octubre 13, 2008

121. Esa Paz que Uribe nos quedará debiendo (II)

Carta abierta a ‘Alfonso Cano’ y Salvatore Mancuso





Señores 'Cano' y Mancuso, cordial saludo.

Se cumplen hoy cinco meses del que considero más craso y funesto error del Gobierno Uribe en cuestiones de Paz y Reconciliación.

Al comenzar estas líneas, permítanme adherir al pensamiento del célebre Plutarco cuando escribe que “todo mal ha de ser evitado mediante la virtud”. Vidas Paralelas –del ilustre griego del siglo II a. de C.- tiene plena vigencia en esta Colombia de guerrilleros y paracos, en Ustedes, sus dos personajes vivos más emblemáticos del conflicto armado.

Dejemos a la Historia, juzgar vida y obra de sus difuntos jefes, ‘Marulanda’ y Castaño, así como el juicio sobre el período Uribe 2002-2010. Unos ya no están al frente de sus ejércitos libertarios –de uno y otro signo- y el Presidente sabe -pero calla todavía- que la salud de la democracia exige que se haga a un lado en 2010. Los caminos del Che llevaron al ‘guerrillero heroico’ a la Sierra Maestra de Cuba. Argentina perdió un médico pero sumó un mito a la Historia Universal. Su gesta abrió surcos en el campo colombiano donde semillas diferentes hicieron fruto en dos universitarios, dialécticamente enfrentados –para delicias de Marx y Engels- en el inevitable choque de émulos del Che –y de Fidel- con sus contrincantes no marxistas de la misma tierra ensangrentada por el viejo conflicto.

Cada cual a su manera son hijos ambos de los desvaríos cómplices entre Establecimiento y Estado. Y ambos son hermanos de inmensas mayorías de colombianos que padecen esos desvaríos y sobreviven penando porque a tales inclemencias se ha sumado la tragedia de la guerra. Hoy resulta que aquellos voraces insensatos –Establecimiento y Estado- siguen más interesados en perpetuar el conflicto armado que en resolverlo pacíficamente. Más interesados en condenar a los actores ilegales que en reconocer sus propias culpas y enmendarlas.

Soy de los que celebró en su intimidad el saludo en la cárcel de Washington entre ‘Simón Trinidad’ y Salvatore Mancuso. Ignoro si a estas horas se habrá producido el demorado reencuentro entre ‘Simón’ y ‘Jorge 40’. Son signos de los tiempos por venir, señales que anuncian cursos renovados que acerquen los liderazgos enfrentados para establecer un frente común por la Paz. No todos están en el monte, no todos están en la cárcel, no todos están muertos y Colombia los necesita a todos, en cualquier lugar del mundo pero vivos y en paz.

La ‘historia oficial’ que pretenden amañar a sus intereses los amanuenses del Establecimiento y del Estado, aquellos que lucran a la sombra del conflicto armado para quienes el sudor y la sangre de los colombianos es negocio que camina, no debe quedar impune entronizada como la única Verdad, la Verdad que no admite réplicas, ni relatos diferentes sobre la génesis, realidad y salidas posibles del conflicto armado.

La condena de ´Simón Trinidad’ y de ‘Sonia’ en los EU así como las que comienzan a concretarse sobre los líderes de las autodefensas extraditados no deben ser óbice para renunciar a construir, sostener y difundir –desde el corazón mismo de los actores ‘empujados’ a la ilegalidad- el ‘nuevo relato’ sobre el conflicto armado, porque con las muertes de ‘Marulanda’ y Castaño- se inaugura el período preciso e irrepetible de hablar o callar para siempre. Porque lo que no se diga en estos meses ante los tribunales de Justicia y Paz no será creíble para nadie mañana cuando la Verdad del Establecimiento y del Estado haya permeado todas las conciencias con el efecto teflón de la manipulación mediática que busca barrer con toda oposición intelectual al ‘pensamiento único’ sobre el conflicto armado.

La ley de Justicia y Paz no es suficiente pero constituye un escalón necesario –e insustituible aquí y ahora- para dignificar y reparar a las víctimas, difundir la Verdad que permanece oculta y hacer pesar el poder sanador de la Noble Justicia sobre aquellos que guerreando, muriendo y matando por ideales Sociales o de Libertad, cercenaron y llenaron de dolor el cuerpo social y espiritual de los colombianos –unos desde la urgencia de la Revolución Socialista y Comunista, otros desde la perspectiva enfrentada de Refundar el Estado y convertirlo en instrumento de defensa y progreso de todos los colombianos.

Ustedes -‘Alfonso Cano’ y Salvatore Mancuso- son los dos referentes obligados del momentum del conflicto armado, uno en pié de guerra y desde el monte por su ética de las convicciones, el otro desarmado por propia voluntad y determinación de su ética de la responsabilidad. Uno recorriendo en la selva colombiana lo que le auguro de corazón no resulten como ayer los últimos pasos del Che en Bolivia, hoy buscando con destino incierto apoyo en gobiernos extranjeros enfrentados a Uribe. El otro, Mancuso, extraditado a los EU por ‘razones de Estado’ que solo Uribe conoce, dispuesto a cumplirle a la Justicia de los EU y a la de Colombia porque sabe y está convencido que entre el desarme de hoy y la reinserción de mañana no hay otro camino que ser fiel y consecuente, veraz y humilde ante la Justicia de los Hombres y de Dios.

He sido breve y les pido disculpas por ello. Pero sé que son ambos personas muy ocupadas que ‘ni de vainas’ padecen la patética soledad del ‘coronel que no tiene quien le escriba’. Valoro en mucho a ambos –para disgusto de sectarios y ‘minorías dizque virtuosas’- como arquitectos y estadistas de lo que algunos han llamado ‘estado en gestación’.

Ese Estado –y ese Establecimiento- que nos debemos los colombianos y por el cual no dejaremos de dialogar, dialogar y dialogar. Y, cuando lo sentimos necesario, de escribir, escribir y escribir cartas como esta que espero lean sin prevenciones, y que yo arrojo al mar como náufrago de un País que les pide auxilio encallado en las piedras de los resentimientos, las frivolidades y los egoísmos.

Será sin prevenciones y sin exclusiones que los colombianos tendremos que seguir insistiendo en abrir caminos que nos permitan salir de la guerra y construir la Paz.

Esa Paz que Uribe, al igual que Pastrana en el Caguán, nos quedará debiendo a los colombianos, no solo en ‘Pradera y Florida’, también en Santa Fe Ralito, donde el Presidente Uribe dejó su ‘silla vacía’, no una vez, ni dos... todo el tiempo, quizás porque siempre tuvo claro hasta dónde llega su Poder y cuáles son -realmente- las razones de Estado… y del Establecimiento.


Así la veo yo.

Los 121 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com