octubre 27, 2008

122. ¿En qué momento se 'jodió' el proceso con las Autodefensas?

“Nadie se baña dos veces en el mismo río” (Heráclito)


Así la veo yo


Por Juan Rubbini



Los líderes ´paras’ desmovilizados han decidido motu propio continuar el proceso de paz del cual el Gobierno ha desertado. Han valorado acertadamente que su compromiso continúa en pié con la sociedad colombiana, hoy mediante Verdad y Reparación y, mañana, alcanzando una exitosa reinserción. La vieja tesis del ELN acerca de que el auténtico proceso de paz es, ante todo, entre actores armados y sociedad ha echado raíces en sus tradicionales ‘enemigos’.
El mismo Gobierno que niega la existencia del conflicto armado asume como ‘verdad de Estado’ que el ‘paramilitarismo’ se acabó con la desmovilización de las AUC. Si ayer esta retórica producía asombro hoy genera ‘vergüenza ajena’ y raya en lo obsceno. No se trata aquí de adjetivar lo insólito sino de advertir las consecuencias del error.

En 2001 Carlos Castaño proclamaba que por nada del mundo Andrés Pastrana acabaría el proceso de paz con las FARC. Vaticinaba para 2002 que las negociaciones del Caguán serían endosadas al próximo presidente Horacio Serpa quien lucía convencido acerca de lo inevitable de su triunfo. Los barones electorales de Córdoba y del resto del país se frotaban las manos ante la perspectiva de una Constituyente y sus jugosos dividendos.

Si algo preocupaba a Carlos Castaño tras la tragedia de S11 era que las autodefensas fuesen a ser el ‘pato de la boda’ – las grandes sacrificadas- en el matrimonio que avizoraba entre clase política, establecimiento y FARC, cuyos padrinos serían los EEUU y lo que él llamaba ‘el nuevo orden mundial’ que reservaba a la vieja Europa el papel de hada madrina de la socialdemocracia. No había otra que ‘meterse en la jugada’ y lograr que fueran los ‘serpistas’ quienes convencieran a Horacio Serpa y los ‘pastranistas’ quienes persuadieran a Andrés Pastrana que las autodefensas no debían quedar por fuera ni de la Constituyente en ciernes ni de los acuerdos finales de paz. Si de ´parapolítica’ se trata allí tenemos la ‘madre del borrego’.

Carlos Castaño creía en su fuero interno que el cáncer del narcotráfico infiltrado en las AUC podía resultar finalmente su carta ganadora –su as bajo la manga- si lograba atar como oferta políticamente correcta y aceptable a los EEUU la ‘desmovilización’ de las autodefensas de modo paralelo con la de las grandes cabezas del narcotráfico a las que él se esforzaba por convencer sobre las bondades de que entraran en negociaciones con la Justicia de los EEUU. Eso explica porqué Castaño –quien en Córdoba siempre se sintió un huésped antioqueño despreciado públicamente pero tolerado entre bastidores- jamás hubiera entrado en contradicciones –mucho menos en enfrentamientos- con el establecimiento local y sus líderes políticos, a través de quienes confiaba abrirse camino en la negociación con Bogotá. Finalmente, la guerrilla se había vuelto insoportable para todo el mundo y los Castaño habían creído encontrar en el Nudo del Paramillo su lugar en el mundo, su causa justa, su plataforma ideal.

Lo que Castaño consideraba altamente improbable finalmente sucedió y el proceso del Caguán se pulverizó por decisión del presidente Pastrana. El ‘castillo de naipes’ se derrumbó y en el horizonte asomó Álvaro Uribe como el adalid de la guerra a muerte contra las FARC. Nada de diálogos con los insurgentes, ninguna Constituyente; con el enemigo no se dialoga: se lo combate hasta aniquilarlo o alce la bandera blanca y se someta a la Ley. Con Uribe trepando en las encuestas las hipótesis de Carlos Castaño resultaron finalmente erradas y una ‘Colombia posible’ –la que pergeñaban entre sí –o en contra de sí, eso nunca se sabe, Pastrana, ‘Marulanda’ y Serpa- se hizo trizas.Sin embargo, Horacio Serpa no se rindió prematuramente y Castaño creyó su triunfo posible en una segunda vuelta que nunca fue. Resulta ridículo decir que las autodefensas se sumaron a la campaña de Uribe porque veían en él un aliado. Me atrevería a decir que ningún líder importante de las AUC lo vio jamás como un aliado, sino más bien como alguien que –en caso de llegar a la Presidencia- resultaría el comienzo del fin de las autodefensas. Por las buenas o por las malas, más probable lo segundo que lo primero. Carlos Castaño siempre lo tuvo muy claro, y si escogió el camino de la negociación política a finales de 2002 no fue porque creyera que de esa negociación saldría algo muy favorable para las AUC, sino porque entre lo malo y lo peor evaluó que lo inicialmente malo podía llegar a ser ‘más o menos’ regular con una buena negociación.

Dados al dolor de la victoria de Uribe –y no de Serpa- las AUC vieron en la apertura de negociaciones de paz un escalón hacia el reconocimiento político de su organización y un paso imprescindible hacia la legitimación del Estado en su guerra contra la insurgencia. El Gobierno, en cambio, vio en ‘el proceso’ un modo de quitarse a los sombrerazos el ‘sambenito’ de ser ‘pro-para’ –eslogan de Serpa y toda la izquierda- y el camino hacia la consolidación del ‘régimen uribista’ donde la reelección del Presidente Uribe en 2006 no sería posible sin exhibir el trofeo del sometimiento y escarnio de las autodefensas quienes ‘fueron por lana y salieron trasquiladas’.

