más bien como diseminados y autosuficientes ‘estados de facto regionales’ algunos más rurales que urbanos, otros con mayores componentes urbanos que rurales.

Algo que sí cabe destacar es que la propuesta de Uribe candidato lanzada a guerrillas y autodefensas respecto que unos y otros serían tenidos en cuenta dentro de un proceso de paz serio y con reglas claras con la sola condición inicial de declarar un cese unilateral de hostilidades no podía pasar desapercibida ni ser tomada a la ligera por las autodefensas, quienes venían bregando insistentemente desde 1998, en las postrimerías del gobierno Samper, por alcanzar un estatus de interlocutores del Estado con vistas a abrir un proceso de paz con los ‘paras’. El puntapié inicial de esta política de paz de las autodefensas está contenida en el exhaustivo texto del Acuerdo del Nudo del Paramillo firmado el 28 de julio de 1998 –hace más de diez años- entre otros por personajes como Lucho Garzón, Samuel Moreno, Augusto Ramírez Ocampo y Sabas Pretel de la Vega.

Si queremos ser rigurosos con la Verdad histórica no podemos seguir induciendo al error a los colombianos poniendo el hito del Pacto de Ralito –firmado en 2001- como el fundacional donde nació la preocupación de Mancuso, Castaño y los ‘paras’ por la Paz de Colombia, cuando ya de eso hay constancia documentada y con firmas notables que avalan este aserto a partir de 1998.
Nadie –ni siquiera el presidente Uribe ni tampoco Horacio Serpa o Andrés Pastrana, tampoco Ernesto Samper y César Gaviria- debieran albergar recelos sobre lo que Mancuso, Jorge ‘40’, ‘HH’ y otros sobrevivientes del tan irrespetado y aporreado Proceso de Paz, están declarando ante la Justicia de Colombia, de Estados Unidos –y eventualmente prontos a hacerlo ante la mismísima Corte Penal Internacional- asumiendo a plenitud, con hidalguía de buenos colombianos arrepentidos de sus errores, el compromiso histórico que han adquirido los ex comandantes AUC con la Verdad, la Reparación y las Esperanzas de Paz y Reconciliación del entero Pueblo de Colombia.

Más que hacerle eco a preocupaciones interesadas, o fantasear acerca de ‘mentirosos compulsivos’ y ‘espíritus vengativos’, ex presidentes, presidente y futuros candidatos a suceder a Uribe debieran ocuparse desde hoy mismo en tender puentes hacia los líderes desmovilizados, guerrilleros y autodefensas –no subrepticiamente, como amantes ocasionales y cobardes- sino de cara al sol y sin tapujos con el sano propósito de construir la Verdad que Colombia merece.

No es tiempo de hacer volar los últimos puentes que aún quedan en pie –ni de silenciar, matar o extraditar la Verdad- sino de asumirla enterita y sin beneficio de inventario. Y esto compromete no solo a Salvatore Mancuso y sus ´doce del patíbulo’ sino a todos los colombianos, absolutamente a todos.

Comencemos por respetar la Justicia y facilitarle la tarea.

Escuchemos atentamente lo que se vaya a decir y dejemos que sean los Jueces quienes juzguen, condenen o absuelvan.

No más Política para obstruir la Justicia, sino más Justicia para que la Política pueda finalmente construir la Paz.

Esa Paz que Uribe –todo así lo indica- nos quedará debiendo.

Así la veo yo.


Los 120 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en http://www.lapazencolombia.blogspot.com/t_blank