Si en algún momento comenzó a ‘joderse´ la negociación de paz con las AUC fue cuando la perspectiva de la reelección de Uribe volvió estratégico para el uribismo pasar de los acuerdos a la imposición en la Mesa de Ralito sin medir el costo social y humanitario para Colombia de tamaña insensatez que conduciría al Gobierno a una victoria a lo Pirro.

Tal endurecimiento progresivo del Gobierno –entre 2003 y 2005- convirtió la Mesa de la Paz en un descomunal chantaje, pero no el supuesto chantaje de las autodefensas sobre su hipotético regreso al monte si no obtenían amnistía e indulto –ni cárcel ni extradición- sino el explícito chantaje del Gobierno en cuanto a que si no se sometían las AUC a las presiones internacionales y de la izquierda –a las que el uribismo se sumó atraído además por ´mejorar su imagen´en EEUU y Europa- no les quedaba otra a los jefes paras que regresar al monte donde serían exterminados al igual que FARC y ELN.

Cuando Mancuso se manifestó públicamente –en marzo de 2007 e incluso antes- sobre lo indisimulable del rearme de los paras y lo cuantificó en unos cinco mil combatientes su voz predicó en el desierto exitista de la ‘seguridad democrática’. Igual había sucedido durante 2004 cuando el mismo Mancuso había alertado sobre la relación estrecha que había que vertebrar entre el avance simultáneo del proceso de paz con las autodefensas y la sustitución de los cultivos ilícitos en sus zonas de influencia. Se especuló en aquellos tiempos sobre el ‘chantaje’ que los ‘paras’ pretendían ejercer sobre el Gobierno para evitar la cárcel y la extradición.

Lo que hoy estamos viendo, ante la proliferación –y consolidación sobre el terreno- de ‘águilas negras’ y de ‘autodefensas gaitanistas’ no es el coyuntural resultado de la extradición de los ex comandantes y de su ostracismo en cárceles nacionales y extranjeras, sino la consecuencia ‘político-militar-económica-humanitaria’ de los actos del Gobierno que ‘echó por la borda’ en Ralito la posibilidad cierta de avanzar con participación de los autodefensas desmovilizadas hacia una Colombia sin más víctimas y sin más cultivos ilícitos.

La lección debe ser aprendida por los viejos paras, por los nuevos paras y por los ex paras. Ojalá también por el futuro próximo ex presidente Uribe y por los candidatos a sucederlo en 2010.

La solución política negociada del conflicto armado volverá a ser –a partir de 2009- uno de los grandes temas de discusión. Las fallidas experiencias del Caguán y de Ralito no deben menospreciarse. Ni FARC ni Pastrana, ni ex AUC ni Uribe están exentos de su necesidad de autocrítica. Los precandidatos presidenciales no podrán evitar presentar caminos de solución política al renovado conflicto armado si quieren sintonizarse con el nuevo presidente de los Estados Unidos y con el clamor incipiente que se insinúa en Europa tras el reconocimiento público a la misión pacifista que se impuso entre pecho y espaldas Íngrid Betancourt.

Hoy sabemos –mejor que lo que pudo visualizar Castaño en su cuarto de hora más lúcido y propositivo- que no habrá solución militar que nos evite el esfuerzo político de diseñar el futuro que anhelamos –donde quepamos todos- a partir de la realidad que todos –unos más que otros- soportamos.Nadie ignora que las izquierdas y las derechas armadas –las ‘bolivarianas’ y las ‘gaitanistas’, las colombianas al ciento y las ‘colombo-chavistas’- requieren del narcotráfico como combustible de su existencia, así como el narcotráfico debe valerse de los actores armados para reproducir su negocio. ‘Guerrillos’, ‘paracos’ y ‘narcos’ son actores del conflicto armado –caras de la misma moneda. Se ganaron tal estatus en ‘mala ley’ pero ley al fin, y es la ‘ley del monte’ la que hay que desmontar. No habrá tal desmonte sin negociación con todos y cada uno de ellos. Las negociaciones parceladas no servirán de nada. Las guerras santas tampoco. Ni hubiese servido por sí solo el Caguán, tampoco habría servido solamente Ralito.

Así las cosas, nada más fuera de lugar que negar la existencia del conflicto armado, nada más inútil que negarse a la negociación política con todos los actores del conflicto, nada más perverso y diabólico que manipular desde el Estado las cuestiones de la guerra y la paz para capitalizar las ambiciones de poder que perpetúan el conflicto y no apuntan a acabarlo.
En este orden de ideas veo con optimismo para la paz de Colombia el inminente triunfo de Obama en EEUU y la mirada humanitaria hacia el conflicto colombiano que Íngrid está despertando urbi et orbi. También son elogiables la persistencia y determinación de los ex jefes paras en seguir firmes -sin descolgarse- de Justicia y Paz, y la desmovilización creciente de ‘faruchos’ y ‘elenos’ que quieren reinsertarse.
Estamos mal, estamos jodidos… pero ánimo colombianos que "nadie se baña dos veces en el mismo río" (Heráclito dixit). Después del Caguán y de Ralito ni las guerrillas ni los paras son los mismos. Ni el próximo Presidente podrá ser en 2010 tan simplista –e impunemente- ‘otro’ Pastrana ni ‘otro’ Uribe en materia de conflicto armado.

Así la veo yo.


Los 122 artículos que componen la serie completa –iniciada en marzo de 2005- de Así la veo yo están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